Más allá de la playa: cinco paraísos naturales para descubrir cerca de Punta del Este

Sierras, cerros e islas ofrecen alternativas a poca distancia del balneario y dentro del departamento de Maldonado donde el entorno silvestre y la tranquilidad invitan a descubrir otra faceta de la región

Punta del Este es famosa por sus playas y vida social, pero Maldonado ofrece sierras, islas y cerros para quienes buscan naturaleza y tranquilidad (Leue, Holger)

Punta del Este destaca internacionalmente por sus playas y la intensa actividad social del verano, pero el departamento de Maldonado tiene mucho más que costa y mar. A pocos kilómetros de la península, el paisaje cambia de manera radical y aparecen opciones ideales para quienes buscan el contacto directo con la naturaleza. Sierras, islas y cerros conforman un circuito alternativo que escapa al ruido habitual de la temporada alta y permite descubrir la verdadera geografía de la región.

Desde la elevación máxima del territorio nacional hasta importantes áreas de reserva de fauna marina, cada sitio posee características únicas. El recorrido propone caminatas, vistas panorámicas y la observación de animales silvestres en su propio hábitat, una pausa necesaria para quienes desean cortar con la rutina de sol y playa.

1. Isla Gorriti

En la Isla Gorriti no hay hoteles ni vehículos, su ambiente se preserva y se recorre a pie entre senderos y bosques de pinos

Frente al puerto de Punta del Este, la Isla Gorriti funciona como un refugio natural y un sitio de gran valor histórico. Este territorio insular de 71 hectáreas posee una densa forestación de pinos, introducidos hace décadas para brindar sombra y frescura a los visitantes que llegan en barco para pasar el día. En la época colonial, la isla cumplía un rol defensivo clave; todavía se conservan los cañones y restos de las baterías militares que protegían la entrada al Río de la Plata.

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Sus dos playas principales, Puerto Jardín y Playa Honda, cuentan con aguas calmas y transparentes. Una red de senderos cruza el interior del bosque y permite recorrer el lugar a pie, una actividad que combina el patrimonio cultural con el descanso al aire libre.

2. Cerro Catedral

El Cerro Catedral es el punto más alto de Uruguay, alcanza 514 metros sobre el nivel del mar y se ubica en la Sierra Carapé (EFE/ Fefo Bouvier)

El Cerro Catedral ostenta el título de punto más alto de la República Oriental del Uruguay. Se ubica al norte del departamento, en la Sierra Carapé, y alcanza cerca de 514 metros sobre el nivel del mar. Aquí el entorno difiere mucho de la costa: predominan las colinas suaves, los campos de ganadería y un silencio casi total. Su nombre deriva de las formaciones rocosas en la cima, cuya disposición recuerda a la arquitectura de una catedral antigua.

Llegar hasta allí implica transitar caminos de balasto, pero el viaje permite apreciar el paisaje típico de penillanura. Este término técnico describe una superficie casi plana, apenas ondulada, producto de la erosión de las montañas durante millones de años. Los astrónomos aficionados valoran este sitio por su contaminación lumínica casi nula, ideal para observar el cielo nocturno con claridad.

3. Punta Ballena

Punta Ballena es una zona de cizalla donde las rocas se desplazaron lateralmente y crearon su característica forma de lomo

Punta Ballena atrae a miles de personas por sus atardeceres, pero su importancia geológica suele pasar desapercibida. Se trata de una zona de cizalla, una fractura en la corteza terrestre donde las rocas se desplazaron de forma lateral en tiempos remotos. Ese movimiento creó la forma de “lomo” que se adentra en el mar y soporta fuertes vientos durante todo el año.

Su nombre se debe a su similitud con el lomo de una ballena emergiendo del agua, pero además anticipa su mayor espectáculo natural: la presencia de la Ballena Franca Austral. Durante el invierno y la primavera, estos cetáceos se acercan a la costa y transforman el lugar en un mirador privilegiado para ver estos animales a simple vista, sin necesidad de embarcaciones.

La Ruta Panorámica recorre la parte superior de la sierra y ofrece una perspectiva inigualable de la bahía de Maldonado y la inmensidad del océano Atlántico. Las corrientes de aire ascendentes que chocan contra el acantilado convierten a este lugar en un punto perfecto para el parapente y el ala delta. Muy cerca de allí, el Arboretum Lussich complementa la visita con sus bosques de especies exóticas, ideales para caminatas bajo la sombra en días de calor.

4. Cerro Pan de Azúcar

El Cerro Pan de Azúcar tiene 423 metros de altura y en su base funciona una estación dedicada a la cría de fauna autóctona (Intendencia de Maldonado)

Esta elevación de 423 metros de altura domina el horizonte cerca de Piriápolis y funciona como un imán para los turistas activos. En su base, la Estación de Cría de Fauna Autóctona trabaja en la preservación de especies nativas, como el venado de campo, animal que enfrenta serios problemas de conservación. El ascenso a la cumbre requiere un esfuerzo físico moderado, pero la recompensa llega al final: una cruz de cemento de 35 metros con una escalera interior en espiral que permite una vista completa de la zona.

La estructura geológica del cerro pertenece a las formaciones de basamento cristalino, rocas muy antiguas que definen el perfil serrano. Durante el trayecto, el caminante atraviesa sectores de bosque serrano, un ecosistema denso y espinoso fundamental para la protección del suelo frente a las lluvias. El parque cuenta con senderos marcados y zonas de picnic, por lo que muchas familias eligen este destino para pasar el día entero.

5. Isla de Lobos

La Isla de Lobos alberga la mayor colonia de lobos marinos de Sudamérica (Ministerio de Ambiente Uruguay)

Ubicada a unos 8 kilómetros de la costa, la Isla de Lobos alberga la colonia de lobos marinos más grande de Sudamérica. En este afloramiento rocoso conviven dos especies: el lobo fino (o de dos pelos) y el león marino (o de un pelo). La diferencia principal radica en su aspecto; el primero tiene un pelaje suave, mientras que el segundo destaca por su melena y su mayor tamaño. El ruido de la colonia se escucha mucho antes de llegar.

La isla también posee un faro automatizado de 59 metros, uno de los más altos de la región, vital para la navegación en el Atlántico. Aunque la normativa prohíbe el desembarco de turistas para no alterar a los animales, las excursiones náuticas se acercan lo suficiente para verlos en acción. Aquí la vida salvaje impone sus reglas: los machos defienden su territorio y las crías aprenden a nadar en las piletas naturales, un espectáculo fascinante.

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