En un nuevo episodio de El Puente, el ciclo de entrevistas de Infobae conducido por Julieta Puente, la médica ginecóloga y obstetra Mercedes Fiuza afirmó que el cuerpo posparto atraviesa cambios que pueden extenderse cerca de dos años, desde el útero y el abdomen hasta el suelo pélvico, la piel, los pies y la salud mental.
La experta planteó que la maternidad modifica al cuerpo y a la mente de manera profunda. Sostuvo que la expectativa de regresar de inmediato a la apariencia anterior al embarazo desconoce un proceso biológico que, según su explicación, exige tiempo, cuidados y una rehabilitación adaptada a cada situación.
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El útero tarda entre seis y ocho semanas en recuperar su lugar
Fiuza explicó que algunos procesos físicos posteriores al parto sí suelen durar alrededor de seis a ocho semanas. Entre ellos ubicó el regreso del útero a su posición dentro de la pelvis y el final de las pérdidas que pueden aparecer luego del nacimiento.
Según describió la ginecóloga, el útero es un órgano que permanece dentro de la pelvis. Durante el embarazo crece para permitir el desarrollo fetal y, cerca de la semana 20 o el quinto mes, alcanza la zona del ombligo. Ese crecimiento modifica la disposición de otros órganos, que dejan espacio para el útero.
Tras el parto, el organismo inicia un reacomodamiento. Fiuza señaló que, después de seis semanas, algunas mujeres pueden intentar retomar relaciones sexuales o actividad física, aunque remarcó que eso no implica el regreso inmediato a una vida “normal” ni una recuperación completa.
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La especialista diferenció esos plazos de otros cambios que requieren más tiempo. “Hay procesos biológicos que van a tardar más de seis semanas, que pueden tardar seis meses, que pueden tardar dos años”, afirmó. En ese grupo incluyó la estabilización hormonal, la piel, el cabello y los cambios de ánimo.
Sin embargo, existe una expectativa frecuente: muchas mujeres esperan sentirse “nuevas” a los 40 días del parto. Fiuza vinculó esa presión con las imágenes que circulan en redes sociales, donde predominan cuerpos posparto que no representan, según su mirada, todas las experiencias posibles.
Por qué se produce flacidez abdominal después del embarazo
Uno de los cambios que genera más consultas es la persistencia de volumen o flacidez en la parte baja del abdomen. Según Fiuza, ese aspecto puede relacionarse con la diástasis de los rectos, una separación de los músculos abdominales durante el embarazo.
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La médica explicó que el recto anterior es un músculo que se extiende desde el esternón hasta el pubis y forma los conocidos “cuadraditos” del abdomen. A medida que el útero crece, ese músculo se separa en su línea media para abrir espacio. La distancia entre ambos lados recibe el nombre de diástasis de los rectos.
Fiuza señaló que esa separación forma parte de la fisiología del embarazo y aparece en el 100% de las embarazadas. Asimismo, indicó que, después del nacimiento, la separación puede no retornar por completo a su condición previa.
La profesional describió una maniobra de evaluación abdominal con los dedos y señaló que una abertura de aproximadamente un dedo puede considerarse esperable. En cambio, si entran dos dedos o más, Fiuza recomendó una consulta y un tratamiento específico para la diástasis.
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La actividad física durante el embarazo puede favorecer la recuperación posterior, según la especialista. También remarcó la necesidad de una rehabilitación progresiva, con trabajo sobre el músculo transverso, los ejercicios hipopresivos y el suelo pélvico, el conjunto muscular que sostiene órganos como la vejiga, el útero y el recto.
El suelo pélvico necesita rehabilitación después de un embarazo
Fiuza sostuvo que el suelo pélvico recibe presión durante todo el embarazo, incluso cuando el nacimiento ocurre por cesárea. Por esa razón, consideró importante una rehabilitación adecuada para evitar molestias y recuperar fuerza de manera gradual.
La ginecóloga explicó que la distensión del suelo pélvico puede modificar el ángulo entre la vejiga y la uretra. Según su descripción, este cambio puede contribuir a la pérdida involuntaria de orina, una situación que algunas mujeres experimentan después de la gestación o el parto.
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Las mujeres dejan de lado esta rehabilitación o retoman ejercicios de fuerza sin una preparación previa. En ese sentido, Fiuza advirtió que un regreso inmediato a entrenamientos intensos puede resultar contraproducente. “No volver a entrenar fuerza de toque y levantar peso, sino ir de a poquito”, recomendó la médica.
La recuperación no es igual en todos los casos. Según la experta, la cesárea implica una cirugía abdominal y puede provocar más dolor en esa zona. En los partos vaginales, en cambio, la rehabilitación suele concentrarse en los músculos del periné, una región que forma parte del suelo pélvico.
La especialista también mencionó herramientas que utilizan kinesiólogas dedicadas a esta área, como radiofrecuencia y acupuntura. Al respecto, remarcó que el objetivo consiste en fortalecer los tejidos y reducir problemas futuros, entre ellos el prolapso, que ocurre cuando alguno de los órganos pélvicos desciende por debilidad de sus estructuras de sostén.
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Los cambios posparto también alcanzan al cerebro, la piel, la cadera y los pies
La transformación posterior al embarazo excede al abdomen. La médica sostuvo que existen cambios cerebrales y hormonales relacionados con la gestación, el parto y la lactancia. Según su explicación, la neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para modificar sus conexiones y funciones. Afirmó que algunas madres sienten olvidos o una atención más intensa hacia las necesidades del bebé. Para la especialista, esa experiencia responde a un proceso biológico y no a algo individual.
También habló de la piel, que se estira durante nueve meses para acompañar el crecimiento del abdomen. Indicó que esa piel conserva “una historia” y que su tensión previa no siempre regresa por completo. La vagina, los tejidos conectivos y la cadera también atraviesan adaptaciones, según afirmó.
En el caso de los pies, Fiuza mencionó que entre el 60 y el 70% de las mujeres puede notar un cambio durante el embarazo, debido a la acción de la hormona relaxina sobre ligamentos y estructuras corporales. La médica relaciona el cambio de talle de zapatos con el ensanchamiento del pie y con los cambios de apoyo corporal.
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La experta propuso desplazar la atención exclusiva sobre la apariencia del abdomen. “Está bien vernos como nos vemos y está bien cuidarnos si nos queremos cuidar”, expresó. La profesional sostuvo que cada madre debe encontrar un equilibrio que resulte beneficioso para ella y para su bebé.
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