Agregar Infobae enGoogle

Una alergia frecuente en bebés puede pasar meses sin diagnóstico y afectar su crecimiento: la campaña nacional para detectarla a tiempo

La alergia a la proteína de la leche de vaca se confunde con cólicos, reflujo y otros trastornos habituales de los primeros meses de vida. En Argentina, casi 1 de cada 100 niños desarrolla este tipo de cuadro. Qué señales deben despertar la consulta

Casi 1 de cada 100 niños en el país desarrolla una alergia alimentaria, y una proporción relevante de esos casos corresponde a la proteína de la leche de vaca. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En Argentina, la alergia a la proteína de la leche de vaca puede tardar meses en ser identificada, aun cuando se trata de una de las más frecuentes en los primeros meses de vida. El cuadro, conocido como APLV, concentra cerca de un tercio de las alergias alimentarias infantiles y motivó una campaña nacional impulsada por la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC) para facilitar consultas gratuitas con especialistas.

Casi 1 de cada 100 niños en el país desarrolla una alergia alimentaria, y una proporción relevante de esos casos corresponde a la proteína de la leche de vaca. La dificultad para reconocerla de manera temprana se vincula con la variedad de manifestaciones clínicas: puede aparecer con síntomas digestivos, cutáneos o respiratorios, y en muchos casos se superpone con trastornos habituales de la lactancia y de la primera infancia.

PUBLICIDAD

En diálogo con Infobae, la pediatra y alergista Silvana Monsell, presidenta de la AAAeIC, advirtió que la demora diagnóstica responde a que la enfermedad no se presenta con una señal única y definida.

“La alergia a la proteína de la leche de vaca muchas veces demora en diagnosticarse porque no está representada por un único signo o síntoma sino que puede manifestarse de distintas maneras. Incluso puede confundirse con problemas frecuentes de los primeros meses de vida, como cólicos, reflujo, constipación o dermatitis”, explicó. Y advirtió que “el impacto que puede tener un diagnóstico tardío en la salud del bebé es alto”.

La enfermedad suele aparecer en los primeros meses y confundirse con cuadros comunes

La APLV suele comenzar cuando el bebé todavía transita sus primeros meses, una etapa en la que son habituales las consultas por llanto persistente, vómitos, dificultades para evacuar, eccemas o molestias digestivas. Esa coincidencia clínica hace que algunas familias pasen por varios consultorios antes de obtener una explicación precisa sobre lo que ocurre.

PUBLICIDAD

El retraso en el diagnóstico de la alergia a la proteína de la leche de vaca puede afectar la alimentación, el crecimiento y el estado nutricional del bebé. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según explicó Monsell, uno de los desafíos consiste en distinguir cuándo se trata de síntomas aislados esperables y cuándo aparece una combinación que exige una evaluación más específica. La especialista en alergia e inmunología clínica indicó que cólicos, reflujo o dermatitis, por separado, no alcanzan para sospechar de inmediato una alergia alimentaria, pero la persistencia, la intensidad o la asociación entre varios signos pueden modificar esa lectura clínica.

Entre los síntomas que deberían motivar una consulta especializada, la presidenta de la AAAeIC mencionó diarrea persistente, deposiciones con sangre o moco, vómitos recurrentes, reflujo intenso que no mejora, constipación sostenida, eccemas resistentes al tratamiento, urticaria e hinchazón de labios o párpados tras el contacto con leche. En cuadros de mayor compromiso también pueden aparecer rechazo del alimento, dificultades en la ingesta y alteraciones en el crecimiento.

La APLV concentra cerca de un tercio de las alergias alimentarias infantiles y suele confundirse con cólicos, reflujo, constipación o dermatitis. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Estos síntomas aislados no nos harían sospechar de una alergia a la proteína de leche de vaca, pero muchas veces la combinación de más de uno de estos debe hacer que hagamos una consulta temprana al especialista”, planteó Monsell al describir los criterios que pueden orientar a las familias.

Las dietas de exclusión sin control médico figuran entre los errores más frecuentes

Uno de los puntos que la campaña busca remarcar es la necesidad de evitar decisiones alimentarias sin evaluación profesional. Frente a síntomas persistentes, algunas familias optan por retirar leche u otros alimentos de manera preventiva para observar si hay mejoría. Ese camino puede derivar en restricciones innecesarias y en déficits nutricionales si no se realiza con seguimiento adecuado.

Las dietas de exclusión sin evaluación médica pueden generar restricciones innecesarias y déficits nutricionales en bebés y madres. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los errores más frecuentes que vemos en la consulta son las dietas de exclusión sin una evaluación médica adecuada”, advirtió Monsell. “Muchas veces son las propias familias las que, al ver que sus bebés no mejoran, intentan retirar algún alimento, como la leche, para observar si hay cambios, con las implicancias nutricionales que eso puede traer”, agregó.

El diagnóstico de la APLV debe ser realizado por profesionales capacitados, a partir de la historia clínica, la evolución del niño y la interpretación de los síntomas. La evaluación permite confirmar o descartar una alergia alimentaria y definir qué intervención corresponde en cada caso, con el objetivo de evitar tanto el subdiagnóstico como el sobrediagnóstico.

Monsell aclaró que el objetivo no es generar alarma frente a cualquier molestia digestiva o cutánea sino “aumentar la sospecha clínica para que los bebés que realmente tienen APLV puedan ser identificados y tratados adecuadamente”. Ese enfoque busca detectar a los pacientes que realmente requieren tratamiento y, al mismo tiempo, evitar restricciones alimentarias sin sustento médico.

