El uso del teléfono móvil por parte de la pareja durante las interacciones se asocia de manera negativa con la satisfacción en la relación, según un artículo académico de la Universidad de Ámsterdam y la Universidad de Tilburg.
Los autores, Camiel J. Beukeboom y Monique Pollmann, atribuyen ese efecto, sobre todo, a sentimientos de exclusión y a una menor capacidad de respuesta e intimidad; el conflicto y los celos cumplen un papel secundario al explicar los daños.
En este contexto, el medio Mashable recopiló cinco hábitos relacionados con el celular que conviene evitar si se busca sostener interacciones más sanas y presentes en pareja.
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Tomar el celular inmediatamente después de tener intimidad
Hay momentos en los que la pareja queda en su punto más expuesto: respiración agitada, piel cerca, silencio cómodo, conversación suave.
En ese contexto, tomar el teléfono y empezar a scrollear no es un gesto inocente: afecta el ambiente.
Para el terapeuta matrimonial y familiar Matthew Bernarda, ese instante es el de mayor vulnerabilidad entre dos personas. Si uno se va a la pantalla, el otro puede sentir que la notificación fue más importante que el vínculo. Y, en terapia, ese tipo de sensación suele durar.
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Hacer “phubbing”: ignorar al otro por mirar la pantalla
El término “phubbing” combina “phone” y “snubbing” y nombra lo que muchas parejas ya conocen sin etiqueta: estar con el otro, pero no estar.
Puede ser contestar mensajes en medio de una conversación, revisar redes cuando el otro habla, o sostener una videollamada mientras se mantiene el “ajá” automático.
No siempre hay mala intención, pero sí un resultado previsible: el otro queda relegado.
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La terapeuta Bonnie Lambert, citada por el medio mencionado, advierte que incluso las distracciones pequeñas durante la comunicación pueden hacer que una persona se sienta ignorada. Esa “atención parcial” no explota de un día para el otro: desgasta.
También aparece lo que la terapeuta Natasha Davalt define como “micro-desconexión”: chequeos constantes del teléfono, escucha incompleta y respuestas lentas que, con el tiempo, convierten la conversación en una competencia por atención.
Revisar el teléfono de tu pareja sin permiso
Bernarda lo compara con la versión digital de revisar los bolsillos de alguien: rompe la confianza y deja una paradoja difícil de remontar: la búsqueda de “pruebas” de que todo está bien se transforma en la prueba de que algo ya está mal, aunque el problema no sea el teléfono.
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Practicar el “scrolling en paralelo” durante horas
Compartir silencio puede ser una forma sana de compañía. Incluso, mirar cada uno su teléfono un rato puede sentirse como descanso. El problema aparece cuando esa escena se vuelve la norma: dos cuerpos en el mismo lugar, dos mundos separados por horas.
El psicólogo clínico Daniel Glazer advierte que el “scrolling en paralelo” puede dar una ilusión de cercanía mientras reduce la conexión emocional.
Con el tiempo, esa dinámica se come lo que sostiene a muchas parejas: comentarios al pasar, chistes internos, preguntas espontáneas, caricias breves, momentos de intimidad no planificados.
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No es TikTok en sí: es la ausencia de disponibilidad mutua cuando la pantalla se instala como tercera presencia permanente.
Usar el celular como escudo para evitar conversaciones incómodas
Cuando una charla se pone tensa, el teléfono ofrece una salida fácil. La psicóloga clínica Kendall Maloof lo define como un escudo: la persona está físicamente presente, pero emocionalmente no disponible.
Muchas veces ni siquiera lo registra; funciona como mecanismo aprendido de defensa.
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En la práctica, ese hábito bloquea lo que una relación necesita para sostenerse: discutir mejor, reparar rápido y no convertir el malestar en acumulación. Evitar la conversación con pantalla puede calmar la ansiedad del momento, pero suele agrandar el problema que se quiso esquivar.