La paternidad, el vínculo emocional y el análisis de la depresión posparto paterna fueron el eje de la última edición de Good Inside, el pódcast especializado en crianza conducido por la psicóloga clínica Becky Kennedy, quien dialogó con Kevin Maguire, autor, experto en crianza y fundador de The New Fatherhood.
Ambos analizaron cómo los padres transitan desde modelos tradicionales de “proveer, proteger y presidir” hacia una paternidad que prioriza la presencia diaria y la gestión de las emociones, enfocándose en vínculos más cercanos y auténticos.
Cada vez más hombres buscan romper esquemas heredados y aprender a regular emociones como el enfado, además de practicar la reparación tras los errores. Maguire explicó en Good Inside que la apertura emocional y la presencia diaria son factores que definen la transformación del rol paterno.
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Modelos tradicionales y presencia paterna
Durante la entrevista en Good Inside, Kennedy consultó a Maguire sobre el modelo clásico de paternidad. Él recordó: “El antiguo modelo de ser padre seguía el mismo esquema por generaciones: proteger, proveer y presidir. Ser el jefe de la familia”.
Maguire reconoció que esa figura estaba marcada por distancia emocional y disciplina estricta: “Llegabas a casa y tu principal tarea era disciplinar, no cuidar a los hijos”. Según Maguire, los padres actuales cargan con esas narrativas heredadas y enfrentan el peso de repetir lo aprendido. “El mayor cambio en la paternidad de los últimos cincuenta años fue que los hombres ahora están presentes en el nacimiento de sus hijos. Antes era habitual que los padres estuvieran ausentes en ese momento”, resaltó.
Afirmó que los padres ensayan hoy nuevas formas sin seguir un manual, y que la presencia junto con la apertura emocional se ha vuelto la esencia de la paternidad moderna. Kennedy agregó: “Ahora, hablar de paternidad no es solo pensar en seguridad o sustento, sino en jugar y compartir”. Para ambos, el juego acerca al padre al núcleo familiar.
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Vulnerabilidad y emociones en el padre actual
Maguire expuso en Good Inside que ser padre hoy implica una mayor apertura: “La vulnerabilidad y mostrar emociones no son debilidades, sino claves para el vínculo con los hijos”. Apuntó la dificultad que encuentran muchos hombres para expresar sentimientos: “Como hombres, no tuvimos grandes modelos; nadie nos enseñó a ser vulnerables ni empáticos”.
Relató que, tras el nacimiento de su segundo hijo, experimentó depresión posparto paterna: “Salía a caminar solo y lloraba porque sentía que no lo quería. Descubrí que existe la depresión posparto paterna”. Acudir a terapia, explicó, le permitió distinguir entre emoción y violencia: “Sentir enfado es normal, y aprendí a separar esa emoción de la violencia”.
La gestión emocional, consideró, es fundamental. “Años atrás vimos a nuestros padres perder la paciencia. Tratamos de no repetirlo y buscamos reaccionar de otra manera”. Matizó: “El enfado no es el problema, sino no saber regularlo. Ahora aviso: ‘Estoy llegando a mi umbral de enfado, ¿quieres seguir empujando?’ y, la mayoría de las veces, ayuda”.
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En el pódcast, Kennedy subrayó la importancia de la reparación y su valor esencial para reconstruir la relación tras un error: “Reparar es esencial. Nadie lo hace perfecto siempre. Una disculpa —'Siento haber gritado. Te quiero’—muestra responsabilidad y enseña a los hijos que también aprendemos”.
Maguire reconoció lo complejo que resulta pedir perdón después de perder la calma: “Admitir un error es difícil, especialmente tras un estallido. Pero, si queremos que nuestros hijos puedan disculparse, debemos hacerlo nosotros primero”.
Puentes diarios y nuevos hábitos
La charla en Good Inside abordó estrategias prácticas para la construcción de un vínculo real. Kennedy ilustró: “Si imaginas que tú y tu hijo estáis en planetas distintos, el único camino es construir un puente y cruzar”. Maguire coincidió: “El tiempo dedicado al juego y participar en los intereses de los hijos crea esos puentes. Por ejemplo, comparto un videojuego con mi hija; trabajamos juntos en su granja virtual y eso nos une”.
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El autor destacó la importancia de encontrar pequeños momentos diarios para estar presentes. “Intentamos ser buenos padres en las dos peores horas —mañana y noche—. Pero más que buscar perfección, se trata de aprovechar momentos para conectar”. Señaló que ese esfuerzo persiste pese al cansancio laboral: “Muchos padres, tras volver de la licencia de paternidad, sienten que todo cambió y les cuesta adaptarse”.
Maguire animó a dejar de actuar en piloto automático y reflexionar si los hábitos que se adoptan reflejan valores propios o aprendidos: “El reto es deshacer patrones heredados y decidir qué transmitir a los hijos”. En ese proceso, la apertura emocional y el tiempo compartido fortalecen relaciones sanas para la salud mental, la pareja y hasta el entorno laboral.
Kennedy puntualizó que reparar tras un error reconstruye esos puentes: “No somos perfectos. La clave está en reparar a menudo y enseñar a los hijos que, aunque fallemos, existen formas de restaurar el vínculo”.
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La evolución del rol paterno muestra que la presencia emocional y la reflexión constante son claves para forjar lazos sólidos. Los padres construyen identidad propia en la crianza y desafían mandatos heredados. Así, la paternidad se transforma en un espacio de aprendizaje continuo y conexión auténtica.