Una influencer, un hijo harto del maltrato y una denuncia pública: “No sé lo que es tener una madre normal, no sé cómo es que te amen”

Tomás Cataldi dejó de la casa de Miami donde convivía con su familia y en Buenos Aires, cansado del control exhaustivo y la violencia psicológica, decidió publicar un video donde denunciaba, con filmaciones y conversaciones, el maltrato de Geraldine Mayer, su mamá, una conocida influencer de moda. “Mi casa era un infierno”, definió. En una nueva edición de Voces, la vida de un hijo que nunca se sintió amado

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Una influencer, un hijo harto del maltrato y una denuncia pública: “No sé lo que es tener una madre normal, no sé cómo es que te amen”

Tomás Cataldi vive con su abuela paterna hace pocos días. Está contento. Dice, feliz, que ayer le cocinó unos fideos muy ricos, cuenta que le prepara unas milanesas con puré “tremendas” y sonríe al relatarlo. Recuerda cuando ella le dijo “vas a lograr todos tus sueños” mientras lo miraba a los ojos. Rememora cuando le pidió que se enfocara en lo suyo, que de lo demás se encargaba ella: “Yo te voy a cuidar como nunca te cuidaron y te voy a dar ese amor, esa felicidad y esas comidas que tampoco te dieron”. Él lloró y estrenó las dos palabras que nunca le había dicho a sus padres: “Te amo”.

Tomás es el joven de veinte años que publicó en sus redes sociales el hostigamiento, el maltrato, la humillación y los golpes que asegura haber recibido de sus padres. Lo hizo mediante un testimonio crudo y a través de conversaciones y de videos íntimos que filmó de manera clandestina. La denuncia pública apunta fundamentalmente a Geraldine Mayer, su madre, a quien acusa de haberlo sometido a una violencia psicológica constante. Por los golpes, en cambio, señala a su padre Hernán Cataldi. Él es arquitecto. Ella es licenciada en Comercio Internacional y productora de moda, pero principalmente influencer: tiene más de 150 mil seguidores en su cuenta de Instagram. Tras la viralización, cerró su cuenta y ni ella ni su marido respondieron públicamente.

La pareja vive hoy en Miami. Con ellos está Suri, de siete años y hermana de Tomás. Desde que publicó el video, no habla con sus padres. En el cierre de esta entrevista, mira a la cámara y solo les pide algo: “Que traten bien a mi hermana, no quiero que pase la misma infancia de maltratos que yo pasé, y que si el día de mañana es una adulta y tiene sus decisiones, las respeten”. Para ese final ya había repasado sus momentos más oscuros: Un hijo que según su relato se cria con lujos materiales y miserias amorosas, que acusa a su madre de montar una farsa en sus redes sociales de una vida supuestamente plena. “Yo dormía más de 16 horas por día porque no quería escucharla gritarme”, dice. “Mi casa era un infierno”, jura. “Era como si no fuese su hijo”, define. El resto del relato, a continuación.

Tomás Cataldi: "Yo no sabía lo que era tener una madre normal. Hasta el día de hoy no sé cómo es que te quieran, cómo es que te amen"

—¿Recordás haber sufrido violencia cuando eras chico o tenés recuerdos lindos de esa época?

—No. En mi casa nada, violencia física no, pero sí verbal y maltrato psicológico. Era todo el tiempo. Hoy por hoy lo puedo reconocer, en su momento sé que no, pero hoy pienso y digo “no sé cómo soporté”. Lo tenía todo normalizado. Yo no sabía lo que era tener una madre normal, por así decirlo. Hasta el día de hoy no sé cómo es que te quieran, cómo es que te amen. No lo sé.

—¿Nunca te sentiste querido?

—Me he sentido querido cuando era más chico, pero ahora lo veo y no creo que transmitían ese querer, ese amar. Todo lo que me trataban mal siempre me decían: “Bueno, te amo”, pero al día siguiente era como maltrato. Entonces te hace dudar, te confundís y no sabés si realmente te quiere o no.

—¿Cómo era el vínculo con tu papá?

