Bridge Neurotech salió de su desarrollo a puertas cerradas con 13,5 millones de dólares para construir una interfaz cerebro-computadora portátil que usa ultrasonido en lugar de electrodos implantados. La empresa se presenta como rival directa de Merge Labs. Entre sus inversores figura la firma General Catalyst, que también respaldó a Anduril, Anthropic, Airbnb y Stripe.
El fundador y director ejecutivo de la empresa, Will Biederman, desarrolló durante su doctorado el chip que la compañía Neuralink, de Elon Musk, terminó licenciando para sus primeros dispositivos implantados. Según él, decidió separar su camino por una cuestión de enfoque: “Todo se reduce, en el fondo, a una diferencia de visión”.
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Su meta con Bridge es construir un dispositivo que pueda usar mucha más gente que un implante cerebral. Hasta ahora, apenas un centenar de personas en el mundo recibió una interfaz cerebro-computadora implantada como parte de ensayos clínicos, entre ellas al menos veintiún voluntarios con el dispositivo de Neuralink.
A ellos se le suman los pacientes de otras compañías que también compiten a través de la cirugía cerebral, como Synchron, Paradromics y Precision Neuroscience. Esos sistemas ya permitieron a personas con parálisis controlar computadoras, mover brazos robóticos y comunicarse con el pensamiento en tiempo real.
Esa capacidad llega acompañada de un procedimiento de alto riesgo. “Los riesgos de la neurocirugía realmente no se pueden minimizar ni ignorar, así que el nivel de seguridad y beneficio que estos dispositivos deben ofrecer es muy alto”, explicó Biederman. “Nadie quiere realmente un agujero en la cabeza”.
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El problema de leer el cerebro sin abrirlo
Los dispositivos portátiles que intentan leer la actividad cerebral desde afuera del cráneo arrastran un problema técnico conocido: el hueso y la piel debilitan las señales eléctricas antes de que lleguen a los sensores externos. Por eso la mayoría de las empresas del sector optó por registrar esas señales directamente desde las neuronas, con electrodos dentro del cerebro.
Bridge apuesta a que el ultrasonido resuelva ese problema sin necesidad de abrir el cráneo. La tecnología usa ondas sonoras de alta frecuencia que rebotan contra los glóbulos rojos en movimiento para medir la velocidad y la dirección del flujo sanguíneo.
En el cerebro, las variaciones de ese flujo siguen de cerca a la actividad neuronal. Esa correlación es la que Bridge busca traducir en señales legibles para una computadora, sin necesidad de implantar nada bajo el cráneo.
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El origen compartido con la empresa de Altman
Bridge Neurotech y Merge Labs, la compañía de interfaces cerebrales respaldada por Sam Altman, comparten un mismo punto de partida: Arbor Neuroscience, antes llamada Forest Neurotech, una organización sin fines de lucro fundada en 2023 por Biederman junto a los investigadores Sumner Norman y Tyson Aflalo para explorar el ultrasonido como vía de acceso al cerebro.
Merge Labs recaudó 252 millones de dólares en una ronda inicial con participación de Altman y de OpenAI, además de Bain Capital y el cofundador de Valve, Gabe Newell, entre otros inversores. Su equipo combina a Norman y Aflalo con el científico de Caltech Mikhail Shapiro y los empresarios Alex Blania y Sandro Herbig.
Antes de dividirse en dos empresas, el equipo de Forest ya había probado su tecnología de ultrasonido en estudios clínicos con pacientes en Estados Unidos. En colaboración con centros médicos de Los Ángeles, el grupo detectó señales cerebrales vinculadas a la audición en personas con traumatismos cerebrales.
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La diferencia entre ambas empresas no está tanto en la tecnología de base como en la ambición del producto. Merge no detalló públicamente qué aplicaciones clínicas o comerciales piensa ofrecer con su interfaz. Bridge, en cambio, apunta directamente a un dispositivo de uso masivo que no dependa de un quirófano.
Un mercado que recién arranca para la neurotecnología
Con apenas 13,5 millones de dólares frente a los 252 millones de su rival, Bridge entra a competir por un mercado donde el capital se concentra en pocas compañías. Según estimaciones del sector, en 2025 la inversión global en neurotecnología rondó los 4.800 millones de dólares, repartidos entre 140 operaciones.
La mayor parte de ese capital fue a parar a los implantes quirúrgicos. Neuralink cerró ese mismo año una ronda de 650 millones de dólares, la más grande del sector hasta ahora, mientras que BrainCo, centrada en neurotecnología de consumo, sumó otros 286 millones de dólares poco después.
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Los enfoques no invasivos, como el que persigue Bridge, todavía representan una porción menor de ese mercado, aunque en expansión. Ninguna de las dos empresas que nacieron del mismo laboratorio sin fines de lucro, Bridge y Merge, fijó una fecha de lanzamiento comercial para sus dispositivos.
Ambas definieron al ultrasonido como la apuesta técnica central, pero todavía deben demostrar que la señal que capturan desde afuera del cráneo alcanza para traducir pensamientos en acciones concretas, algo que hoy solo lograron los implantes quirúrgicos.
Por ahora, la diferencia de capital entre las dos empresas nacidas del mismo laboratorio es de casi veinte veces: 13,5 millones de dólares para Bridge contra 252 millones para Merge.
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