A los 77 años, Guillermo Cóppola sigue en la brecha. Ahora, estará del otro lado de la cámara: será conductor del programa Cash, que se estrena este domingo 12 de abril en la plataforma El Vestuario stream. La propuesta será inédita: hablar, sin tapujos, del dinero en el mundo del fútbol. Para ello, habrá invitados como Maxi López (será el primer invitado), Ricardo Gareca, Daniel Vila y La Gata Fernández, entre otros.
Cóppola, “el representante de D10S”, lleva más de 50 años en la profesión, y ahora explora la transformación profesional de jugadores en el aspecto financiero.
El negocio del fútbol y el dinero según Guillermo Cóppola
—¿Cómo vivís este nuevo desafío con Cash y qué esperás del programa?
—Para mí es algo novedoso. Yo estoy en La 100, con Guido Kaczka, del cual aprendo todos los días algo. Y ahora salió esta oportunidad de hacer algo en familia. Y digo familia porque este grupo que me convocó es gente amiga. Hicimos el programa con toda la onda, buscando un espacio para compartir vivencias con jugadores, con Maxi López en el primero, que yo lo conocía de chico y se fue. Después con el Flaco Gareca, fue mío y él contará un poco cómo era yo. Y dirigentes como Daniel Vila, por ejemplo. Iremos descubriendo en el programa que no soy el conductor, sino que son charlas con gente que vivió distintas épocas. Me vieron a mí de un lado, yo los vi a ellos del otro.
—De vos conocemos tu relato de las anécdotas que viviste a lo largo de tu trayectoria y tu vida junto a Maradona. ¿Qué te impulsó a hablar de dinero?
—Mi paso por el fútbol empezó en 1974, atendiendo a mi primer jugador, Vicente “El Tano” Pernía, cuando trabajaba en el Banco Federal. Él llegaba de Tandil, iba a jugar en Estudiantes y lo compró Boca. El presidente del banco era de Tandil y me lo presentó como a un cliente nuevo y me dijo: “Qué mejor que lo atienda usted, que es de Boca”. Para mi fue un orgullo. Y ahí arranqué. Llegué a representar a 183 futbolistas al mismo tiempo, tuve 200. En 1985, Maradona me convocó y ahí, después de 21 años, dejé el banco y a los 183 que tenía en ese momento, porque Diego requería mi presencia en el exterior. decidí dedicarme por completo al fútbol. Y nace una profesión.
—La inventaste.
—Eso me dicen los representantes de hoy. Lo que había era intermediarios, de los que yo aprendí, como el finado Gordo Martínez, en Mar del Plata. Un crack. Él me llevó con Tarantini a Birmingham, Inglaterra, en el 78. Y no paré más. Cuando me llamó Diego empecé una aventura nueva con el más grande, el mejor del mundo. Una época distinta a la actual.
—¿Cómo era Maradona con el dinero?
—Muy generoso, muy derrochón. Bueno, nos juntamos, porque yo también. A mí mi viejo me enseñó, y yo todavía lo hago: “cobrás el primero de mes, pagás todas las obligaciones y lo que te queda lo dividís en el resto de los días del mes”. Pero me duraba una semana. Y después había que salir a rebuscárselas. Y con Diego éramos un poco así. O sea, celebrábamos, digamos. Pero él laburaba mucho. Su entrenamiento, sus concentraciones, sus logros. Entre el ‘85 y el ‘90 su vida fue una gloria. Y después vinieron sus cosas, sus problemas. Y seguimos. Ya fue otra etapa de nuestra vida juntos. Pero siempre voy a estar agradecido. Me separé de él en el 2003. Pasaron ya veintitrés años.
—¿Cuál considerás el mayor error de los futbolistas respecto a sus ingresos?
—Yo soy de otra época. Los jugadores han crecido mucho también en aquello que es la inversión, están bien orientados. La mayoría hoy tiene sus representantes. Antes yo los participaba mucho a los padres. Porque eran los que habían hecho el esfuerzo para que sus hijos llegaran. Entonces, mi primer sugerencia era la casa, mejorar el hábitat y después el auto. Otras épocas. Hoy vos los jugadores se han convertido en rockstars, con la indumentaria, con sus grandes autos de alta gama. En el 74 era otra cosa, ¿no? (ríe)
—¿Hay diferencias entre la gestión del dinero antes y ahora?
—Sí, fijate que hay jugadores como Batistuta, por tirarte un nombre, que tiene campos. El Cabezón Ruggeri también,en Corral de Bustos. Otros invierten en propiedades. El post,de la época mía no es el de hoy. Ellos tenían que tener un resguardo para tener luego un buen pasar. Y los ingresos de ahora no son los de ayer. Fijate que la canción que le cantaba la cancha de Boca a Diego...
—¿...Vale diez palos verdes?
—Hoy es el pase de un jugador normal. Bueno, pero normal. Por eso te digo, esas son las grandes diferencias.
—¿Los representantes y los clubes, hoy, hacen educación financiera con los jugadores?
—Hoy los representantes generalmente tienen gente. Si no está preparado, tienen asesores financieros. Es mucho más profesional. Antes era mucho más una cosa de la amistad. Ahora hay tecnología, la cuenta, el bitcoin, todas estas cosas que han aparecido. Antes no había nada. Dólares, mexicanos, alguna acción que otra, los valores nacionales ajustables. Hoy los orientan. Los preparan. Mirá Maxi López, por ejemplo. Otros están en los medios, estudian periodismo, son técnicos. A mí me encanta que el jugador se prepare para el futuro.
—Claro, porque Messi hay uno solo.
—Total.
—¿Te hubiera gustado representarlo a Messi?