—Empezó bien, pero me acuerdo siempre que le complicaba, que mi mamá me hacía sentir mal, ella me decía “perdón” y él me decía “todo lo que tenga que ver con mi mamá y vos son cosas que tenías que resolver con ella”. Pero yo las veces que me he sentado a hablar con ella, cada vez que le transmitía algo, me temblaba la voz, me ponía a llorar. Me decía: “Si vas a llorar, no hablemos”. Y yo no podía decirle “me estás haciendo mal, me estás haciendo llorar”. Era mi culpa. Ahí es cuando me empecé a cerrar. Me empecé a cerrar con el patrón ese de decir: “¿Sabés qué? No me abro a nadie porque tengo miedo de que me haga llorar”.

—¿Cuándo sentís que se profundizó?

—Todo este tema fue toda la vida, pero ya cuando empecé a ser más independiente, a los dieciocho, que empecé a salir un poquito más, empecé a hacer mis cosas, hacer mi vida, juntarme con más gente, se desprendía más ese control excesivo para ellos. Era como siempre me tenían que estar controlando, tenía que volver a cierta hora. Y explotó todo cuando fui a Miami, que me separé de todos y solo tenía la contención de mis viejos, que nunca fue una contención, siempre fue una explotación y un maltrato. Nadie me escuchaba, nadie me mandaba un mensaje porque estaba en Estados Unidos y estaban todos haciendo su vida.

Voces - Tomas - Fotos madre
Geraldine Mayer cerró sus redes sociales luego de la publicación de su hijo.

—¿Por qué se fueron a Estados Unidos?

—Nos fuimos a Estados Unidos porque ellos querían poder vivir y trabajar allá. Por lo tanto yo fui con ellos. Me habían dicho que nos íbamos de vacaciones y al final no. Pasaron meses y meses y meses y estábamos viviendo ahí. Y yo ya no quería estar ahí.

—¿Cómo te llevás con tu hermana?

—Excelente. Para mí era como yo cuando era chiquito: la luz de la familia. La amo muchísimo, la quiero un montón. A veces cuando llora por mamá, que lo sé, la abrazo. Una vez la encontré en su cuarto sola porque mi mamá le había gritado, la abracé y le dije “te juro que no es tu culpa”. Y empezó a llorar, no quiero que sufra lo mismo que yo sufrí. Y yo empecé a llorar pero no le dije que estaba llorando por ella. Le dije “no, me acordé de algo”. Y lloraba, lloraba y dice “no, pero es que mamá me hizo…”. “No, haceme caso a mí”. Pero le hace caso a la madre porque es más chica y no entiende lo que está pasando.

—¿Ella siempre fue así?

—Sí, nunca vi que haya cambiado.

—¿Y tu papá nunca se metió en la situación?

—No, se ha metido muy pocas veces a decir “basta gordi, ya está, no grites más, andate arriba”. Y se iba. Y nos culpaba. Mientras subía las escaleras decía no “pero esta casa la tengo que limpiar yo. Esto es culpa de todos ustedes”. Culpa de nadie. Siempre vos, vos, vos, vos. Por qué nunca yo, yo, yo, yo.

Voces - Tomas Cataldi - Capturas de pantalla
Tomás Cataldi publicó los chats para mostrar como su madre lo insultaba.

—¿Lo que vos veías que ella subía en redes tenía relación con lo que ustedes vivían?

—A mí me molestaba muchísimo, ya después cuando era más consciente de todo, de las cosas que subía y aparentaba, eran completamente mentira. Está bien, viajás y todo eso, pero siempre era esa sonrisa falsa que a mí me da mucha bronca porque también al hablar cambia su voz. Se enoja y toda la mala energía la transmite hacia nosotros y la buena energía hacia sus seguidores. A nosotros que somos la familia, nos transmite la peor energía del mundo. Yo siempre le decía en las cenas: “le das más importancia a contestar todos los mensajes que nosotros”. Vos ibas a la publicación y había mil comentarios, los mil los contestaba. Pero en momentos donde eran de familia, nunca eran momentos.

—¿Y ella qué te decía cuando vos le planteabas eso? Porque al final eras un hijo pidiendo atención.

