“No somos posesivos ninguno de los dos, pero si hace algo que está desubicado, lo mato”, afirmó Claudia Ciardone al hablar sobre los acuerdos que sostiene con su pareja en Desencriptados, el ciclo de entrevistas de Infobae. “La clave es vivir en casas separadas”, agregó, y explicó cómo construyó un vínculo después de años de exposición mediática, una etapa que todavía recuerda con ambivalencia.
Ciardone alcanzó notoriedad pública tras su paso por Gran Hermano 2007 y luego consolidó su perfil en el mundo del espectáculo a partir de su relación con Ricardo Fort, además de sus trabajos como modelo, actriz y vedette. Con el tiempo, se alejó de los medios y eligió una vida más reservada, enfocada en su marca de ropa deportiva, su rutina personal y una relación de pareja que, según contó, se sostiene desde hace años con reglas y espacios propios.
A lo largo de la charla, repasó su historia con Fort, habló de su decisión de no ser madre, contó cómo maneja los celos y las salidas en pareja, y recordó episodios de su vida sentimental y mediática. Aunque reconoce que extraña parte de la exposición y no descarta volver a la actuación, hoy se muestra cómoda con una vida de perfil bajo, centrada en el trabajo y los viajes.

—Tu vida pública podría resumirse en un recorrido que va de Gran Hermano a tu relación con Ricardo Fort, para luego, después de una carrera como vedette y modelo, pasar un poco a ese bajo perfil. ¿Puede ser?
—Sí, súper bajo. Es como que arranqué bien fuerte, con mucha exposición, demasiada para lo que es mi personalidad. Y tuve un tiempo que la padecí bastante y decidí alejarme. A la vez, cuando te empiezan a llamar y decís: “De esto no quiero hablar”, es como que también te empiezan a dejar de llamar.
—Vos arrancaste en Gran Hermano 2007. ¿Qué otras personalidades hubo en esa edición?
—Y en ese Gran Hermano había ganado Marianela Mirra y lo condujo Jorge Rial. Fue un Gran Hermano súper visto. Creo que el de mayor rating. Salieron un par de ahí...
—¿Hay un grupo de Gran Hermano 2007?
—Sí, pero yo no estoy (risas). Estuve en un momento, pero no sé. Creo que me sacaron. No tengo ese recuerdo (risas).
—¿Cómo recordás tu momento mediático televisivo y de máxima exposición?
—Lo extraño porque tiene momentos que están buenos. Todo lo que vivimos nosotros, bueno, se sabe, es como adrenalina pura. Obviamente que lo extrañas, pero también lo que estoy haciendo hoy en día me llena un montón. Yo tengo una marca de ropa deportiva y eso me da muchísimo placer. Es como que compenso un poco la falta de lo otro con esto. Con la creación...
—¿Fabricás o importás?
—Fabrico. Es crear y hacer todo lo que es la publicidad. Verlo plasmado en una modelo, que es todo lo que yo hacía antes. Ahora estoy del otro lado y me encanta. Es un mundo que me fascina.
—¿Hace cuánto tenés la marca?
—Hace más o menos tres años. Vendo online y tengo un local en centro comercial en Nordelta.
—¿Y manejás toda la empresa vos?
—Todo. Voy al local todos los días. Amo estar ahí. Tengo una parte de atrás de lo que es atención al cliente, que estoy todo el día ahí creando, buscando cosas y viendo a las modelos. Me encanta.
—No es fácil emprender en Argentina sobre todo en lo textil, ¿no?
—Es re difícil. Es lo que me está costando, pero también es cuestión de estar. Tenés que estar todo el tiempo pendiente.

Su relación con Ricardo Fort
—¿Tu etapa de mayor popularidad fue cuando fuiste novia de Ricardo Fort? ¿Fue real eso? Acá no se puede mentir porque hay una confidencialidad entre clienta y abogado. Así que no necesitás chamullarme. Me podés decir lo que quieras.
