“No entro más en conflicto”: Connie Ansaldi habló del proceso de reinventarse, su rol en las redes y la búsqueda de validación externa

En Ellas, la emprendedora y referente en innovación reflexionó sobre la importancia del autoconocimiento, explicó por qué dejó de intentar convencer a los demás y analizó el impacto de la aprobación ajena en la autoestima. Además, compartió su mirada sobre la tecnología, el bienestar emocional y el desafío de evolucionar constantemente

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Ellas - Connie Ansaldi

“Yo no cambié, yo soy el cambio. Yo me veo a mí misma como un Lego, donde todo el tiempo le puedo agregar ladrillitos porque estoy en construcción. Es un Lego eterno, como la Sagrada Familia de Gaudí, que nunca la terminan de construir porque él dejó planos eternos”, expresó Connie Ansaldi en Ellas, el ciclo de entrevistas de Infobae.

Connie es emprendedora, consultora y conferencista, referente en innovación, marca personal y reinvención profesional. Conduce Innovadores Atómicospor El Observador 107.9 y fundó CUX, el primer sistema operativo en español para soporte emocional con derivación a profesionales y sistema de alertas. Lidera una comunidad de más de 3 millones de personas y, con más de 25 años de trayectoria en publicidad, medios, transformación digital y construcción de comunidades, se consolidó como una de las voces más influyentes del ecosistema emprendedor. Además, es fundadora de La Dinner de los Founders.

Es reconocida por su visión disruptiva, su capacidad para anticipar tendencias y su habilidad para transformar ideas en impacto real, combinando estrategia, creatividad y tecnología con una mirada profundamente humana, orientada al negocio y a la mejora continua. A lo largo de su trayectoria, tanto en los medios de comunicación como en el ecosistema digital, ha sostenido una filosofía basada en la evolución permanente, impulsada por la curiosidad, el autoconocimiento y la decisión de desafiar constantemente sus propios límites.

ELLAS - Connie Ansaldi
Connie Ansaldi: “Cuando el mundo te deja de asombrar, ahí tenés un problema”

—¿Sentís que en algún momento fuiste absolutamente incomprendida?

—Hasta hoy, todo el tiempo (risas). Pero es algo que nos pasa a las personas que trabajamos o vivimos completamente fuera de lo que llamamos la zona de confort, ¿no? Recién estaba escuchando un informe de Dylan Rosemberg, que es un comunicador de innovación que me gusta mucho, y él decía algo que yo menciono hace un montón de tiempo. Hicieron un estudio en Harvard de por qué los chicos que peor les va en la universidad son los que en general luego tienen éxito en la vida. Esto empezó a llamar la atención hace algunos años de que nunca es el alumno 10 el que triunfa sino es el que dejó o alguna otra cosa por el estilo. Y en realidad eso tiene que ver con es el tipo de personas que vamos contra el status quo, contra lo establecido. A mí no me iba mal, pero tampoco me iba muy bien. Yo estudiaba Publicidad y trabajaba en agencia. Entonces, lo que yo veía en la teoría decía: “No, pero esto en la práctica no es así”.

—¿Sentís ue en ese proceso de tener que volverse más permeable a los cambios hay mucha gente que se va quedando en el camino?

—Sí. Es la vida misma. Cambios hay siempre, todo el tiempo, permanentemente. A veces cuando hablamos de innovación se asocia mucho con la tecnología, pero innovación es todo. Innovación fue no solo el que inventó la rueda sino el que se le ocurrió poner las otras tres para hacer un auto. De ahí para acá, todo. Innovación son los utensilios que usaban para cortar carne cuando se dieron cuenta que si la disecaban al sol la podían transportar, entonces había que fraccionarla. Todo es innovación. Después hay cosas que obviamente son más disruptivas que otras.

—Recién dijiste que hasta el día de hoy te sentís incomprendida. ¿Cómo has manejado la tolerancia y la paciencia cuando a veces tenés a un otro enfrente que te subestima?

Yo antes era muy combativa e invertía mucho tiempo en convencer. Ahora no. Como que dejo que el tiempo y la vida hagan lo suyo.

