Conservar el apio entero envuelto en papel de aluminio puede ayudar a que mantenga su textura durante dos o tres semanas, siempre que se guarde en frío y se manipule de forma segura. La humedad, temperatura y estado inicial de la hortaliza condicionan tanto su calidad como su vida útil.
La recomendación fue detallada por Sarah Brekke, magíster de la cocina de pruebas de Better Homes & Gardens. Según explicó al medio, el apio pierde calidad con rapidez cuando se deshidrata y también puede verse afectado por el etileno, un gas que liberan algunas frutas y verduras.
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El apio debe elegirse firme y sin señales de deterioro
El punto de partida es revisar el manojo antes de llevarlo a casa. Brekke aconseja buscar tallos rectos, compactos, de color verde pálido y con hojas de aspecto fresco. Las partes blandas, decoloradas, viscosas, flexibles o con moho indican que el producto ya presenta deterioro.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) recomienda desechar las frutas y verduras que parezcan podridas. Además de retirar las zonas golpeadas o dañadas antes de consumirlas. El organismo también indica que los vegetales frescos deben lavarse bajo agua corriente antes de prepararlos o comerlos.
El papel de aluminio reduce la pérdida de humedad en el refrigerador
Para conservar el manojo completo, Brekke propone retirarlo de la bolsa plástica en la que se comercializa, envolverlo de arriba abajo con papel de aluminio y colocarlo en el cajón de alta humedad del refrigerador. Si el apio luce algo seco al momento de comprarlo, sugiere sumar primero una toalla de papel apenas húmeda. Bajo esas condiciones, señaló que puede permanecer fresco y crocante entre dos y tres semanas.
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La explicación se relaciona con la pérdida de agua posterior a la cosecha. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que, cuando los productos frescos pierden entre 5% y 10% de su peso, comienzan a marchitarse y pueden quedar inutilizables. El organismo agrega que una atmósfera húmeda ayuda a limitar esa deshidratación.
También conviene separar el apio de frutas y verduras que producen etileno, como manzanas, paltas, bananas, melón, peras y pimientos. Brekke indicó que el apio produce este gas y es sensible a él, por lo que evitar esa proximidad puede contribuir a preservar su calidad.
Los tallos cortados se conservan sumergidos y con el agua renovada
Quienes prefieran dejar el apio listo para una colación o una receta pueden lavarlo, cortar los tallos al tamaño deseado y guardarlos en un recipiente con tapa, cubiertos con agua fría. Brekke recomienda cambiar el agua cada dos días. De ese modo, los bastones pueden durar hasta dos semanas en el refrigerador. Estas son las precauciones básicas para ese método:
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- Lavar manos, cuchillos, tablas y superficies antes de la preparación.
- Mantener el recipiente tapado y refrigerado.
- Separar los vegetales que se consumirán crudos de carnes, aves, pescados y mariscos crudos.
- Desechar el contenido si aparece moho, olor inusual o una textura sospechosa.
La FDA establece que los productos frescos ya cortados o envasados deben refrigerarse y que la heladera debe mantenerse a 4°C (40°F) o menos. También aconseja evitar la contaminación cruzada entre alimentos crudos y vegetales que se comerán sin cocción.
El congelador extiende el uso, pero cambia la textura del apio
Cuando no sea posible utilizarlo en las semanas siguientes, el apio puede congelarse. El procedimiento planteado por Brekke consiste en lavarlo, secarlo bien, cortarlo, distribuirlo en una bandeja en una sola capa y congelarlo hasta que las piezas estén firmes. Después se trasladan a un recipiente hermético, con fecha, y pueden conservarse hasta dos meses.
Tras descongelarse, el apio no mantiene su crocancia debido a su alto contenido de agua. Por eso resulta más adecuado para sopas, guisos, preparaciones al horno, jugos o licuados que para comer crudo.
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El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) advierte que congelar vegetales con mucha humedad, entre ellos el apio, perjudica su calidad porque los cristales de hielo rompen las paredes celulares.
La FDA precisa que la congelación no elimina la mayoría de las bacterias, aunque detiene su crecimiento si el congelador se mantiene a -18°C (0°F). Etiquetar los recipientes permite identificar cuánto tiempo lleva almacenado cada alimento y organizar su uso.
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