—No, nada. Era mi culpa que siempre me decía “¿por qué no te vas a estudiar que siempre te va mal? ¿por qué no hacés lo otro que siempre te va como el orto?”. Perdón por la palabra. También, por ejemplo, todos los domingos que nos íbamos a la casa de mis otros abuelos de parte de mi mamá tenía que estudiar y yo quería ver a mis abuelos, los veía solo los domingos. Yo estudiaba todos los días y los domingos también. Pero yo quería estar con mis abuelos disfrutando, yendo a la placita, no sé.

—¿Cómo te iba en el colegio en esa época?

—No, en primaria me iba mal, me iba mal, pero en ciertas materias ya después me iba bien.

—¿Y en la secundaria?

—Me estuvo yendo bien al principio. Después no porque ya después estuve triste porque me hacían bullying y muchos de mis amigos se fueron del colegio y me empecé a sentir solo. Y había otros grupos pero era muy difícil de engancharme.

—¿Pudiste terminar el colegio?

—Sí.

—¿Y qué tenías ganas de hacer cuando terminaste el colegio?

—Entré a la Facultad, la Universidad de San Andrés, a estudiar negocios digitales porque vi que tenía mucha programación, pero al final no era mi carrera. Y cuando la dejé fue un quilombo. Yo quería dejarla para estudiar otra cosa que a mí me interesaba y fue terrible. Unos gritos tremendos por haber dejado la Facultad. “Es muy importante la Facultad para vos. Tenés que hacer una carrera”. Y yo buscaba cursos porque yo realmente sentía para mí que la carrera es muy larga y no porque sea un vago sino porque quería aprender rápido y empezar a trabajar rápido y seguir estudiando también. Hacer cursos y tener habilidades rápidas.

Voces - Tomas Cataldi - Capturas de pantalla
Tomás recuerda que la tristeza lo llevaba a dormir 16hs por día pero que cuando pidió consultar a un psicólogo no recibió ayuda de su familia.

—Vos hablás siempre de gritos. ¿Los insultos estuvieron siempre también?

—Sí, sí. Los insultos de parte de mi mamá estuvieron siempre. Siempre, siempre, siempre. Eran todo tipo de insultos que te puedas imaginar. Pero en presencia eran muchísimos y en chat también, lo transmitía igual. Por eso la frase que yo dije en el video “nunca creí tener un hijo tan pelotudo como vos” me lo dijo al lado de mi hermana y por suerte mi hermana es más chiquita, espero que no se lo acuerde cuando sea más grande. Pero era simplemente porque yo estaba jugando a la computadora con mis amigos. Me dijo que la cuide a mi hermana porque ella tenía que grabar unos videos para las redes. Le dije “bueno, pero estoy disfrutando con mis amigos”. Acababa de terminar de estudiar. “Bueno, pero cuidala, cuidala”. Y digo “bueno, la cuido”. Y me dice “dejá esa computadora”. Siempre me sacaba la Play, me sacaba el celular. Me dice “tenés que estudiar y sacar un 10. Si te sacás un 10 te la devuelvo”. Pero para mí no es tan importante la nota.

—Valorar el esfuerzo… ¿Adelante de tus amigos no te trataba mal?

—Sí, tiraba unas indirectas. Hasta el año pasado venían mis amigos a casa y decía, por ejemplo “¿qué estás estudiando? Porque este no hace nada viste”. ¿Con qué necesidad desvalorizarme así en frente de mis amigos? También sé que a los padres de mis amigos les decía cosas porque después me lo transmitían a mí. Un día me dice “las madres de tus amigos me preguntan qué haces y yo le digo nada porque sos un vago y no sé qué decirles porque no hacés nada”. Hago edición de videos, estaba estudiando una carrera online, estaba streameando que para mí es un sueño que ya se está cumpliendo, haciendo videos, editando para clientes. Estaba haciendo un montón de cosas que a mí me gustaban. Y eso para ella era nada. Nunca era suficiente. Siempre fui insuficiente para ella. Si hacía esto estaba mal porque no lo hacía mejor. Si me gano 1.000 dólares está mal porque no me gané 1.001 dólar. Todo lo que hacía estaba mal.

—¿Y en algún momento te lo creíste todo eso vos?

