Con dieciséis años llegó a convocar hasta 5.000 adolescentes en las escalinatas del Shopping Abasto a través de Fotolog, cuando no había computadoras en cada casa, no existían los smartphones ni la palabra influencer. Hoy, se reinventa detrás de escena como estratega de comunicación para importantes figuras y marcas del país.
En el episodio estreno de La vida después, la nueva propuesta audiovisual de Infobae Studio, Agustina Vivero, inmortalizada en la cultura popular argentina bajo el seudónimo de “Cumbio”, se sienta a repasar el recorrido completo de una vida atravesada por la sobreexposición temprana, la resiliencia en un entorno hostil y la construcción de una sólida carrera profesional lejos del ruido mediático.
Luis Novaresio: Arranquemos por el principio. ¿Quién es Agustina Vivero?
Agustina Vivero: Tal vez la mayoría me conoce como Cumbio, “la primera influencer de Argentina”. Pero si tenemos que hablar un poco más de mí, me gustaría decir que soy una chica humilde a la que le gusta estudiar, capacitarse y ayudar a su familia.
LN: Lo decís así como al pasar: “La primera influencer argentina”.
AV: Es muy flashero, pero pasó. Estamos hablando del 2006, cuando abrí mi Fotolog por primera vez. Pasó esto de organizar los encuentros que trascendían la plataforma digital y eran en el Abasto: se juntaban 5.000 pibes copando el shopping. Diez años después de ese momento, me llaman un día para el Martín Fierro Digital y me dicen: “Te queremos invitar, tenemos algo especial para vos”. Y yo digo: “¿Qué será?”. Y ahí me dieron el Martín Fierro a la primera influencer argentina. A todo esto, yo me puse a investigar y sí, efectivamente soy la primera.
LN: Objetiva y cronológicamente sos la primera. ¿Cómo llegás a Fotolog?
AV: Bueno, yo había escuchado por primera vez que existía algo que se llamaba Internet, a lo que podías acceder a través de una computadora. Mi viejo me consiguió una compu en un remate en el que él compraba inodoros usados y después los revendía. Yo caminaba siete cuadras para ir a un ciber en el que a la media hora o a la hora se te acababa el tiempo y te cerraban la sesión. A partir de ahí, nunca paré con la comunicación digital. Creo que lo más loco y lo que más me ayudó fueron varios puntos. Uno es que yo era muy amiguera, entonces ya tenía muchos seguidores, aunque no era conocida; muchos amigos que seguían este Fotolog en el que yo subía fotos con mi camarita digital pixelada o con aquellos celulares Nokia en los que salía todo verde. Después, organizar efectivamente los encuentros y que la gente me empezara a ver como la cara de los floggers: “Bueno, vamos a ver qué hacen, entremos al Fotolog de Cumbio”. Y por último, creo que algo que también hizo que se destacara mi Fotolog fue el tema de las fotos llamativas que hacía para que la gente entrara a ver mi usuario.
LN: Dijiste algo: “Mi papá compraba y revendía inodoros”. Contame cómo es tu familia.
AV: Mi familia se compone por mi viejo plomero, que falleció hace dos años ya, mi mamá ama de casa, y mi hermano, Rubén Vivero.

LN: Un inmenso productor.
AV: Productor de tele. Mucha gente piensa que mi hermano tuvo algo que ver con lo que pasó con los floggers, y no. Esto me encanta contarlo porque un día me llama mi hermano cuando yo estaba en un encuentro del Abasto y me dice: “¿Qué hiciste?”. Le digo: “¿Cómo qué hice?”. “Están pidiendo en Policías en Acción el teléfono de Agustina Vivero y dicen que es mi hermana y que está haciendo algo en el Abasto, un encuentro”. Le digo: “No, después te cuento, es que nos juntamos los floggers, vos pasale el teléfono”.
Bueno, mi papá, como les comenté, era plomero y gasista matriculado. Lo que hacía para tener algún pequeño ingreso extra era ir a los remates en los que podés comprar algo usado, ya sea de un lugar que se está por demoler o que ya no se utiliza más, y compraba inodoros, bañeras... Entonces, cuando iba a la casa de alguien a arreglar algo, podía venderle eso más barato que comprarlo nuevo, pero estando en perfecto estado.
LN: ¿Qué hay de cierto en que un vos creíste que traía un inodoro y no era un inodoro?
