Niños y niñas que dejan de tomar agua en sus escuelas para evitar ir a baños en mal estado. Estudiantes que tratan de mantener la concentración en aulas que son un horno por el calor sofocante. Adolescentes que intentan hacer en casa sus tareas a la luz de una vela.
Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap, organización no gubernamental que promueve los derechos de niñas, niños y adolescentes en Venezuela) señaló que la crisis del sistema eléctrico “altera condiciones esenciales para el ejercicio de derechos y el bienestar de niños, niñas y adolescentes”.
“Experiencias recientes documentadas por Cecodap en centros educativos del país muestran que las altas temperaturas y las interrupciones de servicios han dejado al descubierto problemas acumulados de infraestructura: escuelas con ventilación insuficiente, limitaciones para acceder al agua potable, baños inoperativos y condiciones que dificultan permanecer durante la jornada escolar”, recoge la ONG en un informe.
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La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello, indica que 90% de los hogares dicen sufrir cortes del sistema. De ese total, un tercio (35%) respondió que se queda sin luz todos los días “varias horas”.
Cecodap advierte que los constantes cortes del suministro eléctrico afectan “el ejercicio efectivo del derecho a la educación, al descanso, al desarrollo integral y, en definitiva, al derecho a la salud mental” de niñas, niños y adolescentes.
Sin luz
Venezuela padece desde 2009 una crisis del sistema eléctrico que solo ha empeorado con el pasar de los años. La situación registra su enésimo pico en 2026, lo que ha obligado al gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez a imponer un plan de ahorro energético que en la práctica se traduce en interrupciones del servicio por cuatro horas o más en todo el territorio nacional, con excepción de la capital Caracas.
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El Ejecutivo chavista anunció que está en conversaciones con las multinacionales Siemens y General Electric para atender la emergencia, que ahora atribuye al aumento de la demanda por el “crecimiento económico” y a las condiciones climáticas.
Sin embargo, los expertos afirman que la crisis eléctrica obedece a falta de mantenimiento, desinversión, obras inconclusas y la desviación de miles de millones de dólares en casos de corrupción, algunos de los cuales han sido admitidos por el propio régimen.
“La incertidumbre permanente, los cambios constantes en los horarios, la interrupción del sueño, la pérdida de conectividad y el aumento del estrés familiar también pueden producir cansancio emocional, ansiedad, irritabilidad, dificultades de concentración y sensación de agotamiento. Estos efectos no deben minimizarse, niños y niñas necesitan estabilidad para desarrollarse”, subraya Cecodap.
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La ONG exige a las autoridades que brinden garantías para el ejercicio de los derechos de los infantes. “Las familias no deberían enfrentar solas el impacto de la precariedad de los servicios públicos, la protección integral de niños, niñas y adolescentes requiere respuestas del Estado”, demanda.