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Los Superamigos predijeron en 1973 el mundo de 2026: lo único que el guion no acertó fue el final

Actores que no existen, un servicio gratis que todos usan y un ratón que apaga el planeta. Hanna-Barbera lo dibujó primero

Un episodio de Los Superamigos de Hanna-Barbera ya advertía sobre los dilemas de la inteligencia artificial (Instagram: djmrbravo / ABC)

Circula por Instagram un fragmento doblado de Los Superamigos con el título “GEEC como IA en 1973”. Lo verifiqué: el capítulo existe. Se llama “Professor Goodfellow’s G.E.E.C.”, es el tercero de la primera temporada de la serie de Hanna-Barbera, lo emitió ABC el sábado 22 de septiembre de 1973 y sigue disponible en Apple TV con el sello de DC Comics. No es un montaje. Es un guion infantil de hace 53 años que describe, punto por punto, la economía de 2026.

El profesor Goodfellow, con la voz de Casey Kasem en la versión original en inglés, inventa la G.E.E.C., sigla de Goodfellow’s Effort-Eliminating Computer, la computadora que elimina el esfuerzo. Su propósito, traducido del episodio: “Liberar a la humanidad de todo trabajo físico, mental y de toda responsabilidad”. La máquina maneja transporte, comunicaciones, compras, ventas, publicidad, contabilidad, fábricas y tractores.

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Un episodio de Los Superamigos de 1973 imaginó un sistema similar a la IA actual y anticipó aspectos de la economía digital de 2026 (Instagram / ABC)

Hasta ahí, el argumento clásico de los años cincuenta: la máquina que nos vuelve vagos. Lo que sigue no estaba en ningún argumento clásico.

El guion acertó el producto, el negocio y el cliente

Alguien pregunta qué hará la gente todo el día. Goodfellow responde: quedarse en casa, comer comida preparada y mirar películas y deportes en el televisor. Otro objeta que actores y atletas tendrían que seguir trabajando. La respuesta: “No serán personas reales. Serán imágenes electrónicas programadas para ejecutar los movimientos”.

En julio de 2026, la productora británica Particle6 anunció Misaligned, la primera película protagonizada por Tilly Norwood, una actriz que no existe, generada con inteligencia artificial. Variety y CBS News lo cubrieron. Hanna-Barbera lo había dibujado 53 años antes.

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Superman, una de las caras más reconocibles de Los Superamigos, formó parte de una serie que ya en 1973 imaginaba un futuro atravesado por la automatización y la inteligencia artificial (Instagram / ABC)

Los chicos, sigue el profesor, recibirán las clases en su casa por televisión, sin escuelas ni maestros. Hoy nadie discute si eso es posible: la pandemia de 2020 lo instaló en un mes y el trabajo remoto hizo lo mismo con la oficina. Las compras, las ventas y la publicidad que la máquina administra son el comercio electrónico y los anuncios que ya se prueban dentro de los chatbots.

Después aparece el modelo de negocio. Goodfellow ofrece la máquina al gobierno como donación, pero un funcionario la rechaza. El profesor entonces decide prescindir del Estado y dirigirse directamente al público: “Ofreceré el servicio gratis al público. Cualquiera que quiera suscribirse tendrá un descanso permanente”. La fórmula es clara: acceso gratuito, directo al consumidor y sin intermediación estatal. En poco tiempo, la máquina alcanza una adopción masiva.

La gratuidad impulsa la adopción masiva: la máquina de Goodfellow se ofrece sin costo, una lógica que hoy también domina el acceso a las plataformas de inteligencia artificial (Instagram / ABC)

El paralelismo con el modelo actual de las plataformas de inteligencia artificial resulta evidente. El 27 de febrero de 2026, OpenAI informó 900 millones de usuarios semanales y 50 millones de suscriptores pagos. Es decir, más de nueve de cada diez usuarios acceden al servicio sin pagar una suscripción.

Lo que un dibujito de sábado no pudo imaginar

El guion toma en serio dos objeciones. La primera es técnica: uno de los Superamigos advierte que la máquina “no tiene corazón ni alma” y que una falla mecánica “podría causar mucho daño”. Goodfellow contesta que nada puede fallar. Minutos después, un ratón se mete en el sistema, todas las máquinas del planeta enloquecen y hay que sacar de órbita el satélite de control.

El 18 de noviembre de 2025, un archivo de configuración de Cloudflare creció al doble de su tamaño previsto, tumbó el software que dirige el tráfico y dejó sin servicio a X, Spotify y OpenAI. El ratón de 2025 fue un archivo. El mecanismo es el mismo: un punto único de falla del que depende todo lo demás.

La segunda objeción es de Wendy, la adolescente del grupo: “Voy a extrañar ir a clase y estar con mis compañeros”. El guion no discute la economía ni la técnica. Discute que el trabajo y la escuela son lugares donde la gente está con otra gente. Esa sigue siendo, 53 años después, la objeción menos atendida.

La escuela y el trabajo aparecen como espacios de encuentro social, una dimensión que el avance tecnológico todavía no logra reemplazar (Instagram / ABC)

El final es lo único que no envejeció bien. Goodfellow, escarmentado, desmantela la máquina en unidades pequeñas y el mundo vuelve a trabajar. Un dibujito podía permitirse ese cierre porque la máquina no existía. Hoy la máquina existe, se ofrece gratis, la usan 900 millones de personas por semana y nadie la va a desmantelar, porque nadie renuncia a un descanso permanente que además no cuesta nada.

Los Superamigos era mi dibujito animado preferido de la infancia. Sus héroes no predijeron la inteligencia artificial. Predijeron algo más simple y más difícil de desmentir: que cuando llegara, la íbamos a aceptar sin que nadie nos obligara.

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