Desde muy pequeña, Mimi Leclercq encontró en la música un refugio y una brújula. Entre melodías familiares, tardes de inspiración y el eco de un apellido en el que encontró un sentido, creció sabiendo que el arte sería su lenguaje para desafiar miedos, buscar libertad y escribir su propio destino. Con sensibilidad y coraje, atravesó etapas de rebeldía, mudanzas y sueños que la llevaron mucho más allá de Buenos Aires. En una charla exclusiva con Teleshow, invita a viajar por los recuerdos que la marcaron, las emociones que la impulsan y el profundo deseo de sanar y conectar a través de sus canciones.
Nacida hace 31 años en Buenos Aires como Michelle Leclercq, su carrera se caracteriza por una dualidad poderosa: es tanto una cantante con voz propia como una letrista y colaboradora incansable en proyectos de otros artistas. Su versatilidad la llevó a trabajar con nombres de peso como María Becerra, con quien realizó arreglos vocales y coros en temas como “Tattoo” y el clásico navideño “Jingle Bell Rock”, con Denise Rosenthal aportando letras en álbumes como “Dicotomía”, “Balance” y “Mantra”, y Shakira, sumando su voz en “Soltera”. También escribió canciones para BK, Angel Bleu junto a Rochy RD, Renee y Chico Curly Head, y fue la mente detrás de “Gracias x eso”, una colaboración especial con Noel Schajris, integrante de Sin Bandera. Cada una de estas experiencias revela su facilidad para cruzar géneros, conectar historias y aportar sensibilidad en cada proyecto, consolidándola como una de las creadoras argentinas más activas y multifacéticas de la escena internacional.
Dueña de una voz que ya emocionó en estadios, como cuando interpretó el himno nacional en el homenaje a Emanuel Ginóbili en la NBA, Leclercq fusiona influencias de rock, pop y soul en canciones que cuentan su propia vida y la de tantos otros que sueñan a lo grande. Su camino, reflejado también en sus proyectos, muestra una artista que se formó como cantante, compositora y productora, colaborando con figuras internacionales y defendiendo la honestidad como su sello personal. Entre recuerdos de Buenos Aires, noches de estudio y escenarios internacionales, Mimi reivindica el poder de la autenticidad y la música como puente para sanar y conectar.
—¿Cuál es el primer recuerdo que tenés vinculado a la música?
—Desde muy chiquitita supe que quería hacer música. Cuando tenía tres años mis papás me metieron a un jardín musical. Pero uno de mis primeros recuerdos es ver a Freddie Mercury en la tele y pensar: “Yo quiero hacer eso”. Incluso escribía canciones acerca de que no quería ir al cole, cuando tenía como cuatro o cinco años.
—¿Qué te llevó a convertir esa pasión en una decisión profesional y no sólo un hobby?
—Toda mi vida supe que quería hacer música. Nací sabiéndolo. Además, desde chica fui muy rebelde y siempre seguí mi corazón. Tal vez al principio mi familia tenía miedo de que yo me dedicara a la música, pero a mí nunca me importó. Yo sabía que lo que quería hacer y, cuando a mí se me mete una idea en el corazón o en la cabeza, voy para adelante. Siempre fui así, desde muy joven.
—¿En algún momento tu familia intentó convencerte de que eligieras otro camino?
—Sí, fue terrible. Mi mamá me hizo ir a universidades de otras cosas, por ejemplo en idiomas, y a mí me gustaba la música. No me veía en un trabajo de oficina de nueve a cinco, siempre quise dedicarme a algo más creativo. Superar los miedos de mis padres, también es parte de crecer, darte cuenta de que sos adulto y podés tomar tus propias decisiones. Y tal vez, si de joven no validaron mis emociones o no validaron mi carrera, ahora de grande soy yo quien la tiene que validar. Entonces, fue muy lindo porque se sanó mucho el vínculo con mis padres a través del arte y crecí mucho como persona también.