AV: Un día de esos en los que mi viejo volvía del remate trayendo literalmente cualquier cosa, llegó a casa y lo ayudamos. Mi mamá me dice: “Hoy la puerta del conventillo abrila vos cuando llegue tu papá”. En esa época no me dejaban, por una cuestión de seguridad, siempre me decían: “No le abras la puerta a nadie, dejá que nosotros abrimos”. Bueno, ese día abro la puerta y era mi viejo con una CPU y un monitor todo amarillento. Estamos hablando de los monitores viejos de tubo, con Windows 95. Con eso empecé todo, porque ahí aprendí a usar Excel y a jugar al Príncipe de Persia. Todo gracias a esa compu. Mis papás apenas estaban aprendiendo a usar una computadora, no tenían ni idea y, sin embargo, siempre estaban ahí empujándome y apoyándome. En paralelo, mi hermano estaba haciendo su carrera como productor: hizo Policías en Acción, Caos en la Ciudad, Cárceles, Gran Hermano... Muchos programas.

LN: ¿Vivían en un conventillo?
AV: Yo viví en un conventillo por muchos años. Durante todo el pico de Fotolog yo vivía en ese conventillo y recibía a mis amigos del Abasto ahí. Tenía una parte inicial en la que vivía yo, donde había diez familias. Y había una parte de arriba en la que vivían más, comunicada por un patio. Nos hablábamos desde el patio con los de arriba, muy de conventillo. Compartíamos todo: el baño, la cocina... Todo se compartía. Aprendés a llevarte bien como sea con otras familias, y está bueno porque realmente pasaron a ser parte de mi familia también.
LN: ¿Mamá y papá entendían lo que vos hacías?
AV: Ellos entendían lo que yo les decía y me creían. Yo les decía: “Para mí esto es el futuro. Hoy estoy jugando, pero para mí la gente más adelante va a necesitar hacer esto, va a necesitar entenderlo, y yo ya voy a saber hacerlo”. Confiaban en lo que yo les decía, pero después no entendían absolutamente nada: ni cómo se prendía la compu ni qué era Fotolog. Me acuerdo de un día en que empezó a haber mucha repercusión por las notas de Chiche Gelblung, donde ya empezaba a haber ciertas polémicas o me invitaban a lugares tipo “los floggers se pelearon con los emos”. Entonces mi mamá un día me dijo: “Bueno, mirá, me siento acá al lado tuyo; enseñame a prender la compu y a abrir qué es lo que vos escribís en tu Fotolog para al menos entender y saber qué pasa, qué son las fotos que subís”. Y más que nada veía esto de encontrarme con mis amigos, hacernos peinados medio locos y sacarnos fotos. Con mi papá me pasó algo muy particular: cuando empezó lo todo, un día me retó y me dijo: “Lo que estás haciendo es de persona vanidosa. Esto de estar sacándote fotos contra un espejo no está bien y no te va a llevar a nada”. Tiempo después, cuando empezó a explotar Fotolog y empecé a tener algún pequeño ingreso —además de que yo siempre seguí estudiando, nunca dejé ninguna de mis responsabilidades—, mi viejo un día me dijo: “Te pido disculpas por lo que te dije. Estaba equivocado y me da mucho orgullo todo lo que estás haciendo”.
LN: Claro. Pero me quedo pensando en este recorrido: conventillo, baño compartido, primera compu, ciber, Fotolog, 5.000 personas en el Abasto, Mirtha Legrand... ¿Me explicás cómo llegás a Mirtha Legrand?
AV: Llegué por primera vez a lo de Mirtha Legrand como invitada. Ella me invitó a la famosa “Mesaza” en el pico de Fotolog. Me acuerdo de que en ese momento yo tenía pocos recursos. La platita que hacía era por ir a una presencia en algún boliche o alguna cosita así. Como te comenté antes, mi familia era muy humilde y no me podían comprar ropa para ir a lo de Mirtha, que era un gran suceso en nuestras vidas. Ella me trató muy bien, incluso me dijo que tenía que cobrar más. Fue épico, porque no podía creer que una persona de su edad y de su trayectoria estuviera tan atenta y se hubiera estudiado qué pasaba con los floggers y qué era eso, y que alguien como yo hubiera llegado a su mesa.

LN: ¿Y cómo llegaste a manejar sus redes?
