Las críticas hacia la Argentina volvieron a ocupar un lugar central durante el Mundial. A medida que avanzó el torneo, figuras internacionales, usuarios de redes sociales y distintos medios extranjeros cuestionaron el comportamiento de los argentinos y reavivaron viejas acusaciones de racismo, arrogancia y un supuesto sentimiento de superioridad frente a otros países de la región. En ese contexto de fuerte exposición internacional, un video del periodista Ronen Suarc comenzó a circular masivamente por proponer una mirada distinta: en lugar de atribuir todo a prejuicios externos, invitaba a revisar cuánto de esa imagen también podía explicarse por conductas de los propios argentinos.
“Somos los mismos argentinos los que nos hacemos odiar”, afirmaba Suarc en un mensaje grabado durante la cobertura del Mundial. La frase se viralizó rápidamente y generó miles de reacciones entre quienes compartían esa autocrítica y quienes consideraban que minimizaba los ataques que el país suele recibir desde el exterior. Detrás de esa discusión, sin embargo, aparecía una pregunta más profunda: ¿hasta qué punto la percepción internacional sobre la Argentina responde a estereotipos y cuánto tiene que ver con comportamientos que los propios argentinos reproducen?
Con esa premisa, el periodista argentino radicado en Estados Unidos dialogó con el equipo de Infobae al Regreso para explicar el origen de una reflexión que, según aseguró, nació de experiencias concretas vividas durante el torneo.
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“Se acercaban todos los argentinos y me decían: ‘Los argentinos somos los mejores’. Después hablaban de manera muy despectiva de los uruguayos, de los paraguayos, de los colombianos o de los mexicanos. La verdad es que me daba mucha vergüenza”, recordó. Para Suarc, ese tipo de situaciones fueron el disparador del video y reflejan una actitud que, aunque no representa a todos, termina alimentando una percepción negativa sobre el país.
Lejos de negar que existe una mirada prejuiciosa hacia la Argentina, sostuvo que ambas cosas pueden convivir. “Sí hay una campaña en contra de nosotros, pero también hay que reconocer que somos agrandados, que somos despectivos y nos creemos más que los otros”, planteó. A su entender, muchas veces el debate se reduce a denunciar la discriminación que sufren los argentinos sin detenerse a pensar si determinadas conductas también contribuyen a reforzar esos estereotipos.
Según explicó, vivir desde hace años en Estados Unidos modificó su manera de observar esas situaciones. El contacto cotidiano con personas de distintas nacionalidades, aseguró, le permitió relativizar ciertas ideas instaladas sobre una supuesta excepcionalidad argentina. “Hay mucha diferencia entre el argentino que vive afuera y el argentino que vive en la burbuja de nuestro país. Los que vivimos afuera y tenemos el privilegio de mezclarnos con otras culturas nos damos cuenta de que realmente no hay ninguna diferencia”, expresó.
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En esa misma línea, cuestionó algunos discursos que suelen aparecer con frecuencia en el debate público. “Después hay periodistas que dicen que somos europeos, que no somos latinos y que los mexicanos nos envidian. No me malinterpreten: sí hay una campaña contra nosotros, pero también hay que reconocer que muchas veces nos creemos más que los otros”, insistió, al remarcar que la autocrítica no implica desconocer los prejuicios que también existen hacia la Argentina.
La reflexión encontró coincidencias parciales. Gonzalo Aziz sostuvo que, cuando una percepción negativa persiste durante tanto tiempo, también vale la pena preguntarse qué elementos ayudaron a construirla. “Cuando hay un conflicto entre dos partes nunca es cien a cero. Siempre hay alguna cuota aparte que hace que la reacción del otro o el pensamiento del otro se active”, señaló. Sin embargo, introdujo un matiz al advertir que esa descripción no representa necesariamente a todo el país. “Estamos hablando mucho de quienes vivimos en Buenos Aires o en grandes ciudades. El interior suele ser mucho más humilde, más sensato y más coherente”, agregó.
Suarc coincidió en que no corresponde generalizar y recordó que buena parte de las respuestas que recibió tras publicar el video apuntaban precisamente a esa diferencia entre los porteños y el resto del país. “Muchos me decían que esto tenía que ver con los porteños. Tampoco podemos hacernos los distraídos con esa pica histórica que existe entre Buenos Aires y las provincias”, comentó.
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A partir de esa discusión, el intercambio derivó hacia otro tema que suele reaparecer cada vez que la Argentina queda bajo la lupa internacional: el racismo. Matías Barbería consideró que el problema existe, aunque con características distintas a las de Estados Unidos o Europa.
Al mismo tiempo, sostuvo que el análisis no debería copiar categorías elaboradas para otras realidades. “Tenemos nuestros propios problemas y tenemos que resolverlos nosotros. Maltratamos gente nacida acá y también a países vecinos que son tan valiosos como nosotros, pero no me lo va a venir a curar un tipo de Europa”, expresó.
Suarc compartió parte de esa mirada y aclaró que nunca buscó definir a la Argentina como una sociedad esencialmente racista. Reconoció que muchas veces siente que el país recibe críticas desproporcionadas, aunque también admitió que vivir en el exterior le permitió detectar comportamientos que antes naturalizaba. “Siento que muchas veces me atacan por ser argentino. Pero también creo que quienes vivimos afuera compartimos otras experiencias y eso cambia la mirada”, explicó.
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Como contrapartida, recordó que el racismo continúa siendo un problema estructural en Estados Unidos. “Acá también hay mucho racismo. Los peores trabajos, lamentablemente, siguen siendo para los hispanos y los afroamericanos”, ejemplificó.
Sobre el final de la conversación, el periodista volvió al origen del mensaje que dio lugar a toda la discusión y reconoció que esa autocrítica también lo incluía a él. “Muchas veces me encontré diciendo: ‘Tenemos a Messi, tuvimos al Papa, tuvimos a Maradona’. Por eso digo que también es una autocrítica”, admitió, antes de destacar que el Mundial también le dejó una experiencia diferente.
Recordó el banderazo realizado por los argentinos en Times Square y el interés que despertó entre muchas personas que se acercaron para conocer más sobre el país. Esa experiencia, sostuvo, también le permitió comprobar que la imagen de la Argentina no está determinada únicamente por los prejuicios. “Sentí que empezaron a entender un poco mejor cómo somos. Tenemos muchísimo para ofrecer más allá de todas las críticas que podamos recibir”, concluyó.
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Más allá de las posiciones que despertó el video, la discusión dejó instalada una pregunta que excede el Mundial y las redes sociales. Mientras la Argentina vuelve a quedar en el centro de cuestionamientos internacionales, la reflexión de Suarc propone una idea incómoda: reconocer que pueden existir prejuicios contra el país no impide preguntarse si determinadas actitudes también contribuyen a reforzar esa percepción. Ese fue, precisamente, el debate que convirtió un breve video en una conversación mucho más amplia sobre la identidad argentina.
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