—¿Eso sentís que tiene que ver con la madurez, con la experiencia o hubo algún cambio tuyo interno que te invitó a mirar las cosas desde otra perspectiva?

—Creo que es un cúmulo de cosas. Por un lado, yo tuve durante mucho tiempo una profesión donde se validaba mucho el hecho de que seas combativo. O sea, vos no podías estar sentado en un panel y no debatir, no contrarrestar la opinión del otro, porque sino se cae el programa. Es una dinámica de juego, en definitiva, lo que uno está haciendo cuando está al aire en ese tipo de programas. Entonces, yo durante mucho tiempo me parecía normal el tener que estar todo el tiempo debatiendo, contrarrestando. Y después me di cuenta, con el tiempo y cuando me salí de esa vorágine del día a día, que no solo no tiene sentido perder tiempo en convencer a alguien, sino que no lo voy a lograr. O sea, la persona que no quiere ser convencida no va a ser convencida.

—Aunque esté el hecho fáctico delante de sus ojos.

—¡Terraplanistas! Es como digo yo: el mundo de los terraplanistas.

—Pero ¿te pasa solo en el ámbito laboral o lo pudiste trasladarlo también al personal?

—A la vida. Pasa en la vida. Yo no soy nada rencorosa. Pero no entro más en conflicto. Me alejo y chau.

—Viste que hay un momento en que uno entiende que ahí se drena y donde se drena no se tiene que quedar.

—Yo en Twitter en 2012, que los de Twitter decimos que fue el prime de Twitter, cuando no estábamos los que estábamos al principio, sino que ya se había hecho una masa crítica de gente más interesante sin ser lo que es ahora. Pero ahí era muy combativa, peleaba y era buenísima respondiendo. Te cerraba muy fácil la boca.

ELLAS - Connie Ansaldi
“No hay nada más seductor que una persona segura de sí misma”, expresó Connie

—Si pongo a la Connie actual en esa etapa siento que veo El exorcista con los subtítulos de Shrek (risas). Hay una disociación entre la que sos hoy y esa Connie tan combativa de la tele y redes. ¿Cuánto tiene que ver con un proceso intencional y cuánto con lo ecléctica que sos?

—Hay una frase que me gusta mucho repetirla porque es como mi frase de cabecera y la comparto siempre para que si a otro le resuena, la use y la adopte. Yo no cambié, yo soy el cambio. Y cuando uno entiende que es el cambio, porque está permanentemente con todos los días la posibilidad de hacer las cosas de manera diferente, mejor, de evolucionar, no hay una etapa en donde decis: “Okey, hasta acá fui esto y ahora soy lo otro”. Es una continuación de uno mismo. Siempre digo que me veo a mí misma como un lego, donde todo el tiempo le puedo agregar ladrillitos, porque estoy en construcción. Es un lego eterno, como la Sagrada Familia de Gaudí, que nunca la terminan de construir porque él dejó planos eternos. Viste que Gaudí dejó planos que se llaman planos infinitos, que es como para ir siempre agregándole algo. Yo me veo a mí un poco de esa manera. Es como si fuese un software que todo el tiempo le cargo la última actualización. Vos pensá que yo trabajaba en la tele, pero ya tenía mi agencia de branding y de transformación digital, que yo vengo de ser publicista. Entonces, mixeaba las dos cosas. Yo no me considero que soy una persona distinta a la que era en ese momento. Soy una evolución de esa persona. El autoconocimiento es un superpoder y conocer los límites y los espacios de incompetencia de cada uno y qué cosas te hacen mal y correrlo, es un superpoder. Porque todo eso lo lográs trabajando en vos mismo.

—Con las redes, ahora hay una sensación constante de no ser nunca suficiente para la mirada del otro y de vivir bajo una enorme autoexigencia. Todas tenemos días en los que no nos sentimos bien, pero aun así tendemos a juzgarnos con demasiada dureza. ¿Cómo lo vivís vos?

—Lo divido en tres. Primero: el otro nunca va a resolver algo que vos no podés resolver con vos. O sea, afuera no hay nada y nunca es el otro, siempre sos vos. ¿Qué hago yo para contribuir a este vínculo tóxico? ¿Qué estoy haciendo? Por supuesto, no estoy hablando de tragedias.

—Claro. En dinámicas habituales que uno advierte.

—Exacto. ¿Qué hago yo para seguir en este vínculo? ¿Qué hago yo para tener esta relación tóxica? ¿Qué responsabilidad tengo yo sobre seguir alimentando algo que no me hace bien? Etcétera. Si vos no querés hacer ese trabajo y no querés verte, no lo vas a resolver nunca. Segundo: con respecto a la validación externa, a nosotros nos tocó vivir una época, mi generación que es la X, donde no tenías manera de compararte con otras mujeres más allá del círculo que te rodeaba. O sea, con tus compañeras de colegio, si ibas a bailar al boliche, y te parecía que era más monas que vos o te sentías bien. Ocasionalmente con las tapas de revista que sacaban minas re potras, de Para Ti, de Vogue y fin. Ahora tenés 24/7. Todo el tiempo, todo expuesto. ¿Por qué las redes sociales se convierten de la noche a la mañana en exitosas y en el vehículo mediante el cual nosotros nos comunicamos? ¿Por qué botón? Porque el botón de like aparece cinco años después de que se crea Facebook. Ahora nos parece algo que estuvo siempre, pero no. ¿Pero cuál es el botón que estuvo desde el día uno? El botón de compartir. Entonces, cuando uno comparte con el otro, valida su propia existencia. Está depositando en la mirada del otro: “Me reconocen, existo, gusto”. Es muy profundo y ancestral. Está casi te diría que reptiliano quererse, encastrar, aparejar, gustar, ser querido. Entonces, si vos no tenés un trabajo firme hecho con vos mismo, donde te aceptás, te querés, te gustás, te validás, afuera no lo vas a encontrar. No importa si sos linda o fea, si sos gorda o flaca. Justo ahora hice un reel sobre eso. Porque se instaló una frase de que si querés hacer algo para verte mejor es porque no te aceptás. Todo esto del Body positive donde dicen: “No, no quiero adelgazar y no voy a dejar de quererme porque me acepto”. Pero no es así, no está bien, no es real. Todo el mundo quiere verse bien. Y cuando digo verse bien, no lo estoy atándolo a los kilos. Estoy diciendo verse bien es sentirse cómoda con una misma. Está lleno de chicas, no las quiero nombrar porque son famosas, pero han dicho: “Tengo baja autoestima, me veo fea, me veo horrible”, y vos decís: “Es la piba más linda del mundo”. Y al revés, mujeres que por ahí estéticamente, en el estándar, no sé si son la más linda del mundo, pero se sienten espléndidas y son seductoras. Porque no hay nada más seductor que una persona segura de sí misma.

—Pero eso deviene de un trabajo interno muy importante, lo que hablábamos recién.

—Cuando a mí me preguntan: “¿Por qué tenés la piel tan linda?” Yo siempre digo: “Mira, hay tres partes en la vida. Una es tu genética, otra es la crianza y después lo que vos hacés para mejorar y potenciar eso”.

—Vos das conferencias, hacés mentorías, ¿cómo hacés para no estar coacheando todo el tiempo a todo el mundo? Porque imagino que tu entorno te pide consejos.

—Uno con sus vínculos está más relejada. Es como si yo fuese dentista y llego a una cena y le digo: “A ver, chicas, abran la boca. Che, fijate que te tenés que hacer una limpieza”. O sea, uno se pone en off. Más allá de que cada una de nosotras tiene su personalidad y es lógico que ciertas cosas afloren, y es verdad que me buscan a mí para que las ponga en caja...

—Para el sacudón.

—Claro. “Escuchame, mi amor” (risas). A mí no me gusta la gente que se victimiza, no me gusta la gente que pregunta “por qué esto me pasó a mí”. De nuevo, salvo casos especiales de tragedias que realmente son muy contundentes y muy irreversibles, no sos una víctima.