—Por supuesto. Yo te lo voy a responder.
—Yo ahora que soy amigo de Martita y de Felipe, sé muchas cosas que me contaron. Entonces, no me podés mentir.
—Así como el pacto de confidencialidad que vos decís, yo con Ricardo, hoy que no está más, no voy a decir absolutamente nada que a él le pueda haber llegado a molestar. Pero sí te puedo llegar a decir que le preguntes esto a quienes sí tienen toda la absoluta libertad de expresarlo, que son sus hijos (risas). Yo soy una persona que jamás voy a faltar a mi palabra. Jamás.
—¿Pero en qué vas a faltar a tu palabra?
—En todo lo que yo tuve hablado o pactado, o lo que yo tuve con Ricardo.
—Pero vos me estás diciendo entre líneas que no eras novia.
—Yo no te estoy diciendo absolutamente nada (risas). Porque es un tema que él no está hoy en día, entonces yo...
—Igual no estamos hablando mal de Ricardo para nada. El comandante es lo máximo.
—Es lo máximo. Lo que se lo extraña...
—Viviste un montón de cosas con él, ¿no?
—Miles. Cosas que decís: “No las voy a vivir en otra vida”. Nunca más.
—¿Cuánto tiempo fue toda esa historia?
—Y fue un año. Pero un año al lado de Ricardo son veinte años de una persona normal. Vivís un montón de cosas. Es como que el tiempo pasa a ser cero, ¿entendés? No tenés tiempo, porque él estaba de un programa al otro, de acá para allá, del avión al auto, los viajes...
—¿Cuántos viajes metieron?
—Ay, ni me acuerdo. Pero hicimos Miami, Nueva York un par de veces. Nueva York creo que una sola, pero Miami hicimos un par. El fanático de Miami. Amaba ese lugar.
—Y de pasarla bien y de la buena vida.
—Sí, totalmente.
—Como todos. Es hermoso.
—Es que es lo que busca todo el mundo, creo yo ¿no? Vivir bien, estar bien. Yo soy muy tauro. Comer y vivir cómoda es lo mío.
—Pero siento que lograste eso en tu vida, amén de Ricardo Fort, es como que te acomodaste en vivir bien y estar tranquila.
—Sí. Yo no vivo una vida de súper lujos, pero vivo una vida donde me siento súper bien, cómoda y...
—¿Tenés tu casa?
—Tengo mi casa, tengo mis perros (risas).
—¿Vivís sola?
—Sí, vivo sola. Tranquila.
—¿Estás actualmente en pareja?
—Sí, estoy en pareja. Estoy en pareja hace ocho años. Tuvimos un break, de un año y algo, que nos separamos y ahora volvimos hace un tiempito.
—¿Y cómo son esas reglas? ¿Es como una pareja más laxa en algún punto?
—No, es exactamente igual. Simplemente que tenemos nuestros espacios. Él está en su casa, cuando tenemos ganas de vernos nos vemos y...
—¿Cuántas veces por semana se ven?
—Muchas, un montón. Cuatro, ponele. O cuando tenemos ganas, ¿entendés? Aparte estamos a nada, a cinco minutos una casa de la otra. Vivimos en el mismo lugar, distintos barrios, pero en la misma zona.
—¿Él se queda más en tu casa o vos más en la de él a dormir?
—Un poco y un poco. No lo tenemos muy programado cuántas veces. Es lo que va, lo que va saliendo.
—Aunque se vean cuatro o cinco veces a la semana, ¿no consideran la idea de vivir juntos en un futuro?
—No, por el momento o por ahora no. Estamos súper. Cuando las cosas funcionan, no hay que cambiarlas.
—¿Él tiene hijos?
—Sí, él tiene dos hijos.
—¿Y cómo te llevas con ellos?
—Re bien. Son divinos. Estoy hace muchos años. Yo los conocí cuando el más chiquitito tenía siete y el más grande tenía 11. Y hoy tienen 15 y 20. Imaginate.
Miedos, maternidad y vida en pareja
—¿Y vos pensaste en tener hijos en algún momento?
—Sí y no. O sea, lo pensé muchas veces porque es algo hermoso. Pero me daba mucho miedo. Muchísimo.
—¿Miedo a qué? ¿Del embarazo? ¿De qué?
—No, cero. Yo tengo miedo fatal a que se me muera, ¿entendés?
—¿El hijo?
—Sí. Es un dolor que yo no lo podría soportar y es algo para lo que no estoy preparada.
—Es decir, ¿vos no querés ser madre por miedo a que un día le pase algo a un futuro hijo?
—Sí. Yo creo que si llego a tener un hijo, no duermo nunca más, no vivo nunca más. Vivo para esa persona y punto. Y si le llega a pasar, no es vida. No es vida ni para mí ni para el chico.
—Pero ese miedo, ¿te pasa hoy en otras situaciones? Por ejemplo, ¿con tus perros, con tu novio o con la gente que conocés también?
—Sí, con mis perros. Yo ahora este año se me murieron tres de viejitos y fue terrible. Fue el peor duelo de mi vida. Terrible. Entonces, eso es algo que me cuesta mucho superarlo, ¿entendés? No me quiero imaginar qué sería un hijo. Me muero. No lo puedo. No me entra a mí. Es un miedo que no lo puedo superar.
—¿Y estás hace ocho años en pareja?
—Sí, ocho o nueve. Por ahí.
—¿Y él nunca te planteó de tener hijos y eso?
—No, esto fue hablado desde un principio. Siempre fue todo muy claro. Él ya tiene sus hijos, así que no es algo que esté buscando. Y yo no es algo que esté buscando tampoco (risas).
—Después de tanto tiempo, ¿se puede mantener el fuego, la pasión en la pareja?
—Sí, sí se puede.
—¿Cuál es la clave?
—Yo creo que un poco la clave es vivir en casas separadas (risas).
—¿Extrañarse?
—Extrañarse. Y cuando tenés ganas, buscarlo y pasar momentos cuando querés. Y cuando no, no ves sus peores momentos, el momento que está enojado, si no tenés ganas y si vos estás enojada y no tenés ganas... Vivir en casas separadas, cerca, pero separadas, es genial.
—Porque no tenés que fumarte al otro, básicamente.
—Claro, tal cual. Es terrible eso. Porque por ahí no encontrás un lugar donde estar sola o solo, ¿entendés? Está bueno, lo recomiendo (risas).

Celos, salidas y acuerdos
—¿Son pareja abierta o cerrada?
—No, pareja cerrada.
—¿Él es celoso o vos sos más celosa?
—Creo que tenemos unos celos bastantes parecidos. No somos posesivos ninguno de los dos. Si hace algo que está desubicado, lo mato.
—No lo dejás mirar, lo tenés ahí atento.
—A mí me respetás. Después, si yo no estoy, hacé lo que quieras y que no me entere porque...
—Pero, ¿sale solo? ¿Lo dejás salir?
—Él puede salir solo porque yo no tengo ningún problema que salga con sus amigos. No sale solo igual. Pero por decisión de él. Es decisión de él, ¿eh? No, es que yo se lo prohíbo ni nada (risas).
—¿Pero nunca sale a comer solo? No hablo del lobo solitario. Digo, con amigos, van los varones solos, por ejemplo.
—Sí, sí, sí tienen algunas salidas... Pero no es muy salidor.
—No va a ningún boliche ni a comer afuera.
—No.
—Con esa carita y el dedito acusador, me parece que sos re celosa. No lo dejás.
—Sí lo dejo, pero no va. Lo dejo (risas).
—Me parece que ya lo asustaste a tal punto que el flaco ni siquiera se le cruza por la cabeza.
—No, no (risas). No va a bailar. Yo tampoco. Sí salgo con mis amigas, vamos a cenar y todas esas cosas, pero a bailar sola no. Ahora, si te vas a un viaje con amigos. Y sí, obviamente, andá a bailar. Contame nada más, ¿me entendés? (risas).
—Por ejemplo, ¿él se va a dónde con amigos? Hagamos una recreación.
—Vamos a suponer que se va de viaje, no sé, a Estados Unidos. Obviamente que vas a salir. Podés salir, pero contame.
—¿Lo llamás al otro día? ¿A qué hora arrancás con el llamadito? ¿Lo dejás dormir o ya le arrancás a las 9.30 para ver qué hizo?
—No. Arranco a las 10, ponele.
—Ya ahí llega el primer mensaje.
—Sí. Le digo: “¿Y cómo fue?" (risas).
—Si te contesta 12.30, ¿ya es para quilombo?
—Sí, pero me cuenta y listo. No hay ningún problema. Sí.
—Sos brava, ¿eh?
—No. Pero soy permisiva. O sea, él puede salir, solamente me tiene que contar. Puede mentirme, igual, obvio.
—¿Es legal mentir?
—Los hombres mienten. ¿O no?
—Yo soy muy honesto, no miento nunca. Pero hay otros...
—Eso ya es una mentira (risas).
—¿Las mujeres no mienten?
—También, sí. También mentimos. Pero los hombres mienten más y mienten peor. Se descubren más fácil (risas).
Las redes sociales
—¿Vos cuando salís te encaran? Porque la gente te conoce.
—Igual, ¿sabés qué? Cuando sos conocida te hablan menos. Es como... No sé si generás un poco de miedo o qué, pero es un poco menos. Es como que son más atrevidos por redes sociales.
—¿Ahí sí te mandan muchos mensajes?
—Sí, ahí sí. En redes sociales, sí. Te llegan a mandar cada cosa...
—¿Qué cosas, por ejemplo?
—Fotos, por ejemplo. De las partes.
—¡¿Partes íntimas?!
—Sí. Una vez, ¿sabés qué me pasó? Ya me habían cansado, porque ¿tanto vas a mandar? Entonces entré al perfil del señor y estaba casado. Y le mandé la captura a su esposa, porque me cansó (risas).
—¿Y qué pasó?
—No sabría decirte qué sucedió, pero bueno... Era un desconocido, no tengo ni idea. Un asqueroso. Una cosa es que te digan cosas, no sé, lindas y otra cosa es que te manden... ¡¿Qué me importa?!
—¿Te gusta que todavía te encaren o preferís que no? ¿Ya estás fuera de esa situación?
—Ya estoy. Igual siempre es lindo porque es como que decís: “Bueno, todavía estoy vigente”, ¿no? (risas). Pero no es algo que esté buscando.
—¿Y a tu marido te lo miran?
—Y sí. Es fachero.
—¿Son de viajar?
—Sí, mucho. Nos encanta. Es uno de los mayores placeres para mí es viajar. Me fascina.
—Estás cómoda entonces: estás bien con la relación, viajan mucho, estás bien.
—Estoy comodísima (risas).
—Entonces fue toda una evolución positiva. Tal vez dejaste los medios, pero también para disfrutar y estar enfocada en otras cosas.
—Como evolución fue positiva, pero yo te digo, se extrañan los medios. Por lo menos yo los extraño.
—Si pudieses elegir, ¿qué te gustaría hacer hoy en los medios?
—Me gustaría hacer ficción, hacer algo como actriz. Soy muy buena, ¿eh?
—¿Sí? ¿Papel de qué, por ejemplo?
—Y no sé, una persona rota. Me encantaría.
—¿Algún personaje de En el barro o una de esas?
—Uy, me muero. Sí, llámenme (risas).
—¿Te animás a esas tiras de picantes? Porque hay que ser una de las que está presa ahí, ejerciendo la prostitución en la cárcel.
—Me fascinaría. Es algo que me quedó pendiente y me encantaría.
—¿Y a tu pareja no le daría celos que aparezcas en paños menores haciendo alguna escena medio subida de tono?
—No. Él me dijo que no, que no tiene problema con mi trabajo. Siempre lo hablamos. No le pregunté ahora, pero no tiene problema.
Acusaciones y versiones del pasado
—Tengo acá anotado algunas cosas que yo quisiera saber si sos culpable o inocente de acusaciones públicas que se te hacen.
—Uh, qué miedo.
—La primera es que se te ha acusado del uso indebido de tarjetas Black pertenecientes al señor Ricardo Fort. ¿Cómo es la historia?
—Inocente. De hecho, un día me dijo: “Tenés que usarla” (risas).
—¿Te dio una extensión y nunca la usabas?
—Yo no la usaba, después la usé. Pero no fue uso indebido.
—¿Qué te compraste?
—Ropa. Yo era de comprarme ropa, zapatos...
—¿Te quedaron algunas prendas que digas: “Esta me la compré con la Black de Ricardo”?
—Sí, me quedaron vestidos de Vero de la Canal. Tengo tres que me compré. Después tengo muchas cosas que él me regaló. Cuando íbamos a Miami, él entraba a las casas de brillos. Viste que él era mucho de brillo. Y todas esas cosas las tengo guardadas. Son mi recuerdo eterno. Tengo corsets llenos de brillos, jeans llenos de brillos, vestiditos, botas, es todo brillo, brillo. Muchos los usé para teatro, para las obras que tuve, para los finales, los cierres.
—¿Pero marcas de lujo o solamente marcas que tuneaban?
—No son marcas de lujo, pero son las que él usaba siempre. No son conocidas. Pero que son caras y buenas. Son carísimas porque son todos los brillos son Swarovski, por ejemplo. Está la marca Philipp Plein, que es una marca cara, pero no es conocida. Es la marca que él usaba siempre. Viste que tenía todas las cruces con brillos y todas esas cosas, todas las remeritas, las camperas. Tengo unas camperas de cuero llenas de brillos. Pero esas son todas cosas que me las guardo eternamente. Son como mi recuerdo de él.
—Lo re quisteste vos a Ricardo.
—Un montón. La verdad que sí.
—¿Se te acusa de ser la tercera en discordia en la relación de Wanda Nara y Martín Migueles?
—Yo te cuento (risas).
—Este Martín es un poquito revoltoso, me parece, porque ya conozco varias que salieron con este muchacho.
—¿Revoltoso? Cuando me separo de mi actual novio. Yo estuve un año y medio casi sola. En este año y medio lo conozco a este hombre en el gimnasio donde voy. Empecé a salir durante tres meses como mucho. Es un personaje extraño, muy raro...
—¿En qué sentido?
—En absolutamente todos. Me daba... ¿viste cuando vos percibís una persona que es un chanta? Pero ¿qué pasaba? A mí me divertía y yo no necesitaba nada más.
—No te sacaba nada y no había ninguna cosa para avanzar.
—De hecho, nunca lo llevé a mi casa. Jamás. Porque me daba como... Él me hacía muchas preguntas sobre mi casa, me decía: “¿Por qué no la vendés y yo te pongo a trabajar la plata?” Yo le dije: “Yo no te voy a dar mi casa a vos, ¿para qué? ¿Qué te pasa?”
—Además, ese planteo a los pocos meses es raro.
—¡A los pocos días! Todo muy raro. Un día aparecía con un auto, al otro día con otro. Tuve unos episodios raros. Un día nos para la policía porque se mandó en contramano en una calle y no paraba. Y la policía nos iba atrás. Y no paraba, no paraba...
—Les hicieron una persecución.
—Claro. Yo le digo: “Pará, porque nos van a tirar”. Cuando paró, nos baja la policía mostrándonos...
—Las armas.
—Imagínate yo ahí. Bueno. Rarísimo todo. La camioneta no era de él, tenía una...
—¿Pedido de captura?
