“Con todo lo que me ha pasado en la vida, entendí el para qué”, afirmó Christian Sancho en una charla íntima en Ellos, el ciclo de entrevistas de Infobae. El actor recordó la separación que atravesó en 2019, los años de soledad y el vacío que lo llevó a replantearse sus prioridades, volver a terapia y reencontrarse consigo mismo hasta volver a confiar en el amor.
Con más de tres décadas de trayectoria, Sancho construyó una carrera como modelo y actor. A los 51 años, asegura que atraviesa una etapa de mayor conciencia, en la que dejó de medir el éxito por lo material y aprendió a valorar el tiempo, los vínculos y las cosas simples. En ese camino, destacó su relación con Celeste Muriega, con quien se casó en diciembre de 2023.
Su vida también está atravesada por la búsqueda de identidad y el vínculo con Juan Sancho, el hombre que lo crió y a quien considera su verdadero padre. A los 43 años, decidió conocer a su padre biológico y encontró una respuesta que, lejos de generar resentimiento, le dio paz. Con el paso del tiempo, aprendió a mirar su historia no desde el porqué, sino desde el para qué de cada experiencia.

— ¿Sabes lo que me gusta de tenerte acá y de poder compartir este rato? Que sos una persona que trabaja en el medio hace muchos años, pero no sé cuántas veces te has sentado así, relajado, un buen rato a charlar en una entrevista.
— Pocas. Porque por lo general uno está a la defensiva, atento de dónde vienen las balas, de dónde vienen las flechas. Pero siempre me quedo tranquilo con gente que conozco hace muchos años, como vos, porque no hacen lo que no me gustaría que me hagan. Y eso me parece que habla muy bien de lo que hemos construido en estos años de trabajo. Ya hace 30 años que laburo de esto.
— Igual uno te ve y es como que no te pasa el tiempo, Chris.
— Sí, estamos pareciditos, ¿no? Todavía.
— Intactos, como el vino.
— Sí (risas).
— ¿Sentís que uno se vuelve un poco más selectivo con el paso de los años? ¿Estás más aplomado?
— Sí, mucho más aplomado. Elijo lo que quiero hacer, la gente con la que quiero estar, los momentos y priorizo fundamentalmente mi felicidad. Porque creo que estando feliz, uno puede generar muchas cosas buenas y positivas. Estoy priorizando eso. Tengo 51 y entendí por dónde pasa la vida ya hace algunos años atrás.
— ¿Por dónde pasa?
— Y por hacer lo que uno siente, lo que uno quiere, sin molestar al otro, sin perjudicar no solamente al otro, sino a uno mismo. Porque muchas veces nos ponemos metas en la vida y estamos detrás de ese objetivo, que a veces cuando llegamos decimos: “¿Era esto?”. Llegaste. ¿Y qué te pasó? Estás cansado, no tenés el mismo ánimo que tenías antes. Entonces, la iniciativa de ser feliz depende de uno mismo. Yo me levanto todos los días y primero agradezco tener la vida que tengo. Vivo de lo que me gusta y creo que estoy en el 2% de esa sociedad en el mundo que hace y vive de lo que quiere, de lo que le gusta. Soy un bendecido, un privilegiado. Yo no tenía conciencia de lo que hacía cuando empecé con esto.
— ¿Fue un proceso el que decantó en esta versión tuya de mayor conciencia de cómo querés estar?
— Sí, tomé conciencia de cómo quiero llegar a mis 70 u 80 años y es con esta felicidad. Me quedan 20 de esta plenitud. El otro día estaba esquiando y digo qué lindo esto, porque a los 51 años por primera vez me puse a esquiar. Fui muchas veces a la nieve, pero a trabajar. Nunca me ponía a esquiar. ¿Por qué? Porque estábamos haciendo una foto, una filmación con un personaje o un video. Algo no me permitía disfrutar de lo que es un deporte como el esquí. Y mira qué loco que a los 51 años por primera vez me pongo un esquí, estoy disfrutando la montaña, veo nevar, veo todo esto que es maravilloso y muchas veces lo tuve, pero no lo vi, no lo sentí.
— ¿Y por qué pensás que te pasaba eso?
