Las cifras oficiales de Venezuela sitúan en más de 6.000 los muertos por los terremotos que sacudieron el país el 24 de junio, pero el Gobierno de la presidenta interina Delcy Rodríguez mantiene un silencio calculado sobre cuántas personas continúan desaparecidas. Mes y medio después de la catástrofe, nadie en el país sabe con certeza cuántos venezolanos siguen sepultados bajo los escombros.
El último informe gubernamental, difundido el lunes, contabilizó 6.125 fallecidos y 60.992 personas atendidas por servicios médicos desde el desastre. El documento añadió que 43.679 hogares resultaron afectados y que se retiraron 346.755 toneladas de escombros en las zonas más golpeadas, principalmente el estado La Guaira. En ningún momento el texto oficial mencionó una cifra de desaparecidos.
En Caraballeda, en la costa de La Guaira, decenas de voluntarios continúan cavando manualmente entre los edificios colapsados. Víctor Morales, carpintero de 50 años, busca desde el primer día a su nieto de 11 años, después de haber recuperado ya el cuerpo de su nieta de 13. “Vamos a seguir. Es mi nieto”, dijo entre lágrimas a la agencia France-Presse. “Llevamos aquí desde el primer día, cavando hasta la planta baja. Hasta que no lo encuentre, no voy a parar.”
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Las estimaciones sobre el número de desaparecidos varían de forma extrema según la fuente. El subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios, Tom Fletcher, calculó en los días posteriores al sismo que más de 50.000 personas seguían sin localizarse, una cifra que calificó de “terroríficamente plausible” y que la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) llegó a respaldar junto con el Comité Internacional de Rescate. Una fuente diplomática consultada por AFP relativizó ese número y situó la cifra real “en torno a 10.000 o más”, aunque reconoció que “es imposible saberlo con exactitud”.
A esa incertidumbre contribuye la falta de un censo poblacional actualizado en Venezuela, cuyo último recuento data de 2011. Las sucesivas crisis económicas y políticas del país impidieron levantar uno nuevo, lo que se suma a la reticencia habitual del Gobierno a difundir estadísticas demográficas o económicas, que solo publica en momentos que considera oportunos.
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, hermano de la mandataria interina, ofreció el 30 de junio una reconstrucción parcial: dijo que 30.000 personas se encontraban en la zona del desastre cuando ocurrieron los sismos, de las cuales 19.000 habían sido evacuadas o rescatadas, mientras la cifra de muertos rondaba entonces los 2.000. La resta deja unas 9.000 personas sin explicación oficial. El gobernador de La Guaira, José Alejandro Terán, ofreció el 3 de agosto un dato muy distinto, basado en un registro vecinal: 1.579 desaparecidos.
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Ante el vacío informativo oficial, ciudadanos venezolanos crearon plataformas digitales para intentar localizar a las víctimas, aunque sus resultados también son dispares. El sitio Venezuela Te Busca reportó inicialmente 44.274 personas desaparecidas, de las que 17.790 seguían sin aparecer. La plataforma Desaparecidos Terremoto Venezuela elevó la cifra a 44.418 personas, con 29.518 catalogadas como “incontactables”. Venezuelareports.org, por su parte, contabilizó 41.311 desaparecidos. La fuente diplomática citada por AFP resumió el problema: “No hay cifras fiables”.
El terremoto, el más potente registrado en Venezuela en más de un siglo, revive el fantasma de la tragedia de Vargas de 1999, cuando un alud de lodo provocado por lluvias torrenciales dejó unos 15.000 muertos o desaparecidos en la misma región costera y el Gobierno de entonces nunca ofreció un balance oficial. Investigadores de la Universidad Central de Venezuela documentaron pérdidas superiores a los 3.500 millones de dólares y la destrucción de más de 15.000 viviendas en aquel desastre.
Esteban Chala, voluntario argentino de rescate con años de experiencia en catástrofes, explicó a AFP que la situación no es inédita: “En desastres de esta magnitud, siempre ocurre que algunas personas no se encuentran y permanecen desaparecidas”. Fernando Bencomo, policía de 50 años, encendió un cigarrillo mientras un equipo especializado retiraba de las ruinas el cuerpo irreconocible de su hijo Fernando Antonio, estudiante de 21 años, junto con el de su perro. Localizarlo tomó 40 días. “Tenía toda la vida por delante”, dijo a AFP. “Desde el primer día he estado aquí buscando. No quería parar hasta que pudiera descansar en paz.”
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Con cada cuerpo recuperado, la lista de desaparecidos se reduce en una persona, pero el balance de muertos sigue creciendo. Mientras el Gobierno venezolano evite publicar una cifra oficial de personas sin localizar, la magnitud real de la tragedia de junio permanecerá, como sus víctimas, bajo los escombros.