Sofía Solá, la hija de Maru Botana, lleva varios meses instalada en Barcelona para dar sus primeros pasos como modelo. Desde que tomó la decisión de cruzar el Atlántico y radicarse en España, sus redes sociales fueron mostrando ese proceso de a poco: castings, producciones y la construcción de una vida nueva lejos de Argentina. Ahora, con un carrete de fotos que publicó en sus redes, eligió mostrar otra cara de esa experiencia.
“Fotitos más naturales mías xq sino es todo beboteo y cositas y personas lindas q vi este último tiempo”, escribió al pie de las imágenes. La frase funciona como una declaración: frente a un feed que suele estar dominado por contenido de moda y producción profesional, Sofía decidió abrir una ventana a su cotidianidad sin filtros.
El carrete arranca con ella en la playa. Recién salida del agua, con un bikini de cuadros en bordo y blanco y el pelo pegado al rostro, posa con los brazos abiertos contra un cielo sin nubes. La arena y el Mediterráneo de fondo ubican la escena en las playas de la ciudad condal. Unos metros más atrás, otra foto captura a una pareja abrazada sobre una toalla, ajenos a todo: una de esas escenas que Sofía decidió guardar como parte de las “cositas lindas” que vio en este tiempo.
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La Villa Olímpica aparece en dos tomas consecutivas. En la primera, Sofía posa de espaldas a un cactus enorme con las torres características del barrio al fondo, con un top rojo y shorts de jean. En la segunda, la misma locación pero en primer plano: se ríe mientras mira el tatuaje que tiene en el antebrazo, la cabeza inclinada, los ojos cerrados por el sol. Sin pose, sin dirección de arte.
El recorrido por la ciudad incluye también el Passeig de Gràcia. Una de las fotos muestra la fachada de la Casa Batlló de Gaudí al atardecer, con la luz dorada sobre los azulejos de la obra del arquitecto catalán. Otra toma la muestra a ella misma caminando por la vereda con un café helado en la mano, mochila rosa al hombro y el sol de frente, en una escena que podría ser cualquier mañana de semana.
La moto también tiene su lugar en el carrete. Sofía aparece en medio de la calle con un casco blanco puesto, una musculosa gris con escote halter y shorts cortos, con una bolsa en la mano y el gesto de quien acaba de bajarse. El Santander de la esquina y los carteles en catalán del fondo confirman que la escena es Barcelona pura.
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Algunos momentos del carrete parecen corresponder a una escapada fuera de la ciudad. Una foto frente a una pared cubierta de azulejos de motivos geométricos en azul y blanco, con adoquines en el piso y una arquitectura que remite claramente a Lisboa, muestra a Sofía con campera estilo militar gris, jeans rectos y ojotas, haciendo un gesto pícaro a cámara. Otra toma en la misma ciudad la registra sentada en la terraza de un café, con la misma campera, revisando su cartera mientras alguien la fotografía desde arriba.
Las salidas nocturnas también quedaron registradas. En un bar de azulejos rojos y ambiente cálido, una amiga fotografía la mesa con el celular: hay vermú con rodaja de naranja, pan con tomate, aceitunas y un abanico violeta. En otra imagen, Sofía aparece sentada en la vidriera de un restaurante al atardecer, con look negro y sin maquillaje, los tatuajes de ambos brazos bien visibles, la mirada fija en la cámara.
Uno de los momentos más descontracturados del carrete tiene lugar en el interior de un local con decoración kitsch. Sofía fotografía con su celular una pared cubierta de cuadros enmarcados con imágenes de la serie Baywatch: actores en traje de baño rojo, escenas de playa, fotos autografiadas. La escena tiene algo de turismo irónico y algo de genuina curiosidad.
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Las salidas con amigos también quedaron en el carrete. En un bar de azulejos rojos y ambiente cálido, una amiga fotografía la mesa con el celular: hay vermú con rodaja de naranja, pan con tomate, aceitunas y un abanico violeta sobre la madera. En otra imagen, Sofía aparece sentada en la vidriera de un restaurante al atardecer, con look negro y sin maquillaje, los tatuajes de ambos brazos bien visibles y la mirada fija en la cámara.
Un perro marrón rizado, sentado en el alféizar de una ventana con postigos verdes, mira hacia adentro de la casa. Sin personas, sin contexto adicional: solo una imagen que Sofía guardó porque le pareció linda, exactamente como anunció en el pie de foto.