— Porque la inexperiencia a veces te lleva a eso, la juventud te lleva a vivir en un vértigo, una vorágine que uno no te vas dando cuenta de lo que le va pasando. Lo vas atesorando con el paso de los años, con el correr del tiempo, que es muy sabio. Para mí el tiempo es lo mejor que me pasó en la vida. Encontrarme en este estadio. Hoy lo agradezco porque siento que tengo mínimamente 20 o 30 años más de disfrute, de saber lo que tengo que hacer para ser feliz, para ver feliz a mis hijos, a mi familia, a mis amigos. Quiero disfrutar. Entendí, con los últimos años, que fueron muy difíciles y muy contradictorios, porque hubo momentos de mucha incertidumbre, pero también momentos muy luminosos.
— ¿Esa incertidumbre tuvo que ver con una búsqueda tuya de la felicidad? Viste que hay un momento o punto de inflexión que te reacomoda las prioridades.
— Sí. Esas prioridades yo las empecé a ver a partir de mi separación. Yo me separé en marzo del 2019 y después empezó una pandemia para mí dificilísima. Entonces, yo me encontraba con cuarenta y pico de años, solo nuevamente, en una sociedad distinta a la que había conocido.
— Con un hijito...
— Con un hijo al que tenía que enseñarle, pensando mucho en él. Pero también teniendo una desconexión con toda esa vida familiar que había tenido durante tantos años. Es muy difícil.
— ¿Y cómo advertiste que estabas así de desconectado?
— Porque yo no tengo una personalidad ni depresiva ni de poco optimismo, pero en ese momento sentía mucha angustia, mucho dolor. Pensaba en cómo empezar de nuevo. Me sentía viejo, apagado...
— Después de tu separación.
— Sí, ese proceso fue muy difícil. Muchas veces, tanto la mujer como el hombre se encuentran en lugares de mucha dificultad, porque pensás ¿cómo empiezo de nuevo? ¿Cómo vuelvo a esta sociedad? ¿Cómo me inserto? Te sentís a destiempo, totalmente desvalorizado. Sentís que el tiempo pasó y que no llegaste al objetivo. Te preguntas: ¿Soy feliz? Yo quería una familia y...

— Era punto de inflexión existencial. ¿Y cómo saliste de ahí o con quién lo hablabas?
— Yo creo mucho en el poder del deseo. Cuando uno empieza a desear, ese cambio sucede.
— Vos sabías que vos querías habitarte de nuevo bien, en un vínculo. No temías volver a arrancar, pero no sabías cómo.
— Es muy loco porque yo lo que digo del deseo lo digo porque un día estaba ya separado en esa casa y viendo para dónde iba, cómo me reacomodaba en esa vida, cuidando mucho el ecosistema de mi hijo, porque quería que él no sufra. Veía una casa hermosa en un country, que me había comprado con el fruto de mucho laburo durante muchos años, sentado en la pileta, mirando la casa, mirando todo lo que había conseguido a nivel material y dije: “Cómo cambiaría todo esto, dejaría todo esto por ser feliz y enamorarme nuevamente”. Y el poder de deseo fue tan grande que me sucedió.
— ¡Es increíble! Porque el que lo escucha del otro lado dice: “Para él fue fácil porque es Christian Sancho, puede tener a la mujer que quiera”. Pero esa imagen que contás no parece ir de la mano con toda esta profundidad y angustia que tenías.
— Sí, porque había mucha inseguridad. Tener todo y no tener nada. Tenía un vacío muy grande, una inseguridad muy grande para conmigo, con volver a reinsertarme en la sociedad, volver a conocer una mujer, a enamorarme...
— Volver a vincularte y decir: “Ya me separé una vez, me separé otra, tengo dos chicos”.
— Claro. “Y una tercera vez, ¿cómo será?”, decía. Aparte lo primero que uno se imagina es: voy a estar solo el resto de mi vida. Pasaron muchos años de soledad, tres años de soledad, conociéndome a mí mismo. Estuve solo del 2019 al 2022, que siempre a mí me quedó marcado el 22 de enero del 2022. Es el día que conocí a Celeste, que nos dimos el primer beso y ahí empecé a entender que ese deseo empezaba a ser realidad.
— En esos tres años, ¿no habías vuelto a sentir que podías armar una familia nuevamente? ¿Eso recién te pasó el día que la conociste a ella?