—Sí, yo dejé de confiar muchísimo. Cuando yo hacía mis videos en vivo me motivaba muchísimo, era muy feliz, yo lo notaba. Y después yo quería mostrarle mis logros, que para mí eran logros, cosas que me hacían feliz y mi madre me decía “no me muestres esas pelotudeces”. “Pero mirá lo estoy logrando, millones de reproducciones”, le digo. Y me dice “¿y estás ganando plata?”. Yo digo “no todo se basa en la plata, hacés lo que te hace feliz y después llegará”. No pienso en la plata.

—¿Es muy importante la plata en tu familia?

—Sí, sí, juzgan a todos. Yo he tenido, por ejemplo, relaciones amorosas y siempre me las juzgaban. Yo vivía en Nordelta, conocía gente de Capital y me decía “¿por qué no te conseguís una novia acá de Nordelta?”. Como si tendría que conseguirla. Yo tengo que, no sé, hablar con la persona, conectar, si me gusta o no, sus gustos. “No, pero mirá lo sucia que es; seguramente tiene depresión”. A mí no me gusta que juzguen a las personas. Todas las cosas que no me gusta que la gente haga las hacen mis padres. Apenas las ven las miran de arriba abajo y les dan asco. Eso lo hacen mis padres. Y entonces yo a partir de ahí empecé a no contar nada de lo que hago.

—A ellos les importaba que vos ganes plata, un valor en sí mismo.

—Sí. Para mí el mejor valor en la vida es hacer lo que te hace feliz. Porque vos podés tener todo y no ser feliz. Porque lo presencié en Estados Unidos. Por ejemplo, mi mamá me decía “estás lleno de lujo, tenés acá todo en Miami, tenés miles de oportunidades”. Pero yo no era feliz. No podía ni salir de la cama. Yo dormía, dormía y dormía porque no quería escucharla más. Yo dormía más de 16 horas por día porque no quería escucharla. Quería tampoco escuchar mis pensamientos. Era terrible escuchar todos los gritos. Siempre me levantaba con gritos hacia mi hermana, hacia mi padre. No se podía dormir tranquilo.

—A veces los padres podemos enojarnos con nuestros hijos, sin llegar a la violencia por supuesto, pero tal vez uno puede sentir que se excede ¿Nunca te pidieron disculpas?

—No, no. Era completamente mi culpa. Nunca me pidieron disculpas. Siempre el que tenía que pedir perdón era yo.

—¿Cómo terminabas esas situaciones?

—Lloraba todo el tiempo y me iba a mi cuarto. Lloraba y me iba. Siempre me la pasaba escuchando música triste porque era como mi escape. Me ponía a escuchar música triste, me ponía a pensar todo lo que había pasado y después me sentía bien. Si escuchaba música feliz me hacía mal y si escuchaba música triste me hacía bien. Raro. Pero me sentía cómodo con eso. Y era la única vez que podía salir de la realidad y decir “estoy tranquilo, en paz”.

—Esta vida perfecta que se mostraba en redes no tenía nada que ver con lo que estaban viviendo en tu casa.

—No, no. Ella publicó una foto, todos comentaban, todos felices, pero en casa era un infierno. Todo el tiempo cuando no existía Suri me trataba re mal. Me despreciaba todo el tiempo. Era como si no fuese su hijo.

—Ella subía muchas fotos con ustedes.

—Sí, sí. Siempre nos pedía una foto. Ahora puedo ver las fotos que sube. Por ejemplo, lo más reciente que vi de su vida era con mi hermana: algo del colegio y “se saca siempre 10”. Dejá de mentir. Porque literalmente en casa la tratabas como a mí cuando era chiquito.

—En ese chat que mostraste te pedía que no muestres el boletín, ¿por qué te pedía eso?

—Porque quería demostrarle a todos que ella era la mejor y que sus hijos eran los mejores. Más a través de las redes seguramente. Yo no sé qué subía cuando yo era chico. Anda a saber si me subió a mí diciendo que tenía la mejor nota… Así que me puedo esperar cualquier cosa hoy en día.

—En la foto parecía que ustedes estaban contentos.

