Jimena Grandinetti habló sobre el duelo, su miedo al compromiso y las heridas que le dejó una relación tóxica

En Ellas, la conductora repasó el profundo cambio personal que inició durante la pandemia, cuando comenzó a replantearse su carrera y decidió alejarse de la televisión. También se refirió al impacto que tuvo la muerte de su padre, las decisiones que tomó a contramano de las expectativas ajenas y el proceso de autoconocimiento que transita actualmente, atravesado por el trabajo terapéutico y la búsqueda de una vida más auténtica

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“Me costó mucho tomar esa decisión de irme. Si bien yo ya venía sintiendo la necesidad de hacerlo, me encontraba en piloto automático y bastante desalineada con mis sueños y objetivos”, recordó Jimena Grandinetti en Ellas, el ciclo de entrevistas de Infobae, al repasar el quiebre que la llevó a dejar la televisión.

Jimena es comunicadora, conductora y actriz con una sólida trayectoria en medios de comunicación, donde se destacó en noticieros y programas de televisión. A lo largo de su carrera combinó el periodismo con su faceta artística, una dualidad que ella misma reconoce como parte central de su identidad profesional.

Trabajó en distintos medios de cable y la televisión abierta, y en los últimos años decidió alejarse de la TV informativa para priorizar su bienestar personal y explorar nuevos caminos creativos. Actualmente, integra el equipo de Infobae al Mediodía, que se emite de lunes a viernes, de 12 a 15 horas.

ELLAS - Jimena Grandinetti
Jimena Grandinetti: “Tengo miedo al compromiso, lo fui observando a lo largo de los años”. Fotografías: Maximiliano Luna

—¿En qué momento de tu vida te encuentro?

—¡Uf! Qué buena pregunta y qué profunda. En un momento de crisis. Vengo como con una crisis tras otra. Todo empezó en la época de la pandemia, que ahí yo ya venía queriendo renunciar a un trabajo y no estaba pudiendo. De repente decretan aislamiento obligatorio. Y dije: “¿Qué hago?” Yo quería dar un giro, tenía como la necesidad de lanzarme un poco al vacío y dije: “No puedo hacerlo en este momento, en el medio de la pandemia”. Seguía como muy en piloto automático. Si bien ya había registrado que quería cambiar mi vida, estaba muy pasada de rosca y dándome cuenta que hoy estamos y mañana no sabemos. No me sentía muy feliz en ese momento, entonces, sentía que tenía que correrme del lugar en el que estaba. Lo pude hacer después, pospandemia, y tomé un par de decisiones. Pero la crisis no es que se resuelve de un día para el otro.

—Son procesos...

—Son años.

—Aunque también dicen que son oportunidades.

—Sí. Después fueron pasando un montón de otras cosas que hoy me vuelven a traer a un momento de crisis. Hace un año falleció mi viejo, de una forma bastante inesperada, de golpe y fue como: “¡Ay! Otra vez crisis”. Cuando creía que estaba un poquito mejor, de repente pasa esto. Yo sé que quizás para el afuera parezco una persona fuerte y lo soy. Pero también tengo estos momentos de caídas.

—No es una contradicción ser una persona fuerte y transitar momentos de debilidad. Pueden ir de la mano, ¿no?

—Sí. Son momentos en los que uno o una se siente muy vulnerable. En realidad, me siento un poco así y también por una cuestión de edad, tener que pensar en ¿quiero ser mamá o no quiero ser mamá? ¿Qué quiero hacer con mi carrera? ¿Estoy yendo por el lugar correcto? ¿Es mi futuro en Argentina o en otro país? Como que hay un montón de cosas que ya desde más chica venía sintiéndolas, pero son preguntas de esta crisis que sigue estando ahí medio latente. Las trabajo, hago terapia, constelaciones familiares, hago de todo (risas). La meditación es algo que apliqué mucho en la pandemia y después traté de sostenerlo. No pude ser tan disciplinada y constante con eso, pero es una herramienta que la tengo a mano. Cuando estoy muy abrumada o en una, medito. Hice cursos de meditación trascendental y otras cosas, siempre aprendiendo.

