La protección de los datos se ha convertido en una de las principales prioridades para cualquier organización. El manejo adecuado de la información de candidatos, empleados, clientes y proveedores es fundamental para preservar la competitividad y la reputación empresarial. De acuerdo con expertos en gestión y ciberseguridad, adoptar buenas prácticas y una cultura de prevención resulta esencial para reducir el riesgo de fugas de información.
Identificación y clasificación de los activos de información
El primer paso recomendado para evitar incidentes consiste en identificar los activos de información de la empresa. Este proceso implica determinar quién es el propietario de cada tipo de dato, quién actúa como custodio, quiénes están autorizados para acceder y cuál es el nivel de criticidad y los riesgos asociados a cada activo.
Una vez identificados, los datos deben clasificarse bajo criterios de seguridad, dividiéndolos en categorías como confidencial, pública o interna. Esta clasificación facilita la aplicación de controles específicos y la toma de decisiones informadas sobre su protección.
Medidas técnicas y buenas prácticas
Entre las principales medidas técnicas destacan la encriptación de datos en medios digitales, lo que permite proteger la información sensible frente a accesos no autorizados. Antes de compartir datos con terceros, es fundamental asegurarse de enviarlos al destinatario correcto y limitar la información transmitida a lo estrictamente necesario.
Asimismo, se recomienda la adopción de herramientas y procedimientos que disminuyan la posibilidad de accesos indebidos, así como la promoción del uso de contraseñas seguras y su cambio periódico por parte de todos los colaboradores.
Errores frecuentes en el manejo de información
El factor humano suele representar uno de los mayores retos en la gestión de la seguridad de la información. Según Jorge Convers, Gerente de Gestión Humana de Novasoft, existen errores comunes entre los colaboradores que pueden abrir la puerta a fugas de datos.
Entre ellos se encuentran compartir contraseñas o usuarios personales, no utilizar claves robustas ni renovarlas con regularidad, dejar sesiones abiertas en dispositivos compartidos, anotar claves en lugares de fácil acceso o divulgar las URL de los sistemas institucionales. Acceder a correos o enlaces de origen desconocido también incrementa el riesgo de incidentes.
Nuevas competencias y estrategias organizacionales
En el entorno actual, los colaboradores no solo deben proteger la información, sino también desarrollar habilidades específicas. La capacidad de gestionar grandes volúmenes de datos, manejar información confidencial sin exponer datos sensibles y generar prompts efectivos para herramientas de inteligencia artificial son competencias cada vez más valoradas. Además, la gestión segura y eficiente de agentes de IA se vuelve esencial en compañías que adoptan tecnologías avanzadas.
Las empresas deben mantener una actitud proactiva, evitando esperar a que ocurra un incidente para actuar. La mejora continua es necesaria, ya que los riesgos y métodos de ataque evolucionan constantemente.
Una visión integral implica considerar tanto el control de acceso físico como la inclusión de cláusulas de ciberseguridad en los manuales de funciones. La externalización de servicios, incluyendo la migración a la nube o la contratación de proveedores especializados, puede ofrecer monitoreo permanente y reducir vulnerabilidades.
La sensibilización de los equipos, mediante la comunicación constante sobre riesgos como el phishing y las falsas promociones, contribuye a crear una cultura de seguridad sólida. Solo con una combinación de tecnología, procesos y capacitación se puede minimizar el riesgo de fugas de información y proteger uno de los activos más valiosos de la organización.