El mercado mundial de la soja atraviesa un cambio estructural que está modificando las reglas de juego de las últimas décadas. La creciente demanda de aceites vegetales para biocombustibles, el nuevo comportamiento comercial de China y el avance industrial de Estados Unidos y Brasil plantean un escenario diferente para la cadena, donde Argentina cuenta con una ventaja estratégica por su capacidad de procesamiento.
Durante el Seminario ACSOJA, especialistas del sector coincidieron en que el negocio dejó de depender únicamente de la ecuación tradicional de oferta y demanda para incorporar nuevas variables geopolíticas, comerciales y ambientales, y detallaron que el crecimiento de los cortes obligatorios de biodiésel en países como Indonesia, Brasil y Estados Unidos elevó la demanda mundial de aceites vegetales, cambiando el rol del aceite de soja dentro del mercado internacional.
En este nuevo escenario, Argentina aparece con una oportunidad diferencial al contar con una de las industrias de crushing más competitivas del mundo. Sin embargo, mientras Estados Unidos y Brasil aceleraron inversiones para ampliar su capacidad de molienda, el procesamiento argentino permanece prácticamente estancado desde hace una década, pese a disponer de capacidad instalada ociosa.
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A nivel comercial, otro de los grandes cambios es la estrategia de China, que dejó atrás las compras impulsadas por temor al desabastecimiento y pasó a operar con mayor selectividad. Los elevados stocks acumulados le permiten al gigante asiático comprar cuando encuentra precios convenientes. En paralelo, el mercado sigue atento al clima en Estados Unidos y al inicio de la próxima campaña brasileña, según señalaron expertos del sector.
En el plano local, Argentina atraviesa el ritmo de comercialización de soja más lento de los últimos años. Con una producción cercana a los 50 millones de toneladas, los productores llegaron a mitad de año con ventas con precio fijado equivalentes al 26% de la cosecha, por debajo del promedio histórico. La mayor liquidez generada por trigo, maíz y girasol, sumada a cuestiones logísticas y expectativas sobre retenciones, demoró las decisiones de venta. De cara al segundo semestre, los especialistas prevén una mayor actividad, aunque advierten que la competencia internacional y la evolución de los márgenes industriales seguirán marcando el rumbo del mercado.