— No me pasó hasta ese momento y trataba de disfrutar mucho de mi hijo, de mis amigos, de mi soledad, de esos tiempos libres que tenía, que no había tenido durante años. Irte a dormir solo, tener un librito al lado. Yo me acuerdo que tenía un libro de Gabriel Rolón que me acompañó mucho en ese momento. No era de pegarme a las series, a la tele o a las plataformas y menos al teléfono, porque viste uno scrollea y te das cuenta que se te va la vida scrolleando. Y dije: “No, por acá no va”. Yo aprendí con los libros. Antes de irme a dormir en Europa, en Estados Unidos, en México, en distintos lugares, cuando iba viajando, tenía un libro que siempre me acompañaba. En este caso, ese libro era El duelo de Rolón, que habla de los duelos que va pasando uno por la vida. En una pareja, en el estadio de esta vida que te van sucediendo de distintas maneras. Y ese librito me fue ayudando a encontrar todo eso que había perdido. Lo volví a encontrar en la lectura, en viajar. Esa introspección que yo necesitaba. Cuando realmente querés salir de un problema, miras hacia adentro y ves qué es lo que estás haciendo mal, qué es lo que no funcionó en vos, para encontrar tu mejor versión.
— ¿Y qué respuesta encontraste ahí?
— Esa confianza en mí mismo, esa intuición, el poder de percepción que yo tenía: saber escuchar, mirar, disfrutar, entender lo que me estaba pasando y para qué me había pasado. Cuando empecé a entender para qué me había pasado todo esto a mí y que no era nada personal conmigo, porque no había fallado, no había habido una tercera en discordia, un tercero en discordia, una infidelidad, un problema en sí. A veces el tiempo marca etapas en la vida de uno y yo agradezco mucho todo lo que me sucedió. Si no me hubiese sucedido todo esto, yo no hubiese vivido los momentos más felices de mi vida que viví a partir de ese 22 de enero del 22. ¿Por qué? Porque me casé por primera vez en mi vida. Encontré lo que es el estadio del amor. Me encontré en un teatro mirándola antes de salir al escenario y diciéndole: “¿Te casarías conmigo?”. Con cuarenta y pico de años y ya habiendo vivido dos veces el amor, teniendo dos hijos y enamorándome de una manera extraordinaria por última vez. Porque yo creo que esta es mi última gran historia de amor y me lo deseo de esa manera y se lo deseo a todas las personas que le pueda llegar a pasar, a la edad que sea. Porque me sentía viejo, apagado, agotado y dije: “¿Cómo sigo?” Y no soy una persona ni que se refugia en vicios, en adicciones, en nada que pueda llegar a lastimar más. Porque ya estaba muy lastimado por dentro.
— ¿Por qué eras tan duro con vos mismo? Porque en un vínculo en realidad las responsabilidades son compartidas.
— Porque siempre pienso que el error muchas veces lo comete uno con uno mismo, con los demás. Y siempre me he hecho la culpa a mí mismo primero. Yo pienso ¿qué hice mal? Siempre hago una recapitulación de lo que hice mal. Analizo en qué fallé, en qué trabajé mal y después, cuando te empiezo a darme cuenta -como vos bien decís- de que el vínculo es de a dos, las relaciones hoy son distintas, los vínculos, lamentablemente, muchas veces tienen fecha de vencimiento, mucho más rápido que antes. Vivimos una sociedad que tiene un proceso de ansiedad muy grande, que busca lo que no tiene y cuando lo tiene no lo valora. Cuando tenés realmente las actividades cotidianas, que son las más necesarias, no las sabes ver. Y mirar es muy importante, porque es mucho más importante que ver. Ver es el todo, pero focalizás en un punto del cual tenés que hacer inflexión en algunos momentos.
