El momento vivido en Es mi sueño (El Trece) pudo haberse convertido en una pesadilla, pero todo terminó con final feliz. Karla Valenzuela se olvidó la letra de “Todo me recuerda a ti” en plena actuación, estuvo a punto de llorar en el escenario y recibió la contención de Natalie Pérez y Joaquín Levinton. Al final, el jurado del concurso de canto conducido por Guido Kaczka decidió mantenerla en el certamen.
El bloqueo llegó en los primeros compases. Carlos Baute lo vio desde su silla y pensó lo peor: “Si lloras ya es imposible montar la voz”. Karla no lloró. Siguió. La segunda mitad de la interpretación fue otra cosa: recuperó el hilo, se asentó en el escenario y terminó la canción.
Karla, todavía llorando, pidió hablar con Joaquín Levinton. Lo que dijo sorprendió a todos en el estudio: se había imaginado durante la actuación que él estaba a su lado. “Yo quería que pase algo como para que vengas vos”, le confesó entre risas. Levinton, con su habitual tono irónico, le respondió: “Lo lograste”. El intercambio siguió con Karla pidiéndole que fuera su amigo, “algún pariente, algo”, y terminó con una declaración que arrancó carcajadas: “Un pariente lejano. Te amo”.
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Natalie Pérez también se conmovió con la situación y acompañó al líder de Turf para sostener y alentar a la joven. Después, ya frente al micrófono, fue directa: los nervios le habían jugado una mala pasada, pero lo que importaba era que no había perdido el foco de su actuación: “Me gustó que seguiste igual, por más que te olvidaste la letra. Eso puede pasar. Vos seguiste”, le dijo Pérez, que admitió estar ella misma emocionada con la situación.
Las luces verdes de cada jurado ratificaron que la joven está en el rumbo indicado, obteniendo el pase a la siguiente instancia del certamen: “Cumplís dos sueños entonces. Soñaste con Joaquín, Joaquín fue y ahora estás camino al Ópera”.
A su turno, Levinton tomó el episodio con humor y lo convirtió en material propio. Ante la pregunta de Kaczka sobre qué había sentido durante la canción, el músico especuló con que el certamen podría empezar a inclinar la balanza a su favor: “La gente sueña conmigo. Gente que no estudia, mucha alma vieja. Está pasando algo raro acá”.
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Karla explicó después qué había pasado por su cabeza mientras cantaba. No fue solo el nerviosismo ni el olvido de la letra: durante toda la interpretación se le vinieron recuerdos de cuando era chica, sueños acumulados, “un montón de emociones, un montón de frustraciones de estar acá”, admitió. A eso se sumó algo que no había ocurrido en la etapa anterior: su mamá y sus dos hermanos estaban en el público. En la ronda previa había decidido venir sola. Esta vez eligió traerlos, y verlos desde el escenario la desbordó.
La ronda siguió en Abel Pintos, que fue el más detallado en su devolución. Le aclaró a Karla que olvidarse la letra no le jugaba en contra “ni hoy ni nunca”, y pasó a enumerar lo que sí había visto: afinación, control del vibrato, decisiones inteligentes ante la duda. “Ante la duda cortaste la frase donde tenías que hacerlo para no correr el riesgo, te quitaste cosas de encima. Eso es lo que nosotros vemos”, le explicó.
Carlos Baute cerró con una lectura similar. Reconoció haber sentido cada momento de tensión desde su lugar en el jurado y le dijo que el error forma parte del proceso: “A veces equivocarse es cuando creces. Y yo creo que lo que decidimos aquí los cuatro es que tú sigas creciendo”.
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