“Margarita me llevó por delante”: Mora Bianchi habló de la fama repentina, la presión y su amor con Toti Spangenberg

La joven actriz, que conquistó a una nueva generación como protagonista de la serie de Cris Morena, estrenó la segunda temporada en HBO Max. En una charla con Infobae, compartió detalles sobre los meses vertiginosos que la llevaron al estrellato y sobre la necesidad de volver a conectar con su vida de antes, sus amigas y su propia identidad. Además, reveló cómo nació su historia de amor con su pareja en la ficción y también en la vida real

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“Margarita me llevó por delante”: Mora Bianchi habló de la fama repentina, la presión y su amor con Toti Spangenberg

A sus 21 años, Mora Bianchi vive uno de los momentos más intensos de su vida. El fenómeno de Margarita, la serie creada por Cris Morena, la convirtió en una de las caras más queridas de una nueva generación y la llevó a atravesar, en apenas meses, una exposición inédita, catorce Movistar Arena, grabaciones maratónicas y una popularidad que todavía intenta procesar. “Siento que tengo 20 años de experiencia con todo lo que pasó”, admite entre risas.

En esta charla íntima, Mora repasa el detrás de escena del éxito de la serie —que estrenó su segunda temporada en HBO Max— y habla de cómo cambió su vida desde aquel casting al que llegó casi de casualidad. “Yo no quería ser influencer, no quería ser famosa. Quería recuperar eso que sentía cuando actuaba de chica y todo era un juego”, cuenta.

La actriz también se anima a hablar del costado más difícil de la fama repentina: la presión, el agotamiento emocional y la necesidad de separar a “Mora” del personaje que interpreta. “Margarita me llevó puesta durante un tiempo. Perdí un poco mi día a día, mis amigas, mis espacios. Tuve que volver a encontrarme conmigo”, reconoce. En ese proceso, asegura que el apoyo de su familia, sus amigas y la presencia constante de Cris Morena fueron fundamentales.

Además, por primera vez profundiza sobre su relación con Toti Spangenberg, compañero de elenco y pareja en la vida real. Entre risas, admite que al principio les costaba distinguir qué parte de lo que sentían pertenecía a la ficción y cuál era real. “Había escenas románticas todo el tiempo y yo decía: ‘¿Esto es Margarita y Merlín o nos está pasando de verdad?’”, recuerda.

Entre anécdotas de castings, confesiones sobre terapia, educación financiera y el sueño pendiente de hacer una gira, Mora muestra una versión mucho más madura de sí misma. “Lo único que le pediría a la Mora del futuro es tranquilidad”, dice en esta charla con Infobae. Y aunque asegura que todavía siente vértigo frente a todo lo que vive, también tiene claro qué quiere para adelante: “No quiero que esto sea solo un momento. Quiero seguir viviendo de actuar toda la vida”.

Personajes - Mora Bianchi
Mora disfruta del exito de la segunda temporada de Margarita

—Qué crecimiento este año.

—Fue un montón. El año pasado fue una locura. Desde que arrancó Margarita siento que pasaron como cuatro años y que tengo 20 años de experiencia con todo lo que vivimos. Imaginate.

—Fueron años condensados porque desde el casting y el entrenamiento hasta verla al aire pasó bastante tiempo.

—Pasó muchísimo. Hubo mucha exposición, catorce Movistar Arena, después grabamos enseguida la segunda y la tercera temporada. En el medio, Tecnópolis. Fueron demasiadas cosas en muy poco tiempo. El año pasado fue heavy.

—Segunda temporada, veinte capítulos por HBO Max y se estrenan de a cinco cada lunes.

—Pasan tantas cosas nuevas en esta temporada… Yo a mis papás no les conté nada, así que todos tenemos ganas de verla y descubrir cómo quedó el resultado final. Yo la veo varias veces cuando sale, primero con mis papás, después con el elenco y más tarde con mis amigas.

—¿Es un cierre definitivo?

—Mirá… es Cris. Esa es mi explicación para todo. Siempre puede haber algo más: teatro, gira, ojalá. Es lo único que me falta de toda la experiencia Cris Morena. Y además todavía hay muchas cosas sin definir. Puede haber teatro, una cuarta temporada… hay muchas opciones. Y también siento que, a propósito, no nos cuentan demasiado porque nosotros hablamos de más, incluso en familia. Y no está bueno.

