A pocas semanas de la final de MasterChef Celebrity, Laura Ubfal desató una fuerte polémica tras revelar accidentalmente quién será el próximo eliminado del popular reality de Telefe. Durante una transmisión de La Linterna por Bondi Live, la periodista declaró: “Bueno, porque lo eliminaron, escuchame… ¡Ay, no se podía decir! Ay, bueno, ya todo el mundo lo sabe”, provocando sorpresa y revuelo entre los seguidores del programa.
La controversia se agravó en redes sociales luego de que la participación de Emilia Attias quedara bajo escrutinio, tras ser acusada por los televidentes de haber sustraído un bowl con crema preparado por Miguel Ángel Rodríguez para una torta arcoíris. La propia Attias no admitió el hecho, pero en internet surgieron comentarios como “Tremenda ladrona” y “Echen a Emilia”, reflejando la reacción del público.
Después de perder la crema, Rodríguez improvisó al decorar su torta, pero al llegar al conteo final, el postre se desmoronó, intensificando su frustración. Pese a todo, Donato De Santis elogió el sabor, aunque Germán Martitegui calificó la creación como un “horror”.
Ante el escándalo, la insinuación de Ubfal sobre la eliminación de Rodríguez alimentó más la indignación de los fanáticos de MasterChef Celebrity. El episodio ha generado un clima de descontento generalizado, con numerosos seguidores exigiendo la expulsión de Emilia Attias y manteniendo en suspenso el futuro de los concursantes.
Así, lo que parecía una noche más de competencia en MasterChef Celebrity terminó convirtiéndose en una verdadera pesadilla para Miguel Angel Rodríguez, que vivió una de sus jornadas más caóticas y tensas desde que ingresó a las cocinas del reality. Robo, insultos al aire, nervios desbordados y una torta destruida marcaron una secuencia que dejó al actor al borde del colapso emocional y expuso uno de los momentos más desordenados de la temporada.
El detonante del escándalo fue el abatidor, ese electrodoméstico clave que, programa tras programa, se convierte en un foco de conflictos por la cantidad de preparaciones que los participantes intentan enfriar a contrarreloj. En ese contexto, al actor confiaba en tener todo bajo control: había preparado una abundante cantidad debuttercream para su torta arcoíris y, previendo confusiones, aseguró haber dejado un papel identificatorio dentro del bowl.
Sin embargo, cuando regresó a buscarla en los minutos finales de la prueba, la crema había desaparecido. Literalmente.“Me afanaron la crema”, repetía, cada vez más alterado, mientras el reloj avanzaba y la presión del desafío se hacía insoportable. La incredulidad dio paso a la bronca y, casi de inmediato, el actor comenzó a descargar su furia a los gritos, sin medir palabras ni micrófonos.
El desconcierto se apoderó del estudio.Wanda Nara, desde su rol de conductora, intentó intervenir para calmarlo y ayudarlo a encontrar una solución en medio del caos. Pero Miguel Ángel estaba fuera de sí.“No tengo la crema, corazón”, lanzó, mientras el resto de los participantes observaba la escena con mezcla de sorpresa, incomodidad y algo de temor. Algunos, incluso, bromearon nerviosos ante el nivel de tensión que se respiraba en el aire.
Lejos de aparecer el responsable del “hurto”, nadie asumió haberse llevado la preparación equivocada. Ese silencio colectivo terminó de encender al actor, que se sintió víctima de una injusticia en plena competencia.“Si chorearon, voy a chorear yo”, disparó, resignado a terminar su plato.
Cuando parecía que nada podía empeorar, llegó el golpe final. Con la torta ya armada —o al menos en proceso—los seis pisos de la torta arcoíris se derrumbaron de manera estrepitosa sobre la mesada. El impacto fue devastador. Durante unos segundos, Miguel quedó paralizado, mirando cómo su trabajo se deshacía frente a las cámaras. La frustración se transformó en angustia y, aun así, decidió seguir adelante.
A puro impulso con el afán de al menos poder presentar su plato, el actor agarró la preparación con las manos y trató de recomponerla como pudo, apelando más a la voluntad que a la técnica. El gesto reflejó claramente el estado emocional en el que se encontraba: cansado, indignado y herido en su orgullo, pero decidido a no abandonar.
Llegado el momento de la devolución, Miguel Ángel expuso ante el jurado lo que había sucedido. Relató el robo de la crema, explicó que la había identificado con un papel y aseguró que, sin ese imprevisto, el resultado hubiera sido muy distinto. Damián Betular deslizó entonces que el “amigo de lo ajeno” seguía en el estudio, aunque nadie dio un paso al frente.
En medio del análisis, Donato de Santis destacó el sabor, el color y la intención del plato, señalando que, más allá del desastre visual, la torta estaba rica. Incluso reconoció el esfuerzo del actor por salir adelante en una situación límite. Por un momento, parecía que Miguel recibía algo de contención tras el mal trago.
Pero la calma duró poco. Germán Martitegui fue tajante y demolió cualquier intento de consuelo. Sin rodeos, calificó la torta como un “horror”, marcó errores técnicos en cada capa, criticó el exceso de tostado y remató con una frase que terminó de hundir al participante: si le robaron las cosas, fue porque no las cuidó.
La devolución cayó como un balde de agua fría. El rostro de Miguel Ángel reflejó bronca, frustración y cansancio acumulado. Posteriormente, recibió el delantal gris de manera directa. Su noche, ya marcada por el caos y el enojo, cerró con una crítica durísima que dejó en claro que, en MasterChef Celebrity, no hay lugar para excusas, ni siquiera en las peores circunstancias.