Es heladero y llegó sin nada desde Italia tras la guerra: “Cuando mi padre compró una casa con teléfono dijo ‘hicimos la América’”

Federico Bortolot arribó a Buenos Aires en 1948 en barco, con su padre, y tres hermanos. En 1955 inauguraron la primera heladería con recetas italianas, y siete décadas sigue creando sabores. “Soy italiano, pero mi corazón es argentino. Este es mi lugar en el mundo”

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Federico-Bortolot
A punto de cumplir 85, Federico Bortolot, sigue al mando de la icónica heladería italiana Il Piave

El origen del helado es muy antiguo, e incluso desconocido. Algunos sostienen que los romanos fueron los creadores del ‘sorbete’ , sin embargo hay antropólogos que se animan a decir que los chinos son los responsables de este postre que no distingue edad, horario ni clases sociales. Sea cuál sea, en nuestro país es todo un boom.

En Argentina el helado viene arraigado a la inmigración italiana, y la familia Bortolot puede dar fe de eso. Originarios de Zoppe di Cadore, en el Veneto, Federico (84) es el eslabón central de cinco generaciones de heladeros. Llegó a Buenos Aires junto a su padre, madre y hermanos en 1948, y aún en 2020 con su corazón argentino, como lo describe no perdió el acento italiano. A la hora de de hablar mezcla palabras.

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“Mi abuelo era vendedor ambulante de helado en Austria y mi padre (Angelo) tenía heladería -Casa del Gelo- en Capua. Así conoció a mi madre”, le cuenta a Infobae. La familia Borlot, como tantas otras, lo perdieron todo con la llegada de la Segunda Guerra Mundial y decidieron probar suerte en América. Es así que luego de 19 días en barco pisaron suelo argentino, llenos de ilusiones y esperanzas.

“Cuando llegamos con mi papá, fuimos vendedores ambulantes de helado por Mar Del Plata. Teníamos unos triciclos donde llevamos el helado con sal gruesa. Nos fue mal, porque se nos derretía, no conocíamos aún el hielo seco”, reconoce. Federico decidió seguir por el camino de la construcción: ”Hice de todo, plomería, carpintería... a mi trabajar siempre me gusto”.

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Sin bajar los brazos se mudaron a Wilde y allí, en 1955 inauguraron su primer heladería, a la que llamaron El Piave en honor al histórico río que desciende desde la cadena montañosa Delle Dolomiti y atraviesa la región del Cadore. Abrieron sus puertas con apenas 8 sabores.

Federico-Bortolot
Imparable, y apasionado no se cansa de innovar en sabores

El progreso fue rápido y escalonado. Después de un par años, pudieron comprar una casa con teléfono. “Mi padre me dijo “hemos conquistado la América”, dice sonriente, como el inicio de un gran legado familiar.

Boom heladero

En poco tiempo lograron multiplicar locales y franquicias por la provincia de Buenos Aires, hasta llegar a la Capital. En el barrio porteño de Barracas, en la esquina de Montes de Oca y Olavarría, Federico Bortolot abrió el último de sus diez locales. Está a cargo de una de sus hijas, Gabriela. Los otros nueve también están repartidos entre sobrinos y nietos.

A pesar de tantos años de oficio, Federico es imparable. “Soy jubilado en actividad, retirado nunca. Este es mi club”, y sigue. “Esta semana hice un gusto nuevo, “Rosso di sera buon tempo si spera”, es una cobertura de frutos rojos que realza los sabores”, aclara. “Amo mi trabajo”, no se cansa de repetir: “Siempre lo hago y lo voy hacer con una sonrisa, y si me dejan, cantando”.

- ¿Te sentís argentino?

-Soy italiano, y mi corazón es argentino. Viene de muy chico con apenas 11 años, fui a la escuela primera, luego la secundaria industrial. Llegar al país sin nada fue dfócil, vivimos varios meses en una habitación los seis, y mirá ahora. Mi padre, sin embargo nunca se adaptó.

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La primera sucursal abierta en Wilde

-Era la tierra prometida

-Sí, estaba todo por hacerse, no había competencia. Era otra Argentina, y otro mundo.

-Con tanto vaivenes económicos y sociales, ¿nunca dudaste en volver a vivir a Italia?

-Para nada, este es mi lugar en mundo. A Italia solo vuelvo de visita, y es hermoso, nunca me dieron ganas de quedarme. Acá me siento Gardel, y en Italia un argentino. Los vaivenes los vivimos todos en cualquier lugar del mundo, es una tendencia global. Los gobiernos de cada país deberían habernos dado a todos los inmigrantes por lo menos la una posibilidad de rever a su origen.

-¿Cuál es el secreto de perdurar en el tiempo con un negocio familiar?

-La unión de la familia, tan simple como eso.

En el 2006, Bortolot fue a representar a la Argentina en la Copa del Mundo del Helado, en Rímini, Italia. “Entré con la bandera celeste y blanca en la mano”, recuerda emocionado. Nunca perdió el contacto con su país de nacimiento. Sus primos -que también escaparon de la guerra-, son los “reyes del helado” en Alemania. “Toda la región del Veneto son heladeros, en verdad”. Y sigue con sus anécdotas. “Una vez los traje a Buenos Aires y les encantó el gelato nuestro. Además del asado”.

Federico-Bortolot
La distición otorgada, Federico, no pierde el contacto con su tierra natal

-Casi no se ven mujeres heladeras. ¿Por qué cree que es así?

-Es un trabajo duro, de mucho esfuerzo físico, hay que levantar tubos pesados, pasar muchas horas de pie… es sacrificado

-¿Cuales son los gustos que más salen?

-Los clásicos, esos no pueden faltar, un buen chocolate y el dulce de leche.

-¿Cuál es el secreto de un buen helado?

-La buena materia prima, tiene que ser excelente, acá la fruta sea fruta de verdad con recetas con 100 años de historia. El proceso artesanal también cuenta mucho, siempre sumamos tecnología y capacitación a los maestros heladeros.

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