Hay historias de vida que se miden en éxitos profesionales y otras que encuentran su verdadero valor en la capacidad de amar, superar el dolor y volver a empezar. En esta nueva edición de Proyecto 86 —el ciclo de entrevistas de Infobae conducido por Fernando Marín—, el protagonista es Enrique “Quique” Sacco, un hombre de medios que supo reinventarse tanto en la gestión deportiva como en el terreno de lo personal.
En un diálogo llano y afectuoso, Sacco se adentra sin rodeos en el capítulo más sensible de su existencia: las mujeres que marcaron su vida. La charla recorre el espejo de su madre Yoli, la huella indeleble de Débora Pérez Volpin —y el impulso de salir adelante tras su trágica pérdida—, hasta llegar al presente de plenitud que atraviesa con María Eugenia Vidal y la consolidación de una familia ensamblada que define como su orgullo.
A través de confidencias sobre la terapia, la exposición política y el latente sueño de transformar a Independiente, Quique Sacco muestra su versión más transparente. Un testimonio de resiliencia, códigos de vida y amor genuino, donde la fortaleza de las mujeres vuelve a ser el gran motor de su historia.

Fernando Marín: Vos condujiste durante doce años La Oral Deportiva por Radio Rivadavia, donde hubo monstruos —por llamarlos cariñosamente— como el Gordo Muñoz, ese tipo de figuras muy emblemáticas en la historia de la radiofonía argentina. Ganaste 12 Martín Fierro. ¿Qué quedó de ese hombre?
Enrique Sacco: Bueno, el recuerdo hermoso. Primero, una etapa cumplida, ¿no? Muchos de mis compañeros que nos juntamos a veces, o la gente en general, me dicen: “¿No te gustaría volver?”. Y no, ya pasé por ahí, no volvería. Pero fue hermoso, Fernando. Era el sueño de chico. Salía del colegio en Bolívar, tomaba la leche y me preparaba para escuchar La Oral Deportiva. Estudié periodismo, tuve la oportunidad de trabajar en ese momento gracias a José María Muñoz precisamente, y cuando estaba en el equipo dije: “Che, qué bueno sería crecer acá adentro”. Y fui creciendo de tal manera que me tocó conducirla y fueron años realmente extraordinarios. Hicimos una alianza con ESPN y Radio Rivadavia para el área deportiva, que para mí hoy por hoy es una marca emblemática. Sigue siendo el programa de mayor frecuencia en el aire ininterrumpida, que es un récord Guinness: ya lleva alrededor de 90 años.
FM: ¿Cómo te sentís habiendo contado el fútbol y haber hecho después negocios con el fútbol? No es lo mismo.
ES: No, no es lo mismo. Pero creo que a veces lo tenés innato, ¿no? Ves el fútbol y podés ver la pelota y el campo de juego, o podés ver el todo. Y me parece que yo vi el todo. A mí me abrió mucho la cabeza cuando empecé a ir a Europa por entrevistas con los principales jugadores argentinos que estaban allá, pero me hacía el tiempo de ir a entrevistarme con los CEO de los principales clubes del mundo. Por ejemplo, pude hacerlo con Ferran Soriano, el número uno del City, cuando el City recién empezaba a fortalecerse. Pero antes había estado con la gente del Manchester United y del Real Madrid. Entonces dije: “Pará, el fútbol se está viendo de otra manera. Y eso me fue entusiasmando a tal punto que escribí un libro sobre eso que se llama Mucho más que fútbol, porque la gestión empezó a ganarle al análisis periodístico, al análisis futbolístico. Vi que había otro mundo más amplio y quise explorarlo.
FM: Indudablemente, Enrique, sos un tipo diferente, distinto. Y como sos diferente y distinto a mi sentir, te hago una pregunta que es muy particular: siendo vos como sos, atrajiste a mujeres con una fortaleza realmente importante. ¿Por qué te gusta ese tipo de mujeres? Como lo fue Débora Pérez Volpin —que está en el cielo—, y después María Eugenia Vidal. ¿Qué imán tienen ellas hacia vos?
ES: Yo me enamoro de las personas y después está lo que se ve. Cuando vos escuchás a una persona, sus pensamientos, su forma de expresarse, no solo en lo que dice sino también cómo se mueve, sus valores... Así me enamoré de Débora y me enamoré de María Eugenia. Mujeres muy fuertes.
Alguien me dijo una vez, cuando conocieron a mi mamá, a Yoli: “Ahora me doy cuenta por qué las mujeres que elegís son así”. Mi mamá también es una mujer que para su época fue independiente, fuerte. Quedó viuda muy joven, hizo su vida prácticamente sola llevando todo adelante, dándome la posibilidad de estudiar a mí, bancándome. Y estas mujeres son así.

