El “barco fantasma” de 107 metros de longitud que lleva más de tres décadas varado sobre las aguas del río Paraná, sin matrícula y sin dueño, volvió a ser noticia tras ser visto nuevamente navegando a la deriva. En las últimas horas, el Uros-Z se soltó de sus amarras y quedó a la deriva, esta vez frente a Puerto Curtiembre, en el departamento Paraná de Entre Ríos, varios kilómetros aguas debajo de su última ubicación conocida.
El momento fue captado por un pescador que registró el video y lo envió a medios entrerrianos, lo que permitió observar el estado de la estructura metálica. Según las primeras estimaciones, la nave habría sido arrastrada por el aumento del caudal del Paraná, aunque hasta el momento no se precisó desde qué lugar fue desplazada ni cuánto tiempo llevaba en esas condiciones.
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El episodio no es nuevo. La fuerza de la corriente del Paraná, potenciada por la crecida del río, fue suficiente para romper los cabos que sujetaban la estructura a la costa. A partir de ese momento, el casco —que mide 14,5 metros de manga y 6,70 metros de puntal— comenzó a desplazarse sin rumbo fijo por una zona de tránsito habitual de pescadores y embarcaciones de menor porte. El hecho encendió las alarmas entre los navegantes de la zona, sobre todo porque la embarcación no cuenta con boyas, luces ni ningún tipo de advertencia visual que permita detectarla a tiempo.
La historia del Uros-Z se remonta a principios de la década de 1990. Fue concebido como un buque tanque químico, con bodegas de acero inoxidable diseñadas para transportar productos de esa industria. Una empresa privada obtuvo financiamiento del Fondo Nacional de la Marina Mercante para encargar su construcción al Astillero Corrientes S. A., un establecimiento que por entonces había exportado incluso dos plataformas submarinas de perforación a Estados Unidos.
Sin embargo, a mediados de esa misma década, la compañía que había contratado la obra entró en concurso de acreedores. El resultado fue un acuerdo con el gobierno nacional por el cual el Estado se quedó con la embarcación a cambio de absorber las deudas. Desde entonces, el barco quedó atrapado en un limbo administrativo: nunca se terminó de construir, nunca obtuvo matrícula oficial y ningún organismo reconoció jurisdicción sobre él.
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Miguel Gutnisky, dueño de Astilleros Corrientes SA, describió a Infobae la odisea burocrática que atravesó durante años para encontrar una salida al problema. “Fuimos a la oficina de Bienes del Estado, y nos dijeron que no les correspondía, porque no era un inmueble. Después, en otra oficina encargada de los barcos, nos aclararon que en realidad era un barco en construcción, porque no tiene matrícula, por lo que tampoco tenían jurisdicción”, relató el empresario.
Incluso, según su testimonio, llegó a entregarle una carta al entonces ministro del Interior, Rogelio Frigerio, quien se mostró interesado pero nunca avanzó con una solución concreta.
En el año 2000, durante el gobierno de Fernando de la Rúa, el astillero firmó un acuerdo con el Ministerio de Economía que establecía un plazo máximo de 60 días para retirar la estructura. Esa promesa quedó incumplida. El buque siguió a la intemperie, oxidándose frente a la costa correntina, hasta que los vecinos terminaron por bautizarlo como “el barco fantasma del Paraná”.
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Este episodio no es el primero en su tipo. Ya en enero de 2018, una creciente anterior había roto los cabos del Uros-Z y el casco recorrió casi 60 kilómetros a la deriva sobre el Paraná. En aquella oportunidad, según relató Gutnisky al mismo medio, tuvieron que contratar una embarcación para remolcarlo hasta el puerto de Empedrado, pero la nave volvió a soltarse y fue la Prefectura Naval la que terminó custodiándola mientras advertía a otras embarcaciones que no se acercaran. “Si algún gobierno cumplía, esto no hubiera pasado”, lamentó el empresario en ese entonces.
Ocho años después, la situación se repite con un agravante: el deterioro acumulado por más de 25 años de abandono es todavía mayor. Según publicaron medios de Corrientes, el Uros-Z permanece varado sin vigilancia y sin que hasta el momento se haya definido un plan concreto para asegurarlo, señalizarlo o retirarlo del agua.
Gutnisky había señalado en 2018 que la nave aún conservaba valor económico. “Se puede continuar la construcción o venderlo así como está. Tiene un motor nuevo y como iba a ser un buque químico, tiene las bodegas de acero inoxidable, que son carísimas. Todo eso vale millones, es plata del Estado que perfectamente se podría recuperar”, afirmó ante Infobae. Solo el motor con la caja, estimó en ese momento, tenía un valor cercano a los USD 2 millones.
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Hasta ahora, ningún organismo ha asumido la responsabilidad sobre la embarcación ni se han anunciado medidas inmediatas. El Uros-Z sigue a la deriva en el río Paraná, en plena zona de tránsito fluvial, tal como lo viene haciendo, con interrupciones, desde hace más de tres décadas.
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