—No, no sé. Pero tenía un permiso de persona con dificultad móvil, con discapacidad. Todo muy raro. Después de ese episodio, también tuve otro en el gimnasio. Yo estaba en una máquina y de repente viene una chica a increparme, a decirme que era la novia. Viene la chica y me dice: “¿Sabés quién soy yo?”. “No, no sé quién sos”. “Yo soy la novia de...” Un quilombo armó. Empezó a decir cosas horribles.
—¿Ahí adelante de todos?
—Sí, yo muerta de vergüenza. Porque si hay algo que jamás me pelearía sería por un hombre, por mí quedátelo regalado, si yo no quería saber nada con él...
—¿Ahí hace cuánto estabas con él?
—Eso fue el final. Me bajo de la máquina y viene otra a pelearse con ella, que también era la novia. (risa).
—No te creo.
—Lo juro. Dije: “No, esto es un montón”. Me fui del gimnasio avergonzada, horrible. Lo llamo al dueño y le cuento la situación que me pasó. Terminaron echados los tres. De ahí yo no quise hablar nunca más con este pibe, porque imaginate que es un tarado, ¿entendés? Un mentiroso. Aparte yo no quería ser la novia. ¿Para qué, qué necesidad tenés de mentirme o no blanquearme tu realidad? Después él siguió saliendo con una de las chicas esas con las que me increpa, con la segunda, con la que vino después, no con la primera.
—¿Vos ahí le dijiste: “Che, me pasó esto en el gimnasio”? ¿Qué te dijo?
—Me lo seguía negando. Me decía que estaban locas. Un mentiroso. Me lo seguía negando, me decía: “Por favor” y lloraba, bla, bla, bla. Yo cuando te bajo la persiana, te la bajé. Después aparece saliendo con Wanda. Todo bien, perfecto. A fines del año pasado me llama un amigo mío que es un peluquero de América y me dice: “Clau, te paso con alguien”. Me pasa con él que me dice: “Hola. Te quería pedir disculpas. Yo sé que estuve mal”. Me pareció un buen gesto. Pero después me empieza a llamar, pero ya para invitarme a su casa, donde me pasa la dirección, me pide por favor que vaya y me habla directamente de reavivar el pasado, ¿entendés? O sea, volver a ser, no sé, a estar con él. No como pareja... A lo que a mí primero me parecía una falta de respeto para mí, porque yo estoy en pareja y una falta de respeto para su novia, que en ese momento era Wanda, y yo se lo dije. Un tarado mental.
—¿Y Wanda? ¿Pudiste hablar de esto con ella?
—No lo cree. Todos los mensajes que tengo los hice certificar ante escribano.
—¿Los tenés acá en el celular?
—Sí, claro. Los hice certificar porque a mí no me tratan de mentirosa. Están los mensajes.

—¿Se te acusa de haber mantenido una relación con Hernán Caire mientras estaba en pareja con Sabrina Rojas? Esto parece de 1810, ¿no?
—Sí (risas). Sí estuve con Hernán, pero no cuando estaba con Sabrina o por lo menos que yo lo haya sabido.
—¿Vos te agarraste los pelos con Sabrina o es un mito?
—No, eso es un mito. Cero.
—¿Nunca se pelearon?
—No, jamás.
—Porque te agarra Sabrina y me parece que te da.
—¡Vos porque no me conocés a mí!
— Vos decís que en Párense de Manos, por ejemplo, ¿a Sabrina Rojas le ganás?
—Sí (risas). Tengo muchísima fuerza. Levanto mucho peso en el gimnasio, soy muy ágil y lo más potente que tengo es mi adrenalina interna, que cuando sale la fiera, agárrense. Igual no me agarraría con Sabrina, ¿sabés? Sabrina es de las mías.
—¿En qué sentido?
—Es brava.
Sexo, intimidad y autosatisfacción
—¿Cada cuánto tenés relaciones, Ciardone?
—Tres días.
—¿A la semana?
