Entre atolones que se achican y mareas que crecen: así es Tuvalu, el país de 26 kilómetros que resiste el avance del océano

Con apenas 9500 habitantes y una elevación media inferior a tres metros, este Estado insular del Pacífico enfrenta inundaciones recurrentes, salinización de sus suelos y un debate internacional sobre su soberanía ante la crisis climática

La baja altura y la reducida superficie disponible aumentan la exposición a las mareas y las tormentas (Wikimedia)
La baja altura y la reducida superficie disponible aumentan la exposición a las mareas y las tormentas (Wikimedia)
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En el océano Pacífico, un Estado compuesto por apenas nueve islas y atolones enfrenta una amenaza que ya condiciona la vida cotidiana de su población: el aumento del nivel del mar pone en riesgo la continuidad de Tuvalu como territorio habitable.

Con entre 25 y 26 kilómetros cuadrados de superficie terrestre y cerca de 9.500 habitantes en 2025, según el Banco Mundial, Tuvalu se encuentra entre los países más pequeños y aislados del planeta. Está ubicado en la Polinesia, al norte de Fiyi y aproximadamente a mitad de camino entre Australia y Hawái.

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El problema excede la eventual pérdida de porciones de tierra. Las mareas altas y las tormentas pueden afectar viviendas, caminos, cultivos e instalaciones esenciales en un país cuya geografía ofrece escaso margen para reubicar a sus habitantes. La situación también abrió un debate internacional sobre la continuidad de la soberanía de los Estados cuyas áreas habitables podrían reducirse de manera drástica por la crisis climática.

La geografía de Tuvalu limita las opciones ante el avance del mar

La configuración física del país explica gran parte de su vulnerabilidad. El territorio incluye cinco atolones coralinos, tres islas de arrecife y una isla con características intermedias, de acuerdo con el informe climático oficial de Tuvalu. Las islas se distribuyen sobre una amplia zona marítima y están separadas entre sí.

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La elevación media de Tuvalu es inferior a tres metros sobre el nivel del mar, mientras que su punto natural más alto alcanza unos 6,5 metros. En varios sectores, las franjas de tierra tienen menos de 75 metros de ancho. Esa combinación facilita que el agua llegue a zonas pobladas durante episodios extremos.

La capital, Funafuti, concentra buena parte de la población, la administración pública y las actividades económicas. Dentro del atolón se encuentra Fongafale, una estrecha franja de tierra donde funcionan el aeropuerto y dependencias gubernamentales. Por su relevancia institucional y demográfica, una alteración persistente en esa zona tendría consecuencias para el conjunto del país.

Tuvalu fue conocido como las Islas Ellice durante el período colonial y alcanzó su independencia el 1 de octubre de 1978. Su denominación tradicional puede traducirse como “ocho unidos”, una referencia a las ocho islas que originalmente estaban habitadas, aunque el Estado está integrado actualmente por nueve.

Con entre 25 y 26 kilómetros cuadrados de superficie terrestre, Tuvalu figura entre los países más pequeños del planeta (REUTERS/Kirsty Needham/Foto de archivo)
Con entre 25 y 26 kilómetros cuadrados de superficie terrestre, Tuvalu figura entre los países más pequeños del planeta (REUTERS/Kirsty Needham/Foto de archivo)

La salinización reduce las condiciones de habitabilidad en las islas

El ascenso del nivel del mar no se limita a las inundaciones visibles. El agua salada puede filtrarse en los suelos y alcanzar las reservas subterráneas, un fenómeno que compromete el abastecimiento de agua dulce.

La intrusión salina también afecta cultivos que forman parte de la alimentación y de la economía doméstica, como el taro, el coco y el árbol del pan. La pérdida de suelo apto y de agua dulce puede volver inhabitables sectores que no permanecen anegados de forma permanente, ya que reduce las condiciones necesarias para vivir y producir alimentos.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo señaló que, bajo escenarios adversos y sin medidas de adaptación suficientes, casi la mitad de Funafuti podría quedar expuesta a inundaciones regulares durante las mareas altas entre 2050 y 2060. Hacia 2100, menos del 10 % del territorio podría mantenerse fuera del alcance de las grandes mareas altas anuales.

Estas proyecciones se suman a un contexto en el que construcciones, carreteras y servicios se ubican en espacios muy estrechos. Las defensas costeras y la planificación territorial se convirtieron en herramientas centrales para reducir los daños ante temporales y crecidas, aunque no eliminan el riesgo asociado a la subida del nivel del mar.

El país busca proteger su territorio y sus derechos marítimos

Ante este panorama, el gobierno de Tuvalu trabaja junto con organismos internacionales en obras de adaptación. El Proyecto de Adaptación Costera de Tuvalu impulsó la creación de terrenos elevados en Funafuti y la construcción de protecciones en otras islas. El objetivo es contar con áreas capaces de resistir inundaciones y tormentas durante las próximas décadas.

Las intervenciones buscan preservar espacios para viviendas, instalaciones públicas y servicios básicos, pero el desafío también tiene una dimensión jurídica y política. Si partes sustanciales del territorio se vuelven inhabitables, el Estado procura garantizar que su soberanía, su identidad cultural y sus derechos sobre las aguas circundantes no resulten afectados.

La defensa de los derechos marítimos es decisiva para un país compuesto por islas dispersas, ya que los espacios marítimos circundantes constituyen un recurso estratégico. Mientras avanza con obras locales, Tuvalu sostiene en los foros internacionales que la crisis climática no debe traducirse en la pérdida de sus derechos como Estado.

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