—¿Sentís que socialmente hay como una justificación permanente a asumir ese rol de víctima? Me refiero a dinámicas laborales, de familia...

—Hay personas que están muy cómodas en eso. ¿Qué es más fácil echarle la culpa a otro o hacerte cargo vos? Esa es la gente que se victimiza, le echa la culpa al otro. De nuevo, hago la salvedad, no estoy hablando de tragedias ni de cosas que te revientan de un minuto al otro. Estoy hablando del día a día, de lo laboral, de dónde me quedo, de por qué me quedo, de por qué me quedo en determinada relación, por qué genero determinadas cosas. Está lleno la tele de ejemplos de gente llorando y victimizándose, que decís: “Maestra, ¿qué haces? O sea, ¿no te escuchás? Salí de ahí”. En esos casos, hay que hacer un trabajo interno y después la verdadera libertad es financiera.

ELLAS - Connie Ansaldi
“La verdadera libertad es financiera”, afirmó Connie en diálogo con Luli

—Siempre te vi como una fundamentalista de las redes. Fuiste de las primeras en ver su potencial, pero hoy tienen muchos detractores. ¿Qué te pasa cuando te toca debatir con quienes creen que las redes solo hacen mal?

—No soy fundamentalista de las redes sino de la innovación. Yo trabajé durante mucho tiempo, mientras estaba en televisión, en el prime de social media, dando charlas y explicando la huella digital, que me acuerdo que me jodían diciéndome: “¡¿Qué es la huella digital?!” Pero no se dan cuenta que todo lo que sube en internet deja de ser privado para ser público. Todo, aunque sea una foto que le mandas a una amiga por WhatsApp. De ahí vienen las filtraciones de fotos, de audios, etcétera, porque ya deja de ser privado para ser público. Y ahora se está hablando de que hay que limitar darle el celular a los chicos, pero yo lo decía hace un montón. Los chicos antes de los 12 años no tienen que tener celular. Para el padre o la madre es más cómodo. Yo entiendo que es más difícil porque aparte hay una serie de acuerdos que uno tiene que tener con su círculo de pertenencia porque tampoco lo vas a dejar al pibe aislado. Pero no hay nada absolutamente bueno ni nada absolutamente malo. Siempre es qué y para qué, quién lo crea y para qué lo usa. Y pongo siempre el mismo ejemplo: un cuchillo, ¿es bueno o malo? ¿Vos vas a sacar los cuchillos de tu casa? Esto es exactamente lo mismo. La educación es poder, la información es poder. Si no te interesa, no te educás, no averiguás y no investigás, probablemente estás mucho más complicado que alguien que sí invierte su tiempo en: “Che, voy a investigar, voy a averiguar, me voy a educar”. Y hoy por hoy la educación es un commodity. Antes vos para aprender o para tener conocimientos tenías que ir a una facultad, puede ser la UBA o una facultad privada, pero tenías que invertir realmente dinero en formarte. Hoy por hoy el conocimiento es gratuito, está a un clic de distancia. Yo siempre dije: “Yo lo estoy usando para hacer esto que está bueno”. Ahora, si vos lo usás para acosar, mentir, hacer fake news, también lo podés usar. No es que la red es mala, somos las personas. Siempre somos las personas.

—Si pudieses tomar un mate con la Coni de dentro de 10 años, ¿con qué Coni sentís que te estás encontrando y qué te dirías?

—Bueno, me encontraría por suerte con alguien que puedo reconocer y eso ya es un montón. Sería una versión mejorada y evolucionada de quien soy hoy, porque todos los días trabajo en mí e invierto tiempo realmente en eso. Quizá más calmada. Yo todavía tengo una energía muy juvenil en el día a día, por llamarlo de alguna manera (risas), a pesar que tengo 52 años. Pero tengo ese ímpetu de hacer, de empezar. Y lo único que espero es, en 10 años, no haber perdido la capacidad de sorprenderme. Creo que lo mejor que puede tener una persona y lo que te mantiene joven y te mantiene alegre y feliz, es poder sorprenderte para bien. Cuando ya el mundo te deja de asombrar, ahí tenés un problema.

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