En lo que va de 2026, Lali Espósito eligió contar su presente a través de un extenso carrusel de imágenes y videos que funcionan como una especie de diario emocional. Sin poses grandilocuentes ni mensajes solemnes, la artista compartió fotos con el título: “Cosillas perdidas en este incipiente 2026”. Postales íntimas, momentos de humor y escenas cargadas de emoción que retratan dos ejes centrales de su año: el amor y la antesala de sus shows en Estadio Monumental.
Lali se mostró sin producción excesiva, en selfies espontáneas tomadas desde el auto, con gorras, lentes de sol y looks urbanos que refuerzan una estética relajada y real. No hay escenario ni glamour forzado: hay momentos robados, imágenes movidas, una sensación de cercanía que atraviesa toda la secuencia, vacaciones en la playa, momentos de lectura e instantes en el estudio musical.
Entre esas postales aparecen escenas de descanso, salidas nocturnas y encuentros informales, donde el foco no está puesto en ella como figura pública sino como persona. Hay fotos desenfadadas, gestos exagerados, miradas cómplices a cámara y una actitud lúdica que marca el pulso del carrusel: Lali disfrutando de su tiempo, de su entorno y de un presente que la encuentra cómoda y segura.
También se destacan imágenes que remiten al backstage de su vida, lejos de los reflectores. Fotos borrosas, luces bajas, risas captadas al pasar y encuadres imperfectos refuerzan la idea de un registro casi íntimo, como si el posteo funcionara más como un álbum personal que como contenido pensado para redes. En estas secuencias, la artista deja entrever que atraviesa un momento de estabilidad emocional.
La secuencia continúa con una selfie frontal, gorra roja y lentes oscuros, que marca un clima íntimo y personal. Luego aparece una de las imágenes más tiernas: Lali abrazada a Dillom, su amigo, en una foto en blanco y negro que transmite contención, cariño y complicidad. El gesto es simple, pero potente: un abrazo largo, sin escenario ni show, que habla de vínculos reales en medio del vértigo.
Más adelante, el carrusel suma una postal junto a sus amigas Candela Vetrano y Morena Fernández Quinteros. Las tres posan abrazadas alrededor de una mesa, copas de vino incluidas, en una escena cotidiana que refuerza la importancia del sostén emocional en un año clave para la artista. Sonrisas, cercanía y una intimidad que contrasta con la exposición permanente.
El momento más sensible llega con una serie de imágenes tomadas desde el auto. En una se la ve mirando por la ventanilla; en otra, tapándose la cara con las manos. El motivo aparece enseguida: frente a ella, el estadio donde se presentará en junio. La emoción es evidente y sin filtro. Lali registró el impacto de ver el Monumental antes de subirse a uno de los escenarios más grandes de su carrera, dejando que la cámara capture un instante genuino de vulnerabilidad. Fiel a su estilo, la artista rompe la solemnidad con humor. En uno de los videos del carrusel, gira la cabeza para mirar el estadio y levanta el pulgar en señal de aprobación, repitiendo el gesto varias veces de forma exagerada.
El cierre del posteo es una perlita que terminó de enamorar a sus seguidores. La cantante incluyó un fragmento de una nota televisiva de archivo en la que se la escucha decir con firmeza: “No, querido, no. No me voy a casar”. El guiño cobra otro sentido si se tiene en cuenta que, meses después de esa declaración, aceptó la propuesta de matrimonio de Pedro Rosemblat.
Así, con fotos borrosas, abrazos sinceros, lágrimas contenidas y chistes autorreferenciales, Lali construyó un relato visual que resume su 2026 hasta ahora: un año atravesado por el amor, la amistad y el vértigo de llegar a River. Sin grandes discursos, la artista eligió mostrarse humana y cercana, dejando que cada imagen diga lo que las palabras no necesitan explicar.