El acuerdo entre Apple y Google desafía el liderazgo de OpenAI en inteligencia artificial

La colaboración tecnológica entre las dos empresas refuerza la posición de Google en el mercado, acelera la integración de Gemini en dispositivos móviles y altera el equilibrio entre los principales proveedores de sistemas avanzados

El acuerdo tecnológico entre Apple y Google integra la inteligencia artificial de Gemini en los dispositivos móviles de Apple, alterando el liderazgo de OpenAI en IA

La reciente alianza entre Apple y Google para integrar la inteligencia artificial de esta última en el software móvil de Apple, incluida una actualización del asistente digital Siri, redefine el equilibrio de poder tecnológico global y plantea nuevos desafíos para empresas como OpenAI.

Al liberar una oleada de reacciones en la industria, este acuerdo sitúa a Google en una posición privilegiada dentro de la carrera por dominar la IA, con acceso potencial a la enorme base de usuarios de Apple, que suma cerca de 1.500 millones de dueños de iPhone en todo el mundo. A largo plazo, el acuerdo podría traducirse en la instalación del chatbot Gemini de Google, de forma predeterminada, en millones de dispositivos Apple, lo que abriría nuevas fuentes de ingresos para la empresa californiana, según informes de Bloomberg citados en la cobertura.

En el análisis realizado por Fortune, uno de los aspectos claves es el efecto negativo que esta alianza podría tener para OpenAI. Aunque la colaboración entre Apple y Google no es exclusiva y la tecnológica de Cupertino continuará utilizando modelos de OpenAI para parte de sus funciones de Apple Intelligence, la decisión representa un golpe a la posición de OpenAI como proveedor principal de IA para Apple.

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La narrativa dominante ahora apunta a que Google ha igualado y superado a OpenAI en el desarrollo de modelos avanzados, consolidando la reputación de Gemini como una de las arquitecturas de IA más potentes del mercado. Actualmente, OpenAI cuenta con más de 800 millones de usuarios semanales, pero algunos reportes advierten que ese ritmo de crecimiento comienza a desacelerarse.

Los líderes del sector reconocen la magnitud de este cambio. El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, declaró a la prensa el mes pasado que considera a Apple como el principal rival de largo plazo de su empresa.

Altman está inmerso en el desarrollo de un novedoso dispositivo de IA, junto al exjefe de diseño de Apple, Jony Ive, que aspira a reemplazar al teléfono móvil como vía dominante de interacción entre usuarios y asistentes inteligentes. La dependencia previa de Apple respecto de ChatGPT permitía a OpenAI conocer de cerca los requisitos y limitaciones técnicas de su potencial competidor.

Ahora, esa transparencia se desvanece, dificultando el posicionamiento de la nueva propuesta como auténtico competidor del iPhone. OpenAI busca compensar esta pérdida apostando por un “ecosistema cerrado” que fidelice a los usuarios en torno a su propio hardware y plataforma, imitando así la fortaleza del ecosistema iOS.

El pacto impulsa mejoras en Siri y nuevas funcionalidades de inteligencia artificial con enfoque en la privacidad, sello distintivo de Apple

Para Google, la validación de sus desarrollos por parte de Apple supone una reivindicación tras meses de dudas en la industria. El desembarco de ChatGPT en 2022 planteó serias cuestiones sobre el liderazgo de Google en IA, especialmente después de varios lanzamientos fallidos de sus modelos anteriores, Bard y Gemini, que protagonizaron incidentes como errores factuales o recomendaciones inapropiadas.

No obstante, los analistas de Bank of America destacan que el acuerdo “refuerza la posición de Gemini como uno de los modelos más destacados para dispositivos móviles” y puede consolidar la confianza de los inversores en la presencia de Google como motor de búsqueda y en sus perspectivas de monetización futura.

