Las baterías de los carros eléctricos no se convierten automáticamente en residuos cuando dejan de impulsar el vehículo. Una batería que pierde capacidad para la tracción puede reutilizarse, reacondicionarse o reciclarse, según el estado de sus componentes y las condiciones de seguridad. Ese proceso define el destino de materiales como litio, níquel, cobalto y manganeso.
El asunto gana importancia a medida que crece la adopción de vehículos electrificados. Edwin Ramírez, gerente senior de Servicio Técnico y Planeación Estratégica de Toyota, explicó que las baterías actuales tienen una vida útil mayor que generaciones anteriores. “Las baterías de nueva generación tienen una vida útil mucho más larga”, afirmó durante una conversación con el equipo periodístico de Infobae Tecnología.
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Una batería fuera del carro todavía puede almacenar energía
El final de la vida útil en un automóvil no implica que una batería haya agotado toda su capacidad. Enel indica que las llamadas baterías de segunda vida conservan aproximadamente entre el 70% y el 80% de su rendimiento original. Esa energía puede aprovecharse en sistemas fijos de almacenamiento, junto a instalaciones solares o eólicas, o para apoyar la red eléctrica.
Ramírez citó como referencia las garantías que ofrecen los fabricantes para componentes de electrificación. “Marcas como Toyota brindan hoy día ocho años o 160 mil kilómetros de garantía sobre los componentes de estos sistemas híbridos”, señaló. Al concluir ese periodo o cuando el vehículo ya no puede utilizar la batería para la propulsión, el componente debe pasar por una evaluación técnica.
La reutilización permite emplear módulos que ya no son aptos para mover un carro, pero sí para almacenar electricidad. “Se toman estas baterías que posiblemente ya no funcionan para la tracción de un vehículo y se pueden dar usos suplementarios en granjas solares o en granjas que puedan dar un soporte eólico”, explicó Ramírez.
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Los proyectos de segunda vida reducen la necesidad de extraer minerales
Las baterías reutilizadas pueden integrarse en sistemas estacionarios después de una selección basada en su capacidad residual y su estado. Este procedimiento permite extender el uso de los componentes y reduce la necesidad de extraer nuevos recursos para fabricar sistemas de almacenamiento.
“El objetivo es garantizar un consumo sostenible”, indicó Ramírez. El responsable añadió que, cuando un vehículo alcanza el final de su vida útil, las baterías pueden recuperarse para reutilizar o reciclar materiales que consideró críticos para el desarrollo tecnológico.
Enel sostiene que esta práctica reduce residuos y limita el agotamiento de minerales. También puede convertir los costs asociados a la gestión final de una batería en valor residual, un factor que contribuye a la economía circular de la movilidad eléctrica.
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Melilla y Roma utilizan baterías retiradas de vehículos
En Melilla, España, Enel X instaló un sistema de almacenamiento en una central térmica con 78 baterías de segunda vida suministradas por Nissan. La solución puede aportar hasta 4 MW de potencia y almacenar un máximo de 1,7 MWh. El proyecto busca reducir el riesgo de cortes de electricidad y extiende seis años el uso de las baterías.
Otro caso es PIONEER, un sistema de 10 MWh para almacenar excedentes de energía de una planta solar de 30 MW que abastece al Aeropuerto Internacional Leonardo da Vinci de Roma-Fiumicino. El proyecto usa baterías de tres fabricantes de automóviles y recibió 3,15 millones de euros del Fondo Europeo de Innovación.
El reciclaje recupera litio, níquel, cobalto y manganeso
Cuando una batería ya no cumple los requisitos para una segunda vida, debe someterse a un proceso de reciclaje. La finalidad es extraer materiales valiosos y reintegrarlos a nuevas cadenas de producción.
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Ramírez advirtió que estos recursos son cada vez más relevantes. “Los componentes que se utilizan para producir estas baterías son metales preciosos. Estamos hablando de litio, níquel y de los hidruros metálicos, y son cada vez más escasos”, afirmó.
El destino de cada batería depende de una revisión técnica, de la infraestructura disponible y de normas que permitan clasificar su rendimiento. Reutilizar, reciclar o retirar de forma segura son las opciones que evitan que el final de la vida útil de un carro eléctrico se convierta en el final de los materiales que contiene.
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