Las poblaciones de fauna silvestre monitoreadas en América Latina y el Caribe se desplomaron 95% entre 1970 y 2022. Se trata de la caída más pronunciada entre todas las regiones del planeta.
El dato surge del Informe Planeta Vivo 2026, elaborado por WWF —el Fondo Mundial para la Naturaleza— y presentado el 7 de octubre en Lima. El cálculo regional se basa en 4,737 poblaciones correspondientes a 1,405 especies de vertebrados.
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WWF aclara que el indicador mide cambios promedio en las poblaciones estudiadas. No equivale a la desaparición de animales individuales ni de especies completas.
Centroamérica y República Dominicana forman parte de esa región, aunque el documento no ofrece cifras desagregadas por país. El informe ubica a la subregión dentro del peor escenario mundial de pérdida de fauna monitoreada.
Por qué cae tanto la fauna en la región
El informe atribuye el desplome a la combinación de pérdida de hábitats, construcción de presas, sobreexplotación de especies y un impacto del cambio climático y las enfermedades mayor que en otras regiones del mundo.
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La primera amenaza identificada es la pérdida y degradación de hábitats. La conversión de bosques, pastizales y humedales, junto con la expansión agrícola, urbana, minera y de infraestructura, explica buena parte del fenómeno.
En territorios insulares y costeros como República Dominicana, esa presión recae sobre manglares, arrecifes, cuencas y playas. El desarrollo costero y la urbanización figuran entre los factores señalados por el documento.
La segunda presión es la alteración de ríos y ecosistemas de agua dulce por la construcción de presas. A escala global, el Índice Planeta Vivo de agua dulce cayó 85% entre 1970 y 2022, el peor resultado entre los tres grandes ecosistemas analizados.
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El clima y las enfermedades golpean más fuerte aquí
La tercera presión es la sobreexplotación de especies. Caza, pesca no sostenible, tráfico de fauna y capturas accidentales se combinan con la pérdida de hábitat y agravan la vulnerabilidad de especies terrestres, marinas y de agua dulce en la subregión.
El cuarto factor es el cambio climático y las enfermedades, con una incidencia mayor en América Latina y el Caribe que en el resto del mundo, de acuerdo con el documento. Los anfibios aparecen como uno de los grupos más expuestos, porque el cambio en los patrones de temperatura y lluvias puede aumentar su vulnerabilidad a infecciones.
Esa combinación de factores climáticos y sanitarios distingue a la región de otras con caídas también graves. El reporte, consultado por Infobae en su presentación en Lima, precisó caídas de 80% en África y de 49% en Asia-Pacífico.
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El contraste con Norteamérica, donde la reducción fue de 28%, y con Europa y Asia Central, con 23%, resulta relevante para entender el fenómeno. WWF atribuye esas caídas menores a que esas regiones ya habían sufrido impactos ambientales a gran escala antes de 1970, el año que toma como punto de partida el índice.
El costo económico de no proteger la naturaleza
El informe advierte que más de la mitad del producto bruto interno mundial depende en grado alto o moderado de los servicios que ofrece la naturaleza. La eventual pérdida de la Amazonía como sumidero de carbono representaría un punto de inflexión negativo con repercusiones que trascenderían las fronteras sudamericanas.
Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), divulgado a fines de octubre, cuantificó una brecha de financiamiento de biodiversidad de casi USD 153.000 millones anuales en la región. La cifra equivale al 2.1% del producto interno bruto regional.
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Cerca del 60% de esas necesidades está asociado a la transición hacia una agricultura y ganadería más sostenibles, según el BID.
Una señal de que la recuperación es posible
Aunque el panorama regional es el más grave del mundo, el informe de WWF deja una puerta abierta. A escala global, cerca de la mitad de las poblaciones estudiadas por el Índice Planeta Vivo se mantienen estables o muestran aumentos.
Esa proporción funciona como una señal: la recuperación de la fauna es posible cuando existe inversión y esfuerzo sostenido en el tiempo, según el propio informe.
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