—¿Tus amigas siguen siendo las de siempre?

—Sí, por suerte. Al principio Margarita me llevó por delante y me desconecté bastante de la vida de mis amigas. Ellas sabían todo de mí y yo casi nada de ellas. Pero hoy encontré un equilibrio. Cuando voy a La Plata soy Mora, me junto con ellas, les pregunto por sus parciales aunque no entienda nada y ellas también me preguntan cómo estoy yo. Antes me costaba mucho sostener ese día a día, pero siempre me acompañaron.

—¿Quién te baja a tierra cuando hace falta?

—Mi familia, obvio, pero también mis amigas. Yo les cuento algo que para mí es un drama porque vivo todo muy intenso con el elenco y ellas se matan de risa. Ahí me doy cuenta de que capaz no era tan grave y termina siendo más una anécdota que un problema.

Personajes - Mora Bianchi
El amor de Mora y Toti nació en el rodaje de la primera temporada de Margarita.

—¿Cómo era esa infancia en La Plata?

—Tuve una infancia muy linda y bastante normal. Colegio, colonia, amigas de toda la vida. Hacía mucho teatro y estudiaba muchísimo. Había algo muy genuino en el disfrute, actuar era un juego para mí. Después, a los 12, apareció el mundo de las redes, los covers y todo eso de ser influencer. Y con el tiempo entendí que yo no quería ser famosa porque sí, sino volver a sentir eso que sentía de chica cuando actuaba. Por suerte pude reencontrarme con eso. Y siempre me sentí muy acompañada, en el colegio y en todos lados.

—Tenés un hermano. ¿Cómo se llevaban de chiquitos?

—Siempre muy bien. Él es siete u ocho años más grande que yo, tiene 29 y yo 21. Y hoy estamos en una etapa re linda porque se transformó bastante en un guía para mí. Me pregunta qué tengo, con quién hago entrevistas, me tira consejos. Y eso que no tiene nada que ver con este mundo, es del palo del fútbol, entrena chicos.

—¿Y tu mamá o tu papá trabajan con vos?

—No trabajan conmigo, pero siempre me acompañaron muchísimo. Mi mamá fue actriz de teatro independiente y estuvo en algunas novelas. Mi papá estaba más del lado futbolero acompañando a mi hermano. Entonces la familia estaba medio dividida. Ella me llevaba a Capital a hacer cursos y se quedaba horas esperándome en un café. Mi mamá me presentó este mundo cuando la veía actuar o la acompañaba al teatro, y me enamoré por completo.

—¿Me contás cómo fue eso de la velita que prendía tu mamá? Me encanta esa historia.

—Ella cuenta algo hermoso. Había leído un libro sobre la ley de atracción y empezó mucho con esto de escribir lo que querés, pero en tiempo presente. Lo de la velita era más un símbolo, como un empujoncito extra para sentir que eso podía funcionar un poco más. Y lo sigue haciendo.

—¿Y qué escribió para vos?

—Escribía muchas cosas. Y una de ellas era algo así como “Mora protagonista de una serie”. No sé si llegó a poner específicamente Cris Morena, la verdad, pero me encantaría encontrar ese papel porque vale oro. Sí encontré una vez una carta mía, escrita en el colegio, que decía: “Presiento que algo grande viene. Estoy segura de que esto es para mí”. Era una carta para mí misma. No había velita ni nada, simplemente esa sensación de que algo iba a pasar y de que yo iba a estar preparada. Y hoy la leo y digo: “¿Cómo no le puse fecha?”. Porque me gustaría saber cuánto tiempo antes fue.

—¿Qué edad tenías cuando arrancó el proyecto Margarita?

—En 2022 arrancó todo el entrenamiento y el casting. Yo tenía 17 años. Estaba en sexto año.

—Vos no te anotás para un personaje puntual. ¿Cómo fue eso?