—A los 19 años emigraste a Estados Unidos. ¿Qué te impulsó a irte del país y cómo viviste ese salto fuera del nido familiar?
—Yo estaba estudiando música en la UCA, pero no me gustaba para nada la carrera. Era más orientado a lo clásico, y yo quería ser cantante, por lo que no tenía mucha relación entre una cosa y la otra. Pero mis padres no lo entendían y para mi mamá era muy importante que yo tenga un título universitario. Ella me metía mucha presión con eso y yo ya no podía más. Entonces, la dejé en secreto y, en la primera que pude, aproveché para venir a un Work and Travel, que estaban de moda en aquel entonces. Vi la oportunidad de irme a seguir mis sueños y hacer lo que yo quiera. Desde ahí empecé a averiguar otras universidades donde pudiera estudiar lo que realmente quería hacer, que era cantar y ser artista.
—¿Cómo reaccionaron tus padres cuando se enteraron de que habías elegido otro camino?
—Al principio se enojaron, pero con el paso del tiempo se dieron cuenta de que tal vez ya no soy una niña y que me va bien y están muy orgullosos de mí. Y cuando canté en la NBA, mi abuela y mi mamá me pidieron perdón por no haber creído en mí desde el comienzo. Como que para ellos fue como: ‘¡Guau! Sí, lo está haciendo en serio’.
—En 2018 lanzaste tu primer sencillo. ¿Qué sentiste al ver que tus sueños empezaban a cumplirse y que podías lograrlo por vos misma?
—Fue como una montaña rusa emocional, porque cuando todo el mundo te dice que no podés y vos decís: “Sí puedo, sí puedo, sí puedo”. Uno siempre está preparado para el fracaso, pero es difícil aceptar el éxito. A veces uno le tiene más miedo al éxito que al fracaso. Entonces, fue un paso a paso. Obviamente, cuando empezás algo por primera vez tenés mucho que aprender. Y a medida que vas creciendo, te vas volviendo más profesional y más seguro de vos mismo. Obviamente, la primera canción que saqué no es lo mismo que la música que estoy sacando hoy en día.
—¿Dónde encontrás esa diferencia?
—Al principio escribía cosas en inglés, me costaba vulnerabilizarme y con el tiempo entendí que la gente conecta con los artistas valientes. Los artistas contamos historias y hacemos que el público se dé cuenta de cosas que tal vez ellos mismos no se daban cuenta. La gente se relaciona con tu música y para que se relacionen, vos tenés que ser muy honesto y muy sincero. Y aceptarte con todo, con las cosas buenas, con las malas. De eso se trata para mí componer, de mirar hacia adentro y de tener algo que decir.
—¿Te resultó difícil conseguir ese primer sencillo? ¿Lo hiciste sola o pudiste apoyarte en colegas que fuiste haciendo en el camino?
—Obviamente en la universidad, en mi caso LACM (Los Angeles College of Music), somos todas personas que queremos aprender. Al principio, cuando estudié, era muy fácil colaborar porque los productores querían cantantes para practicar, los cantantes querían compositores. Entonces, había mucha colaboración. Tal vez las dificultades las encontrás a medida que te vas haciendo más profesional, que buscás ya un nivel de calidad más alto, que los presupuestos son más altos. Es difícil costear todo eso como artista independiente. Y tal vez también algo que es difícil es estar en otro país donde se habla otro idioma, donde hay otras culturas... Es un proceso de adaptación.
–En 2019, cantaste en el homenaje de la NBA a Manu Ginóbili. ¿Cómo surgió esa oportunidad y qué te dejó esa experiencia?
