Cachita y Carlota, las mellizas que cumplieron 100 años y todo el pueblo lo festejó con una caravana

Nacieron en 1924 en la provincia de Córdoba, y alcanzaron juntas su primer siglo de vida. En Río de los Sauces y Berrotarán celebraron con todos los vecinos, recibieron reconocimientos por parte de las autoridades municipales y luego bailaron en un salón. La historia de dos mujeres alegres, trabajadoras, almas inquietas y queridas por todos; además, su secreto para la longevidad

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Cachita vive en Río de los Sauces y Carlota en Berrotarán, provincia de Córdoba, y en ambas localidades las homenajearon todos los vecinos

Las miradas entre Carlota y Cachita, hermanas mellizas, son de esas que parecen atravesar el alma. Transmiten tanto cariño, tanta lealtad y complicidad, que por momentos es como si tuvieran su propio mundo. Nacieron en 1924 en una zona rural cerca del Cerro de San Lorenzo, departamento de Calamuchita, provincia de Córdoba, y fueron las sextas hijas de sus padres, que tuvieron nueve en total. Hace poco cumplieron 100 años, y todos sus vecinos fueron a celebrar su primer siglo de vida. Los festejos empezaron con una caravana de autos por las calles del pueblo, siguió en el patio de su casa, y dos días después hubo fiesta en un salón. También recibieron reconocimientos de autoridades municipales, y disfrutaron de los homenajes a pura emoción. Ninguna de las dos usa bastón, conservan muy buena salud, y tienen sus teorías con respeto a los secretos de la longevidad.

Lucy Chiesa es hija de Sesilia Casilda Cabral -así, Sesilia, las dos veces con “s”, figura en su documento-, más conocida como Cachita, y charla con Infobae desde la casa de su mamá en Río de los Sauces. “Mi tía Carlota vive en Berrotarán, pero se ven todas las semanas, porque se extrañan, y se abrazan desde que se saludan hasta que se despiden”, cuenta con ternura. La historia de las hermanas comienza con la sorpresa de su llegada por partida doble, porque sus padres esperaban un solo bebé, y siempre contaban que tuvieron que salir a buscar otro “cuerito”, como le decían a la tela donde apoyaban a las recién nacidas. “Mi abuela se casó con mi abuelo a los 15 años, y tuvieron nueve hijos, de los cuales las mellizas son las únicas que quedan con vida”, revela Lucy.

"Cada año somos más en la fiesta de las mellis, porque todos quieren venir, desde que cumplieron 90 se volvió una tradición", expresa la hija de Cachita (Fotos: Gentileza Lucy Chiesa)
"Cada año somos más en la fiesta de las mellis, porque todos quieren venir, desde que cumplieron 90 se volvió una tradición", expresa la hija de Cachita (Fotos: Gentileza Lucy Chiesa)

Así, el matrimonio pasó de tener cinco niños en casa a siete, y aunque llevaban una vida muy humilde, las mellizas sienten que tuvieron una infancia muy feliz. Recuerdan las madrugadas con su mamá ordeñando las vacas, y ellas sentadas al pie a la espera de ese vaso de leche tibia con espuma, recién ordeñada. “Las mujeres compartían la cama, porque eran tantos que no alcanzaban, y hasta de eso se ríen, porque gracias a Dios tienen la memoria intacta, saben en qué día viven, y son muy sanas mentalmente”, comenta la hija de Cachita.

Las cumpleañeras recuerdan a su papá como un “hombre muy bueno y tranquilo”, y con picardía admiten que la que tenía un carácter un poco más fuerte era su madre. “Ella mandaba en todo, si nos miraba un poco nomás, ya teníamos que hacerle caso”, confiesan entre risas. Pasaban las tardes andando a caballo, jugando a la payana, y también acompañaban a su padre cuando araba tirado por caballos. Comían todo lo que producían en la huerta, los huevos del gallinero, y aprendieron a hacer todo casero. Su mamá cosechaba todo tipo de frutas y verduras, y también preparaba charqui. “Ponía la carne en una jaula, que era un recipiente con tejido para que las moscas no entraran, y después se dejaba secar para guardar”, detallan.