—No. Yo en realidad audicioné para entrar a Otro Mundo —la escuela de Cris Morena— porque estaba terminando el colegio y pensaba: “Bueno, a algún lado tengo que ir”. Mi mamá me dijo: “¿Por qué no probás en la academia de Cris?”. Veníamos de la pandemia y todo era virtual. A mí me daba bastante fiaca grabar el típico video de casting, pero lo hice. Además estaba pidiendo beca y en ese momento no había cupos. Sí había quedado en la escuela, pero dije: “Bueno, gracias, cuando haya becas me avisan”.

—Costaba en tu casa acceder.

—Sí, más que nada por el viaje. Era mucho auto, mucha ida y vuelta.

—Claro, implicaba un esfuerzo familiar grande.

—Sí. Y ahí, casualidades o no, justo estaban haciendo el casting de Margarita. Hacía meses que buscaban protagonistas y estaban en la última etapa. Yo no tenía idea de nada. Caí pensando que era solo el casting para Otro Mundo y listo. Y a las semanas llamaron a mi mamá para preguntarle si quería que hiciera otro casting.

—¿Y ustedes no sabían para qué era?

—Nada. Como no se podía contar, el proyecto se llamaba “Rita”. Audicioné e hice también una escena de Daisy. Me acuerdo de que estábamos esperando y salían chicas diciendo: “Me hicieron hacer una sola escena, canté y bailé”. Y a mí me pidieron las tres. Había una dificilísima porque Margarita habla en mil idiomas. Yo decía: “¿Para qué me hacen hablar italiano?”. Y terminé haciéndola igual.

—Algo estaba pasando ahí.

—Claro. Yo ya pensaba: “¿Qué pasa acá?”. Después canté, bailé y Cris me miró y me dijo: “Soltate el pelo”. Me lo solté. Salí un viernes y el lunes me llamaron para decirme que Cris estaba muy contenta y que había quedado para un entrenamiento de tres meses.

—Y ahí apareció el tema colegio.

—Sí. Mi mamá dijo: “Ella todavía está en el colegio”. Y Cris respondió algo que siempre nos quedó marcado: “Está bien, pero esta es una oportunidad que quizás le cambie la vida”.

—¿Costó convencer a tu mamá?

—Cero. Nada.

—Pero había que reorganizar toda tu vida.

—Sí. Por suerte el colegio y mis compañeros me acompañaron muchísimo y pude hacer casi todo online. Cursaba una vez por semana, me mandaban trabajos, los hacía y listo.

—En ese momento todavía no sabías para qué personaje era.

—Sabía que era para Margarita, porque era el único proyecto para el que estaba haciendo ese entrenamiento. Pero había chicos que casteaban para otros personajes.

—¿Había otras posibles Margaritas?

—Sí, creo que había una más.

—Que te sigue odiando.

—No, pobre, nos llevamos bastante bien para haber competido por un personaje así.

Personajes - Mora Bianchi
El primer gusto que se dio cuando empezó a generar ingresos fue viajar con su mamá a Disney.

—¿Es verdad que tu mamá te convenció de ir con los rulos al casting?

—Sí. Yo odiaba mis rulos. No te puedo creer que hoy soy medio una referente de los rulos y antes los odiara. Me planchaba el pelo todos los días, 45 minutos antes de ir al colegio. Y el día del casting con Cris me había hecho una media colita con algunos rulos marcados. Mi mamá, desde la otra punta del cafecito de Otro Mundo, me hacía señas: “Soltate el pelo”. Y yo: “No”. Me mandaba mensajes: “Mora, soltate el pelo, por favor”. Yo va que entro al casting y Cris me dice exactamente lo mismo. Cuando mi mamá me vio salir con todos los rulos y una sonrisa, me dijo: “¿Viste?”.

—Las madres siempre.

—Lo saben todo.

—Hacés el entrenamiento de tres meses, ¿lo entendías como una oportunidad más allá del resultado?

—Sí. Nunca sentí tanta presión. Lo vivía desde el disfrute puro. Todo me servía, era como una esponja. Y también había cierta seguridad porque estudiaba esto desde muy chica. Sentía: “Che, me la re banco”. Sentía que este personaje era para mí.

—¿Cómo te dicen que quedaste?

—Después de esos tres meses. Yo acababa de volver del viaje de egresados, al que en realidad no iba a ir porque estaba con el entrenamiento. Y me llamó Cris. Me dijo: “Mora, vos andá. Es una etapa del colegio que tenés que vivir. Quedate tranquila”.

