Un reciente informe internacional apunta a una tendencia poco intuitiva en la vida cotidiana: las personas comparten con mayor frecuencia sus fracasos que sus éxitos cuando dialogan con alguien que atraviesa una situación similar.
Esta conclusión surge de un análisis realizado por un equipo interdisciplinario de la Bayes Business School, Rice University, Carnegie Mellon University y Bocconi University, cuyos resultados fueron publicados en la revista Organizational Behavior and Human Decision.
El estudio, que abarcó a 8.229 participantes en nueve experimentos distintos, indagó en la forma en que las personas deciden qué experiencias compartir ante las noticias de otros.
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La investigación muestra que la elección de relatar un fracaso propio ante la confesión de un fracaso ajeno responde a la intención de acompañar al interlocutor y aliviar su malestar, más que a la búsqueda de impresionar o proyectar una imagen positiva.
Los datos obtenidos indican que existe una clara preferencia por igualar el tono de la conversación. Cuando alguien narra una experiencia negativa, la tendencia general es responder con otra vivencia de signo negativo. Frente a una buena noticia, la respuesta suele ser un éxito, aunque ese impulso resulta menos marcado.
Cómo se realizó la investigación
Para elaborar este informe, los autores analizaron desde experimentos en los que los participantes debían escribir respuestas a situaciones hipotéticas, hasta conversaciones reales entre parejas de desconocidos. Entre los escenarios estudiados, se incluyó el área de la salud, el ámbito laboral, las inversiones y otros terrenos cotidianos.
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En uno de los primeros experimentos, 900 participantes imaginaron recibir un resultado positivo o negativo en una prueba de “edad biológica” y luego debían conversar con un colega ficticio que compartía una noticia buena, mala o ninguna noticia.
Cuando ambas partes atravesaban una experiencia negativa, la disposición a compartirla se ubicó en 87,12 puntos sobre 100. Si ambos recibían una buena noticia, la cifra descendía a 70,17.
El comportamiento también varió en los casos cruzados. Quienes habían recibido una noticia positiva eran mucho menos proclives a contarla si el otro relataba un resultado negativo (16,33 puntos), mientras que la disposición a confesar un fracaso propio tras oír un éxito ajeno alcanzaba 53,72 puntos.
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El impacto emocional guía la decisión
La decisión de compartir una experiencia depende menos del deseo de mostrar estatus y más de la preocupación por el impacto emocional que puede tener en el otro. Cuando los participantes intuían que su relato podía herir o incomodar al interlocutor, tendían a suavizar, retrasar o incluso callar esa información.
Los investigadores observaron estrategias recurrentes como ofrecer consuelo, disculparse por la propia buena fortuna, e incluso evitar deliberadamente ciertos temas. En algunos casos, las respuestas fueron poco sinceras para proteger al otro de un posible malestar.
El grado de afinidad también influyó. Si existía simpatía entre los participantes, la disposición a contar un fracaso ante otro fracaso llegó a 77,72 puntos, frente a 63,16 para la combinación éxito-éxito. Si la relación era distante, el patrón se debilitaba y la reciprocidad emocional se reducía.
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El contexto y el tipo de noticia importan
El dominio específico de la experiencia resultó determinante. Cuando las noticias ajenas y propias pertenecían al mismo ámbito —por ejemplo, salud con salud— se repetía el patrón de compartir más los fracasos equivalentes que los éxitos.
Si las áreas diferían, como responder a una mala noticia económica con una de salud, la lógica se invertía y era más común compartir un éxito.
En conversaciones en vivo, el estudio incluyó a 946 participantes emparejados en 473 diálogos breves en línea después de completar tareas diseñadas para generar éxito o fracaso.
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El 96,2% reveló su fracaso cuando el otro había fracasado, frente al 73,3% que compartió su éxito ante un éxito ajeno. Si las experiencias no coincidían, el 81% relató un fracaso después del éxito ajeno, pero solo el 39,8% reveló un éxito tras el fracaso del otro.
Las respuestas abiertas permitieron identificar que el 38,2% de quienes compartieron fracasos mencionaron el deseo de ayudar o hacer sentir mejor al interlocutor, mientras que el 58,7% de quienes optaron por callar un éxito propio tras el fracaso ajeno señalaron la intención de evitarle daño emocional.
Los autores del artículo, entre ellos Emily Prinsloo, Irene Scopelliti, George Loewenstein y Joachim Vosgerau, destacan que la reacción es “profundamente reactiva” y que escuchar la experiencia ajena modifica lo que una persona está dispuesta a revelar sobre sí misma.
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Scopelliti explicó: “Es fácil creer que compartimos los éxitos para impresionar y ocultamos los fracasos por vergüenza, pero eso supone que revelar información es una calle de un solo sentido. Esta investigación muestra que, en realidad, es algo profundamente reactivo, y que escuchar el resultado de otra persona cambia lo que estamos dispuestos a revelar sobre nosotros mismos”.
La utilidad emocional de la experiencia compartida depende también de la cercanía y del contexto. Si el vínculo es estrecho, aumenta la tendencia a proteger el bienestar de la otra persona, mientras que en relaciones menos próximas ese cuidado disminuye.