La limpieza periódica de libros reduce la acumulación de polvo y ayuda a limitar riesgos para el papel, cubiertas y encuadernaciones. El método debe adecuarse al estado de cada ejemplar.
El polvo no es un problema meramente estético. El Northeast Document Conservation Center (NEDCC), institución estadounidense especializada en conservación documental, señala que la limpieza regular disminuye la suciedad superficial y puede colaborar en el control del moho y plagas.
PUBLICIDAD
Sin embargo, advierte que la intervención puede perjudicar encuadernaciones frágiles, páginas quebradizas o cuero con desprendimientos.
El estado del ejemplar define si conviene limpiarlo
Antes de empezar, conviene revisar cada volumen. Un libro con hojas sueltas, manchas de moho o daños relevantes requiere precauciones adicionales. El NEDCC recomienda consultar a una persona conservadora antes de abordar la limpieza de colecciones especiales o piezas frágiles.
Beth Cooper, librera que realiza trabajos de restauración y reparación, indicó al sitio de interés general estadounidense Reader’s Digest que un cepillo suave suele ser suficiente para retirar polvo.
PUBLICIDAD
Su recomendación coincide con las pautas de conservación. La limpieza debe ser superficial, sin frotar con fuerza ni incorporar humedad sobre el papel. Para los ejemplares estables, el procedimiento puede organizarse así:
- Retirar los libros de a uno y mantenerlos cerrados para impedir que la suciedad ingrese entre las hojas.
- Limpiar primero el borde superior, donde suele concentrarse más polvo.
- Pasar un cepillo limpio y de cerdas blandas desde el lomo hacia el borde exterior, con movimientos suaves.
- Evitar el movimiento de ida y vuelta sobre la cubierta o el bloque de páginas.
- Separar los paños destinados a los estantes de los que se usen en los libros.
El NEDCC admite el uso de una aspiradora con filtro de alta eficiencia y cepillo blando cuando la acumulación es abundante, siempre con potencia reducida. El accesorio no debe apoyarse directamente sobre el libro.
Cooper, en cambio, se inclinó por el cepillo suave para el cuidado doméstico, ya que un uso brusco de la aspiración puede rayar o abollar materiales delicados.
PUBLICIDAD
Los estantes deben secarse por completo antes de devolver los volúmenes
La limpieza del mobiliario forma parte del cuidado de la biblioteca. El NEDCC recomienda retirar los libros y avanzar estante por estante, de arriba hacia abajo. Las superficies metálicas pueden limpiarse con un paño que retenga el polvo. En las de madera, una aspiradora o detergente suave pueden ser opciones, según el material.
Si se aplica un producto líquido, los estantes deben secarse totalmente antes de reubicar los libros. La humedad retenida favorece condiciones que pueden afectar al papel y a las encuadernaciones.
También conviene aspirar el piso en vez de barrer, ya que el barrido vuelve a levantar polvo y residuos que luego pueden depositarse sobre los ejemplares. Si se opta por un trapeado apenas húmedo, es importante evitar salpicaduras en los estantes inferiores.
PUBLICIDAD
La estabilidad ambiental previene daños que la limpieza no resuelve
La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos considera que el almacenamiento, ambiente y manipulación adecuada son las medidas preventivas más eficaces para prolongar la vida útil de los libros.
Recomienda mantenerlos en un espacio fresco, limpio, estable y relativamente seco, con una humedad relativa aproximada de entre 35% y 50%, y evitar sótanos, áticos u otros lugares expuestos a filtraciones o variaciones extremas.
La luz directa también afecta las colecciones. La institución aconseja reducir la exposición a la iluminación intensa y conservar los volúmenes lejos de fuentes de calor o de cambios frecuentes de temperatura y humedad. El NEDCC añade que las oscilaciones ambientales pueden dañar los materiales basados en papel y el polvo y los contaminantes del aire aceleran su deterioro.
PUBLICIDAD
La disposición en el estante importa tanto como el aseo. La Biblioteca del Congreso propone reunir libros de tamaño similar para que las cubiertas queden apoyadas entre sí, mantenerlos verticales y evitar que permanezcan inclinados.
Los ejemplares grandes que no se sostienen bien de pie pueden guardarse en horizontal, con apoyo completo debajo. Al retirarlos, la institución aconseja sujetarlos desde ambos lados en la zona media, sin tirar de la parte superior del lomo.
Mantener las manos limpias y secas, no comer ni beber junto a los libros y cambiar regularmente los filtros del sistema de ventilación son medidas adicionales que reducen la suciedad y los riesgos de manchas. Si aparece moho activo, humedad persistente o deterioro estructural, la limpieza doméstica debe detenerse y dar paso a una evaluación profesional.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD