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Gastón Edul: el consejo de Gaspi antes de La Velada, el particular entrenamiento que lo motivó y su mensaje para Edu Aguirre por la revancha

En Citados, el periodista y streamer recordó el difícil proceso de entrenamiento para llegar a la pelea y desafió al español a un nuevo combate. Las charlas que lo llevaron a aceptar, su presente amoroso y por qué decidió diversificar su trabajo más allá de la cobertura deportiva

Gastón Edul recordó una charla que mantuvo con Gaspi, el duro entrenamiento para prepararse para La Velada y le dejó un mensaje a Edu Aguirre pensando en la revancha
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Gastón Edul nació el 31 de diciembre de 1995. Desde la pantalla de TyC Sports se destacó como un referente de las coberturas periodísticas de la selección argentina, logrando una gran popularidad durante el Mundial de Qatar que culminó con la tercera estrella para el escudo albiceleste. Tras esa Copa del Mundo, Edul amplió su espectro profesional e incursionó en programas de otra índole, como Bake Off Argentina, y comenzó a participar en programas de canales de streaming, como Olga, o junto al reconocido Davoo Xeneize.

Este año, Gastón se animó a otro desafío que le requirió un importante esfuerzo físico y mental al aceptar participar de La Velada del Año, el evento de boxeo amateur que organiza Iba Llanos. Edul enfrentó al periodista español Edu Aguirre y perdió en decisión dividida. Durante la entrevista, Gastón dijo que aspira a una revancha y le envió un mensaje a su colega ibérico.

Citados - Gaston Edul
Gastón Edul dijo que quiere revancha con Edu Aguirre y le mandó un mensaje

-¿Cómo estás Gastón? La gente te ve en tantas cosas que sos medio inalcanzable

-¿Cómo estoy? Bien. Pasó un poco el tsunami. La parte importante del año, la más fuerte, que en realidad sabía que iba a ser así entre La Velada, el Mundial, Olga, que son dos veces por semana, más los streams. Y ahora es como que cuando hacés muchas cosas y de la nada empezás a hacer menos, tenés que acomodarte a tener un poquito más de tiempo, a tomar decisiones, a estar tranquilo. No es fácil.

-¿Y te gusta eso o preferís la vorágine?

-No sé si habla bien o mal de mí, pero prefiero la vorágine (risas). Mi hermano Guido, mi hermano mellizo, me dice “bueno, andá a terapia si preferís la vorágine y no podés estar tranquilo”.

-¿No vas a terapia?

-Voy a terapia, pero no hablo tanto de esto en terapia.

-¿De qué hablas?

-Hablo de otras cosas cotidianas, de mi relación con mis viejos, de relaciones amorosas también. No tanto el vínculo con el trabajo. Ojo, no digo que esté bien, capaz que tengo que consultar de trabajo, pero como estoy tan contento con todo y siempre voy para adelante, es como que no me enrosco tanto con el laburo, para nada.

-Sobre el tema de subirte a un ring para pelear, ¿cómo fue el momento que dijiste “lo hago”?

-Me había pasado el año pasado que un par de veces entrenando en el gimnasio, escuchando música, ¿viste que proyectás cosas? Dos o tres veces me había pasado que me imaginaba haciendo alguna velada. Pero como algo que me imaginaba y no sabía si iba a ser realidad. Nunca había tirado una piña en mi vida. Me había agarrado a piñas dos veces de pibe jugando al fútbol con mis amigos. Nunca he tirado una piña, de hecho, mis amigos me decían: “¿Vos?“. Cuando llega la posibilidad, en realidad Davoo me llama un día, mi amigo Davoo, y me dice: ”Viene Ibai esta noche a casa, sumate al stream". Y yo jodiendo a mi hermano Guido, estaba cenando con él, le tiro un comentario, pero de chiste, o chiste verdadero, y le digo: “Me voy al stream de Davoo, que va Ibai. Cierro para la velada y vengo”. Medio en chiste. Para ver la cara de Guido, de mi hermano, que no se lo tomó en serio. Ahí no cerramos lo de la velada, hasta que cuando estuve de vacaciones con mis amigos, a fines de enero de este año, me llama Ibai.

-¿Lo tenías agendado? ¿Fue por WhatsApp?

