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De los pochoclos a los pareos: los precios de la venta ambulante en las playas de Pinamar

En la ciudad balnearia hay 337 carros habilitados para trabajar sobre la arena. Cuánto cuestan los clásicos playeros

En Pinamar hay 337 vendedores ambulante habilitados para trabajar en la playa (Matías Arbotto)

Este miércoles fue el día con mejor clima en lo que va del año en Pinamar. La temperatura merodeó los 25 grados y el sol brilló en medio de un cielo totalmente despejado. Las condiciones hicieron que los turistas colmaran las playas desde temprano. Algunos llegaron con las conservadoras llenas y listas para el desayuno y el almuerzo. Otros, en cambio, se volcaron a las clásicas opciones que ofrecen los vendedores ambulantes. Al respecto, Infobae hizo un relevamiento de precios en esta temporada.

Silvio Varela es pinamarense y hace 20 años que veranos que sale a trabajar en la playa de Ostende. Su producto es el choclo, que tiene un valor de $500 cada uno (en la zona de Valera del Mar se pueden conseguir un poco más baratos, a $400). Mientras enmanteca uno cuenta que el clima influye mucho en su promedio diario de ventas. “Cuando refresca un poco se vende más. Ayer estuvo nubladito y vendí 125 choclos”, dice. Su carrito tiene colgadas dos camisetas, una de Newell’s y otra de Rosario Central. Él es hincha de River y explica que el decorado es una estrategia de venta: “En esta zona siempre hay muchos rosarinos y es una forma de atraerlos”.

Silvio Varela hace más de 20 años que trabaja como vendedor ambulante (Matías Arbotto)

Otro que siempre está entre los más demandados en la playa son los pochoclos. Hay dos tamaños que cuestan $600 y $800. Esteban, que sale todos los días a trabajar con el carro de su suegro, destaca que la calve para que la jornada sea productiva es el carisma del vendedor: “Hay que ponerle onda: acá tenés que andar gritando constantemente, no tenés que ser tímido ni tener vergüenza”.

Juan, un heladero con 15 años de experiencia, dice al pasar que la temporada “viene muy tranqui por el tema económico: la gente cuida mucho el bolsillo”. Los helados más baratos son los de agua, que tienen un valor de $400. Los más caros son los cucuruchos rellenos con dulce de leche y chocolate: cuestan $800. El reloj marca las 14.15 y por el momento en su caso no hay mucho movimiento. “El horario fuerte es después de las 16”, remarca.

Las botellas de gaseosas y agua se comercializan a $600 por unidad (Matías Arbotto)

Las botellas de gaseosas, agua y agua saborizada se comercializan a $600 por unidad. Llevando la oferta de 2x1 es de $1.000. Hay carros que son habituales en las playas de otros destinos de la Costa Atlántica, pero aquí no aparecen: los de los panchos. En Pinamar “no está permitido el rubro, es una forma de cuidar al gastronómico que invirtió y licitó un parador”, explican fuentes del Municipio.

En consecuencia, durante la recorrida los primeros superpanchos se encuentran en un chiringos: uno vale $500 y dos, $800. En el mismo lugar hay una promoción de una hamburguesa más agua o gaseosa por $1.300. Además, el precio individual de los licuados es de $900 y de $1.600 por dos unidades.

Como opciones tradicionales para la merienda, la bolsa de una decena de chipacitos cuesta $800. En tanto, la churrería más popular de la costa le puso a cada churro con dulce de leche un precio de $130; los cuatro salen $500, la media docena $750 y la docena $1.400.

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Varios turistas deciden comer algo rápido y se vuelcan a los vendedores ambulantes (Matías Arbotto)

De acuerdo a datos del Municipio, este verano en Pinamar hay 337 vendedores ambulantes con permiso para trabajar en la playa. Oficialmente, los autorizados son: 105 de venta de bijouterie, 61 de choclos, 52 de churros, medialunas y chipá, 51 de pareos, pañuelos y túnicas, 21 de gaseosas y aguas saborizadas, 17 de pochoclos, 9 de juguetes de playa, 6 de mallas artesanales, 5 de sombreros, 3 de alpargatas artesanales, 2 de sombreros artesanales y uno de los rubros trajes de baño, cubanitos, carteras, pirulines y barquillos y café. Como se observa, no tienen permiso los vendedores de lentes -peligrosos para la salud porque no tienen ningún control oftalmológico-, aunque en la arena los hay.

Mientras el calor se siente cada vez más fuerte al comenzar la tarde, Leandro comenta que los fines de semana de las Fiestas “se laburaron bien”. Este año es su estreno en Pinamar: es oriundo de Córdoba y viajó antes de la temporada para visitar a un familiar que tuvo un problema médico, pero extendió su estadía, se le presentó la oportunidad de trabajar vendiendo bijouterie y aprovechó. En su carro tiene collares cuyos valores van desde $800 hasta $1.500, mientras que las tobilleras tejidas valen $500 y, con caracoles, más elaboradas, $800.

Rosario experimenta su segunda temporada de verano (Matías Arbotto)

Para Rosario es su segunda temporada. Ella también vende pulseras ($500), collares (entre $1000 y $1500), vinchas ($800) y trenzas (de $1000 a $1500). Mientras se toma un descanso para almorzar una ensalada sentada en la arena y refugiándose del sol bajo la sombra de su carrito, menciona que percibe “menos turistas que el año pasado”, algo que efectivamente las estadísticas reflejaron, si bien el porcentaje de ocupación es alto. “El verano pasado se vendía solo, a veces ni tenías que caminar”.

Unos metros más allá, dos jóvenes le hacen trenzas en el cabello a dos niñas. “Un solo lateral cuesta $2.500; el frente, $3.000; y en toda la cabeza, $4.000″, detallan ante la consulta de este medio.

Los shorts deportivos para mujer tienen un costo de $3.000. Y las túnicas, pareos, camisones y vestidos parten desde los $3.000. Facundo es bonaerense y ofrece eso mismo: la más barata cuesta $4.000; la más cara, $22.000. “Son prendas hindúes, finas, de categoría”, aclara. Antes de seguir con su recorrida, apunta que en el mejor día puede llegar a vender “entre 15 y 20 prendas”.

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