Los micrófonos, cámaras y rastreadores GPS integrados en los vehículos de última generación podrían ser utilizados por Estados hostiles para espiar a sus conductores, según una advertencia difundida por el Servicio General de Inteligencia y Seguridad de los Países Bajos (AIVD).
El organismo neerlandés pidió “conciencia sobre los riesgos de espionaje en torno a los vehículos modernos”, entre ellos la posibilidad de activar micrófonos a distancia para escuchar conversaciones privadas.
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Los autos modernos recopilan datos sobre ocupantes y su entorno
En un documento, la AIVD señaló que los vehículos son “cada vez más inteligentes” gracias a sistemas digitales que recopilan datos y se conectan a internet. “Por un lado, esto ofrece beneficios prácticos, pero por otro, estos sistemas recopilan una gran cantidad de datos sobre los ocupantes, el vehículo mismo y sobre objetos y personas en las cercanías”, indicó la agencia. Diversos actores, incluidos actores estatales, pueden acceder a esta información, advirtió.
La agencia neerlandesa no mencionó a ningún país en particular, aunque la alerta se suma a la preocupación por el reciente aumento de las importaciones de autos chinos hacia el Reino Unido.
Activación de micrófonos y cámaras de forma remota
Según la AIVD, resulta “técnicamente posible activar” de forma remota micrófonos y cámaras en algunos vehículos, lo que permitiría a actores maliciosos “espiar conversaciones” y “realizar grabaciones dentro y alrededor del automóvil”. Por ese motivo, la agencia recomendó a los conductores no mantener conversaciones confidenciales dentro o cerca del vehículo, y evitar el uso de autos con cámaras externas al desplazarse hacia ubicaciones sensibles.
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El organismo también alertó sobre los riesgos de conectar teléfonos y otros dispositivos al automóvil, ya sea mediante Bluetooth, wifi o sistemas de carga, lo cual podría permitir que actores maliciosos “extraigan datos de los dispositivos conectados a través del vehículo”. Sistemas de navegación GPS, módulos de telemática y estaciones de carga podrían utilizarse para recolectar y enviar información sobre el auto y la ubicación de sus conductores.
Preocupación por el mercado automotriz británico
La advertencia llega en momentos en que las marcas de propiedad china representan el 15% de todos los autos nuevos registrados en el Reino Unido, de acuerdo con la Sociedad de Fabricantes y Comerciantes de Automóviles (SMMT), con casi 175 mil vehículos matriculados en el primer semestre de 2026, más del doble que en el mismo período del año anterior.
Modelos de MG, BYD y Jaecoo —esta última con su casa matriz Chery parcialmente controlada por el Estado chino— lideraron ese incremento, impulsados por sus precios bajos y su tecnología integrada. El Jaecoo 7 fue el auto más vendido en el Reino Unido durante marzo.
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La alerta se conoce luego de que, el año pasado, firmas de defensa británicas que trabajan para el gobierno del Reino Unido advirtieran a su personal sobre los riesgos de conectar o emparejar sus teléfonos con autos eléctricos fabricados en China, ante el temor de que Beijing pudiera extraer datos sensibles de esos dispositivos.
Legisladores citan la ley de inteligencia nacional china
Varios parlamentarios británicos expresaron su preocupación porque la ley de inteligencia nacional de China obliga a sus empresas a colaborar con los servicios de inteligencia del Estado cuando estos lo requieran. El Ministerio de Defensa del Reino Unido afirmó que trabaja junto a otros departamentos gubernamentales “para comprender y mitigar cualquier amenaza potencial a la seguridad nacional” derivada del uso de estos vehículos.
Este año, el Ministerio de Defensa habría prohibido la circulación de autos con componentes chinos en instalaciones militares sensibles, entre ellas la base aérea RAF Wyton, en Cambridgeshire, y la sede en Dorset de las fuerzas especiales marítimas británicas, el Servicio Especial de Botes (SBS).
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Recientemente, el servicio de inteligencia interior británico MI5 emitió una inusual advertencia pública dirigida a universidades del Reino Unido, a las que instó a suspender su colaboración con el Instituto de Investigación en Tecnología General de China, al que acusó de funcionar como fachada del servicio de inteligencia de Beijing para financiar investigaciones de académicos británicos y sustraer secretos de proyectos de alta tecnología.
La embajada china en Londres rechazó de manera contundente las acusaciones y las calificó de “imaginarias y completamente fabricadas”.
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