Coincidencias y diferencias

Las dos tienen en común que son muy alegres, divertidas, cariñosas, y tienen una fuerza de voluntad que vence todos los pronósticos. Pero también tienen diferentes personalidades, y Cachita se define como “más tranquila y callada”, y describe a su hermana como “más alegre, nerviosa e impulsiva”. Cada una siguió sus instintos a lo largo de la vida, sobre todo en sus respectivas historias de amor. “Mi mamá se casó a los 35 años, que siempre nos dice que para esa época era considerada una ‘solterona’, tiene seis nietos y una sola bisnieta de ocho meses; mientras que mi tía Carlota se casó a los 18, súper jovencita, tiene cinco nietos, nueve bisnietos y dos tataranietos”, enumera Lucy.

Carlota y Cachita se adoran, y cada vez que se juntan a tomar el té dicen que "se curan de todo" solo con verse
Carlota y Cachita se adoran, y cada vez que se juntan a tomar el té dicen que "se curan de todo" solo con verse

Cachita dice que “no hay necesidad de apurarse”, y que su propia vida es un ejemplo de eso. “Ella me crió con mucha libertad, y siempre me dijo: ‘Aunque decían que yo era grande cuando me casé, llegué a tiempo con todo, tuve mis dos hijos, mis nietos, así que la edad no importa; para qué tan pronto, mejor disfruten, salgan, hagan lo que les gusta, y después verán si se quieren casar o no, prueben cómo les va, júntense si quieren, y cuando quieran se casan’”, indica. Cuando llegó el momento de su flechazo se dejó llevar por esa ola de romance que surgió cuando estuvo frente a frente con “el hombre más churro y lindo de todos”.

“Mamá trabajaba con su hermana en un comercio, en Río de los Sauces, y mi papá iba a comprar, y ahí se enamoraron. Él era un gringo de ojos celestes, cinco años menor que mi mamá, y ella siempre dice que quedó hipnotizada”, cuenta. Se casaron, tuvieron dos hijos, y disfrutaron 56 años juntos. Cachita siempre lo cuidó, porque la salud de su marido era más frágil, y fue su único amor hasta que partió. “Hace nueve años que enviudó, y fue verdaderamente una relación muy amorosa”, asegura Lucy.

Hace no tanto empezaron a resurgir historias de los pretendientes que tuvo Cachita antes de casarse, y entre carcajadas suele repasar algunos nombres con su hermana, su fiel confidente. Carlota, en cambio, conoció a un joven italiano a los 18 y al poco tiempo pasaron por el altar. Se fueron a vivir al campo y vivieron de la siembra, cosecha y el ganado. Ahí se separaron un poco los caminos entre las mellizas, y cada una se asentó en su respectiva localidad, pero siempre atentas la una a la otra. Mientras una de ellas siguió la tradición rural, la otra trabajó en comercio, y se mantuvo en constante contacto con los vecinos.

Lucy y su hermano junto a su mamá, Cachita
Lucy y su hermano junto a su mamá, Cachita

“Cuando nos tuvo a mi hermano y a mí, abrió una mercería en su casa con una prima, y durante mucho tiempo era la única del pueblo que forraba botones. Tenía la máquina y cuando había casamientos forraba en cantidad los botones chiquititos de los vestidos, y más adelante vendió productos de belleza por catálogo; le encantaba salir a entregar los pedidos a las casas, y charlar con la gente”, asegura Lucy. Aunque las hermanas no pudieron terminar la escuela, se las ingeniaron para aprender a hacer cuentas cuando ya eran adultas, para poder desenvolverse en sus respectivos trabajos. “La maestra que les enseñó a leer murió a los 107 años, hace cinco años, y fueron muy amigas toda la vida”, revela.

