“Todo es difícil. Parece que todo está hecho así, todo cuesta arriba para nosotras. Todo es complicado. Es como que estamos todo el tiempo nadando contra la corriente y con el agua al cuello. Así, así se siente. Pero bueno, qué va a ser… Algún día las cosas serán distintas, espero”.
María Isabel Speratti Aquino todavía tenía esperanzas de que “las cosas” cambiaran. Sentía la pesadez, el ahogo de tener que reclamar para que juzguen a quien había querido matarla; el cansancio de pulular diariamente por los pasillos de fiscalías, de comisarías, de las secretarías que se suponen especializadas, capacitadas; la charla que se repite, los “noes” tozudos que no logran reconocer el peligro, indiferentes a la angustia de vivir sabiendo que quieren matarte. Que va a intentarlo, otra vez y cada vez, porque puede hacerlo.
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“Qué difícil chicas, qué difícil luchar tanto para tener justicia y no tenerla, la verdad que no. No hay caso de que quieran cambiar la carátula de mi caso. Está como lesiones leves y no como tentativa de femicidio agravado por el vínculo. Y en la fiscalía tienen cero perspectiva de género. No la van a cambiar. Ya me dijeron. Incluso ahora hay otro fiscal y tampoco la va a cambiar, estuve hablando hoy y no la van a cambiar. Así que, nada. Un día… estoy con los pelos de punta”.
La vida de María Isabel es un mapa que no deja de mostrar dónde se hace agua. En el año 2021, su exmarido, Gabriel Alejandro Nuñez, había querido estrangularla. No lo logró por la absurda casualidad de que el hijo que tenían en común entró en la habitación y así le dio la oportunidad de escaparse saltando un paredón vecino para pedir ayuda.
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La causa penal fue caratulada como “lesiones leves” y solo durante un mes le extendieron una custodia policial en su casa y una restricción perimetral contra el ex marido.

“Hablé con el secretario del fiscal, con el fiscal, con otros secretarios, con la asistencia a la víctima que atienden telefónicamente en La Plata y nadie quiere cambiar la carátula. He pedido que hagan pericias al teléfono de él, a la cuenta de google con los buscadores, con las cosas que ha buscado para probar la premeditación que tenía de todo lo que él hizo. Pero nunca me dieron bolilla. Nunca me dieron bolilla de nada. O sea, me han subestimado, me han ninguneado. Nada. Así todo el tiempo. El tema es que no puedo costear un abogado penalista para que me agarre este caso. La verdad no hay forma de que pueda llegar a pagarlo. Y de oficio no lo dan para las víctimas, solamente para los acusados. Ya averigüe y no, no hay caso”.
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Todas las semanas, hasta una o dos veces por semana, María pedía, exigía, rogaba, solicitaba, argumentaba en la Fiscalía N°1 de Cañuelas para que cambiaran la carátula y abordaran el caso como lo que había intentado ser: un femicidio agravado por el vínculo. Un año y medio luchando para que la escucharan.
“Soy sobreviviente de un femicidio y no tengo justicia y vivo amenazada. Mi agresor nunca fue preso y tengo que vivir así. Ya no sé qué más hacer (…) Bajar los brazos jamás, jamás, jamás. La voy a luchar con toda mi fuerza. Mientras tenga vida la voy a pelear porque se haga justicia. Eso lo tengo clarísimo. Y me voy a aguantar todo lo que tenga que aguantar, pero yo quiero justicia”.
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El jueves de la semana pasada María salió de su casa a las 7.30 de la mañana para llevar a sus hijos al colegio. Su ex marido apareció y le disparó en la cabeza. Tres tiros. Antes de morir, María llegó a alertar a los chicos para que se escondieran.
Denise Alcoba era compañera de María en un grupo de mujeres víctimas de violencia de la asociación civil Shalom Bait: “Yo sólo rogaba que María no se cansara. Porque sé lo que es recorrer cada institución que propaganda que nos protege y encontrarnos la realidad desoladora de que nos cierren cada puerta, dejándonos a la deriva. Aparte de no contar con las sentencias que corresponden ni la protección debida, debemos brindar nuestra dirección, los colegios donde van nuestros hijos, teléfonos, todos nuestros datos son ofrecidos al violento que denunciamos. Quedan a su disposición para que ellos dispongan cuando quieran violentar directamente, o con sus familiares. Nos persiguen también con procesos judiciales. Ellos deciden con la impunidad que les otorgan constantemente cuándo sentenciarnos a muerte. Nuestra lucha sigue, nuestros casos siguen y a nuestros hijos los vamos a proteger siempre. Nos abrazamos como podemos mientras luchamos con todo y vamos a gritar la voz de María. Nos negamos imperiosamente a que esto termine así”.
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