Las nuevas tecnologías afectan cada aspecto de la vida. Y la política no es una excepción. La posibilidad de estar informados e interconectados todo el tiempo (o casi) modificó la participación de los ciudadanos. "Hoy ya los electores no son pasivos, sino que adquieren el rol de protagonistas, se vuelven activos, opinan", destacó el consultor político español Antoni Gutiérrez-Rubí.

Y esto, a su vez, generó un cambio en la forma en que los políticos se dirigen a su electorado. "Comenzaron a entender que hay gente joven y dinámica a la que se quieren dirigir, pero no todos acaban de comprender el nuevo ecosistema de la comunicación. Los que comprenden los nuevos códigos tienen más éxito electoral y los que se resisten quedan afuera", subrayó el experto, que vino a la Argentina a presentar su último libro La transformación digital y móvil de la comunicación política, publicado por Fundación Telefónica.

Gutiérrez-Rubí visitó los estudios de Infobae y habló sobre las nuevas maneras de comunicar y hacer política. Hizo un análisis sobre la gestión actual, las redes sociales y cómo contribuyen a democratizar el sistema.

–¿Cómo afectaron las nuevas tecnologías la forma de hacer política?
–Se modificó en tres direcciones. La primera, quizás la más visible, es en las maneras de comunicar. La tecnología y los dispositivos de proximidad, los celulares son un espacio para hacer política, para organizarse políticamente y crear contenidos políticos. El segundo cambio es la manera de crear activismo político. Pasamos de las sedes a las redes, de las plazas a las redes. De hacer política en un espacio tiempo, a estar en un lugar, a una hora en una asamblea o concentración, a poder hacer política en mi comunidad, plataforma, desde mi casa y en las redes.
Y el sentido protagonismo de las personas que hacen política. No hay solo espectadores, gente para poner en la grada, en la grada joven. No se trata solo de gente que tiene que aplaudir y obedecer consignas, sino de gente que va a asumir protagonismo político, tomar decisiones e iniciativas. Cambian las formas de comunicación.

–En Argentina, ¿cómo ves el panorama?

–El panorama está muy abierto. Aquí estáis en un cambio político reciente, donde parece que una parte del éxito del actual gobierno, del presidente Macri en particular, ha sido una innovación en las formas y una buena adaptación cultural y a las redes sociales. Hay una comprensión de que es ahí donde hay audiencia y atención. El hecho de que anunciara sus primeras medidas en Facebook con emoticones implica no solo entender los códigos, sino comprender dónde está la gente y cómo se comunica la gente.

Los celulares son un espacio para hacer política

Y el uso que está haciendo de Snapchat, mostrándoles, de una manera cómplice, a sus seguidores lo que no se ve. Lo que en los medios se ve como el escenario, lo que te mostramos, él pone la parte de atrás, muestra el detrás de escena generando una complicidad.


–Hace un tiempo desde la cuenta oficial de Macri se publicó una foto del perro sentado en el sillón presidencial y eso generó críticas. ¿Cuál es el límite?

–Probar, ensayar y equivocarse incluso ayuda a hacerte auténtico y natural. Claro que puede haber errores o incomprensiones, cosas acertadas o desacertadas, pero no por ello se cierra la cuenta, se abandona o se desiste. Creo que esa idea de imperfección puede tener una lectura negativa al principio, pero favorece la idea de autenticidad y honestidad. A todos nos pasa que cometemos errores, pero eso no nos impide seguir avanzando y cambiar cuando haga falta.

–Hablás de los procesos de conversación, ¿hasta qué punto los políticos deben mostrarse permeables a los cambios que les sugieren los ciudadanos?
–Me parece que no se puede gobernar solo siguiendo una pauta propia, un programa propio, unas ideas propias. Gobernar cambia las reglas del juego, modifica la realidad, genera cambio de prioridades. Por lo tanto, escuchar y ver lo que está sucediendo con esos cambios, tanto en el proceso como en la ejecución, me parece razonable. Yo desconfiaría de un gobierno que no solo no me escucha, sino que cuando me escucha no cambia. Creo que hay un grado de razonabilidad en que la idea de que la escucha modifique los comportamientos, por lo tanto le doy una importancia muy grande a la escucha y al respeto a la escucha.

-Cuando te escucho hablar me da la idea de que las nuevas tecnologías favorecen el ejercicio de la democracia, que hoy es más democrático el sistema que hace 20 años. ¿Lo ves de ese modo?
-No quisiera decir que una sociedad conectada es una sociedad más democrática, pero una sociedad más conectada te debe permitir mayor sensibilidad, auditoría social y pública de la gestión de lo público y de los recursos públicos, así como más participación. Por lo tanto son prismas de calidad. No es tanto más o menos (democracia) sino que es una mejor calidad democrática.