— Cuando la conociste a Celes, ¿cómo transitaste esos temores de volver a avanzar en el amor? Porque me imagino que frente a esta relación de pareja, puede surgir el miedo de volver a fallar
— ¿Vos sabés que no lo tuve? No apareció nunca. En estos casi cinco años que estamos juntos, en enero cumplimos cinco años juntos, nunca lo sentí. Fue algo inconsciente que tuve y creo que esa inconsciencia me llevó a tener felicidad y a encontrarme en ese vínculo que yo quería tener con una compañera con la que me divierto, me da gracia. Es muy lindo. Como cuando ves una película que ves los distintos momentos que va transitando esa pareja, que ves esa complicidad, ese buen humor, esa sonrisa, ese ida y vuelta. Y mirá que nos pasaron cosas muy difíciles a los dos en estos cinco años. La pérdida de nuestros dos padres, la pérdida de un montón de situaciones que nos fueron mostrando el trabajo, la vida, los vínculos. Muchas veces nos damos cuenta de que cada día es más chiquito el grupo, que uno a veces idealiza en la amistad, en los proyectos, en los vínculos, en las personas que te rodean. Y a veces esa idealización se desvanece con el paso del tiempo, con situaciones, crisis, con distintos momentos de la vida que te van enseñando de que hay personas para siempre y personas que son momentáneas, que cumplen etapas o que son grandes compañeros.
— Y que no está mal tampoco eso, ¿no?
— No está mal. Pero no hay que romantizar tanto. Yo vengo de una época más romántica de cartas de puño y letra enviadas desde Europa, de momentos de mucha idealización. Teníamos esa familia idealizada de “compro la casa, seguramente en esta casa vea jugar a mis nietos” o “en ese parque voy a jugar con mis nietos”. Y no es así por ahí ahora. La vida ha cambiado.
— Y capaz es así. Pero después la vida sigue y tenés que volver a empezar.
— Tal cual.
— ¿Con qué versión tuya se encontró Celeste?
— Creo que con mi mejor versión. Una versión con más experiencia, que no tiene miedo a absolutamente nada. Y eso fue lo bueno.
— ¿En algún momento tuviste temores?
— En otros momentos de mi vida, sí. Tuve incertidumbre, procesos de no saber para dónde ir y en este caso nunca tuve nada de todo eso. Nunca tuve la incertidumbre de decir: “¿Qué va a pasar ahora? ¿Qué voy a hacer?” Ahora disfruto. Y algo que aprendí, y me parece lo más importante, es a disfrutar con muy poco. Eso me enseñó la vida.
— Se necesita poco para ser feliz, ¿o no?
— Sí, muy poquito.
— Obviamente, hablamos desde una postura de privilegio. Pero incluso teniendo todo, a veces aparece esa sensación de vacío e insatisfacción. Cuando uno aprende a disfrutar de las cosas simples, empieza a entender que la vida pasa por otro lado.
— Sí y el mundo se pone a colores cuando uno empieza a disfrutar de esa manera, porque en verdad vivimos constantemente detrás de esa zanahoria que, cuando llegás a tenerla, viene la otra y aparece otro objetivo, otra búsqueda, otra meta, otro deseo y otro sueño. Yo siento que he cumplido todo lo que he querido en la vida. He tenido muchos deseos que se han cumplido. Es muy importante cumplir con todo lo que uno quiere en su vida.
— ¿Te pasó en algún momento que dijiste: “Esto lo estoy postergando, voy a ir en búsqueda de...?
— Sí, hubo cosas que postergué en la vida. Fue quizás el no saber disfrutar de esos grandes momentos que podría haber tenido con mucha gente, quizás, desde el punto de vista de focalizarme en trabajar más, en conseguir algo material, después fue parte del pasado, fue parte de un lugar que digo: ¿para qué hice todo esto? Pero lo hice para entender que con los años lo material, lo económico, obviamente te da un privilegio de poder vivir de una manera cálida, pero no era lo más importante. Lo más importante era lo que me estaba pasando por dentro, que quizás eso no lo podía pagar ni todo el dinero del mundo.
— Más allá de la observación, de la compañía de los buenos libros, cuando hablás de eso que te estaba pasando, ¿en algún momento dijiste: “Che, tengo que pedir ayuda”?
— Sí. En ese momento de esa crisis, que se intentaba repatriar una familia, sí. Empecé terapia nuevamente. Hice muchos años psicoanálisis cuando era chico por el accidente que tuve, por la tartamudez que tenía, por muchos motivos que me fueron pasando. Y después, no te digo que te das de alta, pero decís...
— Te hacés tu cajita de herramientas.