AV: Bueno, después se terminó lo que era Fotolog. Yo siempre decía: “Esto es una moda, en algún momento va a pasar”. Fotolog fue una plataforma que no se supo actualizar como por ahí hoy lo hacen Facebook, Instagram, TikTok, etcétera. Lo que pasó a partir de ahí fue que dije: “Che, voy a estudiar algo que tenga que ver con esto”. No existía Marketing Digital o Comunicación Digital en las universidades en ese momento, y yo quería tener una carrera de grado para ser la primera en recibirme y enorgullecer a mi mamá. Lo que encontraba más parecido era Cine y TV. Dije: “Voy a estudiar Cine y TV, me va a servir”. Finalmente me sirvió. En paralelo, me entero de que en Endemol estaban buscando asistente de producción, primero para Gerardo Sofovich. Empecé a trabajar con él, que me super quiso, me recomendaba, me quería realmente.
LN: De asistente.
AV: Literalmente llevaba el café. ¿Pero qué pasa? Yo no me conformaba con solo llevar el café. En ese momento se usaba bastante Wikipedia y le armaba un informe de cada invitado que venía. No era mi trabajo, pero nadie lo hacía. Entonces lo preparaba y subrayaba con resaltador con lo más importante para Sofovich. Se lo llevaba al camarín con el café, él se moría de risa y me decía: “Esperá, esperá, nena, vení que te quiero decir algo. Esta obra que dicen acá que se hizo en el 94 es mentira, porque la hice yo y se hizo en el 92. Deciles que lo cambien”. Claro, él sabía más que Wikipedia. Se encariñó conmigo, me super recomendaba, y un día estaban buscando a alguien para Mirtha. Me acuerdo de que me hice toda una investigación: miré todos los videos de YouTube y todas las notas de ella, me armé un montón de papeles, los llevé y me presenté. Me necesitaban para llevar las gaseosas y servir el café, y me dijeron: “No hacía falta que trajeras todo esto, vení mañana que arrancás”. Y bueno, ahí empecé a trabajar llevando el café también en lo de Mirtha, preparando los famosos tarjetones...
LN: Los que ella tiene en la mesa.
AV: Que dicen “Mensaje de Twitter”. En su momento eran mensajes del teléfono; cuando entré yo empezaron a ser mensajes de Twitter, se renovó. Un día encontré que ella tenía un Twitter que le habían abierto por la tira La Dueña y que estaba abandonado. Le escribí a Nacho Viale y le dije: “Che, quiero manejar esto. Lo voy a hacer con responsabilidad y con mucho respeto. Me gustaría anunciar a los invitados y de a poco ir haciendo más”. Me dijo: “Sí, hacelo, confío en vos”. Y así arrancamos con Mirtha un camino largo en Twitter al que le fue muy bien.
LN: Mirtha, Gerardo, Pamela...
AV: Pamela David, todos. Iúdica... La persona que más trabajo me trajo, te diría, junto con Mirtha. Mirtha te da un respaldo terrible, a mí me puso en un lugar de pasar de “Cumbio la flogger” a “Che, mirá, Cumbio sabe algo, mirá lo que hace”. Y después Mariano Iúdica, una persona que conmigo se portó más que generosamente, le voy a estar siempre agradecida. Venía quien sea —desde un trapito hasta un gobernador— y él decía: “Vos necesitás redes y para eso necesitás a Cumbio”. Después me llamaban marcas de empanadas, empresas de productos, de todo...
LN: Sin embargo, aparte del cariño que recibías, en muchos momentos sufriste bullying, ¿no es cierto?
AV: Sí. Vivir algo tan nuevo como Fotolog, ser la primera influencer en un momento en el que no existía esa palabra, ni existía la palabra bullying... Creo que a la gente también le genera un poco de rechazo lo desconocido. En la tele era el bicho raro; en la escuela era “se hizo famosa pero en realidad no es famosa y no gana plata”, entonces era todo muy raro. En el último año del secundario lo pasé realmente mal. Incluso mi familia fue a quejarse con la directora de ese momento y le dijeron: “Bueno, mirá, nosotros no sabemos manejarlo. La que se hizo famosa es ella; si no le gusta, va a tener que rendir libre”. Entonces me fui, rendí libre a fin de año las 12 materias y me fue muy bien.

LN: ¿La pasaste mal concretamente cómo?
AV: Me empujaban tenía uniforme y me grababan debajo de la pollera y me pasaban cosas como agarrar el celular del compañero que me estaba grabando, llevarlo a preceptoría y que me digan: “Vos no le podés sacar el celular a alguien”. Yo decía: “Pero quiero que borre el video”. “No, igual el celular es de él”. Otra cosa típica era que me agarraran la mochila entre tres más grandotes y no me la quisieran dar, o que me cerraran la puerta del aula para que no pudiera salir.