–Todo surgió por una nota que me hicieron, que se ve que llegó a Ginóbili y tal vez él se sintió identificado con el hecho de alguien que se va del país en busca de un sueño. Para mí fue un momento muy importante, porque me marcó de un montón de maneras y me inspiró muchísimo a seguir creciendo. También me llevó a preguntarme: “¿Por qué hago esto? ¿Lo hago para agradar y para que me aplaudan o lo hago por una razón más grande? ¿Tengo algo que decir?” Entonces, siento que después de esa experiencia, que fue mi primer estadio, me dediqué muchísimo a aprender a componer y a trabajar más duro todavía. Después de esos dos o tres años de trabajar y trabajar, me empezaron a aparecer contratos, empecé a trabajar ya con gente más grande, como Shakira o Christina Aguilera.
—Además de escribir tus propias canciones, trabajaste con artistas de renombre como Shakira y María Becerra. ¿Cómo vivís la experiencia de componer para otros y para vos misma?
—Es muy difícil porque tenés sobresalir en un lugar donde hay mucha gente buscando el mismo sueño. Pero cuando sos artista, compositor y cantante, estás como compitiendo en tres ámbitos diferentes. Están dentro de un mismo globo, pero no es lo mismo una persona que se dedica exclusivamente a componer para todo el mundo que una que se dedica exclusivamente a cantar, que una que hace las tres cosas. Tenés que ser muy bueno en dividir tu tiempo, para poder rendir al máximo, porque hay un nivel al que estás tratando de llegar para poder mantener estas tres carreras a flote.
–¿Qué implica para vos componer para otros artistas?
–Componer para otras personas requiere muchísima empatía, porque tenés que sacarte el traje de Michelle, o de Mimi, y ponerte en el de quien sea el artista. Entonces, tenés que tener una muy buena comprensión de lo que la otra persona está sintiendo.
—¿Hay algún artista que haya significado un antes y un después para vos?
—Cantar con Christina Aguilera fue como un sueño. Yo la escucho desde que tenía ocho años y toqué la guitarra y canté en vivo, en los premios Latin Billboards. Tal vez no tuve mucha interacción con ella, porque llegás con tus partes aprendidas, subís al escenario y a darlo todo. Igualmente es una sensación muy linda, es como sentirte realizado.
—¿Te costó expresarte en inglés o en español en tus canciones? ¿Te sentís más cómoda en algún idioma?
—Hoy en día me siento súper cómoda en los dos. Al principio fue difícil componer en todos los idiomas. Componer requiere tocar fibras profundas, y para escribir algo que llegue, tenés que estar dispuesto a mirarte por completo. Habiendo crecido en un ambiente donde no se validó la música al principio, fue difícil exponerme. Para mí, el trabajo fue aprender a exponerme de una manera cruda, sin ser perfecta. Cuando empecé a estar en paz con eso, se me abrieron muchas puertas y conecté mucho más con la gente. Ahora me es más sencillo navegar entre los dos idiomas. El inglés fue difícil al principio, y cuando vivía en Los Ángeles, uno trata de encajar, pero después te das cuenta de que tu acento te hace cool. Ser vos mismo es cool, no tenés que tratar de ser como alguien más.
—En los últimos años usaste distintos nombres artísticos.
—Sí, me lo cambié tres veces y ahora estoy volviendo a Mimi Leclercq. Cuando vivía en Los Ángeles, nadie sabía pronunciar mi nombre. Lo pronunciaban mal en inglés y español. También quise separarme un poco, pero sentía que Michelle era el nombre que me decían cuando me retaban: “¡Michelle, vení para acá!“. Entonces, quería tener mi propia identidad elegida por mí y por eso antes me puse Mimi Rose. Ahora veo que mi apellido es muy especial, es francés y significa “el escritor”. Yo soy compositora, yo escribo y mi apellido mismo lo dice.
—¿Qué te inspira hoy para escribir y superarte como artista?
—Siento que siempre te va a inspirar algo que esté bien hecho. Escucho desde canciones actuales como “Estuve ahí” de Nanpa Básico, a un clásico como “Ojalá” de Silvio Rodríguez. Esas cosas que están tan perfectamente armadas, que transmiten tanto, me dan ganas de escribir y tocarle el corazón a las personas. Lo que más me inspira es contar mi historia, cómo superé mis miedos, cómo fui creciendo. La música tiene el poder de sanar y de sanar a otros. Contar mi historia con el fin de que, por lo menos, una persona del otro lado haga un clic, le llegue, le sirva.