— Sí. Pero sentí que me faltaban un montón y que no sabía cómo salir de esa tristeza, de ese dolor, de esa angustia, de esa pérdida, de esa nueva vida que se iba a venir y no sabía cómo afrontarlo. Entonces, volví al psicoanálisis con una psicóloga a ver cómo podía hacer para poder disfrutar primero mi vida en ese momento, que tenía todo, pero me sentía muy vacío. Y segundo, cómo venía el futuro y cómo lo iba a transitar.
— Y esto que decís de poder desearlo y visualizarlo a veces parece algo idealizado, pero es verdad que, si tenés claro hacia dónde querés ir o, al menos, qué es lo que no querés, ya es un gran paso.
— Tal cual. Hoy tengo clarísimo qué necesito y qué es lo que no quiero. Y es una elección día a día. Yo me levanto y quiero pasarla bien. Quiero ser feliz, quiero disfrutar de todo esto. Vos elegís todos los días. Si salir a pelearte con la gente, a disfrutar de tu laburo, de todo lo que te pasa o no. Todos tenemos problemas constantemente, mayores o menores, pero sí depende de uno cómo transitarlos.
— Celeste es algo más chica que vos.
— ¡Mucho más chica! 14 años más chica (risas).
— Probablemente, mucho de esto que vos ves, por más de que ella es muy piola e hipermadura, naturalmente, todavía no lo transitó por una cuestión cronológica. ¿Sos de aconsejarla? ¿Suelen charlar sobre estos temas?
— Yo consejos no doy porque me parece que uno tiene que vivir la experiencia para que realmente te pase. Sí, cuando veo que te vas a chocar, te voy a decir: “Ojo acá. Fijate”. Pero trato de entender todo lo que le pasa, porque eso me pasó a mí a los treinta y pico de años. Además, somos los dos muy parecidos, tenemos personalidades parecidas. Y cuando nos encontramos en ese momento, yo le digo: “Ojo acá, fijate, porque quizás estás reaccionando con mucha ansiedad, tené cuidado con esto”.
— ¿Y te escucha?
— Sí. Ella me escucha porque sabe que yo ya lo viví hace 14 años atrás ese momento. Entonces, entiendo que nos encontramos en el momento justo. En mi caso, por la experiencia, por todo lo que he transitado en esta vida. Y en el caso de ella, porque es una mujer muy madura que siempre ha tenido la necesidad de estar con alguien más grande por su madurez. Y a mí me encanta eso, encontrarme con una persona que tiene una energía joven, linda, de mucho ímpetu, de mucha impronta, de buen humor, de divertirse. Es muy lindo encontrarse con una pareja de la cual no solamente tenés todo lo que necesitás en una pareja a nivel sexual, a nivel afectivo, sino también en esa empatía con una amiga. Tengo una amiga, ella tiene un amigo, la pasamos muy bien, nos reímos juntos. Yo siempre evalúo el contenido que tiene nuestra pareja, nuestra familia, en lo que nos pasa, en reírnos muchas veces a carcajadas. Y me emociona eso porque no muchas veces te pasa en la vida que te rías a carcajadas con una pareja y digo: “Qué bueno que nos pasa esto”.
— ¿Y por qué sentís que te interpela tanto?
— Porque aparece en un momento de mucho disfrute, de sabiduría en lo que es la vida, en lo que me ha pasado durante tantos años, en encontrarse con ese amor tan genuino, tan valioso, tan emocionante, tan adrenalínico. Y es vertiginoso. Es maravilloso encontrarse en este momento de la vida a los 51 con una pareja como la que tengo, con una compañera como la que tengo, con unos hijos como los que tengo, con una vida como la que tengo. Es de mucho agradecimiento. Siempre tengo mucha gratitud. Yo tengo mucha gratitud por todo lo que me ha pasado en la vida, cómo me ha elegido la vida desde distintos momentos de aprendizaje para saber valorar todo esto que me pasa.

Juan Sancho, el padre que lo crió
— Es muy amoroso lo que decís, porque, si uno mira en retrospectiva, has compartido muchas veces que no has tenido una vida fácil y que has atravesado situaciones complejas. A vos te crió una persona que biológicamente no es tu papá y tuviste situaciones de bullying durante tu infancia.
— Sí, es así.
