Qué hacer cuando un estudio de cáncer de mama llega al celular y dispara falsas alarmas: “Falta una curación científica”

Una palabra técnica en el informe, las categorías BI-RADS o una imagen que requiere estudios complementarios pueden generar temores en las pacientes. Muchas de esas dudas no se resuelven durante la consulta médica. Infobae consultó a expertos en oncología sobre los elementos que evalúan para interpretar los hallazgos y medir los riesgos

Una médica con bata blanca apunta a un monitor con radiografías frente a una mujer sentada a su lado en un consultorio.
La interpretación de los resultados de estudios médicos en celulares requiere una evaluación especializada para evitar preocupaciones innecesarias en las pacientes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Abrir un estudio médico en el celular puede llevar apenas unos segundos. El problema es la catarata de incertidumbre que se dispara una vez que esto ocurre.

Un mar de dudas frente a la falta de contexto médico para interpretar las imágenes diagnósticas; y lo que es peor, la tentación de acudir a “Dr Google” o a modelos de IA para descifrar la teoría científica. Por todo esto, el buen consejo que impulsan los expertos es que el estudio se abre en el consultorio.

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En el caso del cáncer de mama, esa búsqueda puede empezar antes de la consulta médica y convertir un hallazgo que necesita contexto en una fuente de preocupación.

En diálogo con Infobae, Karina Pesce, jefa de Diagnóstico e Intervencionismo Mamario del Hospital Italiano de Buenos Aires, explicó que, ante un informe, el primer paso no debería ser sacar conclusiones: “Sólo una evaluación especializada puede definir qué significa esa imagen, si hacen falta más estudios de diagnóstico complementarios y cuál es el riesgo de la paciente”.

“Si esa información no está curada e interpretada correctamente, puede alarmar innecesariamente a las mujeres y a su familia”, advirtió la especialista Pesce en el marco del Mes de concientización y lucha del Cáncer de Mama.

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Una mujer con gafas y suéter azul observa un teléfono móvil sentada junto a una mesa con plantas y tazas.
La inteligencia artificial colabora como asistente diagnóstico, aunque la interpretación final depende del criterio del médico especialista. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La incertidumbre puede empezar incluso antes de que el informe llegue al celular. Durante una mamografía, una ecografía o una resonancia, una pausa, un gesto o una explicación incompleta pueden ser leídos por la paciente como una señal de alarma. Sin embargo, las imágenes necesitan una revisión completa y su comparación con antecedentes y estudios previos antes de que un especialista pueda dar una respuesta fundada.

La edad, los antecedentes familiares, las imágenes previas, eventuales biopsias y el examen clínico cambian el sentido de un mismo dato. Frente a esa cantidad de información, Pesce define la tarea del especialista como una “curación científica”: jerarquizar los datos, relacionarlos con la historia clínica y explicar qué significa realmente un hallazgo para esa paciente.

Una palabra en el informe no reemplaza la historia clínica

¿Qué ve una paciente cuando abre el resultado y qué ve el especialista al revisar esas mismas imágenes? En el primer caso, puede aparecer un término técnico difícil de descifrar. Temor e incertidumbre.

En el segundo, esa información se confronta con antecedentes, estudios anteriores y otros elementos que permiten dimensionar el hallazgo. Contexto y curación científica de las imágenes diagnósticas.

Manos de una mujer sostienen una mamografía impresa frente a una ventana iluminada.
La suma automática de estudios médicos sin la selección adecuada de las pacientes incrementa los falsos positivos y las intervenciones innecesarias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pesce señaló que la IA puede colaborar con esa tarea, aunque no sustituye el criterio médico. “La inteligencia artificial viene a ser como un asistente: ayuda, pero la opinión y la interpretación tienen que ser dadas por el médico”, advirtió en diálogo con Infobae.

La especialista afirmó que “primero, hay que mirar las imágenes con criterio propio y recién después abrir la evaluación del algoritmo. Así busca que la respuesta de la herramienta no influya de entrada en su interpretación”.

La tecnología puede detectar o caracterizar imágenes con enorme precisión. Sin embargo, no conoce por sí sola el examen físico de la paciente, sus antecedentes ni los cambios que pueden advertirse al comparar estudios de distintos años. El resultado llega en segundos; su significado requiere una evaluación más amplia.

Un BI-RADS 4 abre una evaluación, no confirma un cáncer

El sistema BI-RADS (Breast Imaging Reporting and Data System), creado por el American College of Radiology, es una clasificación estandarizada del 0 al 6 que los radiólogos utilizan para describir hallazgos en mamografías, ecografías o resonancias magnéticas. Su objetivo es ordenar la comunicación entre los profesionales y orientar los pasos posteriores, no ofrecer un diagnóstico autónomo a partir de un número.

Cuatro proyecciones de una mamografía en escala de grises con un área resaltada en rojo y el texto Análisis de IA en la parte superior.
La clasificación BI-RADS 4 orienta los pasos a seguir en el diagnóstico mamario y no constituye por sí sola una confirmación de cáncer. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ese número que figura en un informe puede ser el punto de partida de una preocupación. Las categorías BI-RADS ordenan los hallazgos de las imágenes y orientan los pasos posteriores, pero no todas tienen el mismo significado ni implican un diagnóstico definitivo. Pesce advirtió que esa categoría suele interpretarse de manera errónea.

—¿Qué ocurre cuando una paciente lee “BI-RADS 4” antes de hablar con su médico?

—Dra. Karina Pesce: A veces una paciente tiene una categorización BI-RADS 4 y piensa que el 4 es sinónimo de cáncer, y no es así. Hay que ver cuál es el hallazgo y qué características tiene.

