Dejó la docencia para confeccionar pañales, en pandemia le extirparon un tumor cerebral y hoy cuenta su recuperación

Marianela Goodman le ganó la batalla al cáncer y relata su historia de resiliencia: por qué su emprendimiento fue clave para sanar. “Soy muy culo inquieto, cuando empecé a sentirme un poquito mejor necesité accionar”, admite

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Marianela Goodman, creadora de Pañales Ecológicos Flexi
Marianela Goodman, creadora de Pañales Ecológicos Flexi

Su sueño de niña era enseñar, ser maestra, pero con los años Marianela Goodman empezó a sentir cierta pasión por la costura, vicio que despuntó cuando nació su primer hijo y comenzó coserle algunas ropitas. En esos años, fue una amiga la que puso en sus manos aquello que cambiaría el rumbo de su vida: un pañal ecológico y reciclable.

Nunca antes lo había visto. “Vos, que sos medio hippie y te gustan esas cosas, por qué no usas estos pañales que no contaminan”, le sugirió la mujer, recién llegada de los Estados Unidos cuando hacía unos años había dejado el ruido de Buenos Aires por el fresco aire cordobés. Le hizo caso y al poco tiempo se animó a meterse lentamente en ese mundo que, 15 años atrás, se mostraba como un nicho inexplorado en Argentina, donde la idea de volver a lavar pañales era, por lo menos, impensada.

Comenzó a estudiar todo lo que había a su alcance para conocer a fondo lo que ya consideraba un suceso para su vida y creó Flexi, su propio emprendimiento de pañales con las mismas características que aquel que había probado. Le fue bien y necesitó achicar horas en la escuela para dedicarse a su negocio.

En 2020, con la llegada de la pandemia, dejó por completo el magisterio y por las necesidades globales explotó el emprendimiento. En el punto máximo de trabajo, le diagnosticaron un tumor en el cerebro: pasó por dos cirugías y quimioterapia. Debió, lógicamente, alejarse de su trabajo. Hasta cuando pudo, porque fue el envión que necesitó para salir adelante y recuperarse definitivamente.

Ave fénix

Según la mitología, el ave Fénix se desvanece para renacer con toda su gloria. Lejos de cualquier herencia, a Marianela le tocó resurgir de sus propias cenizas cuando su mundo, que estaba en el mejor momento, se puso patas para arriba.

“Una noche de 2020 convulsioné y al día siguiente mi marido me llevó al hospital. Me descubrieron un tumor en la cabeza... ¡Se me vino el mundo abajo! Yo era la cabeza de Flexi y, en la literalidad de las cosas, la cabeza de Flexi se estaba enfermando con un tumor en la cabeza... Yo ya tenía dos hijos y cuando me dijeron que tenía un tumor, para mi fue sinónimo de muerte... El médico me dijo que me podían operar, en una semana realizarme los estudios, operar y que iba a salir adelante. Y así fue. A la semana estaban abriéndome la cabeza”, recuerda el duro momento.

"Somos un emprendimiento familiar. Nuestra experiencia pañalera nos atravesó: fue magnifica, sencilla y, realmente, un cambio consiente. Es un pequeño esfuerzo para devolverle un poquito de amor a nuestra tierra", aseguran
"Somos un emprendimiento familiar. Nuestra experiencia pañalera nos atravesó: fue magnifica, sencilla y, realmente, un cambio consiente. Es un pequeño esfuerzo para devolverle un poquito de amor a nuestra tierra", aseguran

El emprendimiento familiar se detuvo un tiempo para acompañarla. “Justo, justo cuando ya era parte de nuestras vidas, cuando ya vivíamos de los pañales (más allá de que mi marido seguía trabajando freelance como diseñador gráfico), pero yo era la cara visible y dejé de serlo porque me pelaron, con todo lo que significa todo eso, y el estar en medio de un tratamiento de quimio”, recuerda.