— Esto que decís del accidente, que te costaba tanto comunicarte y, paradójicamente, hoy te dedicás a la comunicación. Has logrado construir un vínculo maravilloso con quien te crió. Hoy, de adulto, cuando mirás hacia atrás, ¿cómo pudiste transformar todas esas experiencias que a cualquier otra persona podrían llevarla a lamentarse, con cierto grado de enojo o resentimiento, pero vos, en cambio, te parás desde este lugar de dicha y gratitud?
— Porque me enseñaron a mirar con prosperidad.
— ¿Quién?
— Mi papá del corazón, Juan Sancho. Mi papá. Fue la persona que me enseñó todo. Él a partir de los dos años míos fue muy presente en mi vida y está muy presente hoy. Yo siento que es lo mejor que me pudo haber pasado. Y mirá qué contradictorio lo que dice el hijo de una madre soltera que se crio desde un vínculo de mucha soledad. Porque creo que nos pasó lo mismo a mi mamá y a mí desde el punto de vista de encontrarnos con Juan. Fue una persona que a mí y a ella nos enseñó lo que es el verdadero amor de un padre hacia un hijo, el verdadero amor de un gran compañero hacia mi mamá, el verdadero amor hacia una familia. Él cuidó mucho esta familia, cuidó el vínculo que teníamos, nos cuidó mucho a nosotros y me cuidó mucho a mí, fundamentalmente. Y podría haber focalizado ese amor, ese vínculo, con mi hermano, con Juan Pablo, que es hijo de su sangre. Pero él me cuidaba más a mí. Y eso yo lo agradezco mucho y lo valoro, porque supo entender quizás la carencia que yo tenía afectiva por el amor de un padre. Enterarme a los siete años que mi papá no era mi papá fue duro. Fueron muchas las informaciones que me dieron durante mi infancia y mi adolescencia que generaron en él focalizarse en mí, mirarme cada vez más, prestarme atención. Yo digo que un padre es lo que hace, no lo que dice. Por eso trato de hacer eso con mis hijos, con las personas que tengo al lado, porque siento que él me enseñó eso. Era un tipo que hacía, que me daba sus palabras, su tiempo y fundamentalmente mucho amor. Su pérdida fue de los momentos más difíciles que transité en mi vida. Su pérdida en este plano porque es muy loco, pero siento que está muy cerca siempre.
— Siempre están de una u otra manera.
—Sí. Tengo una anécdota que habla del vínculo que él lo hizo eterno y está en mí constantemente. Cuando estaba ya en el proceso más difícil de la enfermedad, me lleva a un lugar que a él le hacía muy bien, un lugar cerca de mi casa, en Rosario. Él iba todas las tardes a encontrar paz ese lugar. Era en una iglesia que al costado había como un monte y en ese monte veías el atardecer. Te sentabas y veías cómo caía el sol. Y mi papá un día me dice: “Chris, quiero llevarte a un lugar que a mí me da mucha paz, quiero que lo veas, que lo conozcas”. Digo: “Dale, pa, lo vemos”. Insistentemente me lo dijo durante tres veces el fin de semana ese que estaba en Rosario con él. Y digo: “Celes, ¿me acompañás? Porque mi papá quiere llevarme a un lugar y nunca me dice algo con tanta vehemencia y frecuencia en tan solo dos días”. Me dice: “Dale, te acompaño”. Vamos los tres, vemos ese lugar y en un momento mi papá me dice: “Mirá, vamos hacia este lugar”, y me muestra el atardecer en un lugar maravilloso. Justo Celes estaba detrás nuestro, nos saca una foto y en esa foto estamos viendo el atardecer mi papá y yo. Cuando fallece mi viejo fue muy difícil para mi mamá y para mí, porque era la primera vez que estábamos solos nuevamente. Nos sentíamos perdidos y fue un tema de conversación ese día, en la charla, en ese último almuerzo antes que él se vaya, porque era la primera vez en 50 que estábamos perdidos de nuevo. Y el día que fallece fue un punto de inflexión porque se fue una persona muy importante en nuestra vida y se fue la persona que más nos enseñó, tanto a mi mamá como a mí. Y ese día yo entendí que en ese atardecer él me estaba mostrando cómo quería que lo recuerde. Y fue tan lindo lo que sucedió que, cada vez que yo veo un atardecer y me persigue el sol en mi vida, siento que él está cerca mío y siento que él está conmigo acompañándome en cada momento. Todo lo que me pasó a mí en la vida es parte de ese amor y de esa enseñanza que me dio Juan Sancho.