-No lo tenía agendado. Me escribe y yo no lo veo. Me avisa Davoo: “Mirá que te escribe Ibai”. Le contesto y me llama. Y me pregunta si quiero pelear en la velada del año. Directo. Yo estaba en un aeropuerto con mis amigos. Yo nunca tuve muchas dudas con mis decisiones laborales. Ahí siento que tengo más o menos en claro qué quiero y qué no. En otras cosas capaz que soy más dubitativo. Le pedí un tiempo para pensarlo. Le digo: “En dos o tres semanas voy a estar con todo más acomodado y te contesto”. Era lunes. Y me dice: “¿Tres semanas? El miércoles tenés que resolver porque no tengo más tiempo". ¿En dos días, cuarenta y ocho horas? Sí, bueno, pero no sé qué, queda ahí.

-Ahí vos dudabas porque tenías el Mundial, aparte del calendario, de todo, un quilombo...

-Menos mal que me llamó cuando terminaban las vacaciones, porque ahí mi cerebro hizo ¡pac!, se desconectó de las vacaciones. Porque no es solamente subirte a cagarte a trompadas a un ring. Es el evento de stream más importante del mundo, es que vos tenés una imagen o algo que también uno cuida o valora. Estaba el Mundial... entonces empiezo a llamar a mucha gente que me quiere y después llamo a gente que se había subido al ring.

-De las personas que te quieren, imagino tu familia.

-Esteban, mi hermano, mis viejos... Aunque la palabra de mis viejos en esto, puntualmente, no era lo que yo necesitaba. ¿Qué me va a decir mi vieja? “Sí, subí a pegarte”. También hablé con Ariel Senosiain, con Nacho Elizalde, porque entiende mucho también. Después hablé con Momo, con Grego. ¿Sabes con quién hablé también? Con Gaspi, que lo había hecho. Hablé con Coker, que lo había hecho en Párense de manos.

-¿Te acordás qué te dijo Gaspi?

-Gaspi me había dicho que participar de la velada le cambió la vida, pero por el estilo de vida que él llevaba. Yo no es que no fui siempre muy deportista, pero un pibe normal que va al gimnasio tres veces por semana, pero normal, hasta ahí. No lo llevé a este nivel. Y todos me decían cosas diferentes, pero en una cosa todos me decían lo mismo y eso es lo que me hizo ruido. Algunos me hablaban de la guita, que no me interesaba. Otros me hablaban de cómo me iba a posicionar en el streaming. Eso ponele que me interesaba. Pero todos coincidían en que la experiencia, lo que vos sentís en el cuerpo, en la cabeza, de pelear ante tanta gente, que esté tu familia o tus amigos, que nunca más me lo voy a olvidar. También hablé con Goncho Banzas, y creo fue Goncho o Coker el que me dijo: “Imaginate cuando tengas ochenta años y le cuentes a tu nieto que peleaste ante setenta mil personas”. Y ahí me quedé. Estaba por subir al avión, un vuelo que eran dos horas más o menos, y no le digo a nadie la decisión que había tomado, pero internamente digo: “Listo, lo tengo decidido. Voy a decir que no”.

Citados - Gaston Edul
Antes de darle el sí a Ibai Llanos, Gastón habló con varias personas, entre ellas con Gaspi

-Parece que me estás jodiendo. Iba todo el cuento, iba que después de todo lo que te dijeron, la familia, setenta mil personas... dijiste que no.

-Me pasó esto. Dije “listo, es una locura, está el Mundial, no, no. Qué lástima que no sea el año que viene”. Voy a decir que no. Punto. Me subo al avión. Esto no lo conté nunca. Me subo al avión sin haberlo rechazado todavía, pero en mi interior ya estaba el no. Te juro que fueron dos horas horribles. Sentí algo raro. Primero sentía culpa, pero al mismo tiempo sabía que era sensata la decisión que estaba tomando. Y cuando aterrizo lo llamo a Esteban de vuelta y le digo: “Voy a decir que no”. Y que Esteban, y esto me convenció definitivamente, porque Esteban es superconservador, y me dijo: “Mirá, yo lo que te puedo decir es lo siguiente. Varias veces me preguntaste por cosas en las que yo te dije que yo no lo haría y vos le hiciste y creciste el triple. Creciste el triple porque fuiste al frente en cosas que capaz que no estabas en tu zona de confort y eso fue lo que te dio un diferencial para ir creciendo. No sé si te va a servir o no. Lo que sí te puedo decir es que conociéndote, si decís que no, hasta el 25 de julio te vas a sentir pésimo, porque vos pensás de otra manera. Hacelo, llevalo al límite. Es peor esto que hacerlo y después ver cómo te va, es peor arrepentirse de algo que no hiciste que algo que hiciste”. Y ahí llamo a Ibai y le digo: “Estoy”.