Hasta ese diagnóstico, todo en su vida parecía soñado. “La crisis mundial nos sirvió como momento de expansión para que la gente conociera lo que habíamos creado porque la gente estaba tiempo completo en su casa, había que cuidar la economía familiar y los pañales eran la alternativa y la solución, porque, no sé si recordás que se habían cerrado las importaciones de los pañales de plástico, y no ingresaban. Entonces, la gente comenzó a ver en los reciclables una alternativa posible porque ya no había la excusas”, cuenta de lo que sucedió cuando, en un clima global tremendo, salió el sol para el emprendimiento creado en 2009.

Tras la cirugía, le recomendaron que siguiera el tratamiento con rayos y quimioterapia, pero no quiso. “Me negué porque soy muy amiga de la medicina alternativa, era joven como para eso y busqué otras alternativas. En febrero de 2020, me hago la última resonancia, comenzó a fines de marzo y en la resonancia había una recidiva, lo que significa que quedaron unas células tumorales y las opciones eran hacer quimio y rayos para que se redujeran, pero mi neurocirujano me dijo; ‘Yo te abro la cabeza de vuelta’, y como confié ciegamente en él le dije: ‘¡Hagámoslo!’, pero ya estábamos en plena pandemia y como esa intervención revistió de inmediatez me operaron en abril. Aquí en Córdoba no habían llegado casos y prácticamente estaba sola en el hospital”.

Entregada de lleno a la medicina tradicional, comenzó su ciclo de quimioterapia y de radioterapia mientras Alejandro, su compañero de vida, veía crecer exponencialmente las ventas virtuales de su producto. “Pasamos a hacer un producto que era prioridad. Como los barbijos, el pañal al ser de rubro de higiene se convirtió en primordial y nos dieron los permisos para salir de casa para entregarlos”.

Alejandro se puso al frente del emprendimiento mientras Marianela “estaba en otra película”, dice sobre el momento en que debió dedicarse ciento por ciento a su salud: “Yo iba a hacer mis sesiones de rayo y él iba a entregar pañales. Hubo un acompañamiento muy familiar en esos momentos que, realmente, fueron días muy fuertes para mí”.

Marianela junto a Flor, la Ganadora de Mujeres Transformadoras Edición 2022, en la Expo Ahora Mamá, en La Rural; junto a su compañero Alejandro, sus hijos y el gato
Marianela junto a Flor, la Ganadora de Mujeres Transformadoras Edición 2022, en la Expo Ahora Mamá, en La Rural; junto a su compañero Alejandro, sus hijos y el gato

Cuando comenzó a sentirse mejor, volvió de sus cenizas. “Soy muy culo inquieto y cuando empecé a sentirme un poquito mejor necesité moverme, accionar (porque la quimioterapia la podía tomar de forma oral, aquí en mi casa y no tenía que ir a hacerme endovenosa) y mantener mi cabeza activa, así que me anoté en capacitaciones virtuales. En ese momento, aquí en Córdoba había un ecosistema emprendedor que desconocía y que daban capacitaciones virtuales. Empecé a meterme y fue algo sumamente interesante porque proponía llevar el emprendimiento al próximo nivel”.

Todo lo que aprendió le dio las fuerzas que necesitaba para seguir “mimando al bebé”, que era su emprendimiento.

“Sentía que no podía mostrarme físicamente, o sea enfrentarme a la cámara porque no quería, porque no era amiga de mi aspecto de ese momento, y tampoco quería mezclar las cosas porque me encontraba en plena crisis existencial para mí porque lo que pasó a nivel mundial como emprendimiento nos vino bien, yo tenía la cabeza operada y era la cabeza de Flexi... A ese contexto, le saqué provecho para aprender a sanarme, a sanar mis pensamientos... O sea, aprendí a sanar físicamente, biológicamente y espiritualmente; sané todo lo que vino a traerme esa enfermedad. Sé que suena raro, pero hoy siento que la enfermedad abrió un paradigma maravilloso, yo preferí verlo así porque el que se enoja pierde y yo no me quería enojar con mi tumor. Ya me lo habían sacado y me declaré sana... ¡ya no lo tenía!”.