LN: ¿Por ser famosa?
AV: Por ser flogger, principalmente.
LN: Progresabas casi como una pionera porque nadie sabía demasiado cómo hacer esto, y por el otro lado eras condenada por ser innovadora. ¿Cuánto influyó también tu orientación sexual?
AV: Muchísimo. Creo que fue por lo que más me criticaron y por lo que más me hicieron sentir incómoda en mi vida en general. Si te ponés a ver archivos de la tele de ese momento, lo que más hacían era frenarme y preguntarme: “¿Y cómo sabés que sos lesbiana? ¿No sos muy chica para ser lesbiana? ¿Y cómo sabés que no te gustan los hombres? ¿Nunca más te van a gustar?”. Y yo ahí, con 16 años, estaba como: “Bueno, no sé”. Incluso me acuerdo de haber dicho varias veces que era bisexual porque la palabra “lesbiana” era algo nuevo para mí. Lo conté así porque las redes sociales me ayudaron mucho. Cuando era chiquita y me di cuenta de que me gustaba otra chica, pensé que en el mundo no existía otra chica a la que le gustaran las chicas. Pensé que era la única. Con esa persona que se interesaba en mí yo decía: “Bueno, es con ella o no es con nadie, porque no conozco a nadie más”. Claro, en el conventillo no había nadie como yo, en mi barrio no había nadie como yo, mi mamá nunca me había hablado de una mujer a la que le gustaran las mujeres. Después, con el tiempo, cuando empezás a conocer a otras chicas, te das cuenta de que había muchas a las que les pasaba lo mismo que a mí y no tenían con quién hablarlo. Capaz en Fotolog o en las plataformas encontraron un espacio que hoy, gracias a Dios, es enorme. Hoy hay muchas personas hablando de distintos temas para que nadie se sienta solo, y eso lo valoro muchísimo de las redes sociales.
LN: ¿Qué hacés hoy?
AV: Hoy tengo una agencia de marketing digital que se llama Ruido Social Media. Trabajamos con distintas marcas internacionales, a la agencia le va muy bien y estoy muy contenta. Gracias a eso abrí mi academia de comunicación digital que se llama Somos nuestra propia red. Hace poco lancé mi curso de Inteligencia Artificial para redes sociales para que cualquiera pueda entender cómo usar IA. Así que estoy muy contenta con el presente y con todo lo que estoy haciendo, que tiene que ver con lo que me gusta. Pensar hoy en día en hablar con esa chica de hace casi 20 años y decirle: “Che, seguí por acá que al final se llega, podés vivir de lo que te gusta”.
LN: La Agustina de ahora, ¿qué le diría a la Agustina de entonces?
AV: Cien por ciento paciencia, que va a poder vivir de lo que ama y de lo que le gusta. Recuerdo que en esa época en un momento me entró desesperación. Yo decía: “¿Cómo voy a hacer? Lo que me imagino para mí en aquella época es ir a atender un kiosco, pero la gente que me quiere y me odia no me va a dejar ni atender el kiosco, ¿cómo voy a hacer?”. Por eso dije: “Me voy a poner a estudiar y de alguna forma voy a trabajar de lo que quiero”. Pasó después de tanto estudiar y de tanto trabajar.
LN: Imaginate esta escena: estás tomando un café en un bar y escuchás un comentario de dos que están al lado tuyo que dicen: “Che, ¿qué fue de la vida de Cumbio?”.
AV: Me pasa. ¿Sabés que me pasa cuando subo algo? Me ponen comentarios tipo: “No, ¡Cumbio está viva!”. Si les tuviera que contestar qué fue de la vida de Cumbio, les diría: “Formó una familia”. Estoy en pareja hace seis años, le pedí matrimonio en Verona, Italia, en el balcón de Romeo y Julieta, el 14 de febrero, San Valentín. Lo di todo. Así que en cualquier momento nos casaremos.
LN: Difícil de empardar.
AV: Todo hermoso. Más allá de eso, cuido mucho a los míos, estoy muy atenta a mi familia. Somos pocos, pero nos cuidamos mucho.
LN: ¿Y vos estás orgullosa de vos?
AV: Yo estoy orgullosa de mí. Hice lo mejor que pude con las herramientas que tenía. Seguro que me equivoqué un montón en el proceso y me sigo equivocando, pero hago lo mejor que puedo con las herramientas que me tocaron y con las que voy consiguiendo en el camino, que trato de que todo el tiempo sean muchas y nuevas.
Fotos: Jaime Olivos
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