La búsqueda de su padre biológico
— ¿En algún momento te dio curiosidad buscar a tu padre biológico?
— Sí, me dio mucha curiosidad. No por tener una carencia, porque no tenía una carencia desde lo afectivo o desde lo emocional. He tenido un padre maravilloso y no tenía esa necesidad. Pero sí tenía la necesidad de que me responda esa pregunta de por qué me había abandonado. Porque indefectiblemente cuando uno va encontrando esas respuestas con un psicólogo, con ayuda terapéutica...
— Después cuando te convertís en papá vos, vuelve a resurgir.
— Cuando uno se convierte en papá quiere encontrarse con esas preguntas que quizás no se resolvieron o no se respondieron cuando uno era chico. Entonces, a los 43 años dije: “Quiero conocer a mi papá biológico, quiero responder esas preguntas”.
— ¿Lo encontraste fácil?
— Sí, medianamente fácil. Pensá que en 43 años yo no lo había conocido, no sabía cómo era, no tenía una foto, no sabía absolutamente nada de él. Necesitaba escuchar por qué me había abandonado, porque yo buscaba reconocimiento todo el tiempo. Y fijate cómo fue mi vida, que llegué a donde llegué, yo creo, por haber tenido la vida que tuve desde muy chico.
— Esa necesidad de ser revalidado, de ser visto, de ser aceptado...
— Esa aceptación. Y mirá que yo vivo en un mundo de que hay más no que sí. En mi carrera, en mi vida, en lo que fue todo mi laburo. Pero en ese viaje digo: “Quiero responder esa última pregunta, saber por qué se fue, por qué no quiso estar conmigo”.
— ¿Y cómo fue la recepción de él cuando lo contactaste para conocerlo?
— Fue muy buena porque obviamente él había transitado durante muchos años, tuvo muchos hijos, de hecho sus hijos no sabían de mi existencia.
— O sea que tenés medios hermanos.
— Sí, hay varios, por distintos lugares del mundo. Pero yo me quedé con algo muy bueno de ese encuentro. Primero le dio mucho más valor a mi papá, a Juan Sancho. Le dio mucha validez a todo lo que había hecho él durante tanto tiempo y potenció ese amor que yo tenía para con él. Y segundo, me dio algo que a mí me dio paz, porque encontré en esa mirada...
— Esa respuesta te dio paz. Más allá de que haya sido o no lo que querías escuchar. No sé cuál era la expectativa.
— No, la expectativa era voy a volver a nacer porque voy a escuchar algo que no escuché nunca en mi vida. Ya con una conciencia y habiendo transitado tanto en mi vida, con dos hijos, con dos familias, con todo lo que me había pasado, dije: “¿Cómo será?”.
— Interpela tu identidad.
— Sí. Y era lo que yo estaba yendo a buscar, parte de mi identidad. Quería saber qué había pasado y qué iba a pasar también. Y eso a mí me dio mucha paz y me generó algo muy bueno para con el vínculo con él, porque en ningún momento sentí resentimiento. Sentí gratitud. Le agradecí muchísimo el que me haya dejado en las manos de quien me dejó, porque yo no hubiese llegado hasta este punto si no hubiese encontrado un papá como el que tuve, una vida como la que tuve. Y creo que todos esos pasos que se fueron dando en mi vida fueron a partir de...
— De esa desgracia que pasó, en algún punto.
— Todo eso. Con todo lo que me ha pasado en la vida, entendí el para qué. Porque al principio uno puede victimizarse, puede encontrar muchas preguntas y respuestas sin resolver de las cuales no encontrás el porqué. Nunca lo vas a encontrar el porqué. Con el tiempo, vas a encontrar el para qué. Por eso agradezco mucho el paso del tiempo.
—Si pudieses tomarte un mate con vos mismo, con ese Chris que en 2019 la pasó tan mal, frente a este que está hoy acá, ¿qué te dirías?
— Quedate tranquilo, que vas a ser muy feliz (se emociona).
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