-¿Vos ya sabías con quién peleabas? ¿Cuando Ibai te llama te confirma que es Edu Aguirre?

-Sí, ahí me dijo que el rival era Edu Aguirre.

-¿Y eso cómo influye en la decisión? Es un tipo totalmente calado, toda la historia con Cristiano Ronaldo, eso para el show era bárbaro. Pero al pibe vos lo ves y está armado...

-Sí, él está muy bien físicamente. Pero no, nunca me fijé en eso. Porque al final de todo es una pelea contra vos mismo. Es tremendo, es una guerra de voluntades. Ni siquiera importa cuántos abdominales tenés, sino quién está más convencido, quién lo siente más. Obviamente, hay un deporte, quién boxea mejor, eso sin lugar a dudas, pero hay otras cosas que juegan cuando ninguno de los dos sabe boxear realmente.

-Vos en la previa jugaste mucho a eso también.

-Obvio. Yo sabía que físicamente iba a estar abajo y que técnicamente también. Entonces, me agarré de lo que yo sentía que tenía más fuerte, que era el convencimiento. Estos seis meses fueron la experiencia más fuerte de toda mi vida. Y el día de La Velada... nunca sentí algo igual. Hubo dos momentos puntuales, en los que me di cuenta, porque después es tanta la vorágine que si no todo te lleva puesto, es una ola. Había mucha gente, el celular no podía ni agarrarlo, se me juntaba todo ahí, se me hizo un embudo de que me acordaba de los seis meses previos, todo lo que entrené y todo resumido en nueve minutos. Me di cuenta en dos momentos que dije “esto no me lo olvido más”, y me entró felicidad en el cuerpo. Una fue cuando estaba por salir, había una cortina, ahí vemos la cantidad de gente que hay y estaban todos locos, gritando, sacados. Cuando me doy vuelta veo a mi viejo y a mis dos hermanos, a Esteban y a Guido conmigo, y que del otro lado había setenta mil personas. Ese momento no me lo olvido más. Y después hubo otro momento especial, que fue más interno, que fue en el segundo round, después de que me duele una piña de él, que fue la única que me dolió, que sentí que me dolió.

-¿Dónde fue la piña?

-Una mano por adentro, que me pegó medio acá en la pera.

-Con el hombro tenías un temita...

-El hombro no lo podía levantar y ya en el segundo round estábamos cansados y cada piña que él pegaba, aunque yo la parara, la gente se caía abajo, el estadio se caía abajo, porque éramos muy visitantes. Y en un momento, claro, tenía el hombro mal, me dolió la piña, la gente gritaba, él se envalentonaba y ahí me nació también, una conversación interna de un segundo que es inexplicable, pero tengo una fuerza adentro, tipo: “Dale, ahora tenés que demostrar quién sos vos”. No cuando vos estás pegando, sino cuando te pegan. Ahí me nació una fuerza que es cuando yo de la nada saqué un par de piñas que él tira al bucal, ese momento tipo de resiliencia también me queda adentro. “Demostrá quién es Gastón ahora. Te está viendo todo el mundo ahora”. Es como que los seis meses se te vienen en un segundo, todo lo que pasaste. Y después, bueno, obviamente que vos ahí estás solo. De hecho a mí lo que me pasó en estos seis meses es que me conecté mucho con el miedo. Me asustaba por momentos. Al principio no lo querés admitir.

-¿Pero el miedo a decir “me tira una trompada, caigo al piso y no me levanto nunca más” o el miedo al ridículo, o el miedo a qué?

-No, el miedo al ridículo, sinceramente nunca lo tuve. Son mucho más duros los seis meses de preparación que la pelea, porque te pegas muchas veces en seis meses. Ponele, estaba en un día normal, faltaban tres meses, tenía que ir a TyC Sports, iba a Olga, y sabía que tenía entrenamiento. Pero ponele, mi entrenador me avisaba el día anterior: “Mirá que mañana tenés sparring con un pibe que traigo”. Sparring es una pelea, es peor que La Velada. ¿Sabés cómo te cagan a piñas? Te pasa eso, es una constante. Y vos estás tranquilo, pero cuando falta media hora, cuando estás en el auto acercándote al gimnasio, te sube un fuego. “Che, me estoy por agarrar a trompadas”. No es un deporte normal.