El avance de Gemini ha coincidido con un mayor atractivo para los clientes empresariales de Google Cloud, que aprovechan los chips de inteligencia artificial desarrollados por la propia empresa (TPUs o unidades tensoriales de procesamiento), los cuales presentan ventajas potenciales de coste y velocidad frente a las GPU de Nvidia para la ejecución de modelos de IA.

Según algunos especialistas, como Hamza Mudassir, Apple habría valorado no solo la capacidad tecnológica, sino también el control de Google sobre su propia nube y sus políticas de protección de privacidad e integridad intelectual, elementos clave que ni OpenAI ni Anthropic ofrecen con igual solidez.

De acuerdo con Bloomberg, Apple ya pagaba alrededor de USD 1.000 millones anuales a Google por acceso a su tecnología, y este nuevo pacto podría aumentar considerablemente ese flujo.

Para Apple, el acuerdo representa un avance ambivalente. La compañía obtiene un Siri mucho más eficaz y nuevas funciones de IA respaldadas por la privacidad que caracteriza sus productos, a un coste competitivo. Dan Ives, analista bursátil de Wedbush, sostuvo, en una nota reseñada por Fortune, que el convenio es “un punto de apoyo para acelerar la estrategia de Apple en IA hasta 2026 y más allá”.

Sin embargo, la dependencia persistente de proveedores externos —primero OpenAI, ahora Google— revela que Apple todavía no consigue desarrollar sus propios modelos de lenguaje a gran escala (LLM), a pesar de su histórica preferencia por la integración vertical.

La validación de Gemini por Apple refuerza la posición de Google en el mercado y potencia su atractivo ante inversores y clientes empresariales (REUTERS/Dado) Ruvic/Illustration/File Photo

Este déficit ya ha costado retrasos en funciones prometidas, como Apple Intelligence y la actualización profunda de Siri, lo que generó frustración en los usuarios y hasta derivó en una demanda colectiva tras anunciar características de IA en el iPhone 16 que no estuvieron disponibles de inmediato.

El consejero delegado Tim Cook ha respondido a estos desafíos con cambios en la cúpula de inteligencia artificial, incorporando como responsable a un exdirectivo de Google involucrado en el desarrollo de Gemini.

Además, fuentes consultadas por Fortune apuntan a que los retrasos podrían deberse a los estrictos requisitos de Apple en privacidad: el objetivo sería obtener modelos compactos y eficientes capaces de funcionar íntegramente en el iPhone, sin cargar los datos de usuario en la nube. Mudassir señala que Apple podría estar lidiando con las limitaciones técnicas de consumo energético y generación de calor propias de estos modelos.

Mientras tanto, el pacto con Google otorga a la empresa el anhelado margen de innovación sin presiones inmediatas de los mercados financieros.

No faltan precedentes de asociacionismo estratégico en la historia de Apple. Más allá de la IA, la empresa ha optado por aprender de sus socios antes de asumir el control de tecnologías clave, como en el caso del desarrollo de chips.

En otros terrenos, como las búsquedas por internet, Apple ha renunciado directamente a competir: desde hace años, su navegador Safari recurre al motor de Google para las consultas, hecho que no ha limitado el desarrollo de los de Cupertino. La duda ahora es si esa fórmula funcionará también en el entorno de la inteligencia artificial.

Daniel Newman, analista de Futurum Group, describió el 2026 como un año decisivo para Apple: “Siempre hemos sostenido que la compañía, por su base de usuarios y capacidad de distribución, puede permitirse esperar para sumarse a nuevas tendencias como la IA, pero este es un año determinante”.

La firma de Cupertino mantiene intacta su estrategia de lanzar productos robustos tras observar las lecciones de la competencia, como ocurrió con el reproductor de MP3, el teléfono inteligente o los relojes inteligentes.

Si, finalmente, Apple logra cumplir sus exigencias técnicas y explota el tiempo que le brinda el acuerdo con Google, podría consolidar una vez más su dominio desde una posición de retaguardia.

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