—Cuando mirás hacia atrás con todo lo que hiciste para llegar hasta acá, ¿cómo te sentís?
—Me siento orgullosa porque sé que pasé por muchas cosas y he crecido mucho. Me siento agradecida de la familia que me tocó, de mis padres. Cuando era más joven no los entendía, pero ahora agradezco porque eso me hizo muy independiente y esa independencia la necesitaba para hoy poder llegar adonde llegué. Siempre tuve la necesidad de hacer las cosas sola, de aprender cosas nuevas. Para mí un no es: te voy a demostrar cómo lo hago. En Argentina se enseña que hay que tener un trabajo seguro, pero nuestra capacidad es inmensa si cambiamos el chip. Hoy sí veo cómo hice algo que me hace sentir orgullosa de mí misma.
—¿Sentís que tu experiencia puede inspirar a otros artistas emergentes?
—Sí, totalmente. El miedo es muy mental y es una actitud ante la vida. Cuando te sentís seguro de vos mismo, tenés amor propio y sabés que sos suficiente y que un error no te define. Cuando tenés miedo, te restringís y no brillás en tu autenticidad. Lo más importante es ser valiente, porque el miedo siempre va a estar, pero tenés que ser valiente y saber que al principio uno se equivoca. Es parte de aprender algo nuevo. No podés comparar tu primer canción con la de un artista global, pero algún día vas a llegar tal vez a ser ese artista. Tu primer trabajo no es igual al que suena en todas las radios.
–Hoy vivís en Miami. ¿Cómo es tu rutina allá y cómo te preparás como artista?
–Yo vivo de cantar y de componer. De jueves a domingo canto en diferentes lugares, así que tengo que prepararme diariamente con mi voz, como un deportista. Para componer, escribir tres páginas todas las mañanas y leer libros me ha ayudado mucho. Escucho música que me gusta, la disecciono, veo qué hizo el artista. Es importante no distraerse y encontrar un balance, porque tampoco podés trabajar todo el día y no tener vida social. Hay que tener un día libre a la semana, hacer cosas que te hagan sentir bien, porque mientras te sentís bien, vas a seguir trabajando.
—¿Buscás esa autenticidad también en tu música?
—Siempre, porque es lo que más conecta y transmite. Es lo que más te hace brillar y te da paz.
—¿Te gustaría volver a la Argentina y presentarte en vivo?
—Sí, me encantaría. De hecho, en 2024 toqué en La Tangente y fue muy especial. Quiero colaborar más con artistas argentinos. Ya tengo muchas colaboraciones con artistas grandes en otros países. Ahora en marzo saco una con Denise Rosenthal, una artista muy grande en Chile, y tengo colaboraciones con Noel Schajris de Sin Bandera, en una canción que se llama “Gracias por eso”. Este año se me prendió la chispa de querer conectar más con mis raíces.
—¿Con qué artista argentino soñarías colaborar próximamente?
—Me muero por colaborar con María Becerra. Ojalá se me dé, no sé si este año o el que viene. Además, este año conocí a Hernán de La Champions Liga en un café y me pareció una persona muy mágica. El día de mañana me encantaría colaborar con él porque aprendí mucho. Hay muchos artistas argentinos que me parecen buenísimos, desde los más populares hasta gente como Soledad Pastorutti.
—¿Qué otros planes tenés para este 2026?
—Este año se viene con todo, estoy muy emocionada. Tengo un álbum que sale en abril y se llama Todo para nada. Llevo tres años trabajando en él y tiene 14 canciones. Después tengo sencillos, uno para cada mes hasta diciembre. Se vienen festivales, fechas importantes, y mi intuición me dice que va a ser un gran año para elevarme mucho. Estoy muy agradecida por eso.