Con total valentía encaró su etapa final de recuperación y de asumir las secuelas. “Les conté a mis hijos que estaba pero que era una persona diferente porque tenía secuelas. Me quedaron secuelas en la parte motora: no puedo coser más, no puedo manejar más porque mi pierna izquierda no responde. Estoy sana, tengo que hacerme controles cada seis meses, pero estoy conectada con la vida. A través de las capacitaciones, me anoté en concursos porque entendí también que si estudiaba, podía recibir un incentivo económico que ayude a aumentar mi producción y así profesionalizar este emprendimiento. Me anoté y gané un montón de premios como el de la Universidad del Siglo XXI, Voces Vitales Cono Sur y conocí la formación de Mujeres Transformadoras, que unía Buenos Aires con Córdoba, el lugar que me adoptó y adopté”, cuenta. En ese programa de Disco se dictan cursos para emprendedoras, premia a una y se la subvenciona para su emprendimiento.

De emprendimiento pasó tener sus propios revendedores y siguió con el formato distribuidor. “Era un pasito más y quise volver al origen de los pañales, ese que había llegado a mis manos, que había salido un supermercado... El premio de Mujeres Transformadoras de Disco fue por presentar mi modelo de negocios y lo pensé para abrirle paso a nuestros pañales, que estaban creciendo realmente muchísimo y se estaban potenciando, en lugares donde toda la gente como un supermercado, la farmacia. Con ese modelo gané la edición 2023 del certamen en representación de Córdoba”.

La contactaron de Uruguay y Bolivia para tener sus pañales. Empezaron vender sus pañales eco en Montevideo y en La Paz, ciudades que ya tienen sus puntos de venta.

Marianela Goodman
Marianela Goodman

Pese al paso de los años, la tela que usa la debe comprar afuera. “Esa es la falencia porque todavía no hay una fábrica aquí en Argentina que produzca ese tipo de telas respirables y absorbentes. Aunque yo soy la primera en el país en hacer este tipo de pañales, ahora hay diez emprendimientos, Córdoba es la cuna, por eso espero que las fábricas de telas vean que este mercado, que traigan la máquina necesaria para hacer esa tela. Yo apuesto a la industria nacional, vivo en José de la Quintana y mi ciudad más cercana es Alta Gracia, y trabajamos con modistas independientes de allí y el año pasado me contacté con cooperativa de mujeres de ese pueblo para ayudarnos y potenciarnos. Solas no podía pero juntas lo hicimos”, asegura con orgullo.

Emocionada, define: “Flexi es mi propósito de vida porque toda mi vida pasa por cuidar el medio ambiente y sus valores son ecología, economía y salud, pero la ecología es lo que llevo como bandera y busco generar conciencia ecológica en familias que están teniendo la responsabilidad de traer un niño al mundo, con todo lo que eso implica, como dejar de tirarles por 3 años residuos plásticos al planeta porque aunque nadie haga la cuenta, en dos años y medio se usan unos 5 mil pañales desechables, que generan una tonelada de basura, que demorarían 500 años en degradarse y se gasta (cuenta de abril de 2024) cerca de $ 2 millones”, explica y compara: “En tres años bastan 9 pañales reutilizables, por $ 160 mil, y se genera cero basura”.

Los pañales con diseños temáticos de animales y medio ambiente se lavan en lavarropas y tienen una tela interior donde van el pis y las heces del bebé.

“No hace falta ponerle nada más que agua y jabón neutro, la tela principal no se mancha. La interior, que es cambia, se lava a mano si está manchada y luego va al lavarropas. No dañamos el planeta y tampoco tenemos que hacer como en la épocas de nuestras abuelas, poniendo los pañales de tela en agua hirviendo!”, finaliza.

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