—Qué importante eso que te dijo Cris.

—Sí. Ella está muy metida en lo personal. Entiende que si estás bien en tu vida, después podés disfrutar el trabajo. Y creo que eso es lo que busca también. A la vuelta tuvimos una reunión, ya éramos la mitad de los que estábamos antes y Cris empezó a leer la Biblia de Margarita, que es como un resumen con los personajes y las historias. Y de repente empezó: “Margarita, Mora. Rey, Mateo. Merlín, Toti…”. Ahí entendimos todo. Nos aplaudimos, fue un momento muy lindo.

—¿Cómo se lo contaste a tu familia?

—Ya medio que nos la veíamos venir, pero igual fue mensaje instantáneo: “Lo tengo, soy yo”. Después invité a cenar a mis papás y a un amigo muy cercano de mi mamá que me ayudó muchísimo. Nos prestó su departamento en Olivos para que yo pudiera quedarme ahí durante la semana mientras hacía el entrenamiento. Me parecía lindo agradecerles con una cena a los cinco.

—¿Cuándo sentiste que te cambió la vida?

—Antes de que se estrenara Margarita. Empezaron a salir los videoclips y la gente enloqueció. Pero creo que realmente me cayó la ficha cuando mi mamá me pidió: “¿Le grabás un saludo a tu prima?”. Y yo pensé: “¿Me estás cargando?”. Porque era una nena que veía siempre. La hija de mi madrina lo mismo, me invitó a sus 15, ya había estrenado la serie y estaba nerviosa porque yo iba. Ahí entendí que algo había cambiado.

—¿Y cuando salió la serie?

—Ahí explotó todo. Me caían a mi casa. Fue tremendo, un cambio para todos, no solo para mí. Venian nenas del barrio que nunca había visto con muñecos, dibujitos, florcitas, un dibujo. Y yo salía, firmaba cosas, me sacaba fotos, pero después entraba a mi casa y pensaba: “¿Cómo saben dónde vivo?”. Pero yo también fui fan y me encantaba Violetta y Lali Espósito, y si hubiera vivido cerca de alguna de ellas, capaz yo también les golpeaba la puerta.

—¿Choluleaste a alguien?

—Sí, me cuesta. En los Martín Fierro encaré a Abel Pintos y le pedí una foto. Y hace poco fui al show de Tan Biónica. Estaba esperando que alguien viniera a decirme “¿querés conocerlos?”. No pasó, pero bueno, también puedo ser una simple mortal.

Mora Bianchi
Mora Bianchi en infobae junto a Tatiana Schapiro (Maximiliano Luna)

—¿En algún momento tu familia te dijo “Mora, bajate del poni”?

—Sí, obvio. En casa una descarga todo lo que no puede largar en público, entonces yo llegaba y hacía catarsis. Y ahí era: “Pará, ¿quién sos?”. O si pedía algo, me frenaban: “Tranquila, Mora”.

—¿Qué pedías?

—Capaz no era pedir, era más quejarme mucho. Al principio era demasiada información para este cuerpito chiquito. Sentía que tenía un mundo entero encima y no lo supe manejar muy bien. Entonces estaba enojada. Con la vida, con todo. No entendía por qué alguien que no me conocía podía sentir tanto por mí. Hoy me pasa a mí con Chano o con Abel Pintos, pero en ese momento no podía entenderlo al revés. Me abrumaba.

—Mucho desborde.

—Muchísimo. Una nena lloraba al verme y yo pensaba: “¿Le estoy haciendo bien?”. Sentía mucha responsabilidad.

—¿Eso necesitaste hablarlo con algún terapeuta?

—Sí, hice terapia toda mi vida. Después arranqué coaching, que sigo haciendo hoy, fue otra manera de ver las cosas. Pero sobre todo me sostuvo mi familia y mis amigos.

—¿Y Cris en ese sentido cómo es?

—Súper presente. Ella vivió esto toda su vida con chicos que recién arrancaban, adolescentes, adultos, entonces la tiene atada. Es muy de preguntarte: “¿Qué te pasa? A ver, contame”. Y también te anticipa mucho: “Bueno, ahora te va a pasar esto, después esto otro”.