FM: Tu mamá de Bolívar, que tiene más de 90 años...
ES: Mi mamá tiene ya 94 años.
FM: Y aún sigue trabajando.
ES: Sigue estando. A pesar de sus limitaciones cognitivas propias de la edad, ella sigue estando rodeada por un equipo de mujeres que la aman, la cuidan, la acompañan. Sigue teniendo su negocio, el negocio más antiguo de Bolívar.
FM: De alguna manera vos encontrás en estas dos mujeres, que fueron los amores de tu vida, algo similar a tu mamá.
ES: Y puede ser, porque tienen mucha personalidad. No me gustaría una persona que estuviera acompañándome permanentemente y no tuviera su vida. Me interesa la persona que tiene su vida: con esa crecés, tenés conversaciones profundas, tenés sueños, tenés proyectos. Y así es mi vida con María Eugenia. Tiene una virtud María Eugenia, que cuando nos conocimos, desde el primer momento asumió que yo tenía dos hijos del corazón, como Agustín y Luna, que son los hijos de Débora. Y lo primero que hizo fue abrir su corazón y decir: “Ahora somos siete”. Sus tres hijos —Camila, María José y Pedrito—, Agustín y Luna, y nosotros dos.
FM: ¿Son amores diferentes?
ES: Sí, son amores diferentes. Sí, son épocas de la vida diferentes. Yo realmente estuve enamorado de Débora y no es que rompimos ni nada por el estilo... pasó lo que todo el mundo sabe que pasó, ¿no? Y de repente mi vida sufrió un cimbronazo y no sabía cómo iba a seguir. No tenía ni siquiera un norte en ese aspecto. Pero sí creo que había que seguir adelante por los chicos. Creo que lo primero que me impuse a mí mismo fue pensar cómo me quería ver Débora: ¿tirado en un sillón llorando o fuerte para adelante? Y bueno, creo que elegí eso: ser fuerte e ir para adelante. Me puse al hombro el tema del juicio y mantuvimos la relación familiar con los chicos desde el amor, que se fue acrecentando. Pero también un día me di cuenta de que yo era una persona que estaba activa, con ganas, con sueños, con inquietudes... y ahí, en ese espacio, aparece María Eugenia. Estoy plenamente enamorado.

FM: Se nota. Lo has expresado… pero yo con Débora te veía como del mismo “palo”, por llamarlo de alguna manera. Entonces era una avenida ancha la cual recorrías con facilidad. De repente pegás ese salto y te enamorás de otra mujer fuerte, pero que es política. ¿Cómo cambió todo para vos?
ES: Bueno, primero es el amor. Débora era una persona de los medios y terminó su última etapa siendo política; y María Eugenia estudió Ciencia Política. No es que es política porque le salió la oportunidad: estudió, quiso ser política, se dedicó. La verdad es que la admiro, le fue muy bien hasta hoy. Es la única persona mujer que ha sido gobernadora de la Provincia de Buenos Aires. Valoro su personalidad, sus ideas, su franqueza. Pero yo me enamoro de las personas. Después, obviamente que vos admirás lo que son desde su profesión, te lo hace mejor todavía, porque uno tiene que admirar a su par.
Y quería decirte algo que me quedó colgado de lo anterior: yo soy un tipo feliz. Si mañana el destino indica que no tengo que estar más en esta vida, hasta acá hay un tipo feliz. Es decir, hice la mayor cantidad de cosas que realmente me propuse. Como buen escorpiano, luché por aquellas que quería, las conseguí, y en lo más profundo de la vida, que es cómo estás sentimentalmente y en familia, hoy soy una persona plena. Anoche cenamos todos juntos. Los domingos son un día de reunión donde compartimos ese espacio todos los chicos... Y yo me pongo en retrospectiva y digo: “Lo que he logrado, lo que hemos logrado con María Eugenia, lo que hemos logrado los siete”. Y ahí soy la persona más feliz del mundo, y de ahí que venga lo que tenga que venir.
FM: Te pregunto sobre las críticas a María Eugenia en sus decisiones políticas. Primera parte de la pregunta: ¿cuándo podés estar de acuerdo o si pasó desapercibida para vos la acción que tuvo María Eugenia? ¿Qué sentís cuando la critican airadamente en los medios o en la calle?
ES: Primero, que nosotros conversamos mucho y yo puedo darle mi opinión o mi sugerencia, pero es absolutamente importante y hasta valioso respetar la decisión del otro, porque el otro es precisamente un par. No es que uno hace lo que el otro te dice. María Eugenia es una persona de decisiones propias; no va a hacer nada que yo le diga que tenga que hacer, ni nadie... te diría nadie. Y ha tomado, como todos en la vida, decisiones acertadas y otras no tanto. Una vez que las pasás, porque vos cuando tomás esa decisión estás convencido de tomarla...
FM: ¿Te sorprendería que mañana María Eugenia te dijera que se quiere postular a la presidencia?
ES: No. A ver, no me sorprendería porque sé lo que le gusta, lo que ella eligió para su estudio y para su profesión, y sé lo que está dispuesta a dar. Hoy está en otra faceta, más alejada de la exposición política y más dedicada a lo privado. Está en el ITBA, como directora de una carrera, y veo que le pone empeño. No me sorprendería nada de ella; al contrario, yo creo que tiene condiciones para seguir adelante siempre que ella quiera.