Hasta antes de la pandemia de coronavirus, Cachita brindaba hospedaje en su casa, y así se hizo aún más conocida en el pueblo. Sus conocidos le dicen con cariño “la pendex” de Río de los Sauces. “Desde que mi papá faltó, ella acondicionó las habitaciones para alquilarlas y tener un ingreso, pero después con tantos de covid nos pusimos firmes con mi hermano y le dijimos que no podía seguir con ese emprendimiento porque venía mucha gente, y desde ahí dejó de trabajar, pero sigue siendo re activa y muy sociable, siempre tiene planes para la semana; ella se arma su agenda de actividades”, comenta.

A pesar de que las mellizas tienen problemas de audición, charlan con todo el mundo. “No me pidas plata, porque ahí si que no te escucho”, suele decir Cachita con humor. “No sé cómo hacen, porque escuchan muy poquito, pero entre ellas se re entienden, y después mi mamá me cuenta todo lo que le dijo la tía Carlota”, asegura Lucy. Las dos se levantan con una sonrisa, es muy difícil verlas enojadas, y mucho menos probable aún que hablen mal de alguien o critiquen a alguien. Son tan amorosas que cuando les preguntan qué es lo que más les gusta de la vida ellas responden: “Que todo el mundo nos quiere”.

Cachita y Carlota fueron homenajeadas por sus vecinos el día que alcanzaron un siglo de edad

Mientras la charla con Infobae continúa, Cachita sale a barrer la vereda. Con sus 100 flamantes años, ella sigue saliendo a barrer y a saludar a los vecinos. “Mi tía Carlota es igual a ella en eso, no te podés descuidar porque se pone a hacer todas las cosas de la casa, y el año pasado estuvo complicada, le tuvieron que poner una prótesis en la cadera, estuvo tres meses internada por problemas de pulmón porque es asmática, pero para el día de su cumpleaños, ella ya estaba de 10, con unas ganas de vivir increíbles”, manifiesta.

La fiesta de los 100

El 1° de febrero fue el día del cumpleaños de las mellizas, y desde que alcanzaron los 90 que cada año organizan fiestas más multitudinarias para celebrar. “En Río de los Sauces seremos más o menos 2.000 habitantes, y empezamos a preguntarnos cómo festejar los 100 de las melli, porque dónde metíamos tanta gente, y se nos ocurrió hacer una caravana de autos”, explica Lucy. Entre bocinazos y aplausos, recorrieron las calles del pueblo, y Cachita saludó a todos desde la ventanilla, cual reina recién coronada, a todos los vecinos que desde la vereda filmaban el gran acontecimiento.

En familia, junto a nietos y bisnietos, felices por toda la celebración
En familia, junto a nietos y bisnietos, felices por toda la celebración

“Vino muchísima gente de la zona, mucha más de la que nos esperábamos, fue muy lindo y emotivo, y después nos vinimos al patio de la casa, donde habíamos preparado comida y bebidas para darle a la gente, vino un chico que le cantó con guitarra el feliz cumple, y fue un momento hermoso, donde ella fue plenamente consciente de que era un homenaje por su primer siglo de vida”, destaca. También se acercaron representantes de la Municipalidad para entregarle un diploma por ser la mujer más longeva de la localidad. “Estaba muy contenta, se sacó fotos con todo el mundo, y en paralelo en la localidad de mi tía Carlota, Berrotarán, le entregaron una placa en reconocimiento por el mismo motivo”, indica.

“¡100 años de historia, sabiduría y alegría! Cecilia es parte fundamental de la historia de Berrotarán desde sus inicios, y hoy, con inmensa alegría, queremos homenajearla en su centenario. No solo es un privilegio conocerla, sino también compartir momentos y aprendizajes junto a ella. Pero la celebración no termina ahí, ya que Cecilia comparte este siglo de vida con su melliza que reside en Río de los Sauces. ¡Una conexión especial que agrega más magia a este día!”, expresó la Municipalidad de Berrotarán en sus redes sociales.