—Sí, sí, sí. Yo siempre sonreía falso porque qué le voy a decir. Sonrisa, listo, me voy. Pero yo no quería aparecer. No tenía ganas de aparecer. Otra de las cosas más recientes que pasó también en Estados Unidos fue el Día de la Madre: yo ni me quería levantar porque me trataba mal y yo la tenía que tratar bien. Entonces me dice “¿cómo puede ser? Sos el único hijo que no se levanta para el Día de la Madre”. “Bueno, mirá la madre que tengo”. “No puede ser que tu amigo saluda a su madre y vos no. No puede ser que todos tengan relaciones con sus padres hoy día y vos no”. Para ellos todas las familias de todo el mundo están unidas y no es así. Yo me levanté, hice un video, la abracé, no la quería abrazar, y lo subió. “Mis hijos me recibieron”. Yo ni la quería recibir. Es mentira eso. Pero bueno, no va a demostrar que maltrata a sus hijos. Se le va toda la carrera. Como el video que subí gritándome, ella me dijo “vos subís ese video y se me arruina la carrera”. Se me escapó el video, qué querés que te diga. Se te arruinó la carrera. Mi culpa no es. Yo transmití mi vida y que eso implique que te arruine la carrera no es mi culpa. Porque yo solo conté cómo me trataron.

—¿Eso te lo dijo después del video que vos publicaste?

—No, me lo dijo mucho antes. Porque yo grabé ese video y no se lo mostré. Pero sí me dijo “yo sé que grabás videos y se los mandás a la gente”. No sé cómo sabe eso. Pero me dijo “vos llegás a subir ese video y se me arruina la carrera. Así que tené cuidado”. Tenía todo en una carpeta por si el día de mañana hacía lo que hizo. Y bueno, subí el video. Qué querés que te diga, me trataste mal toda la vida. Yo no hice nada.

—Ella sabía que vos venías filmando situaciones para protegerte de este maltrato.

—Sí. Yo hasta tengo otros videos que no quiero publicar de ella maltratando a mi hermana. Y me acuerdo que lloró un montón. Ese video no lo puedo ver, me debilita muchísimo porque para mí mi hermana lo es todo. Y si mi hermana llora, yo lloro.

Voces - Tomás Cataldi - Tatiana Schapiro
Tomás Cataldi recuerda que estuvo a punto de atentar contra su vida pero que el llamado de una amiga que le habló de su hermana lo impidió.

—¿En qué momento te diste cuenta de que tenías una tristeza profunda?

—Todo colapsó en Miami. Yo tenía una relación amorosa y ella justo estudiaba Psicología, y me empezó a decir que hiciera terapia, porque veía cosas que yo no veía. Empecé en febrero estando en Miami, pero lo hacía online con una chica que está acá en Argentina.

—¿Y te sirvió?

—Excelente. El mejor trabajo de mi vida y hasta el día de hoy sigo yendo y sigo aprendiendo cosas mías y trabajando mi autoestima.

—¿Ahí entendiste lo que estabas viviendo?

—Sí. Sí, me empecé a tomarlo en serio y yo analizaba muchísimo, escribía muchísimo en papel o en documentos. Escribía toda mi vida anterior para poder entender por qué reaccionaba de algunas maneras hacia mis amigos, por qué reaccionaba muy mal o los bardeaba sin sentido y eran por cosas mías. Yo no aprendí a comunicarme bien, ni a abrirme, ni a decir te amo. Creo que nunca le dije te amo a mi madre o a mi padre. No recuerdo ni un abrazo tampoco, nada.

—En el video contás que te quisiste lastimar.

—Sí, un montón de veces. No lastimarme sino quitarme la vida. Cuando era muy chico también. Se me pasaba por la cabeza pero no lo intentaba, ni siquiera sabía cómo intentarlo. Pero siempre decía “¿y si ya no estoy más mañana qué pasaría? ¿Qué le pasaría a mis padres? ¿Qué pensarán de mí? Total, si no me quieren, en el colegio me hacen bullying, ya está”.

—Siempre fue una fantasía, un pensamiento, nunca pasaste a la acción.

—No, la única vez que casi pasé a la acción fue en Estados Unidos porque esa relación amorosa se terminó, perdí un montón de amigos que también tenían el momento y me dejaron de hablar. La ansiedad explotaba. Todo me estaba haciendo muy mal. Mis padres me siguen sin escuchar y me gritaban. Y casi doy el paso de hacerlo. Y justo ahí me llamó una amiga y me empezó a decir “pensá en tu hermana”. Y ahí dije “tenés razón, no estaba pensando”. Empezó a decir “tu hermana se va a quedar sola”. No se puede quedar sola con ese tipo de padres. Entonces no lo hice.

