Quien usa un reloj inteligente suele mirar cuántos pasos dio, cómo durmió o a qué ritmo late su corazón. Ahora, los investigadores también estudian si esas variaciones cotidianas pueden anticipar cambios vinculados con la ansiedad.
La ansiedad tiene muchas formas. La más común es pasajera: aparece antes de una entrevista, un examen o una conversación difícil, y se va sola. Pero cuando el miedo o la preocupación se vuelven constantes, se filtran en el trabajo, en las relaciones y en el descanso, y no ceden con el tiempo, pueden señalar algo más. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH) describe los trastornos de ansiedad como cuadros que interfieren con la rutina diaria de manera sostenida.
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Esos dispositivos recogen datos de forma silenciosa: cuánto se mueve una persona durante el día, cómo descansa por las noches, con qué frecuencia late su corazón; y guardan las variaciones. El problema es que los mismos cambios —menos actividad, sueño interrumpido o pulso elevado— pueden responder a decenas de causas que no tienen nada que ver con la salud mental.
Lo cierto es que el uso de estos dispositivos creció de forma sostenida. En ese sentido, una publicación de Mayo Clinic señaló, a modo de ejemplo, que cerca de un tercio de los adultos en Estados Unidos ya llevaba uno en la muñeca. La institución también describió líneas de investigación que cruzan esos datos con indicadores de bienestar, aunque aclaró que eso no convierte a los relojes en herramientas de diagnóstico.
Un seguimiento detectó una relación con los síntomas de ansiedad
Una investigación publicada en Journal of Psychiatric Research intentó ir un paso más lejos. Nicholas C. Jacobson y su equipo, de Dartmouth College, analizaron si los registros de movimiento y descanso se relacionaban con la evolución de síntomas de ansiedad a lo largo del tiempo, usando datos del estudio nacional Midlife en Estados Unidos. La muestra incluyó 265 personas.
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Al inicio del seguimiento y varios años después, los participantes respondieron entrevistas sobre síntomas de trastorno de ansiedad generalizada y de trastorno de pánico. En el medio, durante una semana, llevaron un dispositivo de muñeca que registraba su actividad diurna y su descanso nocturno. El período total de observación se extendió entre 17 y 18 años.
Con esos registros, los investigadores construyeron un modelo de aprendizaje automático que buscaba patrones entre los datos de movimiento y sueño y la evolución de los síntomas. Las personas que empeoraron mostraban, en promedio, menor actividad diurna y patrones de descanso nocturno más fragmentados que quienes se mantuvieron estables.
El sistema logró identificar a quienes habían empeorado con un 68,7 por ciento de acierto, una medición que pondera por igual ambos grupos, y que los propios autores presentan como prometedora pero preliminar, no como prueba de que un reloj pueda anticipar un trastorno.
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Los resultados de la investigación no se trasladan de forma directa a un reloj
Esos números tienen contexto y limitaciones: la muestra era pequeña, no había variación de etnias y el dispositivo utilizado en el estudio registraba datos para un seguimiento científico controlado. Es decir que no era equivalente a las funciones de un reloj de uso cotidiano. Además, una revisión de estudios sobre el uso de estos registros en trastornos de ansiedad concluyó que todavía hay muy poca información disponible para monitorear la evolución o la gravedad de estos cuadros.
Dormir mal, moverse menos o notar cambios en el pulso no son indicadores suficientes por sí solos. Cada uno de esos patrones puede tener origen en el cansancio, en un cambio de rutina, en una enfermedad física o en el estrés laboral. Para interpretarlos con sentido, hacen falta síntomas, antecedentes, circunstancias personales y la mirada de un profesional.
La FDA distingue los dispositivos de bienestar de los productos médicos autorizados
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) establece una diferencia entre las aplicaciones de bienestar general y los productos médicos digitales diseñados para diagnosticar, tratar o acompañar un tratamiento de salud mental. En un documento reciente sobre tecnologías digitales de salud mental, el organismo informó que había autorizado más de 1.200 dispositivos médicos con inteligencia artificial, pero ninguno para usos de salud mental.
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Eso no significa que no existan productos digitales autorizados en ese campo. La FDA incluye herramientas sin inteligencia artificial orientadas, por ejemplo, a terapia cognitivo-conductual en formato digital. Cada autorización depende de la función declarada, la seguridad demostrada y el uso previsto del producto.
Cuando la preocupación, el miedo o las alteraciones del sueño se vuelven persistentes y afectan la vida cotidiana, la indicación es consultar con un profesional de la salud. Los datos del reloj pueden ser un elemento más para compartir con el médico, pero no reemplazan una evaluación clínica.
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