—Sí, claro. Yo siempre le digo al padre, si un día se cansa, que me toque el timbre, que yo lo atiendo (risas).
Anécdotas, errores y aprendizajes
—¿Recordás casos de futbolistas que perdieron todo por mala gestión?
—Conozco muchos casos, pero prefiero no dar nombres. Por eso siempre intenté conseguir trabajo para mis exjugadores, con algún amigo. Ellos te lo pueden decir: “Guillermo se preocupó porque tenga un laburo digno”. Algunos terminaron trabajando en temas de administración. Yo siempre traté de no olvidarlos. Y después están los clubes, Futbolistas Argentinos Agremiados, Boca, por ejemplo, tiene una mutual para sus exfutbolistas. Es que te repito: no eran las cifras de hoy. Ahora, un jugador puede ganar en un año lo que un jugador de la época en que yo empecé ganaba en quince. Por eso yo les decía “asegurate el techo”. Y los hacía ahorrar: “tenés que tener cien mil dólares ahorrados”. Y después se los aumentaba: “No, mirá, ahora llegá a doscientos, y después, a quinientos”. Pero claro, para ahorrar eso tenían que laburar diez años.
—¿Cómo era arreglar un contrato como el de Maradona?
—Te voy a contar, y te vas a dar cuenta cómo cambian las épocas. Cuando le renové el contrato a Diego con el Napoli, Diego quería ocho millones. Ocho por cuatro años. Más una casa de dos millones y un barco de un millón. Me firmó un papel y le dije: “Diego, todo lo que saco arriba es mío”. Y me respondió: “Vos sacás esto, sos un fenómeno”. Saqué veinte millones: cinco, cinco, cinco y cinco. Después, él se fue mal del Napoli, y yo me fui con él. A mi el Napoli me pagó una comisión de cuatrocientas lucas. Y Diego se quedó con todo el contrato. Después dijeron que le debía al fisco 15, 16 millones. Y nada, estaba todo bien hecho. Y esto viene a cuento por lo que pasó con Pelé.
—¿Qué pasó?
—Cuando Diego vuelve a Boca, fuimos a ver a Pelé. Yo armé toda una historia como que lo quería el Santos de Pelé. En realidad, fuimos a comer con Pelé un pescado, lo pasamos bárbaro. Yo hice todo un movimiento y ahí fue cuando Eduardo Eurnekian se interesó y logramos el dinero que Diego pretendía para volver a Boca. Y le conté a Pelé de ese contrato, y no lo podía creer. ¡Con lo grande que fue ese tipo! Por eso, otra vez te lo digo, hay que acordarse de la canción y ver la diferencia con hoy: “Vale diez palos verdes, se llama Maradona”.
—¿Cómo viviste la relación con los “amigos del campeón” y los círculos cercanos a los jugadores?
—Nunca cerré la puerta a nadie, aunque siempre advertí sobre los oportunistas. En el caso de Diego, él era muy pícaro, era intuitivo y distinguía quién buscaba ventajas. Entonces yo le dejaba la puerta abierta. ¿Viste que en la última etapa de Diego decían que que lo encerraban, le cambiaban los teléfonos? Yo no sé cómo él lo aceptaba, porque conmigo era la antítesis. Él tenía su teléfono, nadie se lo tocaba. No cambiaba el número. Me acuerdo que le había conseguido el 1010.
—¿Te acordás del teléfono completo de Diego?
—Sí, creo que era 410-1010. No podía ser otro, ¿no? (ríe)
—No, claro, es maravilloso.
—Lo tuvo una vida. Y acá decían: “le cambiaban el teléfono” Yo no sé si es cierto o no y ni me interesa.
—¿Sentís orgullo por tus años como representante?
—Cincuenta y dos años laburando en esta disciplina que es el fútbol. Me dicen “Guille, ¿no te cansás?“ No, soy cola inquieta. Estoy orgullosísimo. Viste la serie, ahora vienen seis capítulos más, la segunda temporada. Yo nací para laburar. ¿Vivo bien? Sí. ¿Tengo una fortuna? No. ¿Tengo cuenta en el banco holgada? No. Pero no me privo de nada. Tuve momentos... Cuando yo me separo de Diego, ya se sabe, perdí todo. Perdí la casa donde vivo, que había comprado antes de Diego. ¿Estaba por plata? La verdad, no, si no ganaba un sope. Diego dijo: “No teníamos para la nafta”. Pero también dijo: “Me robó la plata a mis hijas”. Y después se dio cuenta que no, porque yo no me la banqué y me autodenuncié. Tenía el antecedente de doscientos futbolistas que decían como soy.
—Nunca les tocaste un peso.
—¡A nadie! Mirá, me acuerdo del Gringo Berta. Vino de Newell’s a Boca Juniors. Hizo el contrato y me viene al banco derecho. Y me dice: “Mira, lástima, ya firmé, ya lo había arreglado todo en Rosario, por eso no te necesité, pero acá te dejo todo lo que me dieron”.Entonces le digo: “Pero esperá, ¿que es esto...?” Me dio una bolsa de supermercado. Adentro había dinero en efectivo, dólares, documentos, cheques. “¿Y cuánto hay?” le pregunté. “No sé Te dejo todo a vos porque tenés antecedentes, me dijeron como sos”. De amigos míos, como Capurro o Robles, que había estado con él. Diego también se fijó en eso. Pero cuando me quiso castigar, dijo lo que dijo y yo hice lo que tenía que hacer. No me moví. No me preocupé, me ocupé.
—¿No existe esa “leyenda negra” sobre los representantes?
—Los futbolistas no son ingenuos; saben elegir a su representante. Como en toda actividad, pueden ocurrir malos entendidos, pero la mayoría están bien informados y preparados.