—No. Cada tres días. Ya estoy más tranquila (risas).
—Igual para ocho años de pareja me parece está bastante bien.
—Ya estoy más tranquila. Pero veces más, a veces menos. Hay momentos, depende.
—En los viajes, quizá un poco más.
—En los viajes olvidate. Es todos los días (risas).
—Se le acusa de preferir la autosatisfacción antes de la intimidad con su pareja. ¿Es verdad?
—No. Pero yo me llevo muy bien conmigo igual, ¿eh?
—Viste que la masturbación es un tema tabú en la sociedad argentina.
—Es re tabú...
—Para mí la masturbación todo el mundo lo hace, porque es algo muy...
—Todo el mundo. Aparte es la manera de conocerte. Si no te masturbás, no te conocés.
—Pero vos, por ejemplo, ¿tenés como un momento que ocurre más? ¿A la mañana, a la noche?
—Me puede pasar en cualquiera de todos esos momentos. No te digo que antes era mucho más y también depende de la pareja, ¿no? Yo por ejemplo, estoy en mi casa, vivo sola. Capaz que si estoy en pareja todo el tiempo no lo necesito. Yo ya me conozco también el cuerpo. Pero a veces estando en casa sola, ¿por qué no?
Dinero, trabajo y patrimonio
—Se te ha tildado por tu relación con Ricardo Fort como materialista, pero ahora que te conozco y en base a esta entrevista te veo como mucho más tranqui. Tenés un perfil bajo, vivís sola, tranquila, sin grandes pretensiones.
—Sí, re tranqui.
—No te rige tanto el tema del dinero, ¿puede ser?
—Me rige si lo consigo yo. No me genera satisfacción sacárselo a otra persona. O sea, sí me gusta, pero me gusta conseguírmelo, me gusta laburar. Yo soy una mina que trabajo, trabajo y trabajo. No es que me quedo quieta. Yo me levanto todos los días a las cinco y media, seis de la mañana, me preparo el desayuno, le doy de comer a mi perra, le doy las pastillas porque es una perra oncológica y la cargo, me voy al gimnasio, me voy al local, vuelvo y así todos los días de mi vida, hasta la tarde noche.
—Claro, tenés toda la rutina armada.
—Tengo toda la rutina y me gusta. Si tengo que ir a buscar telas, juntarme con la diseñadora, hacer las fotos con la modelo, me encanta.
—¿Y qué sentiste cuando vino este Miguel a decirte: “Vendé tu casa para invertir la plata”? Porque la casa es sagrada.
—De hecho, ¿sabés qué me dijo él: “¡Qué inteligente que sos, Ciardone!”. Esa respuesta todavía me generó más dudas, ¿entendés? Porque ¿qué inteligente? ¡Me acabas de pedir la plata de mi casa! (risas).
—Es una cuestión de supervivencia, amigo.
—Claro. Es lo único que tengo. Es mi único patrimonio, mi casa. Después ponele que tengo mi empresita, mi auto. Pero nada.
—Es el fruto del trabajo de toda una vida.
—Imaginate que no la voy a vender para invertir la plata con alguien que ni conozco. Es rarísimo. Pueden pasar veinte cosas en el camino.
—Cuando volviste con tu pareja, ¿le contaste esto? ¿Qué te dijo?
—No, son cosas que cuando te separás... Él tampoco estuvo solo. A mí me tocó que justo se puso a salir con Wanda, la persona con la que estuve, pero nada, te puede pasar, le pudo haber pasado a él, porque no estuvo solo en ese momento en el que nosotros nos separamos.
—¿Y conociste alguna que salió con él?
—No, pero tampoco me genera intriga. Mientras no estamos juntos, lo que haya pasado en su vida quedará ahí.
—¿No te da celos ni nada?
—No, ni tampoco me da intriga. Soy muy segura de mí. Si en algún momento la relación no funciona, puede pasar que no funcione. Pero no va a ser por mí.
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