—Dijiste recién: “Tomé algunas decisiones en el ámbito laboral”. Y uno piensa que todo el mundo quiere estar en la televisión, incluso hoy, con el auge de las redes sociales. Cuando parece que todos quieren estar en la tele, vos decidiste alejarte a pesar de que ya tenías un lugar ganado. ¿Cómo viviste ese proceso y por qué te fuiste?

—Me costó mucho tomar esa decisión. Ya venía sintiendo la necesidad de irme porque me sentía muy en piloto automático y bastante desalineada con mis sueños o con mis objetivos. Como que no estaba en eje. Y la gente cercana, cuando les comentaba que quería renunciar en ese momento a TN y a Canal Trece, que estoy muy agradecida por todo lo que me dio Artear, fue un momento muy complicado para mí porque se te pone todo el mundo en contra, ¿viste? La familia opina y te dicen: “Che, estás loca, ¿cómo te vas a ir?”.

—O sea, todos te decían: “¡No te podés ir!”

—“No, no te vayas, no te podés ir”. Mi viejo me acuerdo que fue una de las primeras personas que llamé cuando ya tenía la decisión retomada y le dije: “Mirá, pa, te quiero decir esto. No quiero que me digas que no lo haga. Yo ya sé que por miedo me vas a decir no lo hagas. Pero por favor, necesito que me acompañen. Yo ya tomé la decisión, yo sé que tengo recursos para salir adelante. No sé muy bien qué va a pasar. Me estoy tirando al vacío, pero necesito que me apoyen y no que me digan: ‘Che, no lo hagas, no podés, mirá si no funciona’, o cosas así”.

—¿Y qué te dijo?

—“Bueno, está bien”.

—No le quedó de otra (risas).

—No le quedó de otra porque además le dije: “Mirá, pa, yo hasta acá llegué sola”. Sola es un decir, ¿no? Porque te encontrás un montón de gente en el camino que te va ayudando. Pero yo llegué a los medios tirando currículums. Entonces, digo, si insistí, perseveré y lo logré, como logré esto, puedo lograr todo lo que me proponga. Fui con ese discurso bien arriba, que hay días que estoy re en esa de me como el mundo y hay días que no tanto (risas). Pero él me entendió y me dijo: “Sí, tenés razón, está bien lo que decís”. Después mi mamá creo que no me dijo nada en ese momento y mi hermano me dijo que no estaba de acuerdo con la decisión que yo estaba tomando. Y un poco me chocó porque es mi hermano mayor, ¿viste? Como diciendo: “No, no está bueno lo que estás haciendo”.

—¿Cuál es el lado B de la tele que la gente no conoce y que no está bueno?

—La tele tiene un lado B que cuando hacés programas en vivo de lunes a viernes con una exigencia de una carga horaria bastante extensa, y me ha pasado en diferentes medios, no solo del que hablábamos recién, o de trabajar incluso fines de semana, en un momento sentís que no tenés vida. Yo sentí que no tenía vida fuera de la tele. Como que me estaba absorbiendo, chupando el sistema. Y también ahí es donde dije: “Che, ¿mis sueños están acá adentro? No. Entonces, me tengo que correr”. Ese fue el momento de claridad y me sentí un poco rara cuando me fui igual, ¿eh? Es un cambio muy abrupto el de pasar de hacer televisión en vivo todos los días, incluso días del fin de semana, feriados...

—Porque la tele no conoce de feriados (risas).

—Olvidate. Todo eso también me pesaba. Porque me ha pasado de no hacer actividades en familia o con amigas por estar trabajando. Un montón de cosas me perdí un montón por estar trabajando y por esa obsesión de estar, que te lo genera el mismo sistema, ¿no? Workaholic a full. Pero en un momento dije: “Che, ¿por qué yo no me fui a Año Nuevo con mis amigas a Ecuador? Que en ese viaje la pasaron bomba. ¿Y por qué no fui? No, porque estaba trabajando. ¿Y por qué me perdí tal celebración familiar? Y porque estaba trabajando”. Y en un momento dije: “Che, pará. La vida no es el canal de televisión o la vida no pasa por acá, pasa por las personas que tengo alrededor, que amo y que quiero". Me empecé a dar cuenta también de la importancia de cuidar los vínculos. Estoy en una época que lo puedo blanquear esto. Antes, cuando era más chica, yo sabía que era un poco una impostora en los medios masivos de comunicación que hacían noticias. Porque de entrada siempre trabajé en en noticieros.

