Un ejemplar de aguará guazú apareció este sábado en una gomería de la localidad de Los Juríes, en la provincia de Santiago del Estero, y generó asombro entre los trabajadores y vecinos. El animal fue hallado en la madrugada, acurrucado y en aparente buen estado de salud.
La presencia del ejemplar —una especie considerada vulnerable y protegida en Argentina— motivó la intervención de personal de la Policía de Santiago del Estero y de la Dirección de Bosques y Fauna, que acudieron al lugar tras el aviso de los trabajadores de la gomería. El animal fue encontrado en una de las oficinas internas del establecimiento, sin mostrar signos de agresividad ni lesiones visibles.
Los agentes de la Dirección de Bosques y Fauna examinaron al ejemplar y constataron que se encontraba en condiciones óptimas para su liberación.
Tras la revisión veterinaria, el animal fue trasladado por las autoridades a una zona segura fuera del casco urbano para su reinserción en su hábitat natural. La aparición de este ejemplar resalta la importancia de la protección de especies autóctonas y la necesidad de preservar los ecosistemas que les permiten sobrevivir.
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Organizaciones ambientales y autoridades provinciales reiteraron que el avistamiento de fauna silvestre en zonas urbanas debe reportarse de inmediato a las autoridades competentes para garantizar tanto la seguridad de los animales como de la población.
La importancia de la reinserción
Hace poco más de un mes, dos cachorros de aguará guazú, llamados Kuarahy y Jasy, fueron reinsertados en los Esteros del Iberá tras completar un proceso de rehabilitación de más de nueve meses en el Centro de Recuperación de Especies Temaikèn (CRET), ubicado en la localidad bonaerense de Escobar. Según informó Infobae, ambos ejemplares habían sido hallados huérfanos en Corrientes con solo 45 días de vida y un peso de 1,2 kilogramos cada uno, en un estado de salud delicado.
La Fundación Rewilding Argentina realizó el rescate y la primera atención veterinaria en el Centro de Conservación Aguará antes de derivarlos a Temaikèn. Durante su rehabilitación, los cachorros crecieron hasta alcanzar los 20 kilogramos y 90 centímetros de altura, sin registrar complicaciones sanitarias. El protocolo aplicado incluyó aislamiento humano y seguimiento de conductas silvestres, aspecto clave para garantizar su supervivencia en libertad.
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Ambos animales fueron liberados con collares satelitales GPS que permitirán monitorear su adaptación y desplazamiento en el ambiente natural. El sitio elegido en Corrientes ofrece recursos y espacio adecuados para la especie. La reinserción de Kuarahy y Jasy representa un nuevo avance en el programa de conservación de aguará guazú en Argentina, una especie catalogada como vulnerable a nivel nacional.
La especie
El aguará guazú (Chrysocyon brachyurus) es el cánido más grande de Sudamérica y el único representante vivo de su género. Su nombre proviene del guaraní y significa “zorro grande”, aunque no guarda relación directa con los zorros ni con los lobos. Reconocible por sus largas patas, pelaje rojizo y crin negra sobre el cuello, este animal está adaptado para moverse entre los pastizales y sabanas altas de la región.
La especie habita en llanuras, pastizales y humedales de Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y Perú. Es de hábitos solitarios y principalmente nocturnos o crepusculares. Su dieta es omnívora: consume pequeños mamíferos, aves e insectos, pero también frutos, lo que lo convierte en un importante dispersor de semillas para el ecosistema. Estudios recientes revelaron que las semillas que pasan por su sistema digestivo germinan con mayor facilidad, fortaleciendo la dinámica de los bosques y pastizales.
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El aguará guazú se encuentra clasificado como “casi amenazado” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y “vulnerable” en Argentina. Las principales amenazas para su supervivencia incluyen la pérdida de hábitat por avance agrícola y urbano, atropellamientos en rutas y enfermedades transmitidas por perros domésticos. Se estima que quedan menos de 17.000 ejemplares maduros en toda Sudamérica.
El avistamiento de esta especie en zonas urbanas suele generar sorpresa, aunque especialistas advierten que no representa un peligro para las personas y prefieren evitar el contacto humano. Su conservación depende de la protección de los ambientes naturales y la reducción de factores de riesgo asociados a la actividad humana.
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