El retraso en el diagnóstico puede afectar el crecimiento y la nutrición del bebé

La falta de reconocimiento oportuno no solo prolonga el malestar. También puede interferir en la alimentación, el desarrollo y el estado nutricional del niño. Cuando la APLV no es detectada, los síntomas pueden mantenerse durante semanas o meses, con impacto sobre la tolerancia a las comidas, el descanso y la dinámica cotidiana del hogar.

El retraso en el diagnóstico de la alergia a la proteína de la leche de vaca puede afectar la alimentación, el crecimiento y el estado nutricional del bebé. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“El impacto que puede tener un diagnóstico tardío en la salud del bebé es alto”, afirmó Monsell. La especialista explicó que un niño con esta alergia sin reconocer puede presentar síntomas persistentes y dificultades para alimentarse, y que en algunos casos eso deriva en problemas de crecimiento o en una evolución nutricional desfavorable.

La experta explicó a Infobae que el problema no se limita al paciente. También alcanza a la familia, que suele atravesar un período de incertidumbre mientras intenta entender por qué el bebé no mejora. En ese proceso, dijo, es frecuente que los padres cambien fórmulas, modifiquen rutinas o consulten a distintos profesionales sin acceder a un diagnóstico claro.

“Cuando no se encuentra una explicación, los padres pueden pasar meses preocupados, cambiando fórmulas o alimentos, o realizando dietas de exclusión innecesarias, tanto de los bebés como de las mamás. Quienes están amamantando empiezan a restringirse también en los alimentos o consultan a distintos médicos sin llegar a un diagnóstico”, afirmó.

En los casos en que hay lactancia materna, agregó, algunas mujeres comienzan a restringir su propia alimentación sin indicación suficiente, con consecuencias que también pueden repercutir en su bienestar y en la organización familiar.

La campaña nacional ofrecerá consultas gratuitas

Con ese objetivo, la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica puso en marcha esta semana una campaña nacional de detección temprana. La iniciativa ofrece consultas gratuitas, presenciales o virtuales, con profesionales de todo el país, en su mayoría médicos alergistas.

La campaña nacional ofrece consultas gratuitas, presenciales o virtuales, para facilitar la detección temprana de la APLV en todo el país. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para solicitar un turno, las familias deberán ingresar en www.pedirturno.com.ar hasta el viernes 4 de septiembre, período en el que se conmemora la Semana de la APLV. Allí se les pedirá responder un breve cuestionario orientador sobre los síntomas del bebé y, a partir de esa información, podrán reservar una consulta con el especialista más cercano para la semana comprendida entre el lunes 7 y el viernes 11 de septiembre.

Con esta campaña gratuita, como sociedad científica queremos facilitar el acceso a una evaluación especializada y promover un diagnóstico temprano y de certeza de esta enfermedad cuando existen signos compatibles”, señaló Monsell. Y agregó que un abordaje oportuno permite identificar a quienes necesitan tratamiento, iniciar las intervenciones en el momento indicado y prevenir complicaciones evitables.

Desde la entidad remarcaron que los síntomas pueden aparecer inmediatamente después de la ingesta o varias horas, e incluso días, más tarde. Esa distancia temporal entre el consumo y la reacción es otro de los factores que suelen dificultar la asociación directa con la leche de vaca y que explican por qué algunos casos tardan en ser reconocidos.

El tratamiento apunta a eliminar la proteína de leche sin comprometer el aporte nutricional

Una vez establecido el diagnóstico, el tratamiento suele consistir en excluir la proteína de la leche de vaca de la alimentación, con control profesional para preservar un aporte nutricional adecuado. La estrategia concreta depende de la edad del niño, del tipo de alimentación que recibe y de la forma clínica con la que se presenta la alergia.

El tratamiento consiste en excluir la proteína de la leche de vaca con supervisión profesional y preservar un aporte nutricional adecuado según cada caso. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En los bebés que reciben lactancia materna, esa opción sigue siendo la primera recomendación siempre que sea posible. Cuando se necesita un reemplazo o una alternativa, existen fórmulas medicamentosas diseñadas para estos casos, indicadas según la evaluación médica.

La información difundida por la AAAeIC añade un elemento de investigación que ganó relevancia en los últimos años: la relación entre la microbiota intestinal y la APLV. Según explicó la entidad, los lactantes con esta alergia presentan una microbiota diferente de la observada en niños sanos. Por esa razón, en aquellos que requieren fórmulas medicamentosas, existe la posibilidad de optar por variantes que incorporan prebióticos y probióticos orientados a modular ese ecosistema intestinal.

Ese aspecto no reemplaza al diagnóstico ni modifica la indicación central de evitar la proteína desencadenante, pero muestra que el abordaje terapéutico busca contemplar varios planos del desarrollo infantil. En todos los casos, los especialistas insisten en que la conducta debe ajustarse a cada paciente y quedar bajo supervisión profesional.

Consultar ante síntomas persistentes y evitar la automedicación alimentaria

La campaña también apunta a mejorar el conocimiento público sobre una enfermedad frecuente que, de acuerdo con la sociedad científica, sigue siendo poco reconocida fuera de los ámbitos especializados. Esa falta de información puede retrasar la consulta o favorecer decisiones caseras que complejizan el cuadro.

“Si un niño presenta síntomas que generan preocupación, es importante consultar con un profesional. Una evaluación adecuada permitirá confirmar o descartar la APLV y evitar tanto que la enfermedad pase inadvertida como diagnósticos innecesarios”, indicó Monsell.

Desde la AAAeIC señalaron que detectar el problema en forma temprana puede evitar complicaciones, mejorar la calidad de vida del niño y reducir la carga que recae sobre su entorno cotidiano. También subrayaron que ofrecer una explicación diagnóstica clara y un plan de manejo concreto contribuye a ordenar las decisiones de alimentación y seguimiento médico.

PUBLICIDAD