—¿Y por qué te sentías una impostora?

—Porque yo siempre me di cuenta que mi vibra va por otro lado, no por el lado de las noticias. De hecho soy actriz. Y para mí ahí se chocaban un poco la actriz y la comunicadora. Soy licenciada en Comunicación y era como que las dos cosas no matcheaban. Es como que mis dos profesiones, mis dos vocaciones, no... Yo no me sentía como pez en el agua en los noticieros, aunque muchos puedan decir lo contrario. Justamente porque hay algo de las noticias malas, de las noticias feas y negativas que me hacían mal. Y de eso me di cuenta desde el primer minuto. Pero lo sostuve porque era trabajo, porque obviamente tenía un lugar privilegiado. Me automaticé un montón. También era ganar experiencia en algo que igual es muy interesante, un lugar en el que aprendés un montonazo. Pero en un momento mi cortocircuito fue: “Che, pará, porque sí estoy en la tele, que era algo que sí anhelaba y que sí quería, no estoy en la tele haciendo lo que de verdad quería”. La conducción me encanta, pero más desde el lado del entretenimiento.

—Eso te iba a preguntar. ¿Sentís que quizás si hubiese sido otro formato te hubieses sentido un poco más a gusto o no hubieses tenido que tomar esta decisión? O sea, las noticias son las que en algún punto te invitaron a correrte del medio.

—Sí.

ELLAS - Jimena Grandinetti
"Llegó un momento que dije: 'La vida no es el canal de televisión'", confesó Jimena. Fotografías: Maximiliano Luna

—Estás en un momento de mucho cuestionamiento y a veces hay preguntas que a veces la sociedad o el sistema nos obliga a hacernos...

—Sí, recontra.

—Recuerdo que fuiste una de las primeras en contar públicamente que habías congelado óvulos y más allá de que es algo que se hace desde hace mucho tiempo, vos rompiste ese tabú. Hoy, mirando hacia atrás, ¿sentís que fue un proceso que hiciste porque realmente lo deseabas, porque anhelás ser mamá el día de mañana, o porque sentías que era algo que tenías que hacer?

—En realidad siempre supe que quiero ser mamá. Tengo un grupo de amigas que son un poquito más grandes que yo, o sea, ya tienen 40. Y ellas ya habían vivido el proceso de que una que le había costado bastante concebir, había perdido un embarazo y varias cosas. Entonces, era un tema del que se hablaba mucho en ese grupo. Yo teniendo 30 ya las escuchaba hablar de los tratamientos que se estaban haciendo, y más allá de este caso puntual, el resto se habían acoplado a congelar óvulos. Entonces, yo les empecé a preguntar: “Che, ¿cómo es? ¿Cuándo me recomiendan hacerlo?”. “Y, hacelo, si podés, antes de los 35”, me dijeron. Y cuando renuncio al canal digo: “Bueno, voy a empezar a ordenar mi vida”. Porque había cosas que antes no tenía ni tiempo de hacerlas o de pensarlas siquiera. Entonces, fui, visité a un médico y le pregunté todo. Por suerte no estaba laburando, porque cada un día tenía que ir a la clínica que quedaba en la otra punta, a que me chequeen.

—¿Ibas sola o estabas acompañada?

—No, iba sola. No estaba con nadie en ese momento. Iba sola, pero igual en ese sentido soy un poco rara. No me jode hacer las cosas sola, como que tengo esa personalidad. Incluso si hubiese estado con alguien en ese momento, tal vez hubiera ido sola.

—¿Y te imaginás teniendo un hijo sola?

—Ahora no. De más chiquita era un poco más crazy y en un momento me acuerdo que le había dicho a mi mamá: “Si no me enamoro, má, capaz...”. Pero no, ahora soy mucho más consciente que me gustaría armar una familia. Porque no tengo casos tan cercanos de madres solteras, pero conozco un par de personas que se volvieron locas con el tema. Aunque entiendo que cada uno lo lleva de una manera diferente.

—Nunca hay garantías. A veces tenés un compañero y estás sola igual.

