Las redes sociales forman parte del día a día de niños y adolescentes, pero exponen a los menores de edad a amenazas que pueden afectar su integridad física, emocional y digital.
Los peligros van más allá del ciberbullying: incluyen fraudes, privacidad, autoestima, adicción y desinformación. De acuerdo con la compañía de ciberseguridad, NordVPN, estos riesgos por categorías clave y recomendaciones puntuales para su prevención.
A qué están expuestos los menores de edad en redes sociales
El anonimato en redes sociales facilita que abusadores, acosadores y pedófilos contacten a menores y los manipulen. Muchas veces se esconden detrás de perfiles atractivos o cotidianos.
El ciberacoso no solo proviene de desconocidos; los propios compañeros pueden emplear las redes para insultar o marginar, lo que deriva en cambios de ánimo, aislamiento y bajo rendimiento escolar.
La reputación digital también está en juego. Comentarios, fotos o videos pueden circular más allá del círculo inicial, afectando la imagen y el bienestar del menor.
Prevención:
- Fomentar el diálogo abierto para que los menores compartan experiencias negativas.
- Detectar señales de angustia o cambios inusuales en el comportamiento.
- Impulsar la denuncia y el acompañamiento escolar y familiar ante casos de acoso.
- Enseñar sobre la importancia de la huella digital y limitar la publicación de información personal.
Peligros en ciberseguridad para niños y adolescentes
El acceso temprano a redes sociales incrementa el riesgo de caer en fraudes, ataques de phishing y distribución de malware.
Mensajes con enlaces maliciosos o perfiles que aparentan ser marcas conocidas pueden engañar fácilmente a los usuarios más jóvenes, exponiendo su privacidad y dispositivos.
Prevención:
- Educar sobre el peligro de hacer clic en enlaces dudosos o proporcionar datos personales.
- Promover el uso de contraseñas robustas y la doble autenticación.
- Instalar soluciones de seguridad y mantenerse al tanto de nuevas modalidades de estafa.
Exposición a contenido inapropiado
Muchos adolescentes se topan con contenido violento, sexual o simplemente inadecuado para su edad, debido a la falta de filtros o supervisión en sus perfiles.
La popularidad de videojuegos online y comunidades abiertas de chat añade otro nivel de riesgo, ya que los menores pueden interactuar con adultos o recibir mensajes inapropiados sin control.
Prevención:
- Aplicar herramientas de control parental y filtros en dispositivos.
- Compartir criterios claros sobre qué redes, juegos y canales son apropiados.
- Supervisar de manera proactiva los intereses y perfiles seguidos por los menores.
Cómo afectan las redes sociales la salud mental de los jóvenes
Las redes sociales pueden dañar la autoestima y generar ansiedad en niños y adolescentes. La comparación constante con modelos irreales, el número de seguidores, retos virales o la búsqueda de aprobación provoca frustración y presión social.
Perfiles que muestran rutinas perfectas o cuerpos ideales distorsionan la autopercepción.
Prevención:
- Promover el uso crítico de las redes y la comparación saludable.
- Hablar abiertamente sobre la diferencia entre realidad y apariencia digital.
- Animar al menor a desarrollar actividades fuera del entorno virtual y fortalecer la autoestima fuera de la pantalla.
Menores más vulnerables a la información falsa
La facilidad con la que los menores acceden a perfiles, grupos y plataformas suele pasar por alto las restricciones de edad y eleva la exposición a noticias falsas, bulos y teorías de conspiración.
No todos desarrollan el pensamiento crítico necesario para evaluar la veracidad de la información recibida.
Prevención:
- Enseñar a contrastar la información y verificar fuentes antes de compartir o creer en un contenido.
- Respetar los límites de edad y acompañar a los menores en sus primeras experiencias en redes.
- Fomentar la lectura informada y el escepticismo sano ante mensajes virales.
La protección de niños y adolescentes en las redes sociales no depende solo de dispositivos o aplicaciones, sino de una educación digital constante, el acompañamiento adulto y la apertura al diálogo. Solo así será posible que las nuevas generaciones disfruten de los beneficios del entorno digital sin poner en peligro su desarrollo ni su seguridad.