FM: Hablaste muchas veces del amor y de las mujeres... y se impone una pregunta... ¿sos mujeriego?
ES: Bueno, sí, me gustan las mujeres. Siempre me han gustado y elegí, en mi criterio y mi parámetro, a las mejores mujeres que podría haber elegido. Estoy feliz.
FM: Alguna vez me preguntaron a mí: “Con tantos éxitos, ¿cuáles son tus errores?”. Y yo le contesté al periodista: “Descubrilos vos, no te los voy a decir”. Así que… ¿cuáles son tus defectos?
ES: Descubrímelos, Fernando, descubrímelos (risas). Mis defectos, mis errores son un montón, pero bueno.
FM: Pero dame uno que a vos te gustaría corregir con el destornillador, no con la pinza ni la llave inglesa.
ES: ¿Qué quisiera destrabar? La ansiedad. He trabajado mucho en terapia para que, aquello que se me pone como objetivo o como sueño, no lo traicione la ansiedad. Bajarlo a tierra, ¿viste? Ser más equilibrado. Y los años y las circunstancias te enseñan eso: a tener más equilibrio, más templanza.
FM: ¿Tenés terapia semanal?
ES: Sí, tengo terapia semanal.
FM: ¿Llegás también ansioso?
ES: No, es mi propio espacio. Es el espacio conmigo mismo necesario. Entiendo que hay un montón de personas que no se animan, entiendo que hay un montón de personas que ni siquiera tienen el tiempo o las posibilidades de poder hacerlo. A mí la vida —y agradezco— me dio esa posibilidad y es un espacio muy grato, de mucho encuentro conmigo mismo. Y como te dije, creo que ese encuentro, eso de probarte a vos mismo, de mirarte, te hace una mejor versión.

FM: ¿Se te vino la noche después de lo que pasó con Débora en algún momento?
ES: Sí, claro que sí. Sí, me vino... me vino y no sabía cómo iba a continuar mi vida. Tuve la suerte también de decir rápidamente: “Nadie va a venir a cambiar mi historia, tengo que cambiarla yo”. Y empecé de la manera más simple. Yo soy un tipo que sale a correr siempre, ¿viste? Y dije: “Tengo que empezar por salir a correr otra vez”. Y salí a correr. Y el día que salí a correr me di cuenta de que ese era el camino, que no solo era una terapia, era el camino. Además, no entiendo el quedarte con los brazos cruzados.
FM: De repente la vida tenía en la pared principal un cuadro, el cual vos mirabas extasiado todos los días. Ese cuadro lo robó el destino. ¿Pusiste otro cuadro o miraste otra pared?
ES: No, yo creo que... a ver, cuando alguien te roba o la vida te quita, aprendés, crecés, ves las cosas de otra manera y estás mejor parado. Lo que viene es más profundo: la elección es más profunda, lo que uno pretende o quiere, ¿viste? En ese lugar estoy, mirando el cuadro que está en la pared, que elegí, que quiero alimentar y que quiero que me acompañe el resto de mi vida.
FM: Está muy bien, está muy bien y muy claro… ¿Vas a ser presidente de Independiente?
ES: Qué linda pregunta. Mirá, yo soy hincha de Independiente desde siempre, por mi papá Enrique y por mi abuelo Horacio. Y también soy socio de Independiente, por lo cual podría participar y presentarme en las elecciones, y me gustaría ayudar mucho a Independiente. Creo que tengo muchos años en esto, que me enseñaron mucho para la gestión, y podría aportarle eso que Independiente necesita: volver a recuperar la identidad, transformarse en el club que debe ser, tener una administración eficiente como la tuvo. Pero hoy la respuesta es que aún no lo tengo decidido.
Mirá lo que te voy a decir: quizá ese momento algún día llegue, pero no quisiera llegar negociando, ni especulando, ni dejando de lado mis ideas. Quiero seguir siendo yo. Pero amo a Independiente y me gustaría que le vaya muy bien en este semestre y que clasifique a una copa internacional, porque le va a venir muy bien futbolística y económicamente.
FM: Pero una cosa es querer ayudar, acercar ideas, y otra cosa es meterse adentro y sufrir. Una cosa es la ayuda y otra cosa es el sufrimiento. ¿Estás dispuesto a sufrir?
ES: Por eso te digo que es una decisión no tomada aún. Si tomara esa decisión, no lo voy a hacer por un cargo. No me interesa ser presidente de Independiente por ser presidente de Independiente: me interesa para transformar el club en lo que tiene que ser, en lo que su historia indica. Y eso exige un montón de sacrificios y dejar de lado un montón de otras cosas que hay que estar dispuesto a dejar. Si eso llega y esas posibilidades se dan, obviamente me gustaría.
FM: Gracias, Enrique.
ES: Gracias, Fernando. Gracias.
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