Los estudios de rastreo pueden detectar imágenes que requieren nuevas pruebas, controles o una biopsia específica. Parte de esas evaluaciones pueden determinar que no hay una lesión maligna. Son los llamados falsos positivos, una posibilidad que forma parte del proceso diagnóstico y que debe considerarse al indicar estudios complementarios.

La dificultad de comprender un resultado escrito sin acompañamiento médico también fue observada en investigaciones internacionales. Un estudio publicado en la revista American Journal of Roentgenology indicó que la notificación estandarizada de mamografías mejoró la rapidez de entrega y la satisfacción de las pacientes, pero no resolvió por sí sola la ansiedad ni la comprensión de las recomendaciones de seguimiento.

Una mujer con bata sostiene una mamografía con zonas rojas resaltadas frente a un panel de luz.
La evaluación del riesgo de cáncer de mama contempla factores genéticos y antecedentes personales más allá de la edad de la mujer. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La dificultad está en no restarle importancia a un hallazgo que necesita revisión, pero tampoco convertir cada dato en una certeza anticipada. La indicación de nuevas pruebas depende de las características de la imagen y del perfil clínico de cada mujer.

La densidad mamaria requiere una estrategia y no una suma automática de estudios

La densidad mamaria también puede generar dudas cuando aparece mencionada en una mamografía. Las mamas densas dificultan la visualización de algunas lesiones porque los tejidos se superponen en la imagen. Además, esa característica se asocia con un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama.

Un monitor médico muestra dos mamografías en escala de grises con los textos tejido mamario predominantemente graso y tejido mamario denso.
La densidad mamaria dificulta la visualización de las imágenes y debe analizarse junto con la edad y los antecedentes de la paciente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tener mamas densas es frecuente y no significa, por sí solo, que exista una anomalía. La Mayo Clinic advierte que ese hallazgo debe analizarse junto con la edad, los antecedentes familiares y los demás factores de riesgo antes de decidir si hacen falta estudios complementarios.

Pero el dato no funciona como una orden automática para realizar todos los estudios disponibles. La tomosíntesis puede reducir la superposición de tejidos; la ecografía mamaria puede complementar la mamografía en casos seleccionados; la resonancia suele reservarse para pacientes con riesgo elevado, y la mamografía contrastada tiene un lugar creciente en determinadas situaciones clínicas.

Una mujer vista de espaldas camina por la acera con carpetas de estudios médicos y un teléfono móvil en la mano.
Los antecedentes de cáncer de mama a edades tempranas en la familia justifican una consulta de asesoramiento genético. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según advirtió Pesce, sumar estudios de manera automática puede aumentar los falsos positivos y derivar en controles o biopsias innecesarias. La elección de cada método exige ponderar el riesgo individual, las características de las imágenes y el motivo de la consulta.

La especialista también alertó que incorporar nuevas herramientas sin seleccionar de manera adecuada a las pacientes puede elevar costos y multiplicar intervenciones que no aportan información útil. La tecnología requiere, por eso, criterios clínicos que definan cuándo conviene indicarla.

El riesgo cambia con los años y modifica la forma de controlar

Durante años, buena parte de la conversación sobre prevención —en este caso de cáncer de mama— se concentró en la edad de inicio de los controles. Esa referencia se mantiene, aunque la evaluación actual incorpora otros factores que pueden modificar el riesgo de una mujer a lo largo del tiempo.

—No todas las mujeres enfrentan el mismo riesgo de cáncer de mama. ¿Esto es así?

—El riesgo no es igual para todas las pacientes y tampoco es igual a lo largo de toda la vida. Los antecedentes personales y familiares, la densidad mamaria, biopsias previas, factores hormonales y reproductivos y, cuando corresponde, la información genética integran esa evaluación.

Una médica con bata blanca señala una pantalla con imágenes de mamografías a una mujer sentada al otro lado del escritorio.
La identificación de mujeres con riesgo elevado permite aplicar esquemas de rastreo y seguimiento con mayor frecuencia de controles. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa evaluación no se resuelve una sola vez. Nuevos antecedentes familiares, biopsias o cambios en la historia clínica pueden modificar el perfil de riesgo y, con ese contexto, la estrategia de seguimiento.

La prevención avanza en un arco amplio: desde esquemas centrados sobre todo en la edad, hacia estrategias que contemplan qué estudio necesita cada mujer y con qué frecuencia.

En ese sentido, Pesce afirmó a Infobae que la historia familiar puede aportar señales relevantes. Casos de cáncer de mama a edades tempranas en madres, hermanas o tías, determinados tipos de tumores y antecedentes de cáncer de mama en varones dentro de la familia pueden justificar una consulta de asesoramiento genético.

Ese asesoramiento no supone de manera directa un análisis de sangre. El primer paso consiste en reconstruir la historia familiar y establecer si hay elementos que indiquen la necesidad de avanzar con estudios específicos.

Detectar a una paciente de alto riesgo cambia el seguimiento

Una mujer sentada mira su teléfono celular en la sala de espera de un centro médico con sillas grises y una pantalla de turnos al fondo.
Los expertos advierten un paciente cuando abre el resultado puede encontrar un término técnico difícil de descifrar por lo que es fundamental la visita al espacialista. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una mujer con riesgo promedio puede seguir una estrategia de rastreo diferente de la indicada para otra con riesgo elevado. En este último grupo, los controles pueden comenzar antes, incorporar una resonancia o requerir una frecuencia mayor. “Es importante dar seguimiento y la detección adecuada para cada mujer”, planteó Pesce.

Pesce anticipó a Infobae que una mayor integración entre estudios por imágenes, inteligencia artificial y evaluación individual del riesgo ampliará los recursos disponibles para la detección. No obstante, el punto de partida seguirá estando fuera de la pantalla: identificar qué antecedentes tiene cada paciente, qué estudio necesita y qué significa el resultado que acaba de llegar al celular.

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