-Y para alguien que no está acostumbrado, que no le gusta. Me imagino que no te gusta agarrarte a trompadas.

-No, no. Le tenés que pegar a otra persona, tenés que tratar que no te peguen. Y eso me pasó muchas veces durante estos seis meses. Pero detrás del miedo, si vos das un paso más allá, la sensación es increíble. De hacer algo que te desafía de verdad, que te incomoda constantemente. Y haberlo hecho en el Mundial fue durísimo.

-¿Qué te decían los jugadores de la Selección?

-Me escribían, me escribían. Sin decir nombres te voy a decir que me escribieron varios jugadores de la Selección que estaban ahí pendientes y uno o dos hasta durante el Mundial, cuando veían mis coberturas o que yo iba al entrenamiento, era gracioso, porque ellos estaban entrenando, pero después me decían: “Che, dale, ¿cómo estás con el entrenamiento? No aflojes”. Viste, estaban, estaban pendientes de eso.

-Cuando decís “sin decir nombres”, ¿por qué?

-Para que no se digan pavadas, para cuidarlos a ellos. Solamente eso. En cuanto al conocimiento, la verdad que disfruto todo lo que me pasa con la gente, de recibir muchísimo más de lo que soñé en algún momento de mi vida. Muchísimo. Que la gente te exprese cariño, pero de verdad. Que los nenes, que no tienen filtro para el cariño, que no quieren ni saben disimular, entonces cuando me cruzo chicos en la calle, ver cómo se les transforma la cara de alegría o que te abrazan. Y a veces me pasa eso que vos recién dijiste: “Che, ¿me merezco esto?”. Pero después cuando veo el esfuerzo que hago y que al final yo ya hace años que estoy, y me encanta la labor periodística, pero no soy periodista ciento por ciento ya y los chicos me lo hacen saber. Hay algunos, y esto es increíble, que no saben que soy periodista. Para los chicos soy streamer, pero ciento por ciento, no saben que soy periodista. Eso va reconvirtiendo tu carrera y ves como dependiendo de dónde salgas al aire, llegas a diferentes rangos etarios. Esto en La Velada a mí me sirvió mucho porque en España me conoció muchísima gente.

-¿Cómo influyo en la pelea el tema de que justo llegaron a la final del Mundial Argentina y España?

-De hecho, después de Argentina-Inglaterra me escribió alguien del equipo de Ibai y me puso: “Disfrútalo, porque tu pelea a partir de ahora es una de las dos o tres más importantes”. Se iba armando, y con mi entrenador nos dábamos cuenta por lo que nos escribía la gente también.

-Vos salís incluso con la remera de Malvinas...

-Eso fue hermoso y en marzo ya en la presentación estaba con la remera de Malvinas. Se fue dando todo casi sin querer. Todo eso lo disfrutaba, pero al mismo tiempo todo eso te cargaba. Voy a contar algo que no conté, que me pasó durante el Mundial, que fueron como veinte viajes. Yo viajaba, laburaba y tenía que entrenar, que no son entrenamientos normales de ir al gimnasio. Son entrenamientos diferentes, mucho más largos, que tenés que prepararte, que tenés que sufrir un poco. Y a medida que avanzábamos con la Selección, pasamos fase de grupos, cuando empezamos a jugar cada menos tiempo y viajar más, no tenía tiempo para entrenar y cada vez faltaba menos. Antes la veía lejana La Velada y ahí veía que faltaban dos semanas, diez días, quince días.

Citados - Gaston Edul
Gastón Edul recordó las sensaciones que vivió desde que decidió aceptar participar de La Velada hasta lo ocurrido durante el combate. Dijo que fueron experiencias inolvidables

-No te podías preparar de la mejor manera...