—Sí Te puede salir mal, obvio. Puede pasar. Nada te garantiza nada. Así que no sé, en unos años te cuento. Me gustaría, obvio, ojalá pueda ser mamá antes de los 40, pero no lo sé. Pero una mujer que tiene 35 años sí o sí, inevitablemente se pregunta el tema de los hijos. Tengo amigas que ya saben que no quieren y listo. Pero es un tema de conversación o es un tema que te aparece como un pensamiento.

—Mencionás la maternidad, el cambio de laburo y también me dijiste: “Siento que sigo en crisis y hace muchos años vengo en crisis”. ¿En qué etapa de la crisis estás? Porque va cambiando, ¿viste? El proceso y la búsqueda.

—Sí, va cambiando. La crisis se va transformando en otra crisis. Está buenísimo ser más consciente, pero te lleva a ir más para adentro y decís: bueno, ¿hasta dónde? ¿Hasta dónde voy a llegar con esto? Porque te vas encontrando en el camino con un montón de cosas. Estoy en un momento en el que no paré de buscar, pero sí me ordené un poquito más. Estoy haciendo psicoanálisis y una terapia más sistémica, que sería como constelaciones pero con una terapeuta. Yo creo que estoy en un tema ahí como del clan familiar, de sanar un poco lo vincular, ¿viste? De entender qué pasó en las parejas de mi familia, entender por qué a veces a mí me cuesta un poquito. Tengo como cierto miedo al compromiso, que lo fui observando a lo largo de los años.

—Es un re tema ese en nuestra generación.

—Sí. Hay un tema ahí con el amor. Por qué elegís y no elegís a la mejor persona y decís: “Che, ¿por qué elegí a esta persona?”

—O por ahí lo que elegiste hace unos años no es lo mismo que elegís hoy. Y eso es válido también.

—Por suerte, porque se supone que vamos evolucionando y nos vamos transformando.

—¿Y encontraste el issue en el linaje?

—Un poquito sí, estoy en esa, justo estoy en ese momento.

—¿Ahora estás sola?

—Sí, más o menos.

—Porque también uno tiene que estar disponible para conocer a un otro, sino no llega.

—Sí, eso es verdad. Pero son un montón de cosas. Yo lo que sí siento es como que quiero trabajar bastante el tema del amor, amor en la familia y el amor propio también, porque es super importante para avanzar en la vida y en todo.

ELLAS - Jimena Grandinetti
“Estoy en un momento de una crisis tras otra y de procesos”, admitió Jime en diálogo con Luli Fernández. Fotografías: Maximiliano Luna

—¿Has tenido algún desengaño que te ha invitado, después de una herida fuerte, a necesitar sanar?

Sí, tuve un vínculo bastante tormentoso hace un par de años. Un vínculo bastante como feo, en varios aspectos, que después viéndolo a la distancia, yo decía: “Che, ¿pero por qué elegí a esta persona? ¿Por qué compartí tanto tiempo? ¿Qué onda?” Y me acuerdo que mi astróloga una vez me dijo: “Basta porque perdés energía diciendo por qué. Ya está, ya pasó. ¿Qué aprendiste de eso?” Lo que aprendí es que nunca más voy a caer en las manos de un psicópata, eso seguro, o de una persona manipuladora, porque me doy cuenta a cinco cuadras más o menos. Yo ya veo una persona y tengo el escáner encendido. Aprendés un montón de los vínculos que son tóxicos o que no son sanos, por suerte. Igual siento que es algo que si te querés meter, porque podés vivir en piloto automático y vas por la vida así como si nada. No sé, yo no puedo.

—Igual fíjate cómo nos sale naturalmente el cuestionamiento hacia nosotras mismas. Esto de por qué yo elegí o por qué me quedé tanto tiempo y, en definitiva, el que era un loco era el otro. Pero una busca la responsabilidad propia, ¿no?

—Sí. Es que no podés creer a veces la de quedarte en lugares a donde ya sabés que no es. Porque hay algo que te avisa. Hay algo que te viene avisando: “Che, no es por acá, no es por acá”. ¿Y por qué una se queda en lugares a donde ya no?

—¿Porque tenemos el anhelo de querer transformar la realidad y al otro?

—Claro.