—¿Es accesible cuando la buscás para pedirle un consejo?

—Sí. A veces me pasa que le tengo cierto respeto y pienso si estará bien ir a llorarle porque hice mal una escena. Pero ella es muy cercana, va todos los días al set, se queda las mismas horas que nosotros y sabe perfectamente todo lo que se va a grabar. Está muy presente.

—A mí me impactó verla en Tecnópolis, chequeando todo. Una mujer que pasó dolores imposibles.

—Sí.

—¿Vos estabas cerca cuando pasó lo de Mila o ya habían terminado de grabar?—Ya habíamos terminado casi toda la segunda temporada. Íbamos a un ensayo de Tecnópolis cuando nos llamó la producción. Yo estaba en videollamada con Toti y ahí nos contaron. Fue tremendo porque era una nena que veía Margarita. Fue muy fuerte para todos. Y acompañar a alguien en un momento así es muy difícil. No sabés bien qué hacer.

—Hablábamos de la fama, del trabajo. ¿Cómo te llevaste con empezar a ganar plata de golpe?

—Informándome mucho, porque hay una educación financiera que no se enseñan en el colegio. Y de repente te pasa algo que te cambia la vida por completo, cambia el dinero para todos. Y es muy difícil. Empecé a apoyarme en gente cercana y en mis papás, que se informan mucho y me ayudan con eso.

—¿Cuál fue el primer gusto que te diste?

Me fui a Disney con mi mamá. Ella ya tenía ahorros para el viaje y yo le dije: “Bueno, yo pago todas las comidas”. Y ella estaba feliz.

—¿En tu casa hacía falta que ayudaras económicamente?

—No. Siempre tuvimos lo justo y necesario, pero a mí me gusta tener esos gestos. Decir “hoy pago yo”. Esos mimos.

—¿Hablamos de amor? ¿Cuándo te diste cuenta de que estabas enamorada de Toti Spangenberg?

—Muy muy confuso y nos costó a los dos. Compartíamos mucho juntos, sentía esas cosquillas en la panza y llegó un momento de preguntarme: ¿es Margarita y Merlín o somos Toti y Mora en la vida real? Y también pensaba: “¿No estoy pudiendo dejar a Margarita de lado cuando me voy a mi casa o realmente está naciendo algo?”.

—¿Eso lo hablabas con él?

—Primero con mis amigas. Era: “Me agarró de la cintura”. “¿Pero en escena o fuera de escena?”. “No, en escena”. Y todas tratando de descifrar qué era qué.

—Pero ahí se mezclaba con el personaje. ¿Él aprovechaba eso también?

—Creo que los dos. Era como: “Te tiro algo… pero es del personaje”. Había mucha excusa mezclada. Pero siento que recién cuando terminó el rodaje pudimos empezar a entender si lo que pasaba era real o no.

—¿El rodaje de qué temporada?

—Cuando terminó el rodaje de la primera temporada. Ahí nos sentamos y dijimos: “Bueno, veamos si esto es de verdad o fue algo del momento”.

—¿Y cuál fue la primera cita fuera del set? Porque ustedes salen mucho en grupo también.

—Sí, total. Además estábamos juntos todo el tiempo, quieras o no. Creo que fue apenas terminamos de grabar y cada uno volvió a su casa. Había mucho de “ay, tengo que ir a Capital por tal cosa”. “Bueno, si querés a la noche cenamos”.

—Y ahora, cuando te quedás en Capital, te quedás en su casa.

—Sí, obvio. Uno se hace parte de la casa.

—Hay una cuasi convivencia.

—Sí.

—¿Él vive con la familia o solo?

—Él vive con la familia.

—Y también estaba la presión de “¿es verdad o es mentira?”, con todo el mundo mirando.

—¿Qué dijo Cris?

—A Cris le encantaba desde el primer momento. Era: “¿Qué pasa acá?”. Y nosotros: “Nada, nada”. Teníamos un miedo…

—¿Lo ocultaron un poco?

—Con ella sí, un poco. Pero se dio cuenta enseguida. Entonces ya éramos los tres guardando el secreto.

—Ella debe haber pensado: “¿Sabés cuántos romances vi nacer en elencos?”.

—Claro.

—Y fue copada con eso.