—¿Tus papás se enteraron de esto con el video recién?

—¿El quitarme la vida? No, fue en ese momento. En ese momento esa amiga les dijo a mis padres. Llegué a la casa y me dijeron “¿es verdad lo que me están diciendo? ¿Vos estás loco?”. Yo me encerré en mi cuarto. Me dijeron “no, no, ahora vamos a hablar”. Enojados de quererme haber quitado la vida. Ahí me daban más ganas de hacerlo porque dije “me están tomando el pelo”.

—¿Hablaron con tu psicólogo?

—Sí, le dijeron “ahora no te vas a volver a Argentina, te vas a quedar acá”. Siempre buscaban la vuelta para quedarme. “No te podés ir en este estado. Seguramente tenés depresión. Voy a hablar con tu psicólogo. Te va a derivar a un psiquiatra”. Y todo así. Pero tuve que tocar fondo para que me den una psicóloga. Porque yo les venía pidiendo una psicóloga.

—¿Hoy seguís con la psicóloga?

—Sí, sí. Yo después de hacer mucha terapia… En abril de este año, seguía triste, lloraba muchísimo. Mi corazón decía “tenés que volver a Argentina”. Y mis padres me decían “no tenés nada, no te vamos a dejar la casa, no te vamos a dar el auto, no te vamos a dar nada. ¿Y qué vas a hacer?”. “No sé, pero quiero volver. No, no me importa lo que hago, reanudo mi vida, hago todo de nuevo, no tengo problema. Me sacaste toda mi vida, lo que tenía antes, la tengo que volver a construir, la hago desde cero. Lo hice mil veces”. Y no me escuchaban, no decían nada, no te vas a dejar nada. Después me dijeron “te damos la casa y el auto”. Vuelvo después de tanto sufrimiento.

—¿Ellos te sacaron el pasaje?

—No, me lo sacó mi mejor amigo. Ellos no me lo quisieron comprar. Me acuerdo que me arrodillé y le dije a papá, rogándole, que me comprara el pasaje. Y le dije por favor que me ayude porque la estaba pasando muy mal y no me compró el pasaje. Después me cagó a trompadas y mi mejor amigo me compró el pasaje.

—¿Tu papá te pegó?

—Sí. Me acordé porque yo se lo rogaba, se lo rogaba y lo agarré de la remera y le dije “por favor te lo pido, la estoy pasando mal y tengo mucha depresión, la estoy pasando muy mal”. No puede ser que no lo entendía. Yo lloraba entre cinco a seis veces por día.

Voces - Tomás Cataldi - Tatiana Schapiro
Tomás relata que cuando le pidió a su padre que le sacara el pasaje para volver a la argentina fue golpeado.

—¿Es la única vez que te pegó tu papá?

—Sí, sí, sí. Él toda la vida estuvo callado. Me acuerdo desde chiquito que le decía que se separe de mi mamá porque le estaba haciendo mal. Le dije que se separe. Se lo pedía por favor y me decía “no, son cosas de pareja”. Son cosas de pareja pero soy tu hijo y me está haciendo mal. Y no lo hacía, no lo hacía, no lo hacía. Hasta el día de hoy le sigo repitiendo que se separe. Y ahora que soy más grande me dice “así no vas a hablar de mi mujer”. “¿Vos te querés quedar con tu mujer? Yo me quiero ir”. Me decía “no, pero la familia tiene que estar unida”.

—¿Ellos se llevan bien?

—Es todo falso. Todos dicen que se llevan re bien y es la relación más tóxica que vas a conocer en tu vida. Son todos gritos por todos lados. Mi padre no. Mi madre presiona, presiona, presiona, presiona. Le grita. Y me parece un padre sumiso que acepta todos los gritos y se queda. Yo no podría estar con una persona así. No se puede estar con una persona así.

—¿Cómo hiciste para pedirle a tu amigo que te compre un pasaje?