—¿En qué momento de ese proceso, de ese vínculo, entendiste o te diste cuenta que había cuestiones que trascendían lo que es una personalidad difícil?

—No era por el lado de la violencia, era por el lado de la manipulación, que igual es una forma de violencia. Me costó darme cuenta, pero cuando me di cuenta me cayó una lista de cosas…

—¿Y te acordás cuando fue ese momento puntual?

—Sí, cuando me revisó toda la computadora. Toda la computadora, todas las redes sociales, todo, todo, todo.

—¿Y cómo te diste cuenta que había pasado eso?

—Algo que me pareció raro, sentí unas actitudes un poco raras. Olfateé algo y me puse a investigar. Había dejado el historial de cosas que había buscado, en las conversaciones en las que se había metido y el historial me mostró el paso a paso de lo que había hecho en mi computadora.

—¿Y qué sentiste en ese momento?

—Impotencia, pero también alivio porque era lo que creo que necesitaba para decir basta. Porque ya habíamos cortado y estábamos en una cosa ahí medio… Nos volvimos a ver. Viste que a veces pasa y que es lo peor que se puede hacer. Pero pasa. Ahí le mandé un mensaje con el historial y le dije: “Mirá, te olvidaste esto” (risas).

—¿Y qué te respondió?

—No, nada. Yo bloqueé. No recibí respuesta.

—¿Y nunca más la vida te cruzó con esa persona?

—No, por suerte. Ya está. Fue hace algunos años.

—Hay un meme que dice: “Estoy conociendo a mis próximos tres años de terapia”. ¿Sentís que atravesar algo así puede dejarte, de algún modo, anestesiada durante mucho tiempo?

—Y sí, cuesta un poco después entregarse a nuevas historias, a nuevos amores, abrirse. Yo de por sí siento que tengo medio una coraza. Entonces cuando te pasa algo así también te golpea y te genera un cimbronazo que cuesta un poco más porque decís: “Che, me abrí y me pasó esto”.

—Te invito a un juego. ¿Qué tiene que tener el hombre ideal que te encuentre hoy a tus 35 años para enamorarte o para engancharte o para que le des esa oportunidad?

—Hoy dije algo al aire en Infobae en Vivo que me parece que resume un poco todo esto. Medio en chiste dije: “Lo amo a Scaloni”. En realidad, amo lo que representa Scaloni, porque ese tipo de hombre sensible que se muestra vulnerable…

—Hagamos la listita: sensible, real, ¿qué más?

—Líder. Porque para estar con una persona como yo tenés que ser muy firme. Yo también tengo una energía fuerte. Y lo sé…

—¿Sentís que está difícil? Viste que uno escucha mucho esto de “está difícil el mercado”.

—Me matás con esa porque yo vengo de estar en un vínculo, nos separamos y ahora estamos medio como de vuelta. Y no estoy en búsqueda. Además nunca tuve ninguna red social de estas de...

—No sos partidaria de las apps de citas.

—De las apps no soy usuaria, pero me divierte. A veces le digo a mis amigas: “Che, ¿me muestran?” Para joder un rato y hay opciones. Hay que saber buscar.

—Para mí el tema es que hay que tener claro qué es lo que no querés. Ahí ya tenés un filtro importante.

—Sí, tengo un grupo de amigas que son bastante bajativas que dicen eso que vos dijiste de que está difícil. Pero el otro día fui a cenar y nos contaba una amiga que una amiga de ella estaba conociendo gente a través de un pádel especial para ir a matchear. Y vos te ponés colores para identificar. Por ejemplo, verde es estoy para todo. Amarillo es tipo estoy acá viendo qué onda. Es como para ir a tantear y no quedar como tan regalada con el verde. Y ahí después empezás a charlar si pinta, ¿entendés? Hay varias opciones...

—Para cerrar las entrevistas siempre pregunto qué te dirías si pudieras tomarte un mate con tu yo de hace 10 años atrás, pero hoy la voy a cambiar y te pregunto: “Si pudieses volver a tomarte un mate con tu papá, ¿qué charlarías? ¿Qué le dirías?”

—¡Uh! Qué fuerte. Me voy a emocionar... Le agradecería. Ya le agradecí, por suerte en vida, pero por haber sido el mejor (se emociona).

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