—Sí, re. Entendía perfecto la situación. Nos aconsejaba mucho con el tema de cuidarnos y cuidar la privacidad. Por eso también estaba ese juego de “que no nos vean juntos”. Nadie nos prohibía mostrarnos, era más algo nuestro de prematuros en el ambiente y cómo recién arrancábamos, preferimos guardarlo.

—Si le pregunto a Toti en qué sos la mejor del mundo, ¿qué me va a decir?

—Él te va a decir en todo porque me ama, pero quizás escuchando. Me encanta escuchar.

—¿Y en qué sos difícil?

—En los regalos. Soy muy buena regalando, te re estudio, pero muy difícil para regalarme a mí.

—¿Sos celosa?

—No sé. Con él estoy muy tranquila, entonces no sé si no soy celosa o si simplemente con él no me pasa. Creo que tiene mucho que ver con la seguridad que tiene uno mismo y hacia el otro.

—¿Son románticos?

—Sí. A mí me gusta mucho y él me complace.

—Hacés un producto para chicos y seguís siendo una mujer joven. ¿Sentís cierta responsabilidad?

—Sí, re. Igual soy una chica bastante tranquila. Salir de fiesta no me divierte tanto, me agotó la exposición, que me reconozcan, hablar de Margarita todo el tiempo, ya no podía ser Mora, entonces no salgo y no me pasa eso de tener que estar cuidándome todo el tiempo por una foto o un vaso en la mano.

Mora Bianchi
Mora Bianchi: "Encontré un equilibrio entre el mundo Margarita y el mundo Mora" (Maximiliano Luna)

—¿Cómo te llevás con vos misma?

—Bien. Me trabajo constantemente. Surgen inseguridades nuevas, como querer estar a la altura de este ambiente y no caer en el medio. Pero estoy bien. Puedo ser feliz.

—¿Hay mucha presión con las redes y los comentarios?

—Sí, aunque muchas veces la presión es más mía. No leo demasiado y hasta dejé algunas redes porque no me sumaban. Pero sí siento mucha responsabilidad porque me miran chicos y también adultos que crecieron con Floricienta, Rebelde Way o Chiquititas. Entonces no alcanza con decir “como soy la hija de Floricienta les va a gustar”. Hay que cuidar ese legado. Hay una carga emocional enorme ahí.

—¿Da miedo que se termine este presente?

—Sí. Porque llegar está buenísimo, pero mantenerlo es otra cosa. Yo quiero vivir de esto, entonces me recuerdo todo el tiempo que tengo que seguir estudiando y golpeando puertas. No dar por hecho que esto va a durar para siempre.

—¿Llorás de vez en cuando?

—Sí, re. Por tonteces y por cosas importantes. Hay mucha energía todo el tiempo.

—¿Te sorprendieron algunas propuestas laborales?

—Más que nada las presencias. Ir quince minutos, saludar, sacarte fotos y pensar “¿realmente quieren esto?”. Hasta me da culpa a veces.

—Y quizás te pagaban más que el sueldo mensual de tus papás.

—Sí. Eso fue fuerte para todos porque venimos de otra realidad. Hoy pasa con las redes y las marcas, mis papás me escuchan quejarme o que estoy negociando con mi representante por la cantidad de reels que me pide una marca. Y mi papá me dice: “Mora, hacé los cinco reels, no te cuesta nada”. Y yo le explico que mi imagen también es trabajo, como para ellos es estar en una oficina sentados.

—Viene Mora del futuro, dentro de quince años. ¿Qué le preguntás?

—Si está tranquila. Porque podés tener éxito, plata, amor, pero si no tenés tranquilidad, no sé si vale tanto.

—¿Hubo un momento donde te faltó tranquilidad?

—Sí. Cuando sentí que Margarita me pasó por arriba y estaba enojada con todo. No podía estar en el presente y disfrutar.

—¿Y hoy?

—Hoy sí encontré un equilibrio entre el mundo Margarita y el mundo Mora. Había perdido mi rutina, el día a día de mis amigas, hasta ir al médico. Todo era ensayo, grabación, show. Empecé a hacer cosas para mí, como cerámica. Lugares donde soy una NN y nadie me habla de la serie. Y eso es un placer.

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