—Le mandé el video y le dije “hacé lo que quieras con este video”. No sé qué me puede llegar a pasar después de esto. Pero por las dudas se lo mandé. Ya está, hicieron todo lo posible para destruirme de insultos, de tratarme mal, de hasta pegarme. Ya no sé qué es lo que podría llegar a pasar. Entonces por las dudas se lo envié. Le empecé a mandar unos audios, mi voz me temblaba, no podía hablar, quería hablar bajito porque sabía que me iban a escuchar. Mi padre en su momento mientras me pegaba, dice “sacale el celular a Tomi que va a grabar todo”. Y obvio voy a grabar todo. Quisiera grabar todo. Y viene mi mamá y me saca el celular. Los dos eran conscientes de lo que estaban haciendo estaba mal. Y yo el que sufría. Y mi hermana estaba en el pasillo llorando.

—¿Tus papás supieron que venías para acá o no se enteraron?

—Sí, sí, se los dije unos días antes.

—¿Y qué dijeron?

—Que estaba muy mal lo que estaba haciendo. Que me voy a quedar solo, que no tengo nada en Argentina. Mamá siempre odio a Argentina, decía que era el peor país del mundo. Para mí es el mejor país del mundo por la gente, por la comodidad, mucha familia. Vos hablás con alguien y te hacés un amigo en tres segundos por hablar, una mini conversación, cómo te integran. Buena gente, buena gente. Pero no sé, tienen una mentalidad de que Argentina es lo peor que les pasó en su vida. Entonces yo tengo otra creencia de Argentina.

—¿En algún momento te hubiera gustado tener esa vida que tu mamá mostraba en las redes?

A mí me hubiese gustado que me quieran. Me hubiera gustado tener más tiempo con ellos, más tiempo en familia. Todos los sábados íbamos a comer afuera, pero no me gustaba porque la pasaba mal, no porque me trataban mal en la comida sino porque en toda la semana me trataban mal y el sábado íbamos a comer de familia. No tenía ganas.

Voces - Tomás Cataldi - Tatiana Schapiro
Tomás Cataldi con Tatiana Schapiro en Infobae.

—¿Cuándo se rompe la relación?

—Se empezó a romper porque me seguían controlando desde Estados Unidos porque había cámaras. Estoy solo, estoy tranquilo. Quería invitar a una amiga que no veía hace un montón y nunca vino a casa. Y me llama mi madre y me dice “¿quién es esta chica?”. “Una chica que conozco hace un montón”. “¿Y a qué colegio fue?” Me río. “¿Qué importa del colegio donde fue?”. “Nos va a robar toda la casa”. Eso me daba mucha vergüenza porque siempre solía pasar que cuando yo estaba con una chica o un amigo que no era de plata por así decirlo, llamaba, gritaba y se escuchaba todo. “¿Con quién estás? ¿Por qué no estás por Nordelta, siempre en Capital?”. A mí no me gustaba estar en Nordelta. La gente de Nordelta no me gusta.

—Ese día explota todo...

—Sí, explotó, explotó. Mi mamá me preguntaba todo el tiempo. Le dije “autorizala, dale, autorizala”. Y los de la guardia me bloquearon. Si yo el día de mañana hacía un pedido para que venga a mi casa tienen que llamar a mis padres para autorizar el pedido. Fui hasta la guardia y les dije “che, me bloquearon”. “A pedido de tu mamá”. Es una cosa de locos.

—¿Hoy si quisieras hablarles los tenés en el teléfono?

—Están bloqueados pero no tengo ni ganas. Nunca me escucharon toda la vida siendo chico que era lo que un hijo necesita, que te escuchen, que te quieran, que te contengan. Hoy por hoy teniendo 20 años de todo lo que viví ya sé que no los necesito. ¿Por qué lo necesitaría?

—¿No trataron de comunicarse por otra vía?

—Sí, sí, me mandaron mails. Bloqueé los mails. No sé cómo me llamaron desde otro celular y los bloqueé también. A través de familiares, de mi abuela.

—Vos hoy estás en la casa de tu abuela.

—Sí.

—¿Por qué te fuiste de Nordelta?

—Me fui porque ya el control era excesivo.

—¿Y cómo estás con tu abuela?