-Y me ponía mal. Mirá que yo no soy de llorar ni angustiarme ni nada, pero hubo una noche que yo llegaba de un viaje, hacía dos días que no entrenaba, me dolía el hombro y volvía a no entrenar y me desesperaba. Llegamos a un hotel que tenía el gimnasio cerrado. Encima entrenábamos en gimnasio, que no es de boxeo, no es lo que yo necesitaba. Y llego al cuarto del hotel, estaba con mi entrenador y me angustio. Me puse a llorar de la nada. Yo soy tranquilo, pero me puse a llorar. Le digo a mi entrenador: “Boludo, no puede ser, no puedo entrenar, faltan quince días”. Y ahí no me olvido más. Y esto te lo cuento porque fue lo último que me dijo mi entrenador cuando estaba subiendo, pasando las cuerdas para subir al ring. Me recordó ese momento, solo ese momento. Y me dijo: “¿Es que no podés entrenar? ¿Qué necesitás un gimnasio para entrenar? ¿Querés entrenar? Vamos a entrenar”. Tiró las camas para los costados, los muebles del cuarto y me dijo: “Ahora vamos a entrenar una hora y media acá, a ver si querés entrenar o no querés entrenar”. Y nos agarramos a piñas diez rounds en un cuarto de hotel de noche, pero a trompadas mal contra las paredes, poníamos en la campana del ring, todo. Era una pelea adentro de un cuarto de hotel. Una hora y cuarto, sin aire acondicionado, sin nada, matándonos. Me dijo: “¿Querés entrenar? Ahí tenés para entrenar.¿Qué? ¿Te vas a cagar? Faltan diez días, boludo, pasaste por todas”. Ese momento fue espectacular. Me dijo: “Él está allá descansando y vos estás acá sufriendo. Vos podés entrenar donde vos quieras, lo importante es resistir. Vas a llegar un poco más cansado, pero vas a llegar mucho más fortalecido del espíritu”. Y me dijo: “No te tira ni en pedo. Mirá, si no caés acá, no te tira, no te va a tirar”. A vos te tienen que ir convenciendo también. Y al final ese entrenamiento en un cuarto de hotel fue como el leitmotiv, Más que cualquier gimnasio o las pesas. No había nada. Éramos nosotros dos, dos bucales, tirándonos en un cuarto. Y cuando estaba subiendo al ring, que nos silbaban tanto que casi no se me escuchó ni lo escuchaba y ni me escuchaba. En un momento entramos al ring, él me agarra la cabeza para que lo mire a él nada más, para que no mire a la gente, al otro entrando, que ya se veía que éramos visitantes. Y me agarró y me dijo: “Es el cuarto del hotel. Estás en el cuarto del hotel. Hiciste diez rounds ahí. Acá son tres. Son tres. Mátalo”. Es decir, salí a dar todo lo que vos puedas. Y eso me quedó. Después me di cuenta que cuando uno no quiere hacer algo, busca excusas, pero cuando vos querés hacerlo, lo hacés. Donde sea, cuando sea, como sea, lo hacés.

-Vos decías que esto no lo hacías por la plata, por lo económico. Pero para matar un poco el mito, como es esto de las marcas, la logística, lo qué te ofrecen...

-Por participar obviamente te pagan. Pero yo empaté, no gané nada, porque llevé un equipo de trabajo a Estados Unidos durante dos meses, no tenía otra manera de hacerlo. Y los cinco meses previos también. Empaté, literalmente, no es que me quedó un puchito.

-Hay gente que piensa que te compraste dos departamentos, tres autos...

-No, no, para nada. Yo no sé el acuerdo de los otros peleadores, pero con el mío empaté. Y si hablamos solamente de lo laboral, hablando de la fórmula del éxito de todos estos chicos, que son comunicadores increíbles, que yo un poco me metí ahí también entre ellos para comunicar de otra manera, es que el protagonista ahí sos vos. Yo cuando hago periodismo es un producto, la gente me escucha hablar o informar sobre algo, pero es otra cosa. Ahí sos vos y esos chicos están acostumbrados a generar ese contenido, que el contenido sean ellos. Y hay streamers muy fuertes que los chicos siguen. Hace poco tuve una charla con Davoo, espectacular, comiendo un asado. Le decía que ahora ya me acostumbré, porque hace dos años estoy en streaming. Pero al principio estaba buscando la dinámica o entender por qué pasaba esto y él me dijo algo espectacular: “Vos tenés que pensar que antes los chicos miraban Cartoon Network o Nickelodeon y estaba Bob Esponja o Dexter. ¿Sabés qué pasa? Ahora vos sos Dexter y yo soy Bob Esponja. Antes veían los dibujitos, ahora los dibujitos somos nosotros, con YouTube, con TikTok...“ ¿Qué hubiese pasado si vos te cruzabas a Bob Esponja o lo tenías ahí? Le darías un abrazo. Por eso yo siempre me encargo de decir que el éxito de Davoo, de La Cobra, de Bauleti, de Benito, de todos estos chicos, no es casualidad. Ellos entienden muy bien el lugar en el que están, laburan sin parar, por más que hagan un personaje, laburan más que cualquiera, proyectan y planifican.

