En una esquina de Buenos Aires, dos adolescentes se miran fijamente. A su alrededor, un grupo de curiosos observa cada movimiento. No intercambian palabras ni improvisan rimas, pero la tensión se percibe en el aire. Uno de ellos avanza con paso decidido, realiza una pose desafiante y sostiene la mirada. El público reacciona con gritos y aplausos.
Lo que ocurre se ha convertido en tendencia: las batallas de “farmear aura” son un fenómeno viral que redefine la manera en que la Generación Z busca reconocimiento y prestigio, tanto en la calle como en las redes sociales. Esta práctica ha transformado la forma en que los jóvenes compiten y se vinculan, desplazando desafíos peligrosos y reemplazándolos por una competencia de carisma y presencia.
¿Qué es “farmear aura”? El origen y sentido de una tendencia viral
El término “farmear aura” surge de la combinación de dos conceptos centrales en la cultura digital. Por un lado, está el verbo “farmear”, tomado del inglés “to farm”, habitual en videojuegos como League of Legends y Pokémon Unite para describir la acción de repetir tareas y acumular recursos o experiencia. Por otro, aparece “aura”, que en el lenguaje de la Generación Z representa el conjunto de atributos simbólicos que una persona proyecta: carisma, seguridad, magnetismo, estilo.
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El psiquiatra Harry Campos Cervera, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), fue consultado por Infobae y precisó: “Es un lenguaje que viene de TikTok, de las redes, y significa particularmente destacarse, llamar la atención, pero brillar. El aura significa la brillantez, lo que nos rodea, lo que llama la atención, pero a la vez es una forma de llamar la atención sin llamar la atención”. Es decir, implica sobresalir de manera sutil, sin buscar la exposición explícita. Se trata de “acumular puntos de presencia” en espacios públicos o virtuales a través de gestos, actitudes y poses que incrementan el carisma ante los ojos de los demás.
Para Martín Wainstein, psicólogo y profesor consulto de psicología social de la Universidad de Buenos Aires, la novedad reside más en el código que en el fondo del fenómeno. “Farmear aura es una forma nueva de nombrar algo bastante antiguo, que yo lo definiría como la producción social de prestigio”. El especialista cita al sociólogo Erving Goffman y su teoría sobre la presentación del yo. Según Wainstein, farmear aura significa “hacer cosas que aumentan simbólicamente el propio prestigio, la idea de mostrarse seguro, interesante, atractivo, incluso indiferente a la opinión de los demás, algo así como ser canchero”.
“En la vida social todos hacemos en alguna medida una presentación de nosotros mismos frente a los demás. Elegimos qué mostrar, qué ocultar, qué gestos nos representan. Esta es una versión contemporánea, juvenil, de una presentación social del yo. La palabra farmear, que está en los videojuegos, introduce esta idea actual de que el prestigio aparece casi como algo que uno puede acumularlo, perderlo, contabilizarlo”, detalló Wainstein, quien dirige la Especialización en Psicología Clínica Sistémica de la UBA.
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Esto implica que el reconocimiento social no es una propiedad individual, sino una construcción colectiva. “El aura, que parece algo que una persona posee, en realidad es algo que los demás le atribuyen. No está dentro del individuo, se produce en la relación”, explica Wainstein.
De los videojuegos a la vida real: cómo se “farmea aura” en redes y en la calle
La viralización de este fenómeno se produjo a través de plataformas como TikTok, Instagram y X, donde los usuarios empezaron a utilizar frases como “+1000 de aura” o “perdió aura” para comentar y calificar comportamientos. La lógica es sencilla: cada acción puede sumar o restar aura, casi como si la reputación funcionara como un marcador de videojuego. Una respuesta ingeniosa, una pose original o una actitud segura pueden convertirse en formas de “ganar aura”, mientras que situaciones embarazosas o intentos fallidos de destacarse suelen interpretarse como “pérdida de aura”.
El impacto de la tendencia trascendió el mundo virtual. Durante 2026, comenzaron a organizarse batallas de farmear aura en plazas y espacios públicos de Brasil, Argentina, Bolivia, Perú y Paraguay. En estos encuentros, dos jóvenes se enfrentan cara a cara y buscan proyectar la mayor presencia posible a través de poses, miradas, movimientos y referencias a memes o figuras deportivas. El público —con aplausos y vítores— decide quién “farmeó” más aura.
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Carisma y prestigio: una competencia social sin riesgos físicos
A diferencia de otros desafíos virales que circularon en redes, las batallas de farmear aura no implican riesgos físicos ni actividades peligrosas. La competencia gira en torno a la actitud, el control de la imagen y la capacidad de sostener la compostura bajo presión. “Lo más importante en farmear es el carisma, subir el carisma, mostrar carisma, lograr carisma. Y hasta esto aparentemente no entraña ningún peligro”, afirmó Campos Cervera.
Entre los gestos más populares de estas competencias se encuentran el “six-seven” —que consiste en levantar ambas palmas y moverlas de forma alternada, asociado al rapero Skrilla y a memes de la NBA—, las poses “sigma”, referencias a celebraciones de Lionel Messi, movimientos de “mewing” (técnica para realzar la mandíbula) y caminatas deliberadas llamadas “aura walk”.
Redes sociales y la nueva lógica de la reputación
Las redes sociales han acelerado y amplificado el proceso de construcción de identidad y prestigio. Antes, la reputación se forjaba en ámbitos presenciales y de manera más lenta. Ahora, el proceso es visible, evaluable y cuantificable a través de likes, seguidores y visualizaciones. Según Wainstein, “el influencer es el paradigma de todo esto. Tienen indicadores públicos de reconocimiento”.
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La tendencia responde a una necesidad de pertenencia y validación en un contexto donde los vínculos sociales presenciales se han vuelto más frágiles. “El reconocimiento de los otros es importante porque es constitutivo de nuestra identidad. Uno aprende quién es en buena medida a través de cómo es visto y respondido por los demás”, agrega el psicólogo.
Hasta el momento, tanto Campos Cervera como Wainstein coinciden en que este tipo de desafíos no presenta riesgos graves para los jóvenes y representa una competencia de habilidades sociales más que una búsqueda de popularidad vacía. Se trata de una práctica donde la creatividad, la actitud y la capacidad de sostener una imagen segura cobran protagonismo, desplazando viejos códigos y abriendo paso a otras formas de interacción y disputa simbólica.
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