El escritor costumbrista Esteban Rodríguez les escribió el poema "Por ese siglo de vida", que en una de sus estrofas dice: "Algo inédito en mi pueblo, para Carlota y Casilda, que por ser tan buenas personas, el pueblo las homenajeó; todos fueron a saludarlas, se cosechó lo que se sembró"
El escritor costumbrista Esteban Rodríguez les escribió el poema "Por ese siglo de vida", que en una de sus estrofas dice: "Algo inédito en mi pueblo, para Carlota y Casilda, que por ser tan buenas personas, el pueblo las homenajeó; todos fueron a saludarlas, se cosechó lo que se sembró"

El 3 de febrero se hizo una reunión con 130 familiares en un salón de fiestas, y ahí las hermanas se animaron a ir a la pista de baile, y como dicen ellas, “tiraron sus pasos prohibidos”. Ambas resaltan que sentirse queridas las llena de vitalidad, y se esmeran por devolver todo el amor. Carlota es de las personas que valora mucho la visita a su casa, y cuando los invitados se están por ir, no puede permitir que se vayan con las manos vacías. Si no tiene nada preparado, manotea tres mandarinas y se las da, o un pedacito de budín, o incluso alguna crema que ella esté usando. “Son así de cariñosas, las dos dicen mucho ‘te quiero’, ‘te extraño’, algo que en su generación no era tan común, y ahora lo consideran una necesidad, expresar lo que sienten”, dice Lucy conmovida.

Hasta el momento no hubo más casos de mellizos en la familia. “Ni yo ni mi hermano tuvimos, habrá que ver si a alguna próxima generación le toca, por ahora son las únicas”, cuenta. Cada una tiene sus especialidades culinarias, las más pedidas por sus nietos: las empanadas de pollo y las torta fritas en el caso de Cachita, y las conservas de calabazas de Carlota. “Mi tía cuando yo era chica hacía unos quesillos exquisitos, y siempre tenía todo tipo de embutidos caseros en su casa, chorizos, bondiolas y fiambres de todo tipo”, acota Lucy.

Las cumpleañeras en su gran día. Carlota y Cachita llenan de orgullo a su familia (Fotos: Gentileza Lucy Chiesa)
Las cumpleañeras en su gran día. Carlota y Cachita llenan de orgullo a su familia (Fotos: Gentileza Lucy Chiesa)

Con el sentido del humor que la caracteriza, Cachita suele decir que “se olvidó” de muchas recetas, y prefiere ser ayudante de cocina que estar a cargo del menú. Son así todo el tiempo, un canto a la vida, decididas a pasarla bien y disfrutar con las personas que le transmiten afecto genuino. “Nunca fumamos, nunca tomamos alcohol, nos llevamos bien con la gente, estamos tranquilas porque la gente nos quiere y nosotras queremos a la gente, por eso es que seguimos viviendo”, revelan. Ese es su secreto par la longevidad. Cuando salen a caminar unas tres cuadras hasta el geriátrico donde visitan a algunas amigas, salen al atardecer y vuelven de noche, porque todo el mundo las frena para charlar.

“Están muy conectadas, se agarran de la mano desde que se ven y se sueltan recién cuando se van. Entre ellas son una sola, porque se aman, se quieren un montón, y siempre dicen: ‘Vinimos juntas y nos vamos a ir juntas’”, revela Lucy, que es tan amable y generosa como su mamá y su tía. De esas personas que te sentir parte de la familia aún a la distancia, que te hacen sonreír y te comparten su mundo con absoluta entrega. “Ninguna usa bastón, están bárbaras, realmente le agradezco todos los días a Dios tenerlas a las dos, porque es una bendición que hayan llegado a los 100 juntas y sanas”, concluye.