-¿Cómo fue el post Qatar 2022?

-Yo podría haber seguido haciendo solo eso. Pero algo me decía que tenía que hacer otras cosas. Y lo fui encontrando con Olga, con Davoo, con Bake Off, con La Velada. Al abarcar diferentes rangos etarios, porque cuando salía en Bake Off me escribían las amigas de mi tía, que no me hablaban nunca. Y cuando salía en TyC Sports, los amigos de mi viejo, los de siempre. Pero después salía en Olga y con lo de Naty (Jota), me escribían amigas de mis amigas. Y con Davoo, los cámaras o sonidistas pidiéndome saludos para los hijos. Y ahí fui entendiendo que estaba lo de atravesar generacionalmente. Si yo tengo que explicar en pocas palabras por qué fui creciendo y por qué estoy creciendo, es porque fui llegando a diferentes personas haciendo cosas diferentes. La gente que me conoce por Olga no me pide lo que me pide la gente de TyC Sports, y yo no puedo hablar en Olga como hablo en TyC Sports, ni al revés, porque no funcionaría. Y yo no puedo ir a lo de Davoo siendo el de TyC Sports, ni ir a TyC Sports siendo el de Davoo, porque quedo desubicado.

-¿Lo de la revancha de La Velada lo querés hacer de verdad? ¿Contra este muchacho, Edu Aguirre?

-Sí, yo quiero, porque más allá de toda la experiencia increíble, todo lo lindo que la gente vio y que estoy contento por eso, cuando vos entrenás seis meses y perdés, te queda una espina. Porque aparte sé que podría haber estado un poco mejor para ganar. Hablé con los chicos de Párense de manos, que es ahora en diciembre, que la rompen toda. Y me preguntaban si quería estar y yo lo tengo claro. Yo si me vuelvo a subir al ring es solamente si él está enfrente mío.

-La única manera que vos te subas de vuelta es si está Edu Aguirre.

-Es lo único que quiero

-Y con él, más allá de el show, las discusiones, las provocaciones, ¿qué onda? ¿Hoy hay buena?

-No, a ver, la verdad, sinceramente, no te lo voy a caretear. No hablamos casi nada, no nos conocemos. Pero por las pocas palabras que intercambiamos parece buena gente, obviamente. Gente que labura con él me dijo que es buena persona. Pero al final también cada uno tiene su personalidad y yo quiero ganar. Estoy seguro que le puedo ganar, seguro.

-¿Y se puede dar en Párense de manos?

-Si él acepta, yo peleo en diciembre con él, no me importa. Sin operarme nada, me preparo y me pongo entrar mañana y de acá a diciembre peleo. Si él me dice que no pelea en Argentina, de mínima ojalá que me diga que sí, pelear de vuelta en su país. Creo que estaría bien y me encantaría que sea la única pelea en la historia de La Velada que se repite, porque no se repitió ninguna. Pero yo creo que esta tiene fundamentos para que se repita, tiene todos los condimentos para eso. (Luego mira la cámara y le deja un mensaje a su rival). “Edu, ojalá aceptes y nos veamos el año que viene en La velada. Te lo dije arriba del ring. Sabés que quiero hacerlo y creo que a vos también te va a convenir y te va a servir. Nos vemos el año que viene”.

-¿Estás de novio?

-No, no estoy de novio.

-¿Qué pasa con eso? ¿Te gustaría estar de novio?

-Yo tengo un grupo de ocho amigos de toda la vida, del barrio, de Boedo, que nos conocemos desde que tenemos tres, cuatro años. Si bien cada uno vive su vida, el grupo es un poco como un termómetro de cómo vamos tomando decisiones, tratás de estar en sintonía con todos. Y el otro día hicimos una cena, miré así y dije: “Uy, hay siete de novio y uno soltero. Yo solo” (risas). También estoy un poco más grande. Sí, me gustaría estar compartiendo, la verdad. Tampoco es algo que digo “quiero esto”. Hoy no le cierro las puertas. En otro momento era más pibe, me estaba yendo bien, tenía más tiempo, quería disfrutar. Es una etapa que recuerdo con mucho cariño y me acuerdo y me río y me encanta. Pero bueno, también son diferentes momentos. Sigo siendo joven. Estuve de novio una sola vez, estuve siete años y me separé hace seis. Después de ahí no tuve ninguna experiencia amorosa así fuerte que diga “es por acá”. Así que estoy tranquilo.

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