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De qué manera el cerebro se adapta cuando mentimos una y otra vez para dejar de sentir miedo

La adaptabilidad del cerebro, tanto para lo bueno como para lo malo, puede llevar a conductas que pueden estar muy alejadas de las normas morales y las buenas costumbres y, sin embargo, no sentirnos mal por ello. Por qué ocurre

La adaptabilidad que tiene nuestro cerebro, tanto para lo bueno como para lo malo, puede llevar a conductas y formas de pensar y sentir que pueden estar muy alejadas de las normas morales y las buenas costumbres y sin embargo, no sentirnos mal por ello.

La clave está en que, para el cerebro, cualquier cosa que hagamos, si la experimentamos muchas veces, la respuesta emocional que tiene es cada vez de menor intensidad.

“Si nos exponemos a una situación que nos da miedo, una y otra vez, ese miedo desaparece”, explicó en diálogo con Infobae la escritora y psicóloga Celia Antonini. “Eso es positivo sobre todo si tenemos que luchar con el miedo de subirnos a un avión o salir de nuestras casas”.

La repetición también explica por qué hay muchas personas que pueden hacer cosas que nosotros no hacemos, simplemente porque lo han practicado una y otra vez. "Un piloto que hace acrobacia aérea no tiene miedo y para la mayoría de nosotros pensar estar allá arriba dando vueltas nos puede asustar", ejemplificó la experta.

Es decir, cualquier acto repetido muchas veces nos lleva a perder el miedo que experimentamos en un primer momento. ¿Pero qué pasa si nosotros mentimos con frecuencia o realizamos actos deshonestos?

Sucede lo mismo, explicó Antonini. "Se va perdiendo el miedo y uno se acostumbra al delito y a la mentira. La secuencia es la siguiente. Cuando experimentamos miedo la actividad de la amígdala cerebral, que es el centro de las emociones en el cerebro, se activa con fuerza, pero luego, con cada subsecuente mentira o acto deshonesto, la actividad disminuye progresivamente. De esta manera, la amígdala cerebral se va acostumbrando a los actos deshonestos y el miedo que sentía en un primer momento ya se deja de sentir".

(Shutterstock)

Eso nos muestra que el cerebro se adapta a cualquier comportamiento que hagamos con frecuencia. De esa manera si intentamos muchas veces podemos reducir el miedo, pero también podemos adaptarnos tanto a una vida saludable como a una mala costumbre.

“Debido a ello, los principios morales pueden verse amenazados, no solo por la adaptabilidad que tiene el cerebro, sino también por otra característica frecuente que tenemos los seres humanos y que ante cada acto que realizamos, tratamos luego de justificarlo, hayan sido estos buenos o malos”, concluyó.

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