En el quirófano, el trasplante de riñón marca un renacer para quienes dependen de una máquina de diálisis. Sin embargo, la verdadera batalla comienza después, en un terreno microscópico donde el destino del órgano depende de señales apenas perceptibles. Un equipo internacional de la Escuela de Medicina de Hannover (MHH) ha descubierto un marcador celular que permite anticipar el futuro de los riñones trasplantados mucho antes de que los síntomas sean evidentes.
El estudio, publicado en Nature Communications y liderado por el profesor Christian Hinze, revela que el riñón trasplantado desarrolla una especie de registro biológico tras sufrir un rechazo agudo. Este “memoria molecular” queda grabada en las células del túbulo renal, que muestran patrones de estrés y reparación distintos a los de un tejido sano mucho después de superar la crisis inicial.
“El trasplante en sí mismo desarrolla una especie de memoria molecular de la agresión”, explicó Hinze.
Estas células alteradas no solo persisten tras la recuperación, sino que, según se observó en amplias cohortes de pacientes, su presencia en grandes cantidades anuncia un alto riesgo de fracaso en el injerto en los años siguientes. “Algunas de estas células no desaparecen incluso después de tratar exitosamente el rechazo y aparecen especialmente cuando el trasplante tiene un riesgo elevado de pérdida a futuro”, señaló Hinze.
Una nueva herramienta de diagnóstico y monitoreo
El hallazgo representa para los especialistas una herramienta inédita. Mediante biopsias, los médicos pueden identificar la proporción de estas células y anticipar complicaciones mucho antes de que los análisis tradicionales den la alarma.
“Esto abre nuevas posibilidades para que los médicos evalúen riesgos con mayor precisión tras un rechazo y planifiquen la atención de seguimiento de forma personalizada”, afirmó el profesor Kai Schmidt-Ott, director de la Clínica de Nefrología de la MHH y coautor del estudio.
El equipo internacional, que incluye investigadores de la Charité de Berlín y el Alberta Transplant Applied Genomics Center de Canadá, combinó modelos experimentales, análisis unicelulares y colecciones extensas de biopsias para mapear el comportamiento de estas células. El resultado es un panorama preciso de cómo aparecen, se distribuyen y qué papel cumplen estos estados celulares en la evolución del trasplante.
Del laboratorio a la práctica clínica
Los episodios de rechazo agudo continúan siendo una de las principales causas de fracaso en los trasplantes de riñón. Aunque existen tratamientos inmunosupresores eficaces, el sistema inmune identifica el órgano como ajeno, infiltra el tejido con células T, desencadena inflamación y daña progresivamente la estructura renal. Si este proceso no se revierte a tiempo, la función del riñón se pierde de manera irreversible.
El estudio aporta una visión inédita sobre el papel de las células epiteliales en este proceso. Según el equipo liderado por Hinze: “No son solo las células inmunes las que definen el destino del injerto, sino sobre todo la reacción de las células del túbulo renal”. Algunos de estos estados celulares, detalló Hinze, muestran “patrones de estrés y reparación que se diferencian claramente de los de las células sanas”.
La investigación identificó dos grandes tipos de células lesionadas: unas con perfil proinflamatorio, asociadas a mayor daño y peor pronóstico, y otras con capacidad de activar mecanismos de reparación y remodelación. El equilibrio entre ambos grupos parece determinar la evolución del órgano trasplantado.
Pronóstico y futuro: hacia una medicina de precisión en trasplantes
El impacto de este avance trasciende la simple predicción. Como subrayó Schmidt-Ott: “Los resultados pueden ayudar a identificar a los pacientes que necesitan un cambio en la terapia o un monitoreo más estrecho”. La posibilidad de influir terapéuticamente sobre estos programas celulares emerge como una línea de investigación para próximas décadas.
El uso de tecnologías como la secuenciación de ARN unicelular y la expresión génica espacial ha permitido a los investigadores observar con un nivel de detalle inédito el entorno celular del injerto. La proporción elevada de estos marcadores en la biopsia constituye una señal de alerta temprana, capaz de modificar el curso de la atención médica y mejorar la supervivencia a largo plazo de los pacientes.
La Escuela de Medicina de Hannover, uno de los principales centros europeos de trasplantes, considera este trabajo un paso clave para una medicina de precisión. La integración de estos hallazgos en la práctica clínica puede transformar la rutina de seguimiento y ofrecer nuevas oportunidades para intervenir antes de que se produzcan daños irreversibles.