El diseñador alemán Simon Weckert presentó Digital Camouflage, una camisa concebida para confundir sistemas de videovigilancia con inteligencia artificial y convertir a quien la usa en una presencia difícil de identificar para ciertos detectores automáticos, una propuesta que surge en medio del rechazo a la vigilancia masiva y de la expansión de estas tecnologías en ciudades de Europa y Estados Unidos, según informó la cadena pública alemana Deutsche Welle (DW).
La prenda —una camisa hawaiana de manga corta con un estampado de manchas rosas, verdes y naranjas, disponible a un precio aproximado de 88 dólares— fue desarrollada en Berlín ante la prevista instalación de videovigilancia con inteligencia artificial en Kottbusser Tor, una plaza del barrio de Kreuzberg, precisó Weckert en la presentación del proyecto.
La propuesta surge en un momento de fuerte resistencia ciudadana a la vigilancia automatizada. En Estados Unidos, más de 130.000 lectores automáticos de patentes —cámaras que registran matrículas de vehículos y almacenan esa información en bases de datos consultables por la policía— están instalados en calles de todo el país, de los cuales alrededor de 120.000 son operados por la empresa Flock Safety, según datos de la organización civil DeFlock recogidos por NPR.
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Más de 100 municipios cancelaron o suspendieron sus contratos con Flock o empresas similares desde 2025, y las cámaras han sido vandalizadas en al menos 36 estados, de acuerdo con el mismo relevamiento.
La prenda explota la debilidad del reconocimiento visual
La lógica técnica detrás de la camisa corresponde a lo que se conoce como “ataque adversarial”. La idea consiste en usar contra los algoritmos sus propios criterios de reconocimiento y alterar las señales visuales con las que identifican una figura humana.
Weckert explicó a Dezeen, revista británica de diseño, que estos sistemas “nunca han aprendido qué es un ser humano”, sino que aprendieron cómo son los humanos desde una perspectiva probabilística a partir de millones de imágenes de entrenamiento. Para la máquina, dijo, una persona es “un conjunto de estadísticas visuales”.
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A partir de esa premisa, el estampado busca romper la coherencia visual que el detector necesita para clasificar un cuerpo como humano. Cuanto más estridente resulta la tela para el ojo, menos sentido puede tener para el sistema automático.
El desarrollo del diseño incluyó una paradoja: el creador recurrió a la propia inteligencia artificial para fabricar una prenda que la desoriente. Weckert llamó a ese proceso “bucle adversarial”.
El método consistió en enfrentar versiones sucesivas del estampado al sistema de detección y usar la respuesta del programa para introducir cambios en la siguiente iteración. Cada ajuste buscaba reducir la confianza con la que el software reconocía una figura humana.
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El resultado fue probado con YOLO —siglas de You Only Look Once, “solo miras una vez”—, un sistema de detección de objetos de código abierto, construido sobre la misma clase de tecnología que impulsa muchos productos comerciales de vigilancia.
El portal tecnológico Gizmodo, por su parte, afirmó haber obtenido un efecto similar al someter la camisa a otro detector accesible desde el navegador: el programa seguía reconociendo como personas a los transeúntes del fondo, pero no identificaba como tal a la figura situada en primer plano con la prenda puesta.
Simon Weckert y su historial de intervenciones
La intervención encaja con trabajos anteriores del diseñador. Como informó DW, en 2020 Weckert recorrió calles de Berlín arrastrando un carrito con 99 teléfonos móviles conectados a internet para engañar a Google Maps.
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El sistema interpretó ese desplazamiento lento como una concentración de tráfico y mostró atascos inexistentes. Si entonces alteró la representación del tránsito, ahora aplicó una lógica parecida a la detección visual del cuerpo humano.
La idea de una ropa pensada para desorientar cámaras no aparece en soledad. Gizmodo menciona a Urban Privacy, que vende bufandas, buzos y remeras pensadas para dificultar la vigilancia, y a Cap_able, enfocada en prendas de punto de precio más alto.
El portal Futurism vinculó además la camisa con un antecedente literario: la “camiseta más fea del mundo” imaginada por William Gibson en la novela Zero History, publicada en 2010 como una creación deliberadamente extrema. En el caso de Weckert, esa exageración visual se convierte en una herramienta concreta para poner a prueba los límites de la vigilancia automatizada.
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