—Excelente, excelente, excelente. Yo literalmente estoy contestando los mensajes de todos lados, las entrevistas, todo. Y ella me dice “concentrate en tu trabajo y yo te cocino”. Yo digo bueno, gracias.

—¿Hoy sí sentís ese amor que deseabas?

—Sí, sí. Fue increíble porque antes de que suba el video yo le replanteé, le dije “¿y si vivimos juntos? Yo vivo en Nordelta, vivo lejos, me estoy moviendo mucho por Capital, vos estás sola, tal vez necesitás un poco de compañía como la mía”. Y me dijo que sí, que todos tus sueños lo vas a lograr. Me miró a los ojos y me dijo “sé que tu sueño es ser streamer así que concentrate en eso, yo te voy a cuidar como nunca te cuidaron y te voy a dar ese amor, esa felicidad y esas comidas que tampoco te dieron”. Y me puse a llorar y no sé cómo me salió decirle te amo.

—Le debe costar escuchar que viviste estos dolores.

—Sí, ella siempre iba a la iglesia, rezaba por mí, oraba por mí, todo por mí. Siempre estuvo. En la distancia siempre estuvo. Siempre estuvo conmigo. Siempre mandó mensajes.

—Y cuando contás esto también estás hablando de su hijo. Debe ser difícil desde ese lugar para ella.

—Sí, sí, seguramente. Pero ella también habrá intentado hablar con él y no escucha a nadie.

—¿Sabés cómo reaccionaron ellos cuando publicaste el video?

—Sí porque en ese momento estaba con mi prima, estábamos almorzando, no sé cómo se enteró de que yo estaba con ella, la empezó a llamar, le empezó a mandar mensajes, ella me decía “tengo miedo, me está llamando tu mamá”. Ya lo subí, no lo voy a bajar nunca. Empezó a decir que lo baje. Dije “no voy a bajar ningún tipo de video”. Y solo llegué a ver un mensaje que le mandó mi mamá a mi prima y le dijo “¿no le da vergüenza subir ese video?”. Y ahora me pongo a pensar: ¿no te da vergüenza haberme tratado mal toda la vida? ¿No te da vergüenza haberme subido a las redes? ¿No te da vergüenza putearme todos los días de tu vida y no darme a comer? Dale. No tiene sentido.

—¿Te sentís bien hoy después de haberlo subido?

—Sí, excelente. Fue como para mí la mejor justicia para mi hermana. Yo también lo pensé por ese lado porque dije yo quiero que algún día se dé cuenta. Todos me decían tiene más carácter. Porque yo he escuchado también que mamá la maltrata cuando estudia y mi hermana dice “bueno ¿querés que me vaya mal?”. Qué buena actitud que tiene siendo tan chica, teniendo siete años, yo me largaba a llorar. No le podía ni responder.

—Hoy, más allá del enojo y de todo este dolor, ¿sentís que los querés?

—Buena pregunta. La verdad que no. Me la pongo a pensar a veces pero no siento nada. Me han dicho todo el tiempo que les diga te amo y eso pero no me sale. Los saludo, todo bien, pero no.

—Seguro van a ver esta nota. ¿Qué les quisieras decir hoy?

—Me gustaría que si están comprendiendo todo lo que estoy haciendo que hagan terapia. Pero más que nada que la traten bien a mi hermana. Que no quiero que pase la misma infancia que yo pasé de maltratos. Y que tenga una muy, muy, muy buena vida. Que tenga una muy buena vida mi hermana. Que la traten súper bien. Ya sé que es feliz. Ella sabe que es feliz porque ella se concentra en sus cosas y sabe que es feliz. Pero que la acompañen en todo y que si el día de mañana es una adulta y tiene sus decisiones, que la respeten.

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El actor vive un presente pleno: protagoniza “Secreto en la montaña”, prepara nuevos proyectos y está por mudarse con Débora Nishimoto. En una charla relajada con Infobae repasa su historia de amor, la relación con su hijo, los trabajos que tuvo antes de vivir de la actuación, el odio en las redes y compartió las historias más insólitas de su vida, como el robo de un lechón

Esteban Lamothe: “